Faringitis estreptocócica

Pozí. Un día en el que he andado catatónica prácticamente desde ayer por la noche, noche en la cual me metí en el sobre a eso de las 10,15, estuve leyendo el libro del ejército perdido, se me cerraron los ojos allá sobre las 11,30, y luego, a partir de nosequé hora, me pasé la noche en duermevela, dándole vueltas a la presentación importante de la muerte que tenía al día siguiente -a las 08:30 habíamos quedado, joder, si a esa hora no están ni los guardias de seguridad-. 

Así que repté fuera de la cama sobre las 06:00, antes de que sonara incluso el despertador. Desayuno un poco y me arreglo en piloto automático con los ojos pegados, y a las 07:15 salgo de casa. El tráfico está inusitadamente bien, así que a las 08:10 estoy en el cliente. Me meto en la cafetería del complejo. Me hago con una botella de agua y comienzo a preparar la reunión. Van llegando los otros tres convocados. Tiene lugar la reunión, de 09 a 12 hs. Salimos del cliente, agotados pero contentos. Hoy ha ido bien -lo cual no implica en absoluto bajar la guardia-. A mí estas cosas me dejan aplanada y por los suelos, una vez se ha ido la tensión nerviosa me convierto en un pingajo que sólo quiere una cama y dormir 8 horas seguidas.

Sin embargo, no puede ser. Vuelvo a la oficina, y según voy llegando, llamada del cole. Que mi hijo tiene fiebre; pues hala, marchando 8 ml de dalsy (a este paso con estas medidas se lo daremos en bibe), y a clase. Mal rollo. Contrasto estado del parque infantil con cónyuge A. Que sí, que esta mañana tenía 37º y que le dolía la garganta. Ay.

Curro un poco y me voy a comer con mis padres y hermanos. A eso de las 16:15, el cole de nuevo. Oye, que está con 38,6º y que le duele muchísimo la cabeza -le oigo de fondo, llorando-. Se me pone al teléfono, convertido en un alma en pena. Cierro el portátil, lo meto en la funda y me voy a por él. Llego al cole a las 17:05, lo tienen en una salita, con la persiana bajada, dormitando. Pobre. Está ardiendo de fiebre.

Llego al hospital de torrelodones, afortunadamente no hay ni zeus y nos pasan al box de pediatría casi inmediatamente. El “casi” fue suficiente para que me entrara un deseo incontenible de arrancar de cuajo la tele de la sala de espera, donde siete descerebrados vestidos de tordos, con petos vaqueros y camisas rojas, se dedicaban a gritar aullando canciones infantiles con tan poca gracia que costaba trabajo creer que alguien les hubiera hecho un vídeo a estos colegas.

Ouf. Mi hijo está claramente kaput. Mira el vídeo con ojos vidriosos, está muy caliente y dice que le duele la nuca (glubs, meningitis??)

Una vez en el box, lo suben a una camilla para examen. Justo al lado, escena dantesca, un pobre bebé al que le están tratando de poner una vía. Qué putada. Los alaridos se oyen hasta en la china. Mi hijo atisba tras la cortinilla verde con verdadera aprensión. Odia ir al médico.

Lo examinan (por dios, que no tenga varicela, por dioooossss), le toman una muestra de la garganta para ver si tiene estreptococos, y a la salita otra vez, a ver a los tordos. Dios. Además, tienen la tele altísima. Joder, y el mando???

Lo vuelven a llamar a los 15 minutos, que sí, que estreptococos al canto y penicilina que te crió. Genial. La semana pasada, la varicela de su hermana, y hoy, los “cocos” del chaval. No damos abasto.

Sin embargo, para ir tirando, le dan apiretal para bajar la fiebre. El enfermero lo coge con una jeringa, con aguja incorporada con gotas sangrientas -el apiretal, claro-, y avanza hacia mi hijo. El “¡¡¡¡¡¡aaahhhhhhhh!!!!!” de horror de mi hijo encubrió incluso a los alaridos del bebé. Que no, hombre, que le quito la aguja, que no voy a pincharte. Ya, no te jode. Un poco más y se me encarama en la coronilla, el chaval. Menudo susto, ver al enfermero avanzando hacia él con la aguja sangrienta en ristre.

 

apiretal

En fin.

Llega cónyuge A, el cual ha conseguido transporte hasta allí a través de un compi, porque yo he utilizado el coche familiar para bajar a la puñetera reunión intempestiva de esta mañana y lo he dejado tirado cual perro con la aventura de los estreptococos. Paramos en la farmacia a comprar la penicilina y volvemos a casa.

Y ahora, me toca currar. Son las 20:44 y sereno. Leña al mono, hasta que aprenda el catecismo y hable inglés.

 Espero desmayarme esta noche, pero de verdad. Y si vuelvo al insomnio, voy a hacerme con un mazo de aplastar ajos y me daré con él en la cabeza hasta quedar inconsciente. Estoy hasta las narices de maldormir.

Una tregua, por favor.

Silcas

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