El asesinato horrorosamente lento con el arma extremadamente ineficiente

Gabriel nos pasa esta gansada, impecablemente realizada

http://hombrelobo.com/tortura/el-asesinato-horrorosamente-lento-con-el-arma-extremadamente-ineficiente/

“Muy original y divertido este vídeo de Richard Gale, en el que una persona es perseguida por el asesino de la cucharilla, que le intenta matar a base de miles de golpecitos día tras día.

Tan ganso y tan bien hecho. Una de esas cosas que jamás veremos en la TDT esa que se han inventado para cobrarnos el furbo.”

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Pues eso.

Que lo disfrutéis!!

Silcas

Descapotables, piojos y vuelta al cole

Ayer, y sólo durante el fin de semana hasta que el lunes me den mi coche definitivo, cambié a “criatura con ruedas 1” alias BMW 520 por “criatura por ruedas 2”, más conocida como “cucada descapotable”. La verdad, comienzo a pensar que en realidad, me han contratado para pasear todos los coches de la compañía. Eso sí: NO ME QUEJOOOO!!!! Así que toda obediente, agarro mi Audi A4 cabriolet y me voy para casa toda compungida. Snif. Mwwaahahahahahah. Con este trasto, hasta ligo y todo.

Cucada con ruedas II

Cucada con ruedas II

Desde el primer momento, tuve claro que la pandilla familiar no iba a parar hasta descapotar el vinículo, y que podía darme por jodida si intentaba lo contrario. La verdad, con el calor infernal que está haciendo, están las cosas como para descapotarse. Aire acondicionado a toda vela y ya está.

Con esas premisas salimos de casa, y al final, por no oír a la manada, que estaba aullando emperrada en que descapotara el auto, paro en Verdecora para ver cómo leñes se baja la capota. Y sí, conseguimos bajarla. Yo he llevado descapotables ajenos allá por mis alegres tiempos mozos -recuerdo especialmente un escort cabrio que era una chulada- pero siempre fué por la noche. Hoy, sin embargo, nos caía el sol de agosto a plomo, recalentándonos la sesera y convirtiéndonos en blanco de las pobres mariposillas que volaban por la A-6 y que se estrellaban contra nosotros.

Lo primero que tocaba hoy, llevar a mis melenudos hijos a la pelu. Eso sí, primero he corrido 20 minutos, para comprobar que tras una semana sin correr, había perdido mi récord absoluto de 1 minuto seguido corriendo. Caramba, qué fácil es perder la forma física, sobre todo cuando está cogida con pinzas, jejeje. Bueno, mañana más.

Hay una pelu super-fashion sólo para peques en un centro comercial de por aquí cerca, y ayer me apresuré a pedir hora para que mis bestezuelas se parecieran más a un niño que a un mandril, con esto de que empiezan el cole y ya toca volver a la normalidad.

Según están procediendo al corte de pelo de mi hija, la peluquera me hace una seña y me acerco. “Mira, por aquí tiene muchas liendres” me dice en el mismo tono compungido que usaría si me estuviera diciendo que tengo el sida. Joder. Primera vez que tenemos piojos en temporada no escolar.

La peluquera, con el mismo agobio que si estuviera peinando a una infectada por el ébola recombinado con la gripe A, sigue investigando y me señala uno de los tan desagradables insectos. Procedo a extraer el animalito de la cabeza de mi hija y lo espachurro, no vaya a ser que a la peluquera le dé un infarto de miocardio. Mucho video de pocoyó, mucho cochecito, mucho premio al final de la sesión y mucha bobada, pero ya podrían poner un servicio de retirada de piojos de las cabezas infantiles; vista la infestación habitual en los colegios, esta gente se forraba. Pos no. Nos han puesto en la puerta con una prisa que no veas. Pobres. Pues ya pueden irse acostumbrando, que es lo que hay. Y doy gracias: los míos se infestan una vez durante el curso, como mucho. Y desde que pongo en el champú aceite del árbol del té, no los cogen.

