Nubita, el del pito bonito.

Guapa curda la de ayer domingo. Estamos viejunos, ya.

Teníamos sarao en casa. Comida + lo que se tercie. Seis adultos, seis peques y dos perros. Los peques, sin problema, dieron buena cuenta de los ravioli y los macarrones, con tomate y queso, así como un pozal de fresas con nata. Acojonante, lo que devoran estos enanos. Se van a poner tochos, como sigan zampando así.

En cuanto terminaron, los enviamos a jugar, y los mayores nos pusimos a lo nuestro. Para empezar, unos mojitos, aderezados con limas y con la mata de menta de la terraza -recogida antes de que NUBITA el asesino destroza-plantas aposentara su gigantesco trasero en la jardinera de piedra de la terraza y se cargara la menta, los nardos que están comenzando a brotar, los dondiegos y cuanta forma de vida vegetal encontraba a su paso.

Cuando llegó Nubita, alias “pito bonito”, que es como mi inocente sobrino Suco llama al MIEMBRO del cánido, y que no tiene otro nombre porque es imposible confundirlo con otra cosa,  fue encerrado en la terraza con Wanda, por eso de que se apañaran ambos dos canes y se familiarizaran, aprendieran a convivir y a compartir, que es muy bonito, y no dieran la brasa al personal. Tras varios ladridos, amagos de ñasco y gruñidos varios, los dos perritos fueron liberados de su cautiverio para dar una vuelta por la dehesa, y ver si cazaban alguna que otra res.

Pos no. No hubo manera de separar a Nubita de Wandita, empeñado en no separar la nariz de las partes nobles de la perra, la cual estaba francamente mosqueada por la actitud e insistencia del “pequeño” y “adorable” ex-bebé de foca, que se ha convertido en un bicharraco que pesa algo así como el triple que ella y que estaba -definitivamente- entusiasmado con su compañía. Eso sí, le hizo trotar de lo lindo, porque otra cosa no, pero Wanda corre que se las pela, y le hizo sudar cosa fina. Horas mas tarde descubrimos que la perra estaba comenzando con el celo, así que confío en que Nubita no se aprovechara en un despiste, porque PASO como de comerme los mocos de criar una camada de psicópatas procedentes de cruce de bebé de foca asesino adolescente con perra de caza madurita, completamente loca y que salta como las ranas. Ni hablar, hombre. Lo que me faltaba. Van derechitos con lazos en el cuello a casa de mi hermana, a terminar con las Wisterias y con todo lo que se tropiece en su camino, mwuaahahahahaha.

Balance alcohólico a sumar a los mojitos: Dos botellas de tinto espectaculares -de ese que hay que orear antes- engullidas junto con un kilo de carne a la piedra acompañada de puré de patatas y salsas. Dietético que te cagas. Luego, a la terraza, a por una cachimba -que vicio, que vicio- y una botella de Moët Chandon que estaba agonizando en el sótano, y total, como cónyuge A no puede beber y no era plan de atizármela en soledad. Así que la rescatamos de su triste y poco glamourosa ubicación y cayó en la terraza. Luego acabamos con una botella de lemoncello villa-massa (el mejor, creo yo). Mientras tanto, los peques retozando en la pradera que hay bajo nuestra terraza, jugando con el material bélico, las casas plegables de imaginarium, con los balones… de vez en cuando alguna criatura entraba en casa reclamando agua, pis, palomitas -cónyuge A calcinó una bolsa en el microondas, esto le viene de familia-, y al final, acabé haciéndoles rollitos de jamón queso y tortilla. Joder qué limas.

Eso sí, lo pasamos como enanos. 

Feliz lunes,

Silcas

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