Enrique Rojas y la Educación

Mi amiga Patricia me pasa esta reflexión, muy interesante.

Saludetes,

Silcas

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Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría y autor de Quién eres, un manual sobre la personalidad.

Artículo publicado en EL MUNDO, sábado 20 de Diciembre de 2008 en la sección OPINIÓN.

La Educación de los hijos

Enrique Rojas

 

Educar es entusiasmar con los valores. Estamos en unos momentos en los que mucha gente joven está perdida, sin saber a dónde ir. Estar perdido es no tener rumbo, ir tirando a ver qué pasa. Veo a muchos jóvenes así. Y no hablo sólo de nuestro país, porque, como dijo MCLuhan, vivimos en la aldea global.

Por dónde debemos empezar? Los edificios que no se caen son los que tienen unas bases firmes, unas raíces sólidas. Y en el ser humano, lo primero de todo es la formación   . Educar es convertir a alguien en persona. Educar es conseguir seres h8manos con dignidad y criterio. Educar es seducir con modelos sanos, atractivos, coherentes y llenos de humanidad. Por ahí debemos comenzar, con ejemplos de vidas llenas de sentido, atractivas, que nos empujen, que arrastren nuestra conducta en esa dirección. Educar es atraer por encantamiento y ejemplaridad.

El gran educador moderno está enfermo y con mal pronóstico: la televisión. Y no hay ningún indicador que nos diga que va a cambiar en positivo. Pero la primera fuente educativa, donde todo debe arrancar, es la familia, que debe ser una escuela en donde uno se debe saber querido por lo que es y no por lo que tiene. Una familia sana es la primera escuela donde uno recibe lecciones que no se olvidan nunca.

De niño, dos de mis grandes asignaturas favoritas eran la Geografía y la Historia Sagrada (aunque yo nunca estudié en un colegio religioso, porque así lo decidió mi padre, uno de los primeros psiquiatras españoles, que estudió en Alemania). Me atraían las escenas pintadas sobre Abraham a punto de matar a su hijo Isaac con el cuchillo levantado, aquellas en las que se reflejaban las disputas de Esaú y Jacob, que fue vendido por sus hermanos y que terminó en casa de Putifar. Yo leía aquellos pasajes bíblicos y mi imaginación volaba, porque en aquella época muchos libros de textos eran ilustrados y esto hacía màs fácil comprender lo que se explicaba en ellos.

En casa de mis padres, la educación se prolongaba a lo largo del día y también durante el fin de semana. Desde las normas básicas de urbanidad, pasando por los almuerzos, en los que todos hablaban. Yo era el sexto de siete hermanos y, además, un poco tímido, por lo que muchas veces me limitaba a escuchar y a preguntar lo que no entendía. La figura de mi padre era la de un catedrático de Universidad de aquel tiempo (murió en 1974), de una disciplina entonces relativamente incipiente, la Psiquiatría, que se había formado en Alemania. Mi madre no era universitaria, p ero era un pozo de sabiduría y sentido común, y tenía generosidad para dar y tomar. Los dos marcaron mi personalidad a fuego.

Ahora, al repasar hechos y escenas, estoy lleno de agradecimiento hacia cada uno de ellos. Y veo como una panorámica de lo que debe ser la educación en la familia, la primera universidad.

Si la familia funciona, la persona va a tener un edificio construido con materiales resistentes. En ella hay un mundo mágico y decisivo. Porque la primera piedra de la educación es la formación. Adquirir una buena formación en general es distinguir lo que es bueno de lo que es malo; tener criterio; saber a qué atenerse; discernimiento; aprender a penetrar en la realidad distinguiendo lo que es mejor y más positivo, para escoger el camino correcto.

