Calor. Mucho calor.

07:00 Es la hora a la que la peque ha decidido que “ya es mañana”. Y eso que ayer a las 00 hs, se me cerraban los ojos, y ni siquiera fui capaz de leer un par de páginas de Luna Nueva. A ver si consigo encontrarle la gracia a esto de los vampiros, en realidad lo único que envidio es la capacidad que tienen de no dormir jamás.

Así que aquí estamos las tres: la peque con sus dibus, libando su “colacao”, yo a su lado con el portátil en las rodillas tratando de despertarme. Mientras tanto, la perra procede a sus estiramientos matutinos y a tratar de robarle el desayuno a la enana.

Al menos el madrugón me ha servido de algo, he pescado un par de cosas para los peques en Privalia, entre ellas:

Para el nene

Para el nene

...  y para la nena

... y para la nena

Porque hay que ver cómo crecen, los joíos.

Ayer, con dos meses de retraso, llegó POR FIN el pedido de Pablosky, los zapatos de verano para mi hijo y unas zapatillas de lona para mi hija. Ya estaba a punto de renunciar a ellos, pero al final ha habido suerte y el díscolo paquete apareció tras perderse un par de veces. Ya era hora, me veía comprando los dichosos zapatos para el verano, y me estaba acordando de la madre de vente privee.

Por otro lado, el calor. El puto calor que pasamos ayer. Dado que cónyuge A me había dejado sin carro, me decidí a vivir la bonita y estimulante experiencia de bajar a Madrid en autobús. Jo-der, la caló que pasé bajando a la parada. Luego en el autobús, que iba prácticamente vacío, excepto por un paisano escapado de algún frenopático, que se incorporó sobre mí para preguntarme algo así como “horaaaa…” (comor) “la horaaaaa…”. Ni por favor, ni disculpe ni hostias. La hora, ya te digo, la hora de tu muerte, cabrón, que no mereces ni formar parte de la humanidad civilizada. ¿Es una sensación mía o el mundo está lleno en su mayoría de gente sin educación elemental? No te digo refinamento, pero joder, pedir las cosas por favor y dar las gracias me parece básico. En fin.

Como decía, ayer tuvimos día de mujeres, nos fuimos las tres maris al medina mayrit, primero tomamos algo en la fragua de vulcano y después, al agua patos. Ahora, los amigos del medina mayrit nos hacen ponernos calzas en los zapatos para recorrer el tramo entre la recepción y el vestuario. Pos fale. Pero con gusto, alegría y estilo, no vayan ustedes a pensar que nos calzamos las calzas de cualquier manera. Eh, Mery? 😉

Pezuñicas fashion

Pezuñicas fashion

Dios. El pilón del agua fría me salvó la vida para eliminar las toxinas de la barbacoa de ayer. El truco para aguantar es fácil. Sumergirte en el agua gélida y no mover ni un dedo. Por eso, cuando estábamos las tres en remojo, que parecíamos legumbres, y se metían las novatas, dando grititos y salpicando, las miradas que les echábamos podían matar. No hizo falta, porque las miradas de odio asesino de los tres garbanzos eran más que suficiente para que se estuvieran quietecitas; metían los pinreles o como mucho las patazas hasta los muslos, y en 10 segundos, adiós muy buenas. Con lo maravilloso que es sumergirse hasta el cuello y estar en posición zen hasta que te venga bien. O sea: o entras o no entras, pero “no molestéis al agua” (Aragorn dixit).

El lunes comienza la jornada intensiva, y este año pienso respetarla todo lo que pueda. Que a respetuosa no me gana nadie.

Hoy, de momento, arranca la temporada piscinera, y para no variar, estoy más blanca que las lechugas. Qué suerte enorme tiene la morenaza de mi hija, tiene un color dorado “de serie” que será la envidia de todas.

Feliz sábado,

Silcas

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