Uvas pasas

Dios qué noche de mierda. El sofá cama del hospital ha cumplido con creces su misión y ha conseguido que me levante convertida en una escarpia, con el cuello totalmente enganchado y la espalda rígida. No puedo mover la cabeza a los lados. 

Además, ha desfilado TODO el personal del hospital en la puñetera habitación, o eso ha debido parecerme, como si toda la noche hubiera estado entrando y saliendo gente a cambiar sueros, poner medicaciones, sacando sangre… a este paso, joer, cogen hasta la mía.

Y a las 9, mi suegra al teléfono. Que mi hijo, fatal, ha vomitado debido a  la fiebre, está hecho un asquito y que -en fin- tengo otra baja confirmada.

Salgo por patas, sin duchar, sin desayunar y procurando conducir sin mover la cabeza. Encuentro a mi hijo dormido en el sofá, a la pequeña dándole las tostadas del desayuno al perro y a mi suegra dándome el parte de guerra. Además, el puto animal -el perro, no mi suegra- se ha comido las croquetas que sobraron de la cena de ayer, las dejé en la encimera dentro de una cazuela de barro, y la cazuela ha aparecido vacía y debajo de la cama del perro. Lo que me faltaba, un chucho ladrón que además oculta sus fechorías. Y se ha comido hasta el plástico que las tapaba. Así está, que no ha cagado en todo el día.

Visto al enano deprisa, y comienzo a peregrinar, llamada al centro médico de sanitas habitual. No hay pediatría hoy. Guay. El ambulatorio? Tampoco. Cerrado y sin pediatría de urgencias. Stupendo. Así que nos vamos al mismo hospital de torrelodones donde está su padre ingresado. A este paso nos tendrían que montar el “Pabellón Rockefeller” o algo parecido para nosotros solitos. Porque no os conté que ayer mi cuñada se puso de parto -¿o sí?-, así que mi suegra está ya que no sabe por dónde le da el aire.

Llego a urgencias, menos mal que no hay mucha gente, y me confirman que mi hijo tiene faringitis. Hala, a seguir con el augmentine y el dalsy en cantidades industriales. La doctora me echa la bronca por haberme adelantado con el augmentine. Me la bufa. Continúa exactamente con el mismo tratamiento, luego acerté, ¿no?

Luego subimos a la habitación de su padre, donde el colega se tira una hora jugando a Roma con el portátil.

Y para casa íbamos, a comer, cuando me dice que tiene hambre y que si le invito a una hamburguesa. Joer, qué capacidad de recuperación la de los críos; ayer apenas quiso un poco de sopa y yogur para cenar, y no ha pasado ni un día cuando el cuerpo le reclama una hamburguesa.

Así que se me zampa un menú bigmac, que para un crío de 7 años supuestamente enfermo no está nada mal. Me dice que esta hamburguesa “no lleva juguetes”. No hijo, pero ¿a que está más rica? Pues sí, me responde, mamá, está buenísima!!!!

Lo dejo en casa de mis suegros con mi hermana y me piro a envolver regalos -ya estamos casi en deadline- y ducharme, que ya me toca.

Luego, al hospital otra vez. Hoy cenaré con mis suegros y cuñados y me iré a tomar las uvas al hospital -y a dormir, claro-. Así que antes de salir para el hospital, pienso meterme media botella de möet en el cuerpo para que no me despierte ni el puto ejército de atila desfilando por el cuarto con caballería incluida.

En fin, chicos, feliz salida y entrada, que toméis bien las uvas y no os paséis con las copas, que luego os enrrolláis con quien no debéis.

Silcas

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