La formación hospeda en su interior distintos ingredientes. Hay dos notas principales que no quiero dejarme en el tintero y plasmarlas cuanto antes: la formación humana y espiritual. La primera aspira a que lleguemos a tener un comportamiento propio de seres humanos, y dentro de ese plano se abren tres grandes cuestiones:inteligencia,afectividad y  voluntad. Para mí, las tres constituyen el subsuelo en el que debe arrancar la condición humana. Cada una de ellas tiene un largo recorrido.

La inteligencia es la capacidad de síntesis, saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Hay que enseñar a pensar a las personas desde pequeñas, a tener espíritu crítico y a formular argumentos que defienden nuestras ideas y creencias. Hay muchos tipos de inteligencias y en general unas y otras se llevan a la gresca; parece como si poseer unas, excluyera a otras: inteligencia teórica, práctica, social, analítica, sintética, discursiva, creativa, emocional (tan de moda hoy, desde el libro de Goleman), fenicia, instrumental, matemática…., e inteligencia para la vida (saber gestionar del mejor modo posible la propia trayectoria). Todas tienen en común la captación de la realidad, pero desde diversos ángulos.

La inteligencia se nutre de la lectura.

Fomentar este hábito es esencial. Hoy a todos nos cuesta más, pues estamos en la era de la imagen. Pero hay que intentarlo. Debemos tener un par de libros siempre cerca, alternándolos. Y la curiosidad es otro ingrediente esencial. La lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio físico es al cuerpo.

Quiero hacer una mención especial al tema de la lectura por la importancia que ésta tiene. La visión panorámica nos da una imagen bastante precisa. El final de la Edad Media corresponde a una poesía representada por los cantares de gesta, las cántigas de escarnio, el Mester de clerecía y el Mester de juglaría. El siglo XVI representa a la poesía del Siglo de Oro con Lope de Vega a la cabeza. El XVII es el del teatro, que fue en su tiempo lo que sería hoy la televisión, pero en bueno. El siglo XVIII es el del ensayo .aunque en España los efectos de la Ilustración fueron mucho menores que en Francia o Alemania-. El siglo XIX es el de la novela, que fue la gran educadora sentimental en nuestro país, con Pérez Galdós y Clarín como máximos exponentes. El siglo XX es el siglo del periodismo: los grandes escritores plasmaron sus ideas en los periódicos, como fue el caso de Ortega y Julián Marías. Y el siglo XXI es, por el momento, el de internet y las comunicaciones.

Quiero hacer sólo un breve apunte en relación con la prensa. Mi suegro, Fabián Estapé (tiene más de 80 años) lee 12 periódicos cada día, emplea casi toda la mañana en ello. Está claro que es importante estar bien informado, pero es necesario hacer una administración inteligente de la lectura en prensa.

La afectividad: ese pura sangre que recorre nuestra persona y que se manifiesta a través de los sentimientos, las emociones y las pasiones. Tener una buena formación sentimental significa capacidad para dar y recibir amor. Uno de los puntos básicos en este sentido es aprender a expresar sentimientos: desde dar las gracias, mostrar afecto, saber que la palabra bien empleada es puente de comunicación –te quiero, te necesito, perdóname, ayúdame en este asunto, necesito hablar contigo, tengo un problema y necesito que me orientes…-. Todo eso cultiva, hace prosperar lel mundo sentimental y le da fuerza y consistencia.

En tercer lugar, la formación humana tiene un elemento decisivo, clave, de una importancia a la larga de gran alcance: la voluntad. ¿Qué es la voluntad, en qué consiste, qué características tiene?. Voluntad es la capacidad para ponernos metas y objetivos, y luchar a fondo por irlos consiguiendo. Con la voluntad no se nace, sino que uno la cultiva, la trata. Se empeña por irla metiendo en la conducta personal, contra viento y marea. Voluntad es determinación, firmeza, esfuerzo deportivo por conquistar cimas de cierto nivel que nos ayuden a crecer como personas. Y ésta, a su vez, se compone de una serie de ingredientes que son muy importantes: orden, constancia y motivación. Yo le llamo a todos esos elementos inteligencia instrumental, porque son las alas que hacen volar alto la inteligencia (las joyas de la corona) NO HAGO LO QUE ME APETECE NI LO QUE ME PIDE EL CUERPO SINO LO QUE ES MEJOR PARA MÍ, AQUELLO QUE  ME HACE CRECER COMO PERSONA.

