Niños, robots y otros animalejos

Hemos pasado todo el día en la playa. Los peques han retozado desde el primer momento en la arena, y no llevábamos ni 20 minutos cuando mi hijo -se veía venir- se ha metido en las gélidas aguas marbellíes, nadando a placer durante un buen rato. El mar estaba muy tranquilo, así que ha disfrutado igual que un cochino en un maizal.

Era el único ser humano que había osado meterse en el agua, claramente su genética tártara lo convierte en una criatura inmune al frío, y el personal flipa cuando lo ven zancocheando en el agua, metiéndose una y otra vez. 

 

Enanos en el agua

Su hermana tiene otras virtudes, por ejemplo, la de dar por saco en sesión continua, y lo que jode es lo seguidico que lo hace. Hoy ha tenido una salida de traca; primero hemos comido un picoteo en el chiringuito, y al volver a las tumbonas, nos encontramos con una parejita justo delante. Ella llevaba un perrito pequeño, él estaba cubierto de tatuajes de la cabeza a -supongo- las ingles. Mi hija lo ve, y a voz en grito, suelta “Mamáaa… ¿porqué ese papá lleva tatuajes de estrellaaaaaaas????” La chica se despiporra ante la pregunta, y se lo cuenta a su churri, “oye, que te ha llamado papá” Aaaahhhh, jajajajaja, donde las dan las toman, ehhh??? Porque la parejita no subía de los 30 tacos. Eso de que te llamen “papá” debe joder, pero que te llamen “abuela” como hizo el año pasado, a una señora que trataba por todos los medios de que no se lo llamaran, es muuucho peor.

Aunque hago verdaderos esfuerzos por no dormirme al sol, al final me entra un ligero sopor, del cual salgo cuando oigo a mis hijos sospechosamente cerca, conversando animadamente con el compañero de los tatuajes, el cual les da carrete encantado. Chicos, venga, id a jugar, no molestéis. El chico, encantador, me dice que no molestan, y que no hay problema. Mientras tanto, noto algo húmedo en el dedo del pie derecho; el perrillo ha debido encontrar jugoso el material, porque me está chupeteando, la chica se levanta a cogerlo y me pide disculpas, no hay problema, hija, esto no es nada, que en casa tenemos un bicho que nos mete la lengua hasta el colodrillo si le dejamos.

Así que buen rollito en la playa, y a eso de las 4, cuando los muy animalicos comienzan a interesarse por la merienda, decidimos volvernos para casa. Se meten una merienda de escándalo, y después mi madre decide poner en marcha el “robot” para eliminar la arena que se han traído puesta desde la playa.

 

Robot

Robot

 

El puñetero robot es todo un invento; lo sueltas y elimina toda la mugre del suelo. Los enanos se lo pasan en grande persiguiéndolo, aunque lo que me preocupa un poco es que mi madre le dirige la palabra “muchacho, limpia por ahí, noo, por ahí no…”  Cualquier día me lo encuentro sentado a la mesa con el babero puesto.

Y a las 10:30 me toca ir a Málaga a por Cónyuge A, que estaba pelin estresao porque a las 17 hs aún no habían embarcado rumbo a Madrid, y además, tiene que ir de una terminal a otra para coger el vuelo a málaga. En fin, al menos a ver si hay suerte y mañana podemos repetir el día de playa. Yo me he puesto protección 15, pero me he quemado. Para variar, digo yo, pero mira, al menos se me ha quitado el aspecto de lechuga mustia que suele alcanzar su cénit a principios de marzo, que es cuando estoy blancucha de verdad. 

Ahora voy a ver si meto a los enanos en el agua, a que se les termine de quitar la tonelada y media de arena que se han traído de la playa.

Y mañana, espero, más.

Silcas

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