La Feria de Abril ¡en crisis!

Mi amigo Alberto me pasa unos cuantos buenos consejos para feriantes en crisis.

Dedicado a mi amiga Jugue, que anda que no la echamos de menos!!!! Que lo pases genial en la Feria, con gambas, con tortilla, con lo que sea!!!

Feliz puente

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Trajes, ropajes y disfraces

No me resisto a publicar este post, al hilo de la visita de la Bruni -porque de Sarcosí no voy a hablar-, acerca de los trapos que las señoras llevaban puestos, que al final, es lo que a las churris nos mola y nos da para el café del desayuno, la comida y el cotilleo de despacho.

Muy gratamente me ha sorprendido Sonsoles Espinosa.

Siempre ha sido muy discreta en todos los sentidos, pero hoy me he quedado impresionada. Qué guapa, la tía, qué mona mientras iba caminando al lado de la espectacular Bruni (y qué alta es, la joía). Sí señora, acertó de lleno. Lo que no comprendo qué hace este peaso mujer, que encima canta, casada con ZP. Pero en fin, ya se sabe que a veces uno se encuentra extrañas parejas caminando por el planeta.

 

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La “presidenta” iba chic, juvenil, sonriente y mona. MONÍSIMA. Parecían dos amigas que se iban a cenar juntas, sí señora. Me descubro. Qué bien le quedaban los pantalones. Todo lo contrario que la aprendiza de princesita, Letizia, que iba simplemente horrorosa durante la cena de gala. Alguien debió decirle: mira, como no vas a poder desbancar a la bruni ni loca, pues te vistes de princesita, con rasos, tirabuzones, diademas y joyones incluidos, porque es de lo único que ella no puede vestirse. 

 

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Oh qué error. Le hubiera bastado con ir mona, elegante, plantarse algún joyón y decir “ahí me las den todas”, que es precisamente lo que hizo la Bruni, en vez de caer en la TRAMMMMPA saducea de competir con una modelo profesional y ricachona de cuna, destacada además por su chic indiscutible. Y encima irremediablemente guapa. Letizia es una chica de barrio que se ha convertido en princesa porque un príncipe se entrancó con ella, se ha puesto a adelgazar como una loca y se ha operado la nariz, y fin de la historia. La reina, como siempre, estupenda. Esa sí que sabe. Rojo pasión, y saber estar. Punto.

Un 10 para Sonsoles, un cero pelotero para la pobre Letizia. Sorry, chica, anda, echa a la calle a la torda que te dió el consejo, porque se columpió, pero bien.

Y además, ¿a santo de qué esa cara de conejo que me pones en la cena, chata? Tienes una pinta de niñata enrabietada que no te menees.

 

 

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Ouf, cuánto joyón que te han plantado, criatura. Competir en elegancia con la Bruni es tan absurdo como competir en cochinillo asado con tu suegra. Hubiera quedado mil veces más elegante rendirse a la evidencia, mostrarse sonriente y natural, y punto y pelota. No llenarte de joyones, bandas, y tiaras, cacho absurda.

Yo es lo que hago: me he especializado en meriendas, que a mi suegro le apasionan casi tanto como el cochinillo asado. Y listos, cada uno en su lugar.

Y para terminar, aquí tenéis comentarios para todos los gustos:

http://foros.elmundo.es/foros/viewtopic.php?p=771171#771171

Silcas

Facebook, ¿qué haces?

Anda la osa.

http://www.adslnet.es/index.php/2009/04/27/facebook-cedera-los-datos-de-sus-usuarios-a-otras-empresas/

La red social Facebook ha cambiado su política de privacidad. A partir de ahora, Facebook pondrá a disposición de otras empresas, los datos, vídeos, fotografías y comentarios de sus 200 millones de usuarios. Según la red social, esta iniciativa permitirá que las compañías que accedan a ellos puedan crear aplicaciones que ayuden a todos los registrados en la red.


facebook

La verdad, yo tengo cuenta en facebook pero no la uso, de hecho, muchas veces pensé en darme de baja. Así que ahora sí me doy de baja.

