Reyes Magos Hospitalarios, Cabalgatas y Fin de fiesta

Por fin, por Dios. Se acabó, se finí. Navidades 2008 liquidadas. Gracias a Dios.

Se acabaron las fiestas. Estoy empezando a incubar una faringitis de caballo. Me duele la garganta y la cabeza. 

Al menos esta noche he dormido de un tirón y como un muerto, o sea, sin moverme en toda la noche, nada como la propia cama para dormir. Me he despertado sobre las 9,30, y mis criaturas seguían sobando. Estaba mirando el correo cuando un ladrido del perro me ha puesto en alerta, salto de la cama y me encuentro a mi hijo mirando con ojos desorbitados el salón VACÍO de paquetes. Solamente estaban las copas de champán y el turrón que pusimos ayer, y una nota con dos bolsas de chuches. Cómo se quedó de catatónico que ni la vió.

Y eso que era grande, la dejé bien a mano.

“Mamá, pues este año no han traído nada”. Compungido y con la resignación clásica del alma rusa, el pobre se dirigía a su cuarto cuando  intervengo, “Pero hijo, no has visto esta nota que hay aquí y estas chuches? A la simple mención de la palabra “chuches”, la pequeña aparece por la puerta de su cuarto totalmente dormida y cuando eso sucede, se convierte en un velocirraptor insufrible. Empezamos bien.

Antes de que mi hija se sume al pánico colectivo de “COÑO que este año no han venido los reyes”, comenzamos a leer la nota que dice así:

***

Queridos Rodrigo y Lucía,

Vuestros regalos están en la habitación de vuestro padre en el hospital. Intentamos subirlo en el camello, pero “Jorobado” no hacía más que intentar comerse el cable que aún tiene en el brazo, así que hemos pensado que mejor os dejamos allí los juguetes.

Esperamos que os gusten mucho y ¡portaos muy bien este año!

Un beso muy fuerte,

SSMM

Melchor, Gaspar y Baltasar 

***

A continuación, llamo a mi marido, previamente conchabado con la historia de “Jorobado” y su afición a comerse los artículos hospitalarios  de dos en dos. Sólo cuando mi marido le dice que la habitación está llena de paquetes, el enano se relaja. Pobre hijo, menudo susto.

Así que desayuno rápido, vestimenta y al hospital. Allí, las enfermeras incluso le ofrecen a mi marido la posibilidad de meter semejante despliegue paquetil debajo del árbol de navidad que hay en el pasillo, pero va a ser que no. Menudo pollo podría montarse. Ayer tuve que hacer cuatro viajes de bolsas para subir todos los regalos a la habitación, y lo hice con un auténtico complejo de contrabandista, rezando por no encontrarme ningún niño en el ascensor que al verme cargada de paquetes exclamara ¡¡ya han venido los reyes!! y me pusiera en alguna situación comprometida.

Los críos -acompañados de los abuelos- comienzan a abrir paquetes, la pequeña, totalmente enloquecida, llora de frustración y se pilla una buena rabieta cuando ve que ya no le quedan más paquetes y que no le dejamos abrir los del resto. Joer, qué caprichosa. Nos enfadamos con ella.

El mayor, con eso de que tiene 7 años, se entretiene un poco más abriendo paquetes, mirando lo que es, enseñándoselo a su padre… en fin, que lo ha disfrutado de verdad.

Mi marido nos cuenta con todo lujo de detalles la historia de cómo los tres Reyes Magos aparecieron por la ventana, el número de intentar montarlo en el camello, el frío que hacía, y que al final, lo que hicieron fue meter los regalos -fueron 100 pajes los encargados- a toda velocidad para que ningún niño los viera. 

Nosotros correspondemos con el relato de la Cabalgata de ayer. Hacía un frío espeluznante, yo creo que nos resfriamos todos. 

Llegamos a la cabecera de la cabalgata sobre las 5,45; bueno, más que cabecera era casi a 200 metros del puente de Nuevos Ministerios. Nos perdíamos algunas carrozas, pero bueno, daba igual. Vimos a partir de la de Movistar, las de las hadas y duendecillos. Los críos se sentaron en el bordillo de la mediana, pegados a la reja que separaba el público de la cabalgata, y nosotros detrás, para evitar que alguien los pisara, pero no hizo falta, no había mucha gente en esa parte del recorrido.

Lo mejor: las 60 ocas que desfilaban con una bola de navidad atada al cuello, qué genial. Y también un momento divertido a la vez que inquietante; cuando arrancó a andar la carroza del Corte Inglés. Resulta que entre la carroza y el público estaba la caballería de la guardia civil. Cuando comenzaron a tirar caramelos, se encontraban demasiado lejos del público… y demasiado cerca de los caballos, que comenzaron a recibir aquella lluvia de dulces proyectiles con poco disimulado descontento, produciéndose casi una desbandada caballil seguida de ciertos improperios de sus jinetes, que debían estar acordándose de la madre de todos los que iban en la carroza. ¿Y pararon? Pos no. La caballería se retiró prudentemente hacia atrás, no fuera a ser que terminase con una estampida trágica de caballos arrasando niños y la guardia civil denunciada por amnistía internacional por pisoteo de tiernos infantes. 

Un troll aterroriza a mi hijo, el cual le insulta -eso sí, retirándose hacia atrás- y resulta finalmente entrevistado por una intrépida reportera de radio nacional, mi hijo se niega a contarnos qué le preguntó y qué contestó. Mi sobrino Suco, idem. Joer. Este es capaz de haberle dicho “zapatero dimisión”, o algo así. Conseguimos no resultar heridos por los caramelos-proyectiles y volvimos a casa sobre las 7 y algo.

El resto del día de hoy ha resultado bastante tranquilo, apertura de reyes en casa de los abuelos, comida rica y luego vuelta al hospital. 

Qué cansancio, por dios. Yo creo que también me resfrié en la cabalgata, a este paso vamos a contagiarle todos los bichos a mi marido. Mañana me toca volver a lidiar con el ambulatorio para que le prolonguen la baja, y luego iré a comer con él. Hoy ha cenado pechuga de pollo, menos mal que le han dado algo de proteínas porque estaba de un flojo… realmente es increíble lo que hace la comida. Ahora estaba bastante más animado. Me hubiera quedado a dormir en el sofá-potro de tortura, pero los niños necesitan recobrar la rutina. Mañana hay que hacer deberes -4 hojas de “cómo me lo he pasado en navidades”-. Visto el percal, con 100 hojas no tendría suficiente, porque vaya navidades, telita marinera.

Feliz día de reyes, y espero que os hayan traído muchas cositas.

Saludetes,

Silcas

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2 comentarios

  1. Aiss Silcas cuántas cositas te han pasado, hija mía!! 😯
    Bueno espero que tu churri esté mejor
    Que sepas que me he pegao la panzá a leer toooodo lo que tienes desde que me fui….Como si fuera el misísimo Tolkien 😀
    Bueno, te deseo una felíz entrada de año….Que por lo menos mejore la cosa 😉
    Miles de besotes guapaa 😉

  2. Jajaja, feliz entrada a tí también, amiga.
    Mi churri mucho mejor, cruzando los dedos a ver si lo sueltan mañana o el lunes. YO mientras tanto, hago como las mujeres de la aldea gala de Asterix, estoy limpiando y organizando todo lo que ensucia esta pandilla de desordenados que tengo en casa. Dios.
    Un beso fuerte,
    Silcas

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