Tras la visita a la pelu, llegamos al parking de Majadahonda, hoy toca zafarrancho de uniformes infantiles y comprar algo de fruta en el mercadillo. Llego a la tienda de los uniformes, joder paso. Esto es Shangai. Ya me acercaré algún día de la semana que viene a aprovisionarme. Total, sólo necesito un chándal para mi hijo y polos para mi hija, que ha crecido cosa fina.

Cargo fruta en buena cantidad -eso me recuerda que tengo que poner a cocer unas judías verdes-, y a casa. Capotados, claro. Como para volver a freírnos la chota.

Y después de comer, toca la laboriosa labor de caza y captura del piojo infantil. Unto la cabeza de mi hija con vinagre y la envuelvo con film casi una hora. Luego comienzo a pasar la liendrera pacientemente y encuentro a la esposa y a los siete hijos del piojo mayor que encontré en la pelu. No tenía muchas liendres pero juro que jamás le he cogido tantos piojos, la pobre tiene unos cuantos. Dónde los ha cogido, ni idea: en la playa, en la piscina… cualquiera sabe.

Luego encuentro -menos mal- un frasco de aceite del árbol del té, preventivo infalible piojil- y lo echo en el champú de los dos peques, más que nada para que no se me infeste el otro. Me pica absolutamente todo, así que creo que me voy a hacer una mascarilla con el aceite, qué ascazo.

En fin. La próxima semana es la última sin cole, el lunes 7 volvemos a la normalidad, gracias a Dios.

Silcas

Chica nueva II

Hoy, otro día de “induction plan”. Es la primera vez que me “inducen”, y lo cierto es que debería ser obligatorio para cualquier contratación. El asunto consiste en que cada responsable de departamento te dedica una o dos horas -en función de su impacto en tu actividad- y te cuenta lo que hace, su estructura, a qué se dedica, sus penas y sus aspiraciones en la vida. Y eso durante una semana. Resumiendo: el viernes te han contado absolutamente todo -o casi, que yo ya no me creo nada- en cuanto a cómo interactuar con ellos. Lo cual no es moco de pavo, porque lo de aterrizar en una empresa nueva sin tener ni la más remota idea de quién hace qué, suele ser el pan nuestro de cada día.

Es genial. Esto de pasar de una multinacional gigantesca y departamental a una multinacional pequeña y con poca gente -y gente muy joven, además- es como respirar aire puro. El problema es quizá la falta de metodología, y sobre todo, la falta de sistemas de información adecuados y coordinados entre sí, pero en fin, qué le vamos a hacer, nadie es perfecto.

Hoy he descubierto con alegría que tienen intranet. Me encanta mi nuevo amigo “super user”, de algún modo me imagino a un tipo como Wardog, con sus “lusers” y “máquinas”. Correíllo de la chica nueva; que se mua, buenas, que me gustaría entrar en la intranet que me han dicho que existe, pero creo que no tengo acceso al dominio. Me responde. Dame tu IP. Se la doy. Toma pleno control de mi máquina sin cortarse un pelo -veo cómo mueve el ratón por mi escritorio- y me pone la dirección del dominio. Bye bye. Así se hace, eficiencia total. En un pis pas ya tengo todas las presentaciones, whitepapers y morralla variada corporativa. Sí señor, así da gusto.

Hoy “máquina con ruedas #1” y yo hemos tenido una primera desavenencia.

Maquina con ruedas #1

Maquina con ruedas #1

El puñetero BMW (aún no comprendo cómo alguien lo ha puesto en mis zarpas) coge las rotondas de la M-503 como si fuera por raíles, tiene un saque que no veas y me está convirtiendo en toda una macarra al volante. ¿Que entro fuerte en una curva? Bah, da igual. La coge seguro. Y así voy, sorteando paisanos.

De pronto, la luz de la reserva se enciende. Anda, si a este bicho habrá que ponerle gasoil y todo. Pozí. Llego a la gasolinera, es de prepago. Pago 30 euros de gasoil, abro tapa del depósito y procedo a introducir manguera. Niet. No entra. Coñe. Qué pasa. Pues eso. Una especie de lengüeta que impide introducir el mangueramen. Detrás de mí, pacientemente otro coche. Joder, odio quedar como una incompetente al volante. Le pido disculpas desde donde estoy y corro al interior de la gasolinera. Encuentro una chica, amable, gracias a Dios, y viene a ver qué leñes le pasa a la torda ésta que no sabe echar gasofa. Al menos, nos aseguramos de que es Diesel.

Miramos ambas dos la lengüeta con cara de panolis. De pronto caigo en que el coche que está esperando es también un BMW. Me acerco con desparpajo y le pido al caballero que me eche una mano, que si conoce algún truquillo para alimentar a la mala bestia llena de caballos que tengo entre manos y que soy incapaz de satisfacer porque no se deja meter la manguera (dios, qué basto queda ésto).

El hombre se pone a ver si consigue echar algo de sopa a mi carro, y lo consigue, ya lo creo, pero con cuentagotas y sin mover la lengüeta. Lleva echados 6 euros -a este paso nos dan aquí la cena- y de pronto la lengüeta se quita. Joder con los super-luxes, menos mal que a “máquina con ruedas #1” la despacho el viernes, para que me den mi coche definitivo, un Audi A4 ranchera familiar. Qué alegrón cuando me lo dijeron. Justo el coche que hubiera comprado. Casi salto encima de la mesa de RRHH y le planto un beso en los morros.

Así que haciendo balance de mis primeros tres días:

Cosas a las que me tengo que acostumbrar:

– Llevar la tarjeta de acceso colgando del cuello hasta para ir al baño. Soy un espíritu libre, caramba. Eso de las puertas cerradas lo llevo fatal, y si son de acero, peor aún.

– Pasar mogollón de puertas de seguridad para ir a ver a cualquiera, están repartidos por varios edificios y plantas de una forma kafkiana.

– Compartir despacho con otros 3 mancebos. Al menos son majetes y están calladitos, lo cual es de agradecer.

– Inexistencia de IT, Sistemas de Información o cualquier cosa pelín más avanzada que el excel. En fin, tendré que acostumbrarme al método rupestre, que no es para tanto. Total, para cometer tropelías y excesos ya está el SAP, que por supuesto, ni les suena. Mejor.

– El laberíntico parking. La leche. El primer día salí y volví a entrar de pura chorra.

– La marcha atrás de “máquina con ruedas #1”. La joía no entra a menos que Hulk la empuje, y ha estado a punto de ocasionar un estampe frontal contra la pared de mi plaza de parking.

Cosas a las que me acostumbraré:

– El catering de Viena Capellanes. Está todo buenísimo, así que me temo que engordaré como una vaca si se me ocurre visitar la cantina más de la cuenta.

– Tener desde el primer día coche, plaza de parking, portátil, blackberry y email corporativo.

– Conducir cochazo. El problema vendrá cuando me toque llevar un scénic o así, me fostio seguro.

– Tener más o menos controlado quién hace qué en la organización y dónde vive.

– Currar con gente joven. Caramba, es todo un cambio. Eso sí, seguiré con Administración Pública, así que tendré que lidiar con mis queridos Usaurios, una vez más.

Por lo demás, estoy cansada hasta la saciedad, porque el nivel de atención sostenida llega a agotarte. Y ya que la gente te dedica tiempo, lo suyo es prestarles atención.

En fin. Que casi ni tiempo de mirar la prensa, aunque para lo que hay, casi mejor no saberlo.

Silcas

Chica nueva en la oficina

Dios mío, qué día. Vaya vorágine.

Llevo todo el día reuniéndome con mis nuevos compis, y recibiendo todo tipo de adminículos y tecnologías variadas. Lo primero, una preciosa BB (blackberry) atómica con su número de móvil reglamentario.

Luego, un peaso carro de empresa que flipas en colorines.

Y para completar el kit, un portátil ideal de la muerte, lleno de megas y todo eso.

La leche. A eso llamo yo eficiencia, primer día y ya tengo de todo. Eso quiere decir que más me vale ponerme las pilas y comenzar a currar desde ya.

El monstruo-bmw me ha dado algún que otro problema, por ejemplo, es importante pisar el embrague al darle al botón de encendido, o si no, no enciende.

Eso sí, una vez que ha arrancado, vuela.

El portátil ya lo tengo apañao y customizao a mi gusto, con mis cosillas -manías de informático que confío me perdonen en la nueva compañía. El trasto es una pasada.

