Sábado de rodriguez

Pocas cosas hay que impacten tanto en la vida y en la rutina cotidiana como la propia muerte.

Pues sí, un familiar querido -y ya mayor- falleció en Zaragoza ayer, y por lo tanto, las huestes de la familia de mi marido han salido hacia allí para asistir al entierro. Me quedo de rodríguez.

Yo siempre he pensado que los críos, cuanto más lejos estén de la muerte, mejor. Cosa distinta es que no se lo digas. Mamá, ¿y el tío javier va a llorar mucho? preguntó mi hijo cuando le conté dónde estaban todos.

Además, no es lo mismo  un entierro de pueblo, que no se porqué, pero es mucho más sentido y cercano que un entierro de ciudad.

Así pues, esta mañana me he puesto en marcha a realizar mis tareas logísticas con los churus colgados de las trancas, “acting” como responsable de transporte de tropas.

Primero hemos ido a Correos a recoger un paquetito de Vente Privee -bieeen, mis vestidos llegaron por fin-, y luego a por la olla express, que había dejado arreglando en un servicio técnico, tras cascar a la primera cocción.

Que no estaba. Que Fagor no había enviado aún el email, y que por tanto no estaba lista la reparación. No doy crédito. Una olla NUEVA. Apenas tiene un mes, se rompe de forma casi inmediata, la llevo a reparar -más de 15 días de la fecha de compra no hay otro remedio-, y Fagor pasa de mí, de mi olla y de la madre que nos parió a todos.

Pues nada, ya sabéis. NO compréis ollas de Fagor, porque te quedas sin olla y sin dinero.

 

 

Olla Fagor de Palo

Olla Fagor de Palo

 

 

Eso sí, hay que reconocer que hacer las compras con los dos niños colgando del cuello conlleva como mínimo un 20% más de tiempo y un kilo y medio más de paciencia.

Por el mayor, de 7 años, no hay problema, incluso ha llevado la cesta por todo el mercadona, pero llevarse a la pequeña, de 4, es como hacer la compra con una mano atada a la espalda, o bien con dos cabras adultas sueltas por todo el super y tratar de comprar lo que necesitas, sin lista de la compra y sin perderlas de vista.

Dios.

En un rapto que aún no me explico, compro unas manitas de cerdo. No las he hecho nunca. Tengo ganas de probar recetas nuevas, últimamente estoy sota, caballo y rey. Buscaré en mis libros de recetas a ver qué encuentro.

Para la cena de esta noche -en cuanto vuelvan del entierro-, tenemos unas zamburiñas gratinadas -se hacen igual que las vieiras, al horno con una salsa de tomate y champis- y unas colitas de rape con gambas.

En cuanto termine de reposar la comida, voy a ponerme con las super-coladas de la muerte y pondré a cocer el caldo (antes tengo que despellejar las esgarrapaderas, que un caldo sin esgarrapaderas, según mi hijo, es como un día sin pan). Al menos, las ropas de los niños las dejó ya puestas Mihaela ayer, así que “sólo” me quedan las de ropa de adulto. Ahora tengo 4 manteles en la nueva lavadora-secadora, a ver qué tal va el invento.

Lo único es que estamos viendo “El retorno del rey”, y a éste buen hombre que tengo a mi vera, lo que le acojona es el gollum (el visionado de orcos cortando cabezas no le inquieta lo mas mínimo, pero el moñaco del gollum… ayyy)

En fin. Que me veo poniéndoles otra cosa en breve.

Sábado sabadete, que lo paséis muuuy bien, y para las maníaco-compulsivas de la venta on line, en Vente Privee tenéis unas monadas de Chantelle más que decentes.

 

chantelle

Lástima de visa.

Silcas

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