Crisis. ¿Qué crisis?

El otro día comentaban en la radio la opinión de un zapatero remendón sobre la crisis. Las palabras de este hombre me hicieron reflexionar sobre nuestra vida diaria, lo que compramos o no, la necesidad o no de hacernos con tantas cosas, y la escasa calidad de lo que compramos.

Decía el buen hombre que en realidad, la crisis no le estaba afectando negativamente. ¿Porqué? Pues porque las personas de cierto nivel adquisitivo traían más zapatos a arreglar en vez de comprarse otros nuevos. Sin embargo, las personas de bajo nivel adquisitivo, compraban los zapatos en los rastrillos a 10 euros y por supuesto no los llevaban a arreglar, sino que los tiraban directamente y compraban otros. A otros 10 euros. Pero claro, éstos no son su “público objetivo”, porque en realidad un zapato de 10 euros nunca lo arreglas. Resumen: su negocio está mejorando. Como el de las tiendas de arreglos; se están poniendo las botas a base de reformar y renovar abrigos, trajes, o textil en general (tengo que reescribir mi post sobre fondo de armario, ahora que lo pienso, viene al pelo). 

Además, cuesta más dinero arreglar unos buenos zapatos que unos malos. Los malos, todo lo más, le pones unas tapas y andando. Los buenos, si el zapatero te sugiere reforzar la punta con nosequé cosa, pues se lo haces, porque te gastaste unos buenos duros en ellos.

Y aquí viene mi reflexión. ¿Os dais cuenta de que cada vez más, lo que compramos, sean bienes o servicios, son peores? Yo me di cuenta ayer; fui a hacer un arroz en mi novísima olla rápida (no tiene ni 1 mes y la he usado UNA vez), y ¡está rota!. No puedo creerlo, el mango tiene una fisura de lado a lado y por ahí se escapa el vapor. La órdiga.

 

olla

La ropa, los zapatos, bolsos, hasta la ropa interior ¿quién no se ha comprado alguna vez en un mercadillo cualquier basurilla hecha en china?

Los niños, por dios, les salen los juguetes por las orejas. Mi hija ya va por su sexta barbie. Y esperad a que lleguen los reyes. Darán los juguetes dos por uno. Juguetes absurdos, de mala calidad, que se rompen, que no valen para nada, que no son más que cachos de plástico metidos en una caja llena de colorines y promesas que por supuesto, no se cumplen.

Los electrodomésticos. Hace ya muchos años, ¡las lavadoras duraban casi toda la vida! Y las neveras. Y anda que no enfriaban, aquello era como estar en siberia. Ahora no. Ahora, como mucho, un electrodoméstico tiene una vida útil de 7 años. FIN DE LA HISTORIA. A los 7 años, lo tienes que tirar. Los componentes están hechos para durar ese tiempo, y luego… claro, no te merece la pena arreglarlo. ¡Y te lo dice el propio técnico! A la tienda a por otro.

Aquí el mantra es: compra, compra, compra.  Y abaratan los productos de tal modo que -como en el ejemplo del zapatero remendón- NUNCA te sale a cuenta repararlo, sino que es mejor comprar otro nuevo. 

Qué vorágine, ¿no? Casi da miedo. Es un círculo vicioso, compramos más porque las cosas son peores, y las fabrican peores para que tengamos que comprar más. 

Las crisis, al final, no suelen ser más que una forma de poner las cosas en su sitio cuando se han desmadrado. Creo que algo de verdad hay en esa afirmación. Consumimos demasiado, la mayor parte de las veces, cosas que NO necesitamos en absoluto. Pero como es tan barato… muchas veces, ése es el argumento y esa es precisamente la trampa, cosa que los chinos han comprendido con la sabiduría milenaria que les caracteriza. Produce y vende, produce y vende. Las cifras de facturación se inflan y engordan, sencillamente, el ciclo se ha hecho más rápido para enriquecer más y más rápido. Hasta que explota el globo, que es lo que ha sucedido. Mucha gente produciendo muchas cosas que no son necesarias, de no ser porque sustituyen a otras que duran lo justo para que el personal no se cabree.

A ver si con esta crisis aprendemos a valorar por la calidad y no por el precio, recuperar el buen gusto, desdeñar lo chabacano y exigir que las cosas duren mucho tiempo, no que sean baratas. De otro modo, estamos yendo derechitos a una sociedad de usar y tirar, donde los mismos seres humanos son de quita y pon, y donde una persona es sustituible por la siguiente, que además, será más barata.

Eso sí, los de la olla rápida me van a oir. 

Silcas

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