Encima mis nuevos compis son majetes, cosa que es de agradecer.

Aún me cuesta creer que hace dos días estuviera en la playuqui.

En fin, me voy a dormir, que estoy hecha unos zorros.

Silcas

Vuelta al hogar

Ayer cargamos los bártulos y enfilamos el super-Audi de regreso a Madrid. Se me hizo un poco largo el viaje, aunque con este carro conducir es mucho más relajado.

Hoy, con todo el dolor de mi corazón, lo he devuelto a Avis y he cogido el Scénic aparcado en el garaje de mi cuñada, al lado de Avis. He vuelto de Madrid a la sierra en cuarta y sin pasarlo de 100, por la A6 para no tener que cambiar demasiado. Ay. En cuanto he llegado a la rotonda de Guadarrama, y he puesto tercera, ¡¡¡vaya ruidoooooo!!!!!.

Va a tener razón mi padre, la pieza dichosa que se rompió cuando se fastidió la quinta marcha y cuyo nombre no recuerdo, anda suelta por la caja de cambios y está dando por saco, preparada para romper la caja enterita en cuanto le venga bien y un bache ayude. Meto segunda. Igual, el mismo ruido de tableteo como si AAAALGOOO estuviera suelto. Joder. Meto cuarta. Vale, en cuarta no hace ruido. Llego hasta casa en esa marcha, pero claro, al entrar en la urbanización no puedo entrar como el “señor lobo” (cito: “Estoy a 30 minutos de ahí, llegaré dentro de 10.”),  así que llego a casa en segunda y con el ruidito “esto se va a romper pero ya mismito y te voy a dejar más tirada que una colilla” acechándome en todo momento cual espada de damocles.

Y encima, mañana curro nuevo. A ver cómo lo hacemos para bajar a Madrid, porque sólo nos queda el bendito Almera de repuesto, igual de anciano venerable y sin aire acondicionado, pero al menos con su cinco marchas (cómo echo de menos las 6 marchas del Audi, dios). Y como ahora curramos cada uno en una punta, ya no podemos bajar juntos, ahora necesitamos dos coches.

El resto de la familia acaba de irse a buscar a WANDITA, la cual llegará de la residencia tan repugnante como la otra vez
y me obligará a ducharme conjuntamente, al menos esta vez directamente me pongo el bikini y me ahorro el espectáculo de camiseta mojada con jugo perruno.

Los críos no empiezan el cole hasta el 7 -oh cielos- conque les quedan dos semanas de aburrimiento y fastidie abueril, porque a ver cómo hacemos si no. Mi hijo ya está preguntando que cuándo empieza el cole, que le ha prometido a su abuela que iba a estudiar mucho. Pobre. Si voluntad no le falta -cuando le da la gana, claro-.

Y mañana curro nuevo, qué sensación tan rara, pasar de ser un clásico (9 años no es moco de pavo) a convertirme en la novedad de la oficina, con lo tímida que soy. Ouf, qué pereza. En fin, allá que iré a comenzar una nueva vida profesional, a ver qué me depara el destino.

Al menos, espero que el carro me lo den esta semana, que si no lo vamos a tener de un chungo que…

Pues eso es todo amigos, a los que siguen de vacas -cabrones- que se lo pasen genial, y a los que vuelven a la vida diaria, mucho ánimo y a comenzar con buen pie.

Ahora me voy a dar una panzada de sexo (ya sabéis, todo lo que jode: poner lavadoras, vaciar maletas, regar las plantas, revisar la nevera, hacer los menús de la semana… y por supuesto, la actividad estrella: duchar al puto perro)

Silcas

Correteos.com

Dios santo. Hoy, segundo día de carrerita mañanera. Creí que no podría, pero el cuerpo humano aguanta más de lo que parece.

Ante la insólita multitud de jardineros y desbrozadores que a esas horas pueblan mi ruta habitual, he decidido correr por dentro de la urbanización en vez de utilizar la carretera que la rodea. Primer motivo, hace un calor horrible, y al menos por la parte de dentro está a la sombra. Segundo, hay multitud de plantujos exóticos que dan cierta vidilla al lugar y hacen mucho más agradable correr. Tercer motivo, doy pena corriendo, y en cualquier momento, alguno de estos tipos es capaz de llamar al 112 para que retiren mi penoso cadáver del lugar, que queda feo junto a los hibiscos.