La formación espiritual es la rebeldía del que no quiere vivir como un animal sino como una persona. Hoy lo políticamente correcto es no creer en casi nada, todo light , liviano, sin compromiso con nada… Es el postmodernismo: una vida sin valores ni convicciones, suspendida en el relativismo y la permisividad. La espiritualidad bien entendida nos hace crecer en humanidad y nos lleva a ver al otro con toda su dignidad. Expulsar a Dios de la vida personal, sólo porque está de moda y se lleva, no hace más libres ni a las personas ni a la sociedad. Eso sólo lleva a lo que estamos viendo hoy tan a menudo: un vacío espiritual enorme. Sólo un profundo sentido espiritual de la vida, moderno, abierto, liberal, pero firme como la tierra sólida que pisamos, es capaz de cambiar en profundidad el corazón del ser humano. Esta sociedad está muy perdida en lo básico. Hablaría de ello con detalle, pero ahora dejo solo apuntada esta idea, para el que quiera cogerla.. Pero la resumiría de este modo: la persona espiritual lo juzga todo..

En la reciente visita del Papa Benedicto XVI a Francia, Sarkozy habló de “laicismo positivo”, esto es ser persona del siglo, pero sin renunciar a los valores imperecederos del hecho religiosos y no dejarlo sólo para el ámbito privado, pues es un bien público y social.

¡Qué tarea tan bonita y apasionante tenemos por delante los padres y los educadores! Vale la pena ponerse  manos a la obra y llevarla a cabo. Lamentarse vale de poco, evita la úlcera de estómago y poco más. Somos lo padres los primeros educadores y no podemos pretender que nuestros hijos vivan cosas que nosotros no practicamos. En la vida  coherente de los padres está la base de una buena educación  de los hijos: que entre lo que decimos y lo que hacemos exista una buena relación.

Cuanto más vale una persona,  más valora a los demás. Y al revés. No hay secretos para el éxito; éste se alcanza con preparación progresiva, trabajando con minuciosidad sobre uno mismo, sacando lecciones de los fracasos y procurando tener un modelo de identidad, esos ejemplos de vida lejanos o cercanos, que tiran, arrastran, empujan en esa dirección, para conseguir hacer una pequeña obra de arte de la vida personal. Querer es poder. Voy contra corriente. No me importa, sé que son tiempos difíciles, en los que hay mucha gente desorientada, pero que puede ser reconducida… En su libro El hombre eterno, Chesterton habla de ir contra corriente y dice lo siguiente: “Cuando uno va navegando por un río de cierto caudal a favor de la corriente, ésta le lleva a uno rápida y fluidamente, pero se corre el riesgo de ir tan bien, que uno se duerme y se puede caer al agua y ahogarse. Por el contrario, cuando uno está acostumbrado  a ir contra corriente, hay que luchar y esforzarse y resistir y cada pequeña victoria es un triunfo… el agua salpica la cara y es difícil seguir, pero, pero la pasión por avanzar es mayor, así se fortalece la postura”. Para ir contra corriente hoy hay que estar bien formado y tener ideas claras y criterios coherentes y sólidos, para no dejarse llevar por unas sociedad herida por el consumismo y manipulada por los medios de comunicación.

El ser humano es el capital más preciado. La crisis económica es nada comparada con la crisis moral. No saber hacia donde tirar, ni a qué atenerse, es mucho más grave. Una educación permisiva y relativista, se sitúa lejos de la voluntad y la buena orientación y destruye el vigor del alma y del cuerpo.

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