Los árboles mueren de pie

Un buen amigo me echaba hoy en cara -mirándome con cara de conejo- que “hace tiempo que no posteas”. Chorradas y chirigotas he subido unas cuantas, es verdad, pero cierto es que no he tenido demasiado tiempo para digerir todo lo que ha pasado en los últimos 15 días. O en realidad, se trata de falta de ganas de elaborar un post políticamente correcto, porque a mí lo que me mola es postear lo que me sale de las meninges sin firewall ni diccionario on line, llamando a las cosas por su nombre y a los joputas por su apellido. Ya quisiera tener yo los huevos de Wardog, mi héroe, que se pone los servidores por montera y le importa un puto huevo lo que opine super-boss.

Tras el calvario por el que he pasado defendiendo los intereses de mi compañía frente a algunos sujetos que por estar por encima de mí en el escalafón se consideran por encima del bien y el mal, lo único que me ha compensado ha sido la alegría enorme que reinaba en mi departamento el día en que el sujeto en cuestión ha salido de la empresa con dirección a la competencia -Industria Nacional De Reciclaje Avícola-, sin llevarse -eso sí- la información que pretendía obtener bajo presión sólo equiparable al mobbing. O directamente, vamos a ser claros, mobbing sin más preámbulos, amenazas de despido y encerronas en despachos incluidas.

Y con respecto a la alegría enorme, no creáis que estoy rodeada de monstruos desaprensivos, se trata de buena gente  que ha estado unos cuantos meses puteada por un impresentable que ha creado un mal rollo impresionante a su alrededor, a base de grosería, malos modos y pésimas formas. Jamás en los 9 años que llevo en esta empresa he visto un mal rollo semejante. Silencio en los pasillos, cuchicheos, caras crispadas y emails violentos. Siempre digo que si eres buena persona, muy posiblemente serás buen profesional, y a la inversa. Dios cómo odio tener razón siempre: prójimo que presume de másters, de contactos y de alcurnia, MAL ASUNTO. Si mi actitud ha servido para librar a gente a la que aprecio de este paisano, pues perfecto. 

Afortunadamente, sigo encontrando tesoros en la dirección de esta empresa, en forma de personas decentes. Por su intervención sigo en esta compañía, aunque no sé bien si es algo de lo que alegrarse o una prolongación de la condena, porque algún que otro impresentable continúa en activo dando por saco al personal. Y ya llueve sobre mojado, y estoy muy cansada. 

Sin embargo, son cosas que pasan en las empresas, sobre todo en tiempos de crisis, cuando la gente está desesperada por pillar lo que sea para perpetuar su puesto de trabajo. No se trata de justificarlo, pero es lo que hay. No es comparable ni de lejos a las decepciones que te llevas con los amigos,  sobre todo si trabajas con ellos. Esas sí que duelen y dejan marca. A mí por lo menos, es lo que más daño me puede hacer. O como diría el camarada juglar: este bálsamo no cura cicatrices.

Pero volviendo al mundo laboral, las decepciones y traiciones en los negocios están a la orden del día y a este mundo “hay que venir llorao”. O como dice mi primo Tito “si quieres un amigo, cómprate un can”.

Yo tengo “can” desde que entré en el Instituto de Empresa a hacer un master, y cuando murió el can, adoptamos otro por lo que pudiera ser. 

Además, en BUP me leí una obra de teatro con la cual me identifico en estos momentos y que os recomiendo, es de Alejandro Casona y se titula “Los árboles mueren de pie”. 

http://www.scribd.com/doc/7630787/Casona-Alejandro-Los-Arboles-Mueren-de-Pie

Me impresionó especialmente la fuerza de la abuela, cuando descubierto todo el engaño, es ella misma la que saca fuerzas para engañar:

“Es el último día, Fernando. Que no me vean caída. Muerta por dentro, pero de pie. Como un árbol”

Silcas

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Una respuesta

  1. Sí, las crisis sacan lo peorcito de cada uno. En mi empresa no hemos llegado a situaciones tan tensas, pero sí se nota a la gente más a la defensiva y pelín borde.
    Me alegro que la situación se haya arreglado, ha tenido que ser muy desagradable.

    Me apunto el libro ese, no lo conocía. De ese autor sólo leí “flor de leyendas” y “vida de Francisco Pizarro”, hace mucho tiempo, pero no me impresionaron particularmente.

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