Plantujos

Plantujos

Así pues, me dedico al trote cochinero, pero al menos en privado, que aún me da vergüenza que me vean resoplando.

He recibido un cándido y enternecedor email de mi amiga Ana: “no corras de golpe! mejor tres minutos corriendo y tres andando”. Cómo que tres minutos corriendo, si apenas consigo correr uno seguido. Me duelen los tobillos, los calcañares y la parte baja del muslamen.

En cualquier caso, creo que es mejor no forzar la máquina e ir poco a poco, que ésto no va de ponerme cachas en tres días, sino de ir tomando una rutina de salir a hacer ejercicio todos los días. No tengo excusa, vivo en un lugar rodeado de verde y perfecto para corretear o incluso para ir en bici cada día.

Hoy ha hecho un calor DEMONÍACO. Hemos pasado en la playa de 12 a 14 horas (mal hecho, pero hemos llegado muy tarde por culpa de los malditos deberes), y casi todo el tiempo hemos estado metidos en el agua, no había forma de aguantar al sol. Hasta hemos salido con los dedos arrugados, hacía siglos que no experimentaba esa sensación en el mar, y menos en Puerto Banús: agua a temperatura perfecta y encima transparente, ni una sola alga, ni guarrería. Lo de las piedras hace ya tiempo que lo solucionamos con los escarpines y conseguimos entrar y salir en el agua sin esmoñarnos. Así que mañana trataremos de estar en la playa a las 10,30 y nos largaremos sobre las 13 hs. Es imposible pasar la solana. Es mucho mejor ir de buena hora, volver a casita a la sombra, con su aire acondicionado reglamentario, para comer ensaladilla casera y sestear en el sofá -o mejor aún en el super-sillón reclinable de mi papá viendo documentales de animalitos con los ojitos semicerrados hasta que te sobas- que pasar un calor atroz bajo la sombrilla  y comer cualquier mierda en el chiringuito abarrotado de peña chillona.

Mañana voy a volver a salir a correr, a ver si consigo -al menos- correr dos minutos seguidos-. Empiezo a pensar que necesito llevar un cierto hardware básico, como un reloj, y algo que me sirva para contar los kilómetros. De la PDA me puedo ir olvidando, pesa, molesta y al final, es un rollo llevármela, cuando vuelva a Madrid ya me haré con un mp3 o similar. Vamos por orden, tratemos primero de correr y luego ya buscaremos entretenimiento.

Los niños se lo han pasado teta, hoy. Hacía viento y oleaje, pero el agua estaba deliciosa y nos hemos dedicado a hacer el ganso con las colchonetas publicitarias de McDonalds.

Hoy hemos reventado la segunda colchoneta, la primera la destruí yo misma ayer, con las uñitas, tratando de subirme encima, ante las carcajadas de mi hermana, que casi se ahoga de risa viendo mis torpes evoluciones acuáticas. “Venga, que ya casi la tienes, yo te la sujeto”, joer que parecía que estaba tratando de violar a la pobre colchoneta, que escapaba entre el oleaje, tratando de eludir mis zarpas. Murió, la pobre. Pero conseguí montarla, que conste, para finalmente comprobar que me iba hundiendo paulatinamente y terminé por volver a la orilla arrastrando un guiñapo de plástico azul.

Super-Audi se sigue portando formidablemente, nos recibe con alegría y nos obsequia con un aire acondicionado modelo “Polar”, que funciona a plena potencia según nos subimos al carro. Adoro este coche. En cuanto vuelva a coger el scénic, me voy a deprimir profundamente. Y más me deprimiré cuando nos deje tirados con todo a bordo en mitad de la A-6.

El tráfico en Puerto Banús sigue siendo demencial, hay que buscar siempre alternativas, sin descartar el ir a pie a los sitios. El año que viene, me traigo la bici, no pienso coger el coche ni loca.

Esta noche hemos cenado dentro de casa, en el jardín hacía un calor inhumano, bastante insólito para ser las 10 de la noche.

A ver si mañana bajan un poco las temperaturas, aunque lo dudo mucho. Será mejor salir a campo abierto mientras sea soportable y guarecerse del sol en cuanto comience a ser insoportable.

Prediccion para mañana

Prediccion para mañana

Silcas

Carros de fuego

Pues sí.

Tras el fallido arranque vacacional del sábado, día en el cual nuestro vehículo familiar nos abandonó, sospecho que definitivamente, volvemos a intentarlo.

Domingo por la mañana, el anciano Scénic nos hace la merced de bajarnos a Madrid, a la oficina de Avis, donde el atento empleado me comunica que debido a la poca antelación de nuestra reserva no han podido conseguirnos un Laguna o un Passat -vehículos de la categoría G de Gilipollas-, así que pone a mi disposición un precioso A4 con turboboost y ondulador de melena incorporado, vehículo de la categoría superior, que creo que es M de Manirroto. Disimulo mi alborozo y la sonrisa de viciosa que se me ha puesto, y me dirijo al parking, donde el mecánico de Avis pone el trasto con todos sus caballos en mis peligrosas zarpas y lo deja a merced de mis pisotones. Jeje. Allá que voy, recojo a la troupe, sacamos maletas del Scénic, las metemos en el Audi, y para Marbella que nos vamos. Naturalmente, conduzco yo, dado que Cónyuge A tiene el carnet de conducir caducado -y además, añadamos que seguramente me negaría a cederle el asiento del piloto, con lo bien que me lo estoy pasando-.

El carro

El carro

Este carro vuela. Tengo que vigilar la aguja porque así de pronto me veo volando a 180 por la R4. Pero claro, la Autovía de Andalucía será otra cosa, aparte que tampoco hay motivo para correr, ni estoy acostumbrada a ir a esa caña. Pero claro, es que este mamón se lanza cosa fina, y cuando lo pones a 80 parece que se vaya a calar. Tampoco estoy acostumbrada a seis marchas, pero al final le coges el tranquillo.

Hubo algunas ligeras críticas de mi hija pequeña, que encontraba complicado jugar a la Nintendo mientras su madre se lanzaba como una posesa por las curvas anteriores a Málaga. También algunas quejas de Cónyuge A, sentado como un tiesto entre las dos sillitas -mi madre iba de copiloto- atado con un cinturón defectuoso que casi le corta la circulación de cintura para arriba. Mi madre iba sospechosamente agarrada a la manija del techo (siempre me ha hecho gracia que la gente se agarre ahí, total, si nos fostiamos, nos fostiamos todos)

En fin, que me mola este carro, y que hay muchas posibilidades de que el próximo carro de la familia sea de esta marca, eso si hay pasta, claro.

El día pasó sin novedad, llegamos, deshice las maletas en un visto y no visto, un poco de piscineo para despejarnos y cenita.

Y hoy -lunes- tenía lugar el gran acontecimiento.

VOY A EMPEZAR A CORRER POR LAS MAÑANAS.

Sí señores. Me levanto sigilosamente, voy al cuarto de baño a ponerme mis arreos de correr, consistentes en camiseta, pantalón de chándal y deportivas, cuando escucho un tímido toque en la puerta. Por supuesto, mis dos hijos, que vienen a hacer pis y caca respectivamente (eso dicen, en realidad ya están despiertos y vienen a ver qué demonios hace su madre a estas horas) . Mi hijo me mira y mira las zapatillas. “Mamá, ¿qué vas  a hacer?” “Voy a salir a correr, hijo”. “¿Pero tú nunca has corrido, ¿verdad mamá?” No hijo. Yo no corro, ni siquiera camino, sólo repto y me arrastro. Me he preparado la PDA con algo de música para la ocasión, aunque pensándolo bien, lo que más me viene a la cabeza es la canción de Rocky: Eye of the Tiger.

Eye of the Tiger- Rocky III

Eye of the Tiger- Rocky III

Porque esto va a ser realmente dramático, no hago deporte desde épocas inmemoriales y remotas, allá por mis 14 añitos hacía ballet clásico, natación y gimnasia rítmica, pero pronto cambié la barra de equilibrio por la barra que sirve precisamente para lo contrario y me desvié al lado oscuro.

