Supernanny y niños inapetentes

Estoy navegando por placer -que no por trabajo- y tenemos puesta la tele. En Cuatro está Supernanny, la maravillosa psicóloga que -a base de sentido común, el menos común de los sentidos- trata de inculcar sensatez en familias donde los niños mandan -por ejemplo-.

Ahora estoy viendo el caso de una niña de 5 años que se niega a comer nada que no sea puré fino (eso sí, leo descojonada que SÍ mastica pipas y palomitas). No te jode. Yo contra el mundo.

Y cuando veo estos casos, cómo me alegro de haber criado a nuestros hijos como lo hemos hecho. Reconozco que el punto de partida -mis dos hijos son adoptados en Rusia- no puede ser más positivo para conseguir que -simplemente- COMAN. El mayor, adoptado con 2,5 años, está hecho un palillo, alto, estilizado y atlético, fuerte como él sólo. Come como una lima, pero no es glotón, y tiene una particularidad que le distingue de cualquier niño que yo conozca. Tiene sus preferencias como todo el mundo -no le des una magdalena, porque no las aguanta-, pero nunca jamás se ha negado a probar un alimento nuevo. Luego decide si le gusta o no, y siempre respetamos sus preferencias -debo decir que tiene poquísimas manías-. Es la forma de enseñarle a probar alimentos, esa enseñanza le servirá en su vida adulta para disfrutar de la comida. Recuerdo con regocijo un episodio en un restaurante asiático donde lo llevamos casi recién llegado de Rusia, un sitio más bien “in”, donde nos miraron con una cierta aprensión porque generalmente los niños dan por saco que no veas, corriendo entre las mesas o armando bulla. Nos sentamos. Le pongo su babero de papel con adhesivo. No se menea de la silla ni loco. Le traen una fuente de tempura. Comienza a comer, una verdura detrás de otra, con auténtico deleite. Picotea el arroz. Vamos dándole a probar cosas suaves pero de sabores diferentes. Al cabo del rato, el maitre ya no puede más de la curiosidad y se nos acerca. Perdone, dice, es que estábamos comentando con el personal, que jamás habíamos visto un niño tan pequeño comer así de bien y sin moverse de la silla. Mi marido -inconmensurable- le responde: Gracias, nuestro trabajo nos ha costado. Jajajajajajaja, tendrá morro. 

Siempre tenemos algunas reglas básicas: en el momento en que dejan de ser bebotes y comienzan a comer de todo -etapa que la niña del episodio de hoy ha sobrepasado con creces, 5 años por dios-, comen lo mismo que todo el mundo, en la vajilla que usa todo el mundo -menos los vasos, que reconozco les pesan y son grandes para sus manitas-. Nuestra peque, de 4 años, (y adoptada con 11 meses) sigue el ejemplo de su hermano, y lo mismo toma espinacas, que albóndigas, que ensalada -le apasiona- que lo que queráis. ¿Cómo? Simplemente no cediendo jamás a sus caprichos (y os juro que es caprichosa como ella sola), pero nunca la hemos obligado a comer, eso si: ¿no comes? ¿haces el ganso? A tu cuarto. En la mesa estamos los que comemos. Rara vez hay que castigarla. Y come de todo, ya lo creo. Quizá lo que más le cuesta es el desayuno, por desgracia, aunque últimamente se lo toma bastante bien. Le puede la humillación de ver que los demás estamos en la mesa comiendo y ella castigada en el cuarto. Le supera. Por tanto, pide perdón y vuelve a la mesa. 

Ahora veo a la niña de la tele haciendo pucheros, delante del plato, con los codos en la mesa, absolutamente CONTEMPLADA por su madre, a la que tiene cogida por donde queráis y que llora si ve que su hija no come. Qué horror. La culpa es de los padres, sin ninguna duda. Debo decir en favor de la niña dos cosas: una, los purés que le ponen tienen una pinta incomestible que te pasas  -y la criatura ya tiene edad como para comerse una ensalada, unas verduritas, unas lentejas con chorizo, o lo que sea-. Pobre criatura, pero qué coño hacen dándole ese puré de mierda. Si es que no me extraña que no quiera comérselo. Y dos, que tiene pinta de ser una niña que no hace actividad, la dejan viendo la tele, tiene pinta de aburrida, de estar demasiado contemplada… en fin, qué os voy a decir. Una niña que se pasa la tarde en la calle jugando con las amiguitas, tiene que tener hambre forzosamente. Eso sí, claro, si para el cole le metes un peaso paquete de galletas de chocolate, pues vamos listos. De ahí saca la poca energía que necesita. Y luego le presentas un puré asqueroso. Qué esperas, chata. Esto tiene pinta de mamá que quiere que su niña siga siendo bebé, y lo ha hecho durante demasiado tiempo, y ahora que la “bebé” tiene un hermanito, necesita desesperadamente mantener su lugar de bebé como sea. Esa podría ser la explicación. Y si no, a santo de qué come palomitas y pipas sin problema alguno.

