Super-pelus fashion de la muerte

Como la vorágine de mi existencia habitual, no me permite ir a la pelu más que una vez cada 3 meses (y gracias) procuro que mi atuendo capilar no requiera de excesivos cuidados, a saber: corte de pelo de media melena tirando a corto y mechas discretas en rubio matizado que iluminen la cara sin la esclavitud de la raíces asomando cada poco tiempo. Y para semejante toilette, no voy a pelus de renombre, sino al Rizos de Torrelodones, sin cita previa y a que me atienda la primera pelacabezas que quede libre, rezando porque la churri tenga más o menos buena mano con el pincelico y los papeles de plata. 

Tenía yo en mi to-do el acudir a la pelu -que ya me vale, no voy desde navidades y ya estamos en semana santa- y poyaque estoy de vacaciones, aprovecho la ocasión. Además, hoy ha amanecido pelín neblinoso, así que me pongo a localizar el teléfono del hipercor de puerto banús, tras investigar previamente con mi madre, moradora habitual de esta tierra, y llegar a la conclusión de que era la pelu menos risky del lugar. Pero, oh destino fatal, el traidor google me lleva a un equívoco y termino contactando con la superfashion peluquería de Jacques Dessange

Me atiende una señorita con acento francés, increiblemente encantadora pese a mi evidente error:  oh perdón, pensé que era la pelu del hipercor, no se preocupe, yo estaría encantada de atenderla, y ahí quedó la cosa. Sin embargo, suelo creer en el destino, y en que cuando las cosas pasan es por algo. Ya tenía hora en la pelu del hipercor, me había dado cita una criatura de voz desvaída, que más bien pasaba de mi trasero, cuando de pronto, decido darme un homenaje capilar y -porqué no- ir al Dessange a que me sacudan los mismos 100 euros por mecha pero que al menos me inspiraba algo más de confianza.

Me dan hora para las 4, naturalmente tras asegurarme de que la broma no me iba a costar más allá de los 120 gallifantes. Y mira tú por dónde, se disipa la neblina, sale el sol y queda un día de playa de escándalo.

Así que a la playa que nos vamos todos corriendo, -hoy hemos amanecido a las 11, niños incluidos- y tras nuestra rutina vacacional: sol, tumbona, semi-siesta, comida en la tumbona, etc, salgo pitando a las 15:45 para ver al amigo Jacques, y comprobar lo que es capaz de hacer por mí mustia y opaca medio-melena de ama de casa con prisas. 

Arrojo el coche en una urbanización de la zona, arrasando un macizo de plantujos que toma cumplida venganza contra la magullada chapa de mi carro, y entro en el mundo de la pelu guay de la muerte total.

Lo cierto es que llevo unas pintas normales, pero comparada con la población marbellí de temporada, parezco una homeless, así que entro en la pelu dispuesta a que más bien no me hagan la pelota y me despachen rapidito, que es lo que se suele hacer con las clientas con pinta de turistas ocasionales y con poco aspecto de ricachonas. 

Me sientan, me traen un café, y una señora sin el menor acento francés -oh desilusión- viene a verme y a interesarse por mis deseos en cuanto a aspecto capilar, portando un catálogo de peinados maravillosos, imposibles de apañar en casa con estas manitas y totalmente “fashion”. Y con un coste de mantenimiento perfectamente calculado. Pero oh, cielos, es que ¡¡son tan boniiiiiitooooos!!

 

dessange

 

Le cuento que he oído hablar de que hacen muy bien las mechas californianas (me mira como si le hubiera dicho que quiero que me corte el pelo púbico con forma de corazón), y me lo quita ipso facto de la cabeza -nunca mejor dicho-; que eso lleva las puntas muy claras y las raíces muy negras, y que si estoy segura. Reculo ipso facto, esta sabe de lo que habla y no trata de darme la razón como a las bobas. Me rindo a su sapiencia y me dejo aconsejar. Me indica un modelo del catálogo en tonos rubio caramelo, con un aspecto luminoso a la par que desenfadado. El color mola, y voy a eso, conque adelante.

Para mi asombro, viene con un cuenco de pasta blanca y un peine normal y corriente como único instrumental. Miro de reojillo y la dejo hacer. En menos de 15 minutos me ha embadurnado la cabeza mecha a mecha, sin papel de plata ni leches. Flipo con su arte. En mi pelu habitual, me coge por banda una churri con una bandeja llena de papel de plata y se tira algo así como 3/4 de hora untándome las greñas con una pasta maloliente y envolviéndolas pacientemente una por una. Y eso ahora, que hace unos cuantos años, el método era un gorro de goma y un ganchillo, y a tirar se ha dicho (¿os acordáis, qué horror?)

Llevo así como media hora en reposo de producto sobre mis pelambres, cuando se sienta a mi vera una guiri jovencita, con pelo rubio largo y rizado, que se queja de forma lastimera de que -a juzgar por una foto que le hicieron durante un evento- le han dejado las raíces demasiado cobrizaaaaas, el rubio demasiado oscuuuuuro (y supongo que los sobacos demasiado negros). Joder. Hay gente que tiene tiempo de observarse hasta en las fotos. La rodean compungidos y comprensivos la recepcionista francesa, el que peina y la de las mechas. La mujer vuelve con su cuenco y se aplica al asunto de reparar la cabellera de la guiri, parece la hechicera de la tribu. Miro mi imagen llena de mechas blancas en el espejo, ligeramente preocupada por si al final parezco un clon en rubio platino de la churri de la foto del catálogo. Tampoco es que me acojone, con teñirme entera de mi rubio ceniza nativo, asunto arreglado.

Me viene a buscar la chica lavacabezas, encantadora y atenta, me aclara el cabezón (rechazo la crema suavizante, qué manía tienen de ofrecértelo, con lo que me engrasa los pelos)  y me dirige hacia los tocadores de peinado. Me miro al espejo. Las mechas son preciosas, pero estoy franca y sinceramente rubia. Es un rubio dorado precioso, pero rubio. Ay, el precio de estar moníiiiisima de la muerte: pronostico raíces a la vista en 3 semanas, con lo rápido que me crece el pelo, eso además.

Viene Michel a peinarme, francés 100%. El tío es un encanto. Me observa y me pregunta cómo quiero que me peine. Odio esa pregunta. Porque ni yo misma se responderla: habitualmente me seco la cabeza boca abajo, le doy dos toques de cepillo y a correr. A lo largo del día, el pelo va colocándose donde le viene bien, y tampoco me preocupa. Le indico que estoy de vacaciones, y que me haga lo que le venga bien, lo único que la raya del pelo se abre por aquí y que la deje tranquila. Informal pero arreglao.

El tío me mira como si se le hubiera aparecido la virgen. Por fin, una clienta española normal, dice. “Vaya mañanita que llevo, me cuenta. ¿Ve esa señora que se marcha? Lleva aquí tres horas, me ha enseñado el peinado de una revista y me ha dicho que lo quería exactamente como ese. Señora, pensé, que en semana santa no tenemos médico en plantilla” -me parto, este tío es la monda-. Y esta mañana, ha venido una chica de 13 años; tenía cita a la una y ha aparecido a las dos, y según se ha sentado me ha dicho: venga, que tengo prisa. Un moco pelón de 13 años, te cagas. Ha llegado con chófer, al cual ha enviado a por unos zapatos de Christian Dior que ha visto en el Vogue. La órdiga. Esta ha visto El Diablo Viste de Prada y se piensa que es Miranda Priestley en versión miniatura. Y para remate, la de los pelos cobrizos y el evento. Si te digo yo que comienzo a pensar que un cliente como la que suscribe es una bicoca. El tío me da un par de indicaciones sobre mi corte de pelo (más bien falta de él). Le cuento que en realidad mi familia vive en la zona, y que suelo venir por aquí. Le explico que el extraño largo del flequillo tiene su explicación: le metí las tijeras, crece rápido y no tengo tiempo de ir a la pelu, sólo voy en vacaciones. Me mira meneando la cabeza. Así que la próxima vez que venga, ponemos en práctica lo del retoque del corte de pelo.

Las mechas han quedado preciosas, eso sí, ya puedo ir preparando los próximos 100 euros para el mes que viene, porque el repaso está más que garantizado.

Yo es que soy tonta, debería de haber asistido al Máster de cómo cazar 10 millonarios en 10 años que debe impartir la churri de la imagen (porque ésta fijo que al salir de la cárcel le llueven las ofertas. Yo misma le preparo el negocio).

 

 

Mi heroina

Mi heroina

 

 

Así podría ir todos los días a darle la lata a Michel después de la playa, a que me ahueque la melena y me diga lo estupenda que estoy con ese color. No te digo.

Silcas

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3 comentarios

  1. Hola me ha encantado tu forma de contar tu tarde en la peluquería Jacques Dessange, precisamente estoy buscando una orientación sobre los precios porque precisamente tengo una boda y me gustaría ir a cortarme el pelo y maquillarme.

  2. Hola maja
    Pues mira, son caros pero no tanto; a mí las super-mechas y peinar me zumbaron 120 euros pero tan contenta, oye. Pienso volver a que me lo corten y me quiten la pinta de maripuri. Merece la pena, pero como siempre, depende del peluquero que te toque en suerte. En general, yo salí pobre pero feliz (y fashion).
    Que te dejen muy mona!
    Silcas

  3. Gracias eres un encanto!!
    Empezaré a llenar a ahorrar
    Besos

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