Saludos y feliz martes,

Silcas

Máquinas de Vending

Un post en linkedin me ha hecho pensar -y reparar- en la importancia de las máquinas de vending.

 

vending

 

http://www.vending-europe.eu/eva/home.html

 

Recuerdo bien los contenidos de las susodichas máquinas, hace ya algunos años: chuches, bolsas de panchitos, milkibars, cocacolas, y poco más. Al final, cuando curras en una empresa como la mía, las máquinas de vending condicionan tu alimentación porque te pasas el día metido en ella; recuerdo con especial regocijo un post-it que un día ví pegado en una máquina vending de mi empresa: ¡queremos donuts!, decía. Claro. Los informáticos necesitan azúcar, se pasan el puñetero día dándole vueltas a las neuronas y el azúcar es para ellos como el agua para los peces.

Normal.

El otro día bajé a la cantina y para mi sorpresa, encontré una preciosa y nuevecita máquina de vending con artículos más bien evolucionados: ensaladas de Isabel, piezas de fruta, sándwiches tiernos y jugosos -nada de esas guarrerías pastosas en forma de triángulo que saben a plástico, y naturalmente, cosillas dulces para los depauperados cerebros informáticos.

Caramba, pensé, si alguien inventara una máquina vending que te proporcionara -digamos- un sandwich calentito, una ración de lentejas caseras o un rape con almejas, se haría de oro. Sinceramente, muchas veces me encantaria comer en diez minutos algo saludable y aprovechar el resto del tiempo para cualquier otra cosa útil. 

Alguien tendría que hacer un estudio por tipología de empresa y proponer máquinas adaptadas a lo que el personal necesita a la hora de comer; no es lo mismo currar de mensajero que de oficinista, las calorías no son las mismas, las necesidades de la gente son diferentes, y las máquinas deberían ser muy distintas según el lugar en el que se ubiquen.

En cualquier caso, están poco elaboradas y peor pensadas; y no tanto por la máquina en sí, sino porque un eslabón de la cadena de suministro más arriba, las empresas fabricantes de los contenidos no se paran a pensar en crear productos adaptados a lo que la gente necesita y quiere. Quizá sea un tema de costes, no lo sé. Pero vive Dios, que si una máquina de vending te proporciona una sicilian pizza de pepperoni calentita y humeante, se hace de oro. ¿Es tan difícil? No lo creo. Cuestión de imaginación.

Silcas

Gripe porcina

Eso es lo que nos envían los cerdos a los humanos, por ser unos cabrones y comernos hasta sus andares.

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Hala, ahí tenéis la gripe porcina, majos…

Silcas

Críos

Realmente, lo que puede llegar a hacer un enano es totalmente surrealista.

Pasen y vean, señor@s, si no, lo que es capaz de hacer mi hijo en la ducha.

El enano -7 añitos- está bajo el chorro, canturreando, y de pronto aparece Cónyuge A en la cocina -estoy destripando chipirones para comer- y llorando de risa me dice que me acerque a la bañera.

Y lo hago. En cuanto veo lo que ha hecho el colega con las marionetas de serpiente que tienen en el baño para jugar, me entra un ataque de risa incontenible.

Son dos manoplas con cabeza de serpiente, o dragón o yo que sé. 

Lo que jamás imaginé -porque por desgracia la niñez hace tiempo que me abandonó- es la ocurrencia de mi hijo para darles utilidad.

¿Listos?

¿Seguro?

Vale.

Aquí va:

 

 

Nueva utilidad de las manoplas como anti deslizante

Nueva utilidad de las manoplas como anti deslizante

 

Lo dicho.

Los críos son únicos.

Silcas

Desde las alturas

Ayer, tocaba cena de amigotas, y casi siempre que toca cena de amigotas, las mujeres soltamos la tan consabida frase “y qué demonios me pongo yo, no tengo nada que ponerme, esto me hace el culo gordo, este me hace baja, este no puedo ponérmelo porque no estoy morena”. En fin, ya sabéis. Que da igual que tengas el armario lleno de ropa a reventar.

Lo único que tenía claro es que quería estrenar las peaso cuñas de Guess -cantosas como ellas solas-, que me elevaban cerca de los 1,78 de estatura, eso calculando por lo bajini. Principalmente quería comprobar -en un entorno controlado y sin excesivos peligros- si era capaz de caminar con esos trastos sin romperme los tobillos, y hasta qué punto eran combinables con mi sufridito y más bien clásico fondo de armario.

 

 

Peaso cuñas de Guess

Peaso cuñas de Guess

 

Estaba rebuscando entre mi ropa cuando suena el teléfono, es cónyuge A que está -se supone- de camino desde la oficina. Que cuál es el número de la guardia civil. Ya estamos, qué ha pasado?? Nada, que he perdido en una rotonda el parachoques del clío y casi nos matamos todos (ya sabéis, el coche de mi cuñada al cual también se le cae la empuñadura de la palanca de cambios, no abren las puertas de atrás y no tiene dirección asistida). 061, querido. suerte y no tardes que tengo que pirarme. Tenemos que hacer un pensamiento con respecto al parque móvil familiar. Cualquier día el puto clío pierde las cuatro ruedas y nos matamos.

Mientras me estoy poniendo el rimel, viene mi hijo llevando en las manos un tupper con un contenido pastoso y  blanquecino. Lo miro con aprensión. Pero hijo, quéseso. Me explica que es un “pastel” y que hay que hacerlo. Joder con el colegio, ahora tengo que ponerme a hacer un bizcocho?????? Sí hombre. Y además el horno no funciona, así que cuéntenme ustedes cómo salgo yo de este brete. Indago a ver si el mejunje blanquecino trae algún tipo de instrucción. Y sí, la trae. La leo y comienza a entrarme un ascazo más que notable. Esa masa repugnante lleva algo así como 10 días reposando en el aula del colegio de mis hijos, y hoy, día D, hay que mezclarla con cosas que naturalmente existen en todas las casas de mamás normales, menos en la mía. Ni tengo piñones, ni aceite de girasol. O sea, por snupy, que paso del asunto. El horno está averiado (y los muertos lo guardan), así que compraré un bonito bizcocho en el carrefur o en donde leñes sea y listos. Dios, los dichosos colegios.

Tras meter la masa en la nevera -no soporto la idea de que le salgan pezuñas por la noche y venga a visitarme-, sigo con mi acicalamiento. Me quedo mirando las guess. Al principio iba a ponérmelas con un vestidito corto de Custo, también capturado en mis incursiones en vente-privee, y que reposa en el armario pendiente de estreno, y esa era la idea, hasta que Cónyuge A entra en el cuarto  y -tras mirarme de arriba a abajo con ojos desorbitados- suelta un rotundo y conyugal ” Tú así no sales”. Lo miro compasivamente, sería la primera vez en mi vida que hago caso a semejante orden, con independencia de que me lo diga mi marido, mi padre, mi madre o cualquier ser con un cierto nivel de autoridad sobre mi persona.

Pero la verdad es que no me convence mi aspecto, parece que voy a una fiesta y sólo voy a cenar al mejicano con mis amigotas. No procede tanto arregle, “me he pasao”. Así que comienzo a rebuscar otras opciones -el reloj en mi contra, claro, en cuanto decides ponerte otro modeluar, no te queda otra más que cambiarte de arriba a abajo, ropa interior incluida. Grr…

Al final, lo de siempre: vaqueros, un top oscuro satinado que también estaba en la cómoda esperando ser estrenado -joer, no es que tenga mucha ropa por estrenar, ¡¡es que salgo muy poco!!- y naturalmente las peaso cuñas. Me llevo unas bailarinas negras planas, más que nada porque yo sé conducir con tacones, pero con esos artefactos estilo años 70 me mato con total seguridad.

Bajo del coche con las cuñas puestas -me he cambiado las bailarinas, claro- y compruebo para mi sorpresa que no solamente no me mato, es que incluso son cómodas. Eso sí; el charol me producirá una ampolla en el dedo derecho del pie, como puedo constatar a toro pasado. Y eso que me he puesto medias. Pero son altas, la media resbala y uno de los dedos se me está incrustando en la puntera del zapato. Y no he andado ni 50 metros.

Así que llego al mejicano, y a punto estoy de pegarme una leche por las escaleras del restaurante, esto de medir 10 centímetros más y tener esa distancia más que respetable entre tu pie y el suelo no es fácil sin entrenamiento previo, parezco babieca en acción. Cenamos, nos echamos unas buenas risas, nos metemos margaritas a manta (incluso el dueño del garito nos invita a las tres últimas-, y luego antes de irnos para casa, un gintonic a medias con mi amiga Patricia. Sigo con las cuñas puestas y el dedo comienza a molestar notablemente. Al menos ya nos vamos para casa y podré introducir mis sufridas zarpas en las bailarinas de piel negra, cómodas y anchas, para conducir. Uoooof, el inefable mundo de la noche. Pasamos por delante de Tula, hay un pobre hombre -de 45 no baja, doy fe- completamente blanco y desmayado encima del capó de un coche. Una ambulancia a su lado. Un montón de amigotes viejunos y trasnochados contemplan la escena copa en mano, descojonados. Pues sí que tiene gracia, que el amigote se te desmaye en plena juerga. Hacen un penoso intento de ligar con nosotras, ¿y vuestros maridos? con tu mujer -le respondo- risotadas generales. 

Dejo a mi amiga en su coche, voy a torcer por la calle goya y… ¡el puto control de alcoholemia más grande del mundo!!. Aún no sé si era un control, una feria de coches de policía o una convención de municipales. Ay, dios. Me imagino huyendo calle arriba con las zancas puestas (yo no abandono mis guess ni loca), o bien usándolas como proyectil contra los munis (esto último creo que sería efectivo, porque un zancazo de estos trastos en la cabeza te deja KO con toda seguridad)

Para mi asombro y alivio no me paran -doy positivo FIJO-  así que huyo por Velázquez igual que una gallinácea en dirección a la A6, escogiendo calles y avenidas con la suficiente visibilidad como para detectar un control con el suficiente margen de maniobra. Anda que no tendría gracia que me dejaran sin todos los puntos, yo que me paso el puñetero día en el coche. En realidad no voy mal, no estoy tan loca como para conducir beoda perdida. Aún recuerdo las épocas pasadas, cuando salíamos por ahí sin cinturón, con copas hasta las trancas y 6 ó 7 metidos en un coche. Qué tiempos. Ahora, como TODO está prohibido, andas por ahí con una sensación continua de ser un delincuente, de estar contraviniendo algún oscuro y desconocido precepto, o directamente con el convencimiento de que estás infringiendo la legalidad vigente con todo descaro. 

Llego a casita sobre las 2, me calzo el pijama y a dormir. Eso sí, a las 9,20 suena el teléfono, que si es el juzgado de guardia. Pues no, pero mira, no me des ideas, que es precisamente donde voy a terminar si te pillo, casho cabrón, qué coño haces llamando a un juzgado un sábado y encima eres lo suficientemente patán como para equivocarte de número y despertar a la gente respetable que está sobando. Espero que te piquen un millón de chinches y se te caigan los dedos y no puedas rascarte.

Al menos no tengo resaca, algo es algo. Qué ricas las margaritas.

Silcas