Adjudícame otra vez, Sam

Joder. Qué mantas somos. No aprendemos, coño.

Temo a las aperturas de plicas más que a un nublao. Porque SIEMPRE, SIEMPRE y SIEMPRE  pasa algo, y además lo que pasa no es nada bueno.

Hoy tocaba apertura de ofertas económicas de un asunto que llevamos haciendo SIGLOS, desde el pleistoceno, aproximadamente. Cuando trabajas para la administración pública, es muy normal que te instales en un cliente y a menos que la cagues, ahí sigas. Y eso es precisamente lo que ha sucedido hoy.

Llego a la sala de juntas. Me siento con los demás aspirantes a proveedor. Comienzan a cantar las ofertas. Llega la mía. Oferta que -por supuesto- ni he visto, se trata de un cliente heredado y en él hago prácticamente de mensajero. Conmigo no se cuenta. Y resulta que mi oferta no es una oferta, es una rebaja que ríete tú de las de Carrefour. Qué digo Carrefour. Ni tres por dos, ¡estamos ya en un dos por uno! Los demás licitadores estiran el cuello y hacen gestos de “¿comorrr?”. Solicito acercarme a ver qué hemos perpetrado exactamente. 

Correcto. El presidente de la mesa me enseña el papelico. La oferta -el pliego especifica dos anualidades- es por un año, pero no lo decimos. O sea, que estamos dando dos años a precio de uno. Magaviyoso. No digo nada y vuelvo a mi sitio. 

Llamo al que ha hecho la oferta y le doy la penosa noticia. La has cagao, muchachuelo. Al lado tengo al subcontratado que lleva el corral de gallinas pintas y que se está cagando en todo lo que se menea y no hace más que decir “cómo voy a pagar la hipoteca”. Tiene un cabreo del nueve. No me extraña. Trato de calmarle. Al final, da igual, nosotros hemos ido de prime contractor pero el organismo, dado que está contento con su gente, siempre puede invitar al nuevo adjudicatario a que subcontrate a estos tíos, que no han hecho nada malo, todo lo contrario, curran perfectamente y ahí están. Si yo fuera el nuevo, ni lo dudaría. Me quedo con el negocio que ya funciona a riesgo cero.

Movilizo a mis huestes, comienzo por legal y operaciones, informando a mi jefe. Legal no ayuda mucho, básicamente se limita a decir que demos el asunto por perdido. Vale, hija. Anda, prepárame algún escrito o algo, que tendremos que decir que la oferta está mal, no vaya a ser que me adjudiquen y me jodan -otra vez-.

En realidad, que perdamos este negocio me cabrea, pero poco. Lo que me jodería muchísimo es que esta gente se quedara sin trabajo tal como vienen las cosas por culpa de mi empresa, porque hemos sido así de tordos y hemos metido la pata al hacer mal la oferta. No pienso hacer leña del árbol caído -yo soy la primera que se equivoca-, bastante mal cuerpo tiene el pobre infeliz que ha hecho mal la oferta.

Así que pierdo el maldito día con este tema, con todo lo que tengo por hacer, dios. Al final, a eso de las 16:50, y con claras instrucciones de que ESTO TIENE QUE ENTRAR HOY EN REGISTRO SÍ O TAMBIÉN, salgo para el organismo en cuestión, armada de un escrito donde informamos de lo que ha pasado y la oferta económica modificada, es decir el kit de primeros auxilios para ofertas malparidas.

Llego al sitio en cuestión, está en el quinto pino a mano derecha. Me paran en el puesto de control.

Hola buenas que vengo a entregar un escrito a Registro.

El Registro está cerrado (y los muertos lo guardan, no te jode). 

Oiga, que no, que creo que sí está abierto.

Puesto uno a puesto tres. ¿Me recibes? ¿Está el registro abierto?  (no puedo creerlo, este escrito tiene que entrar hoy, antes de que hagan la adjudicación provisional o estamos bien jodidos, perdemos el aval provisional) Ah, hasta las 17:30.

El securata se dirige ahora a mi: “¡¡corra!!”.

Le hago caso, vive Dios que si le hago caso. Voy por el recinto con el scénic lleno de mierda blanca fosilizada a toda leche, parezco Barbapulpo en acción persiguiendo a la perla negra, esquivando funcionarios en plena hora de salida; casi atropello en un paso cebra a dos trabajadores del organismo, joer, a ver si voy y mato al que está trabajando en la cura contra la gilipollez congénita y le hago una pifia al mundo.

Derrapo en la última curva, arrojo el coche bloqueando una plaza de minusválidos y entro en el Registro a las 17:25 enarbolando el puto documento igual que Atila haría con el pellejo de un enemigo. Sobresalto al sufrido funcionario del Registro, que está deseando salir por la puerta, y le amargo sus últimos minutos.

Buenas, que traigo este documento.

¿Pero a dónde va dirigido? 

A Contratación (está más claro que el agua)

Ah, vale. Me sella la fotocopia.

He tenido bastante por hoy, llevo el portátil en el coche y me toca hacer el Account Plan, bonito relato de ficción donde demuestro que no tengo la más remota idea de lo que van a comprar este año mis clientes. Bueno, ni yo ni nadie. Así que tendré que currar hasta altas horas de la madrugá, conque… tomémoslo con calma y vamos para casa, a ver si al menos veo a los peques.

Según avanzo por la A-6, los carteles de “Previsión de Nevadas” me asaltan por doquier. De pronto, a la altura de La Navata, veo a la tormenta perfecta pivotando sobre mi pueblo, joer, está nevando. Torbellinos de nieve en polvo se arremolinan en la autopista. Qué bien. 

Llego a casa, cojo a la perra y me la llevo al veterinario, a desparasitar, que está comenzando a ponerse diarréica y no es plan. Lo cierto es que se nos pasó la fecha, por un par de meses.  Y ya puestos paro en la gasolinera a lavar el coche, porque está cubierto de mierda blanca fosilizada de la última nevada, y como no lo lave, me voy a terminar pegando una leche, de lo guarro que está. Meto el coche en el túnel y voy a por la ficha y el pan. Vuelvo con la ficha. La meto en la máquina, sacando previamente al perro. Hace un frío que te cagas, el abrigo vuela. La máquina no funciona. Jo-der. Voy a la tienda, arrastrando al maldito can, que parece empeñado en tirarme al suelo y huir. No me extraña. Le digo al gasolinero que me ayude. Viene. Ah, claro, es que no funciona, se ha helado. Y yo pretendiendo bañar mi carro, seré gilipollas. Pues nada, nada, no funciona, pues me llevo el coche, el perro y la mierda blanca a mi casa.

Vuelvo a tiempo para la cena de los peques, y para comprobar que mi hija está hecha una torda, una asilvestrada y una malcriada. Voy a tener que empezar a volver a casa antes, esto se está desmandando. No la soporta ni el perro. Y además es lista, la jodía. Voy a tener que preparar un programa de seguimiento intensivo, porque se me está convirtiendo en una criatura insufrible. Al menos puedo cagarme en su madre con total impunidad.

Son las 8, ahora toca preparar la cena, y luego me meteré con el dichoso Account Plan.

Eso sí. Como termine en el psiquiatra, pienso meter sus facturas en mi nota de gastos.

Feliz martes,

Silcas


Anuncios

Una respuesta

  1. Madre mía qué estrés me ha entrao!! 😯
    No puedo con el: “…Se nos pasó la fecha…por un par de meses…” jajajajajajajaja casi na!
    Besitos y relaaaaaaajate 😉

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: