Apertura de fosas

Joer, Gabriel, ya me dirás de dónde sacas estas ocurrencias.

Apachos

Silcas

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Está el bueno del juez Garzón, en la soledad y silencio de su despacho de la Audiencia Nacional, redactando una providencia de 400 folios, cuando, de repente, se ve interrumpido por un extraño sonido, como de alguien que chista: 

– “Chisssss, chissssss” 

Garzón levanta la vista de las cuartillas, pero no puede ver a nadie: está solo. 

Al cabo de unos segundos, se repite el sonido 

– “Chisssss, chissssss” 

Perplejo, vuelve a extender la vista por todo el despacho: nada, nadie. 

Una tercera vez, se repite el fenómeno: 

– “Chisssss, chissssss” 

Se levanta de la silla dispuesto a lavarse la cara y entonces se percata de que el Cristo del crucifijo que preside su despacho ha soltado una mano y le hace gestos para que se acerque. 

Garzón, perplejo, se pone enfrente de él y le oye decir: 

– “¿Y de lo mío, qué?” 

*************

Pos eso.

Silcas

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