Cirugía sextética

Dios en la madre, que diría mi sobrino Suco, qué reportaje el de ayer por la noche, cada vez más escondida debajo de las mantas y sin poder dar crédito a lo que estaba viendo.

En el marco de un reportaje acerca del impacto de la publicidad -vil y engañosa- sobre nosotras, las pobres y descerebradas mujeres, me encuentro con una criatura de 15 años -holandesa, creo-, la cual, acompañada de su mamaíta, nos cuenta que quiere operarse el chirri para dejárselo como Kill Asia o alguna estrella porno de relumbrón. Y la tierna infanta te explica que cuando navega por internet, de forma sorpresiva y por supuesto involuntaria, aparecen pop-ups con imágenes de actrices porno, cuyos respectivos potorros no se parecen en nada al de nuestra criatura, hecho que la tiene completamente deprimida. Claro, no penséis mal, que seguro esos pop-ups salen por  casualidad -qué cosas, esto de internet, que nos entra hasta la cocina con todo tipo de marranadas-, será que la nenita debe tener una colección de porno en el PC que ríete tú de los peces de colores.

Mamaíta cuenta a la periodista las tragedias romanas de su niña, que está tope depre porque -claro- ella quiere tener el asunto como las mozas de los anuncios porno, así que la mamá ha decidido operarla -creo que decían 12.000 dólares- para que le dejen aquello como cuando la parió más o menos.

Y entonces entrevistan al médico, un moreno sonriente que gana 350.000 dólares -mensuales, claro, así yo también sonreiría- arreglando los chichis de las mozas que no terminan de estar a gusto con su cuerpo. Y mientras le entrevistan, sacan al buen doctor en plena faena con el láser, con toda la crudeza y grima que lleva aparejada el ambiente del quirófano, y en ese momento tengo ya la manta por la nariz, asomando sólo los ojitos, sin poder creer que alguien sea tan merlúcido como para recortarse la vulva por eso de que así estoy más mona. OH CIELOS. Mi santo esposo no quiere ni mirar, yo es que no puedo creerlo. Madre de mi vida, qué grima.

A ver si me lo explica alguien: eres una niña de 15 años, digamos que egipcia, y -si no lo han hecho antes-, tu abuela, o tu mamá o una vecina, agarra una cuchilla y te rebana el coscorama juané, clítoris incluído, por eso de que tu religión lo manda, para que así seas más casta y pura y puedas casarte. O bien eres una niña holandesa de 15 años, atormentada por la publicidad porno, y entonces tu mamá te lleva a un doctor que te recorta la chicha del chichi, dejándote el clítoris, eso sí, pero con anestesia, para que no grites como la niña egipcia, a la cual encima ni siquiera le han preguntado si le parece bien.

El resultado es idéntico: dos niñas mutiladas, una porque su religión así lo determina, y la otra porque el culto al cuerpo así lo exige. ¿Me explicáis en qué coño -y nunca mejor dicho- difieren ambas actividades?

Yo diría que en uno de los casos, hablamos de mutilación, ablación, protestas internacionales y la biblia -o el corán- en pasta y en el otro del millonario y aterrador negocio de la cosmética-estética, donde cada vez más jóvenes, las mujeres pasan gustosas por el sacrificio con tal de dejar de ser como son y convertirse en seres que no existen.

Atiza. Rebanarse el chirri, joder, lo que faltaba.

Feliz fin de domingo,

Silcas

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