Juegos tradicionales

Muy interesante PDF que me pasa Gabriel con una recopilación de los juegos que las de nuestra quinta jugábamos en el cole y que os recomiendo reviséis.

Juegos Tradicionales

Recuerdo con especial cariño los “bonis” o alfileres, especialmente el día que perdí mi alfiletero al subir al autobús del cole. Dios, qué disgusto horroroso. Y tenía una compañera, llamada Rosario, que SIEMPRE se hacía con mis mejores alfileres. Yo era un pelín manta, la verdad. Vine “importada” de Barcelona y en mi cole no se jugaba a aquéllo. En fin, la historia de mi vida.

 

 

Acerico

Acerico

 

 

En el patio del colegio jugábamos a “balón prisionero”, y en mi clase había una niña enooorme, mayor y gordota, bestia como ella sola que se llamaba Tomasa, pero a la que todas llamábamos “Tomi”. Joder con Tomi. Qué arrebañaorzas. Yo era pequeñaja, delgadita y escurridiza, y solía durar hasta el final a base de esquivar balonazos. Recuerdo con espanto el momento en que me quedaba sola en el campo, y la cara de Tomi la malabestia con sus gafotas apuntándome con el balón y lanzándome un torpedo que ríete tú de un submarino nuclear, animada por su equipo, sediento de sangre al estilo de los orcos “Grond, Grond, Grond!!!. Si conseguía sacudirte, eras niña muerta. Muchas se hacían las “tocadas” para evitar que se les quedara la cara como una torta.

 

 

Grond

Grond

 

 

Y qué me decís de “Churro”. A cuántas se les habrá jodido la espalda jugando a semejante barbaridad. Y ni faldas de uniforme, ni leches; éramos tan bestias como los chicos -supongo, dado que nuestro colegio era femenino.

 

 

Churro

Churro

 

 

Lo del escondite, genial, mi favorito. No hace tantos años que aún  jugábamos al escondite, mazados de copas hasta las trancas y en el huerto de la casa de pueblo de unos primicos. Talluditos, eso sí, pero nos lo pasábamos teta. Sobre todo el día en que mi futuro-cuñado se subió a un granado para esconderse y no fue capaz de bajar porque implicaba clavarse las espinas del granado hasta el colodrillo, o cuando otro de mis primos -peso pesado, 150 kilos- trató de atravesar unos cipreses a galope tendido. Se metió tal leche que rebotó en los cipreses y se estampó completamente sonado contra la pared de piedra del pasillo del huerto, quedándose en el suelo como una cucaracha boqueando y moviendo las patitas presa de desesperación. Un día escribiré las historias de nuestros veranos en ese pueblo, porque si no caerán en el olvido y merece la pena recordar las barbaridades que hicimos, más que nada para no asustarnos cuando nuestros hijos las repitan corregidas y aumentadas.

Estaban bien, los juegos de antes. Mucho más dinámicos, realistas y crueles como la vida misma. Recuerdo en el Maravillas -fui alumna de COU- el deporte principal: salir corriendo hacia el bar “La Flor de Valdepeñas” con “el sapo” corriendo detrás de los huidizos alumnos por la calle Guadalquivir. Jejeje. Qué épocas. 

Eso sí, sobrevivimos. Ni nintendos, ni pc ni gaitas. Contacto social 100%, y bien contentas, oye.

Silcas

Anuncios

2 comentarios

  1. Ufff..qué recuerdos XD
    Sí es verdad que por esos lares lo único que había era la calle y nosotros.
    Yo personalmente nunca me hice daño jugando al churro, cosa que no podría decir si lo hiciese ahora! ^o^
    Un beso!

  2. Jejeje, yo tampoco, pero tengo que reconocer que no era de mis favoritos. ¿Jugar a churro ahora? jajajajaja, fijo que me tenían que recomponer por mil sitios
    Un beso, guapa
    Silcas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: