Desde la tumbona

Y aunque parece mentira, llegamos y besamos el santo. Llevamos dos días de playa increíbles.

El sábado amaneció totalmente despejado y con el mar en calma. Naturalmente, preparamos los bártulos, y a la playa a echar el día. Y hoy lo mismo. Y según parece, el asunto va para largo.

 

 

Tiempazo

Tiempazo

 

 

Cómo mola. Esta mañana he preparado a la vez el desayuno, aperitivo, comida y merienda. A cambio, cónyuge A se ha encargado de ocuparse de las bestezuelas mientras la nena holgazaneaba en la tumbona, que -francamente- es lo que más me apetece en la playa. Nos ha hecho un día fantástico, y por supuesto, los enanos se han bañado varias veces. Yo me limito a observar el agua desde la primera fila de tumbonas imaginándome lo fría que está, cosa que compruebo mientras les cambio los bañadores a ambos dos interfectos, que llegan a la tumbona tiritando de frío. 

Hoy hemos tenido comida con espectáculo; mientras devorábamos el tomate con anchoas y el pollito empanado, cuatro lelos equipados con motos de agua se dedicaban a realizar demostraciones en la orilla, consiguiendo que una churri guiri con dos tetas grandes (y posiblemente con la neurona justa para no mugir cuando le tocaran las peras), aceptara subirse al trasto infernal y deleitarnos con sus grititos de terror mientras el colega ponía la moto a toda caña para demostrar lo orangután que era. Claro que -al final- la devolvió a la playa en el mismo sitio sana y salva, sobre todo porque la criatura tenía una colección de familiares allí plantados del modelo “armario empotrado” que inspiraban bastante respeto; concretamente el padre:  en caso de cualquier contrariedad o infortunio, yo creo que directamente le arranca la cabeza al susodicho y se la come allí mismo.

Pero no hay mucha gente, eso es verdad. Ayer por la tarde, hicimos compra en el hipercor de puerto banús, y se notaba, ya lo creo. De todos modos, sigo encontrando curioso ese hipercor; la gente super despistada en cuanto a dónde estaban ubicadas las cosas, y los lugareños de charla por los pasillos bloqueando el flujo natural de los carritos. Es bastante caótico.

También hay un despliegue más que notable de comida internacional  (es como si te vas a Finlandia y pretendes meter en el carrito de la compra tortilla española y pimientos del piquillo) y aprovisionamientos cárnicos más que dudosos (el verano pasado tuvimos que devolver unas bandejas de pechuga de pollo que estaban verdes por la parte que va pegada a la barqueta). 

Así que mientras miraba cómo hozaban mis bestezuelas en el agua,  estaba hojeando El Mundo y me encuentro con el pintoresco perfil de -si nadie lo remedia- el próximo presidente de Sudáfrica.

http://www.lavozdegalicia.es/mundo/2008/01/14/0003_6478295.htm

Popular y populista, a la espera de ser juzgado por corrupción, absuelto de un delito de violación, polígamo con 19 hijos reconocidos, izquierdista, carismático, sin estudios, le gusta vestirse con pieles de leopardo, lanza en ristre, bailar y entonar su himno guerrillero, cuya estrofa principal dice «tráeme mi metralleta». Así es Jacob Gedleyihlekisa Zuma, Camarada JZ, el nuevo hombre fuerte de Sudáfrica.


Yo quiero marcha marcha...

Yo quiero marcha marcha...

 

 

La órdiga, qué colega. Debería nacionalizarse español y presentarse a las elecciones, tengo verdadera  y malsana curiosidad por ver si gana. 

También lo juzgaron por violar a una churri -fue declarado inocente por tratarse según dicen de una relación voluntaria- infectada de sida, pero el colega Jacob tranquilizó a sus hordas de seguidores afirmando que se había duchado después de echar el kiki, así que, tranquilos, que de contagio na de ná. Vaaaaálgame.

Al colega Federico me lo largan de La Mañana de la Cope. Vayapodios. En fin, ellos sabrán lo que se hacen. 

Mañana, a la playa de nuevo. Con protección 30 ya tengo comprobado que no me quemo.

Eso sí, hago excepción con los párpados, que se me han achicharrado bastante, lo cual os proporciona una pista de las peaso siestas que me he atizado, algunas de ellas groseramente interrumpidas por los colegas vendedores de bolsos falsificados -hay muchísimos esta semana santa-. Qué pesaos. ¿Es que no se dan cuenta de que estoy durmiendo?

Silcas

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