Mi radio… me la robaaaron…

En realidad he estado dudando si titular este post “un día de furia”, pero no. En realidad tenemos mil razones para estar contentos, dar gracias a Dios por lo que tenemos y que las cosillas que nos suceden cada día tampoco nos hagan sentir mal del todo.

Lo primero, esta mañana. Me he pegado un madrugón del nueve  para estar a las 09:30 en una reunión con un VIP mu pero que mu importante.

A mi jefe y a mi compañera casi les da un infarto de miocardio agudo, porque no he llegado 15 minutos antes a la reunión.

Llegué. Por los putos pelos, pero llegué. A las 09:30, estaba en la recepción del cliente, y dos minutos más tarde, en la antesala del ilustre personaje. Estoy hasta las narices de la falta de consideración de la gente. Vivo a 40 kms., por favor. Ya sé que no es excusa, yo soy la primera maniática de la puntualidad, pero, ¿sabéis una cosa? ¿tiene sentido el andar con tanta historia y tanto estrés por 120 segundos? No es para tanto, joder.

Aparqué en cancoño, y encima estrené el dichoso Elio Berhanyer ideal de la muerte, que sólo tiene un problema. Es un traje para ricas, pensado para caminar con pasitos de geisha, porque la jodida falda tubo no me permite alcanzar mi velocidad de crucero habitual de “zancada larga más bien casi a la carrera que llego tarde”.  Las ricas no tienen reuniones ultraimportantes de la muerte, y si las tienen, da igual si llegan tarde. Sin embargo, debo reconocer que plantarte un traje chaqueta de 600 euros te da una especie de sensación de estar por encima de la plebe que hasta te hace sentir tranquila cuando llegas tarde a ver a un tío que departe con ministros.

Además, la presentación ha ido bien. Más que bien, diría yo. Luego he realizado un asalto a mano armada a una persona del cliente -más bien diría que se está convirtiendo en un amigo- para tomar un café. Hay veces en que deberíamos quitarnos esa especie de careta de “tú eres el cliente, oh bendito, y yo la pobre proveedora que tiene que darte coba” y comportarnos como seres humanos; es decir, con este hombre, y no ocupa un cargo precisamente liviano, me permito asaltarle en su despacho para invitarle a un café -y resulta que al final, me invita él. Pues claro. No hay problema, ni hay que hacer un asunto de estado por eso. No todo el mundo lo entiende igual.

Luego, a la oficina, a la rica oferta. El sobre con los 4 sobres en su interior, a medio confeccionar, lleva bailando dentro de mi coche dos días. Bailando de un lado a otro, porque la oferta técnica la elaboramos en otro edificio, y no sé cuándo íbamos a acabarla. 

Así que a eso de las 2 aparco el vinículo enfrente de la oficina de marras, y agarrando unos bocatas, me encierro con mi compañero a preparar la oferta. Nos van echando de la sala a trozos, porque resulta que hay otras reuniones previstas y de 2 a 4 no hay más salas.  Naturalmente, no la acabamos, eso queda como “to do” para esta noche. Genial.

Al final, a eso de las 6:30, salimos por la puerta con la oferta económica para que la firme un director que está metido en uno de esos comités eternos y que saldrá cuando le venga bien a echar una firmita.

Cuando llegamos al coche, oh, sorpresa. Algún cabrón desaprensivo me ha reventado la ventanilla trasera derecha y me ha arrancado mi maravillosa radio-usb-blutut de cuajo. Se ha llevado también un pincho con música. Afortunadamente, no ha detectado el navegador de la guantera y ha dejado en paz mi colección de CDs. Da pena ver el coche, lleno de cristales.

Dejo a mi compañero, el cual está jurando en hebreo -asombrosa la filosofía con la que me lo tomo yo- en el edificio principal a hacer antesala y acopio de paciencia y comienzo la ronda de llamadas para resolver “o marron”. Porque encima, mañana hay que entregar una oferta. Pooor supuesto. Creo que voy a escribir un guión sobre marrones, seguro que hago algo que solamente podría filmar Spielberg.

Primero llamo a Conyuge A, al cual informo de la penosa situación, claro. Querido, ya no tenemos arradio. 

Llamo a Carglas. Que sí, que me pase, me dan cita para mañana en un taller que está cerca de donde entrego la oferta.

Luego caigo en que quizá sea bueno llamar a la Mutua, por eso de que es mi aseguradora. Así lo hago, me atiende una señorita muy amable y me cuentan nosequé de un taller que está abierto hoy hasta las 12 de la noche.

Le digo que ya tengo cita en carglass y que no hay problema, que está concertada cita para mañana. Vale.

Sigo esperando a que mi compañero baje con la documentación firmada. Son las 19:15. Además, me hago pis.

Con lo cual, meto el coche en mi plaza de garaje -cualquiera lo deja fuera y abierto, me podrían levantar hasta las sillitas de los niños y los kleenex usados- subo al baño y de pronto caigo en que soy tonta. Jopé, voy a llamar -otra vez- a la mutua a ver eso del taller de lunas que está abierto. Total, entre que éste firme la oferta, hasta podría hacerme la manicura.

