De vuelta al redil

Tras 6 magníficos días de playa y dos de sol y viento -durante los cuales preferimos hacer plan de shopping y “máquinas” con los peques ante la perspectiva de cogernos todos una neumonía-, estamos por fin de vuelta al hogar.

Llegamos ayer sobre las 10, y a media hora de llegar encargamos dos suculencias al Pizza Hut del planetocio, y cuando estábamos ya en plena instalación de bultos y maletas, nos llega el amigo pizzero con la pitanza. La casa estaba completamente congelada. Pusimos la calefacción a tope y llenamos la chimenea de troncos. 

Qué demonios ha pasado en la sierra de Madrid, que alguien me lo explique. Hace un frío del carallo, que dirían os resentidos, pero al revés. Prece que estemos en pleno febrero. Qué rasca inhumana, sobre todo cuando llegas con zapatillas sin calcetines y camiseta de manga corta. La leshe.

Y entonces comienza la vorágine post-vacacional: vaciado de maletas y neceseres, lavadoras con los uniformes de hace 10 días, colocación de ropajes en los armarios, apaño de viandas de viaje y revisión de nevera maloliente, así como regado de plantas. Parece que hayamos estado fuera un mes.

Esta mañana hemos ido a buscar al monstruo, que ha vuelto de la residencia agotado: se ha instalado en el sofá primero y bajo la mesa del comedor después. Ahora está bajo nuestra cama, y de ahí no se mueve. Cuando la hemos recogido, se ha pegado dos carreras y enseguida se ha metido debajo del coche; traducción: o te me llevas o de aquí no me muevo, ya me puedes pasar por encima. El pobre bicho no es que descanse mucho en la residencia; están en cheniles compartidos al aire libre, y se pasan el día ladrando a quienquiera que aparezca o bien con las orejas levantadas intentando detectar a sus respectivos amos.

No he pegado un palo al agua. Lo tengo que reconocer. Ni la oferta, ni la presentación ni el business plan. Voy a comenzar con la oferta esta tarde-noche, mientras vemos los piratas del caribe en el fin del mundo por quincuagésima vez. La prueba de que he descansado es que me cuesta encontrar cualquier cosa en la vasta red de directorios y carpetas donde reposa mi conocimiento acumulado durante estos 9 años en la compañía. Y menos mal que por lo menos he echado un vistazo al correo, y he podido comprobar que está todo calmo y tranquilo, con esa sospechosa calma que precede a la tempestad.

Mañana, tela. Tengo 2 días para la presentación, 3 para la oferta y el business plan ya está tardando. 

Auf, qué pereza tan enorme. En fin, será mejor que comience cuanto antes.

Silcas

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2 comentarios

  1. Es lo malo que tienen las vacaciones, por muy cortas que sean. Yo me fui 10 días a Lugo y me dí cuenta de dos cosas: el tiempo no es correlativo, es decir, eran diez días y parecían 3, y las cosas siempre pueden estar igual o peor que cuando te fuiste, pero nunca mejor. (en mi caso fue bastante peor…). Pero en fin, es lo que hay y toca pechugar, oiga! XD XD
    Besos!

  2. Ay cuánta razón tienes, amiga…
    Un besico
    Silcas

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