Navidades – Fase I

Pofin. El pavo, el marisco, los entrantes, los primeros, los segundos, la pularda, el turrón (debo reconocer que media bandeja se la zampó el perro en un descuido), los champanes, los vinazos, el panetone para bajar la comida (glabs) los licores, los orujos, los cafeses, los amigos invisibles, los pajes de los reyes y los atracones.

Al menos, del primer round hemos salido con vida. Ahora tenemos un ligero respiro hasta el día de Fin de Año, el de Año Nuevo, las uvas, las pepitas de las uvas, los pellejos de las uvas, los matasuegras, las serpentinas, el confeti (vaya majadería de costumbre) y los vestidos largos con taconazos imposibles; los madrugones, las resacas, el cochinillo, el cabrito, los regalos de reyes y el sanseacabó del monte.

Bueno, lo de que se acabó es relativo, porque en esta casa prolongamos las festividades hasta