Cambios y mudanzas

Mi amiga Loli me echa la “bronca”: oye tía, ¿¿que te piras de aquí??

Pues sí. Cambio de compañía, empiezo a currar en otro sitio en cuanto vuelva de las vacaciones.

Tengo preparado un email para algunos compañeros, lo tengo aún en la carpeta de borradores, sin enviar.

Nunca se me han dado bien las despedidas, sobre todo de la gente que me importa. Y tampoco me gustan los típicos emails multitudinarios “adiós amigos bye bye my friend, qué cojonudos sois todos, amigos para siempre” porque no suelen ser sinceros y suelen estar  escritos de cara a quedar bien con alguien excepto contigo mismo. Seamos sinceros, lo que en realidad apetece es poner a bajar de un burro a unos cuantos, llamar gusano miserable a algún otro y decir al resto que esperas no perderles la pista porque les aprecias y son muy buena gente. Y mezclar todo eso en el mismo saco, y que no te quede un batiburrillo escrito por un esquizofrénico, es poco menos que imposible. En cuanto a las cañas de despedida, me repelen. Prefiero tomar un café -o una caña, joder, que no tengo nada contra las cañas- con la gente a la que aprecio, intercambiar móviles y decirles que seguiremos en contacto, y que ahí estoy para lo que necesiten. Todo lo demás es bastante triste y más bien superfluo.

En realidad, cuando uno se larga voluntariamente de una compañía en la que lleva 9 años es por un motivo de peso: porque ha llegado al final del camino que le tocaba recorrer en ese sitio y ya no tiene ningún sentido estirarlo. Cuando pierdes la ilusión y la fe en algo -o dicho finamente, estás hasta los ovarios-, es mejor salir por la puerta, que quedarte y amargarte la vida haciendo algo que ya no te llena en absoluto. Resumiendo: ya sé que esto es una selva, pero yo estoy hasta las narices de que me muerda siempre el mismo tigre.

Cuando haces balance, te das cuenta de que te llevas una montaña de “lessons learned” o cosas aprendidas. La consultoría de IT da para mucho, y las multinacionales aún más. Me viene a la cabeza ahora mismo el viejo proverbio árabe:

No digas todo lo que sabes

No hagas todo lo que puedas

No creas todo lo que oyes

No gastes todo lo que tienes

Porque …

El que dice todo lo que sabe

Hace todo lo que puede

Cree todo lo que oye

Y gasta todo lo que tiene

Muchas veces …

Dice lo que no conviene

Hace lo que no debe

Juzga lo que no ve

Y gasta lo que no tiene

No digas todo lo que sabes
No hagas todo lo que puedas
No creas todo lo que oyes
No gastes todo lo que tienes
Porque …
El que dice todo lo que sabe
Hace todo lo que puede
Cree todo lo que oye
Y gasta todo lo que tiene
Muchas veces …
Dice lo que no conviene
Hace lo que no debe
Juzga lo que no vé

Y gasta lo que no tiene

Claro, que adaptado al bonito y proceloso cenagal de la tecnología, la cosa queda todavía más molona y enriquecedora:

No digas todo lo que sabes. Ni de coña. Porque alguien lo aprovechará, y además -posiblemente- en tu contra. Es más: Mejor callar y pasar por tonto que hablar y demostrarlo, que es otro refrán excelente.

No hagas todo lo que puedas. Claro que no. Porque terminarás haciendo el curro de los demás, que hay gente muy vaga y perezosa suelta por ahí. Marca bien cuáles son tus funciones, y no te salgas de ahí porque lo lamentarás; o la cagarás o le harás el curro a algún jeta que se acostumbrará a que tú se lo hagas para siempre jamás.

No creas todo lo que oyes. Efectivamente, no te creas una mierda de nada de lo que escuches. Muy posiblemente te lo cuentan para que tú propagues algo que es falso. Y el resto de lo que escuches, ponlo en cuarentena porque seguro que tampoco es cierto.

No gastes todo lo que tienes. Raciona tu conocimiento, tus contactos y tus habilidades. No regales absolutamente nada, y recuerda que el agradecimiento tiene una vida muy corta.

¿Me marcho? No, en realidad simplemente me mudo. Me cambio de lugar de trabajo, pero no por eso voy a dejar de contar con gente a la que aprecio. Eso sí, me encantará perder de vista a unos cuantos indeseables que han amargado mis últimos meses en la compañía, sintiéndolo muchísimo por la gente buena que se queda y que tendrán que aguantar a estos ejemplares. ¿Que si seguiré en esto de la tecnología? Pues sí y no. Más bien sí. Pero sospecho que mi próxima aventura profesional va a producir una buena colección de posts más bien surrealistas.

Echaré de menos a mi portátil, eso sí. Pobrecillo, a saber en manos de quién acabará. La de presentaciones y marrones que hemos vivido juntos, noches de oferting indoor incluidas. En fin. Me consolaré comprándome un mega trasto que te cagas lleno de gigas, con rizador de melena incluido.

Y un cariñoso mensaje de despedida para las fotocopiadoras/impresoras de mi empresa: ojala caiga un puto yunque del cielo y os fría hasta el último cartucho de toner de vuestras inmundas tripas. Cacho zorras, que sois unas zorras.

Silcas

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