Ahora están haciendo que colabore para hacer la comida. Eso sí es buena idea. Mi hijo adora ayudarme en la cocina, a preparar ensaladas, o incluso a empanar filetes. Pero a esta criatura la ponen a preparar galletas. Con lo divertido que es hacer menestra, o una sopa de verduras, cortando toda la verdura en trocitos, qué manía con las puñeteras galletas.

Sólo os diré una cosa: en los orfanatos, no hay inapetentes. Recuerdo un caso muy triste y muy tierno; no recuerdo bien quién me lo contó pero debió tratarse de algún forero de adoptantes en rusia. Adoptaron dos hermanos, una niña de 6 años y un niño de 4. Y al cabo del tiempo de estar en España, la madre comenzó a encontrar comida (sobre todo manzanas y yogures) en los cajones de la cómoda del cuarto de su hija. La niña la escondía para dar de comer a su hermano, comportamiento absolutamente natural en un orfanato, sitio donde la comida escasea y los niños se la quitan unos a otros.  Tendríais que haber visto a mi hijo con dos años en un restaurante moscovita comiendo patatas fritas mojadas en nata agria con judías pintas. Por no mencionar que con dos añitos se hacía la cama. No la dejaba perfecta, pero el primer día que lo ví haciéndolo, casi rompo a llorar de la impresión. Ahora no hace la cama ni loco, deja las cosas tiradas, y hay que irle detrás para que aprenda a ser ordenado, cosa que confirma su progresión como  “niño” y no como soldadito obediente. 

Demasiadas contemplaciones, los niños de hoy en día. Demasiado caso les hacen, y eso no es nada bueno para ellos, así tenemos lo que tenemos; gente que no sabe ni usar los cubiertos, que andan por la vida con remilgos ante determinados alimentos, y que -en términos generales- no se alimentan nada bien, con lo importante que es alimentarse y disfrutar de la comida. 

Bueno, que no quiero ir de super-nanny por la vida, esto es cuestión de sentido común y aplicar el viejo principio de nuestras abuelas “si no tienes hambre, pues te quito el plato y ya comerás luego”.

Silcas

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5 comentarios

  1. Vaya vaya… de lo que veo es que soviet1 es lo que en mi tierra llamamos “buen pobre”, eso si… mucho engreimiento y falta de control es lo que se ve por ahi frecuentemente….

  2. UFff!!! yo también vi ese programa el viernes, y he de decirte a muy pesar mio, que mi peque estuvo comiendo pures hasta este verano (los mios tenían mejor pinta, que el que le hacían a esa niña). Es que no había manera de que comiera en trozos, pero eso si, los caramelos bien que se los comía a bocados limpios. Así que, pasamos de los pures a la sopa, cada día sopa, hasta que este mes fuimos a la revisión de los seis años y el enfermero me leyó la cartilla, salí de la consulta del médico, y directa llegue al super, y compré mucha fruta y verdura y cada día le hago algo diferente. La lechuga la odia, así que cada día le doi un trocito pequeño, a ver si algún día le empieza a gustar.
    No soy capaz de dejarla sin comer, pero tendría que hacerlo a ver si asi espabilamos las dos… ;-)

  3. Hola guapa!
    Pues sí, cada niño es un mundo. Los hay que simplemente parecen vivir del aire, y eso es desesperante, nosotros hemos tenido una suerte enorme porque venían con el “yo- como-de-todo” de serie.
    Si la lechuga no le va demasiado (la verdad, a mí tampoco), prueba con la hoja de espinaca o los canónigos, hay una ensalada que les suele gustar mucho: hoja de espinaca, queso fresco blanco, tomatitos cherry y pasas.
    Y la sopa es una opción estupenda, es una forma genial de pasar de los purés a la comida estándar.
    Un beso!
    Silcas

  4. Que fácil es hablar cuando tus niños comen bien y están dispuestos a probar cosas nuevas. por mi parte puedo asegurar que aunque ponemos mucho interés en que coman variado, simplemente no tienen hambre!!!
    Hoy les hemos hecho guisado de cordero y no se lo comió a medio dia. Le quitamos el plato y se lo pongo de merienda con castigo por montarme el numerito e intentar sobornarme con distintas cosas (Ejemplo “Y si me como la mitad me quitas el castigo?”) Se lo pondré otra vez esta noche a ver que, pero me han llegado a decir que cuanto tardaba en estropearse la comida y al contestarle que unos 3 dias, me dijeron que podian aguantar sin comer ese tilempo. Sinceramente, ¿Que padre o madre puede aguantar eso?

  5. Perdón por reirme Asun, pero es que me estoy partiendo con tu hijo ¡¡es un crack de la negociación!!! no se si terminará por comerse todo el plato, pero tengo la sensación de que no le va a ir mal en la vida. la verdad es que santa paciencia hay que tener. animo!
    un beso,

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