Algo muy grave va a suceder…

Interesante reflexión que os copio para que reflexionéis.  

Silcas

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Algo muy grave va a suceder en este pueblo

http://www.cotizalia.com/cache/2009/05/13/opinion_90_grave_suceder_pueblo.html

Gabriel García Márquez escribió un cuentito corto muy ilustrativo en el que, una mañana, una señora se levantaba en una pequeña aldea con una corazonada: “algo muy grave va a pasar en este pueblo”. Rápidamente, se lo contó a sus vecinos; aquella comunidad entró en estado de pánico y eso les llevó, finalmente, a, dejar sus casas ante el miedo de lo que iba a ocurrir.

Claramente, algo muy grave ha ocurrido (y está ocurriendo) en este pueblo…, pero ya empezamos a tener en la prensa noticias económicas de signo positivo. Hay quien tímidamente habla de desaceleración del deterioro, otros de recuperación y, los más optimistas, hasta se atreven a mencionar la palabra crecimiento. Leemos en la prensa que TrichetOrdóñez y la OCDE constatan signos de recuperación. Obama y su equipo pronostican el repunte del PIB norteamericano en el último trimestre del año y aspiran a un 2010 con un panorama mucho más alentador. El Reino Unido también recoge datos menos pesimistas en todas sus portadas e incluso destaca una modesta recuperación del mercado inmobiliario residencial. Son los ciclos que van y vienen, con la tenacidad de un péndulo.

Hace unas semanas, un alto ejecutivo de una multinacional americana, prototipo del bonus y la bonanza, decía que hemos crecido en un jardín verde y frondoso en el que, además, nadie tenía que hacer un gran esfuerzo por preservar nada. Todo crecía y nadie distinguía (o sí) lo bueno de lo malo. Cuando las raíces de nuestros árboles más sólidos se pudrieron y tuvimos que podar, nos desconcertamos porque no sabíamos hacerlo, porque no lo habíamos hecho antes. Era el momento de sacrificarse entonces y afrontar las decisiones difíciles que se evitaron durante los largos años de abundancia: la corrección de los mercados, los ajustes presupuestarios, la disminución del gasto social, la prudencia en el consumo, el desempleo, la falta de financiación o, incluso, la reforma del mercado laboral. Algunas de estas decisiones se han tomado; otras, todavía están por llegar.

Como este ejecutivo, muchos de nosotros pertenecemos a una generación que sólo ha vivido la crisis delpuntocom y, por supuesto, no es comparable. Es absolutamente cierto que “nunca habíamos estado tan mal” e innegable que nunca habíamos visto tan cerca de nosotros (o en nosotros mismos) las consecuencias de los excesos, las estructuras imposibles, la cultura de lo fácil y los riesgos de la autocomplacencia. Hemos tomado (o nos hemos visto obligados a tomar) medidas que afectan a nuestra vida cotidiana que hasta hace muy poco ni siquiera alcanzábamos a imaginar. Y eso, queramos o no, nos ha dado miedo, y el miedo, en buena medida, nos ha paralizado.

Ahora, nadie se atreve a pronosticar el final de esta crisis: si será a finales de este año o el que viene, o quizá en 2011 en España… Pero es importante y reconfortante leer y oír en positivo… Lo necesitamos para que el miedo (y no la prudencia) deje de ser el motivo para no hacer, para que las buenas ideas que tenemos el privilegio de encontrar todos los días en nuestro trabajo cuenten con apoyo, para discriminar las buenas de las malas iniciativas y apoyar a las primeras.

Y aquí, necesitamos ayuda. Hoy se escucha sin cesar que la economía es un estado de ánimo y, en este planeta globalizado y con una situación que debemos analizar cuanto menos en entornos europeos, sí nos parece importante que los líderes de cada país sean capaces de trabajar como cirujanos especialistas para diseñar estrategias, atajar, extirpar, reconstruir y tomar las medidas necesarias para cada situación concreta.

En una de las columnas periodísticas más inspiradoras que han pasado por mis manos, Manuel Vicent habla del swing, no como un movimiento que los jugadores de golf se afanan en perfeccionar, sino como una actitud/aptitud ante la vida que, en su opinión, algunos privilegiados poseen. Guardo este papelito impreso en un cajón y, de vez en cuando, lo saco y releo cuando me sorprende, donde menos lo espero, ese movimiento magistral. Vamos a pagar nuestras facturas (y aún nos queda), deberíamos perder el miedo y aprender la lección de la prudencia (si es que eso es humanamente posible) y vamos a provocar que algo bueno ocurra en este pueblo. Ojalá, para entonces, ¡todos hayamos mejorado un poco nuestro swing!

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