Me pasan con el taller. Me lo coge un fulano que me dice que me pase enseguida, que tienen mi luna. Oh, genial. Voy volando como una loca hasta la calle del taller auxiliador de damiselas en apuros, y mientras tanto me llama mi compañero con el tema de la documentación, que ya está firmaa, la deja en mi despacho, que está abierto, me llama también otro compañero, con un tema de trabajo, y un tarado, con una de sus paranoias.

Todo ello sin manos libres, claro. Me van a meter una multa del copón de ases.

Llego al tasher, meto el carro dentro y me apeo. Llevo mi traje maravilloso, la puta oferta dentro del sobre gigantesco para ofertas inútiles, el portátil y mi maletín de reuniones importantes de la muerte total en los dientes.

Sale a atenderme el primo hermano de Beowulf. Mira el coche. Mira la ventanilla rota. Ah, caramba. “Yo pensaba” -jodeeeeeeer, famosas palabras precursoras de desgracias- “que era la ventanilla del copiloto”. No tiene la puñetera ventanilla. Lo sé antes de que mire el ordeñador.

 

beowulf

Lo verifica. Pos no. Va a ser que no tenemos. Mañana sí, puede dejar aquí el carro y mañana lo reparamos. Miro al susodicho. Quiero creerle. Y entonces comienza un curioso periplo de llamadas a la aseguradora -a partir de las 8 se acaba la cortesía y tienen a una dragona con hemorroides atendiendo a la peña-, porque resulta que mi póliza tiene franquicia. Eso significa que la reparación corre -prácticamente- de mi cuenta. O no. Beowulf trata de explicarme que hay dos posibilidades, una dar el parte en la “pantallita” de la mutua y otra pagarlo a tocateja. Entre tanto, mi móvil está ya casi sin batería, y llamo a Cónyuge A a que venga en mi auxilio porque el cerebelo ya se me ha puesto rígido y todo me importa un rábano. Voy a abandonar el coche en manos de Beowulf y a subir a casa. No tiene mucho sentido llevármelo sin cristal. A todo esto, Cónyuge A ha bajado con el clío de mi cuñada, un trasto antediluviano con una palanca de cambios que salta por los aires en cuanto cambias de marcha. Tengo que acordarme de ponerle pegamento en la empuñadura porque cualquier día me estampo contra una farola.

Llega la caballería para poder comprender los razonamientos de Beowulf, al cual acabamos por entender: sin dar el parte sale más barato que haciéndolo por la aseguradora y encima nos ahorramos un parte (necesario para antes de agosto llevar el coche a que le arreglen los arañazos que le propino con la columna del garaje de la oficina y que cualquier día se desplomará enterrándonos a todos, que reíros del 11-S).

A todo esto, mi amigo Alvaro, al cual he regalado una bolsa de productos de cosmética masculina, me deja un inquietante mensaje -esto comienza a ser surrealista- preguntándome por la utilidad de las pastillas anticalvicie que -según él- anidan en la bolsa. ¿¿¿Pastillas anticalvicie??? No me suena haberle puesto nada comestible, me vuelve a llamar y le cojo la llamada.

Me entra un ataque de risa cuando me describe la composición de las pastillas; amoxicilina con ácido clavulánico, cuando le cuento que son los antibióticos del perro para la tos de las perreras, comienza un diálogo digno del club de la comedia, y que consigue hacerme reir a carcajadas, gracias Alvarito, lo necesitaba. Cómo coño han ido a parar las pócimas del perro a su bolsa, es algo que algún día averiguaré.

Subimos a casa, son casi las 9. Santa Mihaela está en casa con los peques, esperando pacientemente a que lleguemos para dar por finalizada su jornada laboral. Conyuge A la acerca a casa mientras yo recaliento un poco de sopa y saco de la nevera la ensalada múltiple que sobró de ayer. Pongo unas velitas, qué caramba. Y un poco de vino. Falta me hace. Un mal día hay que acabarlo con alegría, sobre todo porque se ha acabado.

Pero no ha acabado. Son las 11:05 cuando me siento al portátil; tengo que revisar la oferta de mañana -a saber cuándo el desdichado ejecutor de la oferta la dará por finalizada-, enviársela a San Javier de todos los Santos, para impresión y encanutillado, coger toda la documentación, meterla en los sobres y entregarla antes de las doce. Todo ello en el clío antediluviano, recemos porque aguante, que si no tenemos -para variar- entrega de oferta con emoción incorporada.

Tengo una sensación de pena por mi coche y mi radio, pero mira, tengo una casa donde guarecerme, una copa de vino tinto Glorioso y una cachimba con tabaco de caramelo. No necesito mucho más, ni necesito ir mañana al rastro a vender una radio robada mientras le echo el ojo al próximo coche que voy a destrozar para sacarme cuatro perras. 

Conque, en fin, me voy a poner con el otro documento que tengo que revisar y a las 12 espero estar en el sobre durmiendo.

Fin del día de hoy, que mañana promete. A saber qué sorpresas nos tiene reservadas Beowulf y qué novedades imprevistas generará la puta oferta.

Silcas

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: