Viejunos

En este país mantenemos una curiosa relación amor-odio con las empresas en las que trabajamos.

Me explico. En paises civilizado -USA, por ejemplo- es muy normal que la gente trabaje en múltiples compañías a lo largo de su vida, que se cambien de ciudad con una cierta facilidad, y que -en términos generales- no vean a su empresa como la hucha de inversión, donde si les despiden, se llevarán una pasta. Además, son conscientes de que tienen que hacer bien su trabajo, y eso incluye trabajar en equipo, más que nada porque si los echan a la calle, se llevan el cheque semanal y hasta luego lucas.

En Espain no. Espain is diferent. Aunque afortunadamente esto está cambiando, tenemos mucha -demasiada- población que lleva lustros enquistada en la misma compañía, y a veces en la misma posición, haciendo las cosas exactamente igual que hace quince o veinte años. Da igual que manejen el correo y las aplicaciones corporativas, en realidad, su mente sigue concibiendo su papel y su servicio a la compañía igual que cuando entró: yo sufro, tengo jefes cabrones, me fastidio, chupo lo que haga falta, medro, aplasto y corto cuellos, miento como un bellaco y lo que tú quieras, pero a cambio, si me echas, me llevo una pastuqui que te cagas y de aquí no me sacas ni con agua caliente. Es como considerar a tu compañía como la caja de ahorros de la esquina (sí, esas mismas que están de capa caída).

Ese es un cáncer de la empresa actual. Y cuanto mayores sean las compañías y más vetustas sus plantillas, peor.

¿Qué es lo que pasa entonces cuando llegan tiempos duros? Pues que estos personajes, que no tienen ni aportan nada, y que deberían dejar el camino expedito a gentes con ideas más frescas -o simplemente con ideas- se enrocan en sus posiciones, se meten en las trincheras, y se ponen extremadamente nerviosos ante cualquier cosa que consideren puede perjudicar su posición ganada a lo largo de muchos años y a costa de muchas personas. Ayer ví a un señor hecho y derecho pegar puñetazos en una mesa por un “por mis cojones 33”. “Ejem -le dije- cálmate que vas a machacar las gafas, que no tienen la culpa de nada”. Los gritos que me estaba pegando se oían en la otra punta de la planta, otro claro síntoma de que no tiene argumentos. Claro, qué haces en esa tesitura, pues no provocarle más, no vaya a ser que encima tenga sobre mi conciencia la muerte por infarto fulminante de un sexagenario. Porque os juro que el boca a boca no se lo hago. Conque te callas, te guardas las ganas de decirle sinceramente lo que opinas de él, y decides esperar tiempos mejores. Me lleva 20 años, joder, es cuestión de tiempo.

Curioso ecosistema, éste de la empresa española. Definitivamente, mis hijos que estudien fuera y se muevan por el mundo, este país no tiene remedio, y su tejido empresarial tampoco.

Silcas

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Una respuesta

  1. Tienes mucha razón. Nuestra legislación laboral perpetúa la división entre el apoltronado que lleva tropecientos años en la empresa y sólo le interesa que nada cambie vs el recién llegado con contrato-basura que tiene que labrarse un futuro o, peor, el parado que no pilla curro porque las empresas no se arriesgan a criar más chupópteros.

    Yo sinceramente, cada vez estoy más desencantado de esto y voy a lo práctico. Ya he pasado la etapa de sentirme exprimido como un limón y de darlo todo. Cada vez me parezco más al viejuno que describes, cumplo bien mi tarea y punto pelota, si quieres más, tráete al equipo A.

    Si no puedes vencerlos, únete a ellos!

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