Fase I Vacacional completada

Oh, la vuelta al hogar. Si hacer maletas me da una pereza horrible, deshacerlas ni os lo cuento.

Además, esta semana galaica hemos manchado que no veas, vómitos y manchas indelebles incluidas, como la de césped o de jugo de percebe.

Hoy he amanecido a las 9, llegamos de Galicia -previa parada técnica en Páramo del Sil- sobre la 1 de la mañana. Nada como dormir en tu cama, y sobre todo con tu almohada. He saltado del sobre, mientras los enanos comenzaban a reptar por la casa, y les he dado el desayuno. El pez globo -aquí presente- ha sido puntualmente colgado en el cuarto de mi hijo para que le hiciera compañía a la piraña del amazonas que reposa en la estantería, justo a su altura.

Pez Globo

Pez Globo

Dos horas más tarde, cónyuge A, que ayer nos trajo de tierras gallegas previo paso por Páramo del Sil, hace acto de presencia, en cuerpo, porque el alma, lo que se dice propiamente el alma, aún estaba ausente.

Envío a cónyuge+niños a buscar al perro a la residencia y comienzo el zafarrancho de vaciado de maletas. Joder. Qué barbaridad. Comienzo por lavar la de los peques, luego un mix de vaqueros hediondos, después más ropa de algodón. Por supuesto, hay que colocar en su sitio todo lo que no se ha utilizado, ropa, zapatos, zapatillas, vaciar el neceser, etc etc. Sólo de pensar que el sábado nos vamos a Marbella y tengo que repetir la jugada, me entran los 7 males. Según saco la ropa se confirma el dicho: para ir de viaje, la mitad de la ropa y el doble de dinero. Nunca falla. Por no usar no he usado ni el secador de pelo, ni he utilizado más que crema hidratante y un poco de máscara de pestañas. Apenas me he puesto otra cosa que unos mocasines cómodos y las alpargatas de playa, mi inseparable minifalda vaquera y las dos camisetas de desigual que compré en Privalia. Poco más. Los peques han sido otra cosa, principalmente porque se manchan más.

A eso de las 13 hs, mientras me reanimo con una birra, entra la familia por la puerta. Bueno, la familia y un cuadrúpedo no identificado, porque esa masa negruzca, llena de polvo y mierda, y que suelta marañas de pelo según camina NO es mi perra.

PERO QUÉ COÑO LE HAN HECHO A ESTE ANIMAL. Está hedionda y repugnante. Huele a choto. Los peques+cónyuge se van a la piscina a darse un baño rápido, mientras yo cojo al puto y piojoso perro y lo meto en la bañera, joder, está ASQUEROSO. El agua sale negra, mezclada con pelos. Encima, el animal insiste en manifestarme su alegría por el reencuentro, con lo cual al final no sé quién está mas repugnante, si el chucho o yo.

Lo empapo bien con la ducha -odio la peste a perro mojado-, lo pringo con champú perruno y según paso las manos por el lomo, me voy quedando con matojos de pelo en la mano. Cagontó, qué le ha pasado a este bicho, que parece que tenga un ataque de alopecia aguda. Por supuesto, el animal manifiesta su desacuerdo con el tratamiento convirtiéndome en Miss Camiseta Mojada en cuestión de segundos. A mí y al baño, porque sus sacudidas empapan todo: la cortina, el suelo, las paredes, joder, es como el gotelé pero en perruno y a lo bestia.

Al final, la dejo limpísima y suave, durmiendo plácidamente la siesta en su sofá, la muy joía. Después de comer he ido a buscarle pienso del carísimo de la muerte, y unas chuches de perro, por eso de la vuelta a casa. Debería darle unas vitaminas, mañana me paso por el veterinario. Y cuando me visto para comer en casa de mis suegros, oh sorpresa, o desilusión. Joder pero si me he puesto como un truño. Apenas me entra la -otra- falda vaquera. Fantástico. Michelín que te cagas. A régimen que te crió, chati, que ya no estás para hacer tonterías. Maldito marisco. 😀

Ayer interrumpimos el viaje desde Vigo para comer en Páramo del Sil con nuestros tíos y primos, el menú de siempre: jamón, cecina y truchas. O bien -variación de mi tío Fernando- cecina, truchas y jamón-. Como queráis, pero es lo que se come en la zona, concretamente en EL restaurante, que no hay otro, de Valdeprado. Hacía un frío que te cagas, por cierto, y nosotros con ropica de playa. Menos mal que nos dieron también una sopita de fideos maravillosa.

Las truchas fritas son una pasada, te las comes por docenas. Nada que ver con la trucha grasienta de piscifactoría que suelen servirte rellena de bacon, qué asco me dan.

Además, en Páramo están en fiestas, es decir, atracciones por doquier, castillos hinchables y todo tipo de guarrerías poco recomendables pero que tanto nos gustan a todos. Dejamos que los peques se agoten por la tarde pegando saltos en los hinchables, para que luego fueran en el viaje de vuelta bien agotaítos, y que no dieran la brasa, porque el PUTO dvd que compramos específicamente para sustituir al que se jodió hace un par de meses, SE HA ROTO. Te cagas. No tiene ni 15 días. Al Mediamarket dichoso a devolverles la mierda de dvd, tarea nada grata que nos tocará mañana.

Rodeo hinchable

Rodeo hinchable

Lo bueno de las cenas de pueblo es que suelen ser frugales pero exquisitas. En este caso, además de exquisita, de frugal no tuvo ni un pelo, porque nuestros tíos nos obsequiaron con una cecina espectacular (nada que ver con lo que venden por ahí, ésta era una babilla de ternera increíblemente tierna y sabrosa), chorizo de ciervo, queso y croquetas caseras. QUÉ BUENOOO!!!!!

Cecina leonesa

Cecina leonesa

Luego un par de cafés, y ¡hala! a dormir a Madrid hasta esta mañana.

Ahora estoy descansando un poco y haciendo algo de sopa entre lavadora y lavadora, que casi siempre nos apetece después de volver de los viajes.

Silcas

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