El misterio de los poderes del firmante

O el amante de lady chatterley, o la ubicación exacta del bonsai de torrebruno.

Allá iba yo esta mañana, a bordo de mi anciano almera -el coche oficial lo tengo en el taller, donde algún día de estos quizá tengan la bondad de soltarlo- a entregar el famoso poder “que no estaba”, original, revisado, comprobado, sellado por el notario, albardado y encebollado.

Llego al organismo en cuestión, y voy a ver al vetusto funcionario que echó en falta el documento. Y resultó que SÍ estaba. Ya lo creo que estaba. El hombre mira y remira el poder que le traigo, que es exactamente igual a todos los que utilizamos en las licitaciones. Me dice que sí, que ya lo ha visto pero que no sirve, que es una fotocopia. No doy crédito. Si algo he aprendido en esta vida es a no discutir jamás con los presidentes de mesa de licitación y/o abogados del estado si no hay más remedio. Afortunadamente, me dice que hagamos una fotocopia, que él procede a compulsarlo.

Hacemos la fotocopia.

Y cuando se la llevo… ¡anda! -dice- si resulta que ES un original, es que no veía bien el timbre del notario (es de color sepia y teniendo en cuenta la edad del buen hombre, me lo creo). Resultado: se queda el documento y lo da por bueno. Menos mal. 

Son casi las 2, así que me voy a comer con mis hermanos. En la vaguada adquirimos algunos regalitos de a 5 euros para los amigos invisibles de la crisis.

Mi hermana tiene suerte y le envuelven las cuatro cosas estupendamente, en un sobre que se cierra con una pegatina. Pero -oh- llega mi turno. No hay sobres, se le han terminado. Depredeitor, que debía ser el alias de la dependienta, toma papel de envolver y procede a perpetrar el avío final de los regalos. No hay cosa que me ponga más de los nervios que ver cómo un “manos de árbol” intenta envolver un regalo. Además, hay cola. La que está justo detrás de mí, resopla, se da la vuelta, deja en su sitio un marco feísimo que pretendía que le cobraran, y se larga. Tú misma. Si tenías prisa, haber salido antes.

Cómo somos, los madrileños.

La siguiente en el turno, que si puede cobrarle. Dependientor la mira con mirada torva. “Mi compañera se ha marchado un momento a comer”. Pues espero que lo que se esté comiendo sea un tripi -pensará la clienta- porque yo no me quedo aquí una hora esperando.  Al final, perpetra su último envoltorio, me cobra y salgo por la puerta. 

En fin, que ya casi tenemos todos los amigotes invisibles.

Silcas

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4 comentarios

  1. Joé, Silcas, te toca lidiar con cada espécimen… ¿qué hiciste en tus anteriores reencarnaciones para merecer esto?
    aunque podría ser peor: mira este bonito diálogo entre un consultor y un infórmatico, descojonante:
    http://www.mundowdg.com/blog/?p=204

  2. Seguramente fui Cruella De Ville, de otra manera no me explico este destino ruin y cruel… en fin, ya debo tener más de 14.000 m2 en el cielo, me voy a hasé un adobao que no veas… 🙂
    Besotes
    Silcas

  3. Y por cierto, se puede saber, en el nombre de los testículos del minotauro, porqué esta porquería de wordpress me obliga a validar los post de gente a la que ya le he dejado comentar???? qué coñazo, por dios
    silcas

  4. Jajajaja, he leído la historia del consultor y el informático. Un cuento de hadas silvestres comparado con lo que tengo por aquí…
    besitos mil
    silcas

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