Descapotables, piojos y vuelta al cole

Ayer, y sólo durante el fin de semana hasta que el lunes me den mi coche definitivo, cambié a “criatura con ruedas 1” alias BMW 520 por “criatura por ruedas 2”, más conocida como “cucada descapotable”. La verdad, comienzo a pensar que en realidad, me han contratado para pasear todos los coches de la compañía. Eso sí: NO ME QUEJOOOO!!!! Así que toda obediente, agarro mi Audi A4 cabriolet y me voy para casa toda compungida. Snif. Mwwaahahahahahah. Con este trasto, hasta ligo y todo.

Cucada con ruedas II

Cucada con ruedas II

Desde el primer momento, tuve claro que la pandilla familiar no iba a parar hasta descapotar el vinículo, y que podía darme por jodida si intentaba lo contrario. La verdad, con el calor infernal que está haciendo, están las cosas como para descapotarse. Aire acondicionado a toda vela y ya está.

Con esas premisas salimos de casa, y al final, por no oír a la manada, que estaba aullando emperrada en que descapotara el auto, paro en Verdecora para ver cómo leñes se baja la capota. Y sí, conseguimos bajarla. Yo he llevado descapotables ajenos allá por mis alegres tiempos mozos -recuerdo especialmente un escort cabrio que era una chulada- pero siempre fué por la noche. Hoy, sin embargo, nos caía el sol de agosto a plomo, recalentándonos la sesera y convirtiéndonos en blanco de las pobres mariposillas que volaban por la A-6 y que se estrellaban contra nosotros.

Lo primero que tocaba hoy, llevar a mis melenudos hijos a la pelu. Eso sí, primero he corrido 20 minutos, para comprobar que tras una semana sin correr, había perdido mi récord absoluto de 1 minuto seguido corriendo. Caramba, qué fácil es perder la forma física, sobre todo cuando está cogida con pinzas, jejeje. Bueno, mañana más.

Hay una pelu super-fashion sólo para peques en un centro comercial de por aquí cerca, y ayer me apresuré a pedir hora para que mis bestezuelas se parecieran más a un niño que a un mandril, con esto de que empiezan el cole y ya toca volver a la normalidad.

Según están procediendo al corte de pelo de mi hija, la peluquera me hace una seña y me acerco. “Mira, por aquí tiene muchas liendres” me dice en el mismo tono compungido que usaría si me estuviera diciendo que tengo el sida. Joder. Primera vez que tenemos piojos en temporada no escolar.

La peluquera, con el mismo agobio que si estuviera peinando a una infectada por el ébola recombinado con la gripe A, sigue investigando y me señala uno de los tan desagradables insectos. Procedo a extraer el animalito de la cabeza de mi hija y lo espachurro, no vaya a ser que a la peluquera le dé un infarto de miocardio. Mucho video de pocoyó, mucho cochecito, mucho premio al final de la sesión y mucha bobada, pero ya podrían poner un servicio de retirada de piojos de las cabezas infantiles; vista la infestación habitual en los colegios, esta gente se forraba. Pos no. Nos han puesto en la puerta con una prisa que no veas. Pobres. Pues ya pueden irse acostumbrando, que es lo que hay. Y doy gracias: los míos se infestan una vez durante el curso, como mucho. Y desde que pongo en el champú aceite del árbol del té, no los cogen.

Tras la visita a la pelu, llegamos al parking de Majadahonda, hoy toca zafarrancho de uniformes infantiles y comprar algo de fruta en el mercadillo. Llego a la tienda de los uniformes, joder paso. Esto es Shangai. Ya me acercaré algún día de la semana que viene a aprovisionarme. Total, sólo necesito un chándal para mi hijo y polos para mi hija, que ha crecido cosa fina.

Cargo fruta en buena cantidad -eso me recuerda que tengo que poner a cocer unas judías verdes-, y a casa. Capotados, claro. Como para volver a freírnos la chota.

Y después de comer, toca la laboriosa labor de caza y captura del piojo infantil. Unto la cabeza de mi hija con vinagre y la envuelvo con film casi una hora. Luego comienzo a pasar la liendrera pacientemente y encuentro a la esposa y a los siete hijos del piojo mayor que encontré en la pelu. No tenía muchas liendres pero juro que jamás le he cogido tantos piojos, la pobre tiene unos cuantos. Dónde los ha cogido, ni idea: en la playa, en la piscina… cualquiera sabe.

Luego encuentro -menos mal- un frasco de aceite del árbol del té, preventivo infalible piojil- y lo echo en el champú de los dos peques, más que nada para que no se me infeste el otro. Me pica absolutamente todo, así que creo que me voy a hacer una mascarilla con el aceite, qué ascazo.

En fin. La próxima semana es la última sin cole, el lunes 7 volvemos a la normalidad, gracias a Dios.

Silcas

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2 comentarios

  1. Pues si que aguantan los jodíos piojos, eh? después de tanto paseíto en el descapotable con el sol achicharrándolos y ahí siguen…

  2. Ni te lo imaginas. Cuando haya un holocausto nuclear, los jodíos piojos sobrevivirán, se cruzarán con las cucarachas supervivientes y tendremos una nueva raza en el planeta:

    adiooooos

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