Todo lo más, algo de equitación hace algunos años, cuando los críos aún no habían irrumpido en la vida matrimonial y uno tenía las mañanas del sábado y el domingo para hacer lo que quisiera.

Termino de prepararme en un momento y me cuelgo en la cintura la pda con los auriculares. Hala, ya estoy lista. Salgo a la calle de la urbanización, está bastante desierta. Mejor, porque me da bastante vergüenza que alguien me vea intentando el trote cochinero que presumo desarrollaré, eso si tengo suerte.

Mi plan es rodear la urbanización, son 1.400 metros, corriendo, naturalmente. Comienzo por un simple trotecillo, cambiando a paso ligero en el momento en que me canso, momento que tiene lugar con sospechosa y triste frecuencia. Joder con la PDA, cómo pesa la joía. No es que pese, en realidad es que se menea muchísimo, bong bong bong. Al final, opto por llevarla en la mano. Lesson learned #1: házte con un mp3 ligerito o algo así, que a este paso acaba la PDA en la luna de un caderazo.

Llevo medio recorrido y parece que ya comienzo a levantar las rodillas y talones, caramba, menos mal. Me corto cuando me encuentro a algún vecino sacando al perro, o peor aún, a alguna panda de guiris volviendo de marcha. Ataco una recta, voy correteando, y al fondo veo un vecino, un espécimen que está de pie, mirando en mi dirección. Joder. No sé qué coño mira, porque en estos momentos de sexy tengo MUY POCO. Camiseta con mangas, un estupendo sujetador deportivo y pantalones largos. Ni siquiera llevo ropa deportiva molona, me parece un poco patético ir super-equipada de la muerte y no ser capaz de dar dos carerritas de mierda. Así que ahora me fuerzo a -por lo menos- rebasar esa marca, quedaría ridículo que te cagas demostrar mi patética forma física parando en mitad de la calle, prácticamente con la carrera recién empezada. Qué pasa, macho, no tienes nada mejor que hacer que estar ahí plantado como el puto angel de la muerte, o qué. La tecnología viene en mi ayuda: quiero pasar la canción que suena y para eso tengo que sacar la PDA de su funda. Mientras resoplo, y recobro algo de fuelle, le doy al forward. Qué tramposa.

Comienzo a sudar cuando llevo 3/4 partes del recorrido. Esto no se acaba nunca, pero me voy “encontrando”. Paso por la puerta de casa, decido repetir, pero por el caminillo interior, el de las piscinas. Es mucho más agradable corretear entre césped que con el asfalto de la calle. En realidad no sé si medirme en tiempo de estancia fuera de casa o en kilómetros recorridos.  Creo que me mediré por vueltas a la urbanización, calculando cuánto tiempo lo cubro corriendo y cuánto andando rápido. Eso sí: sólo me he sentado una vez, en un banco del caminito de la piscina, del cual me ha echado el sol abrasador que -pese a lo temprano que era-, comenzaba a prometer un día de calor de justicia.

Doy por finalizada mi primera sesión de correteo y vuelvo a casa. Habré estado por ahí unos 20 minutos, no más. Me meto en la ducha, estoy sudando como un pollo al horno. Salgo de la ducha, me pongo el bikini y la camisola y de pronto me doy cuenta de que ¡sigo sudando!. Imagino que debe ser un indicativo de mi penosa y patética forma física. Mañana más. A ver si pronto consigo recorrer el kilómetro y medio de tirón, o por lo menos, no parame tanto.

Puerto Banús nos obsequia con un día de playa espectacular: hace un calor terrible, pero en la playa corre una brisa estupenda, y encima el agua está como nunca: nos tiramos algo así como media hora con los críos haciendo el ganso entre las olas. Lo nunca visto.

Así estamos ahora, claro. Cocidos como gambas, si es que esto del sol marbellí no es como para hacer tonterías. Y eso que he pulverizado a la tribu a placer con protección 30 mínimo, pero aún así.

En fin, a dormir, que mañana toca la segunda carrerita, y luego más playa -sospecho-.

¡Que lo paséis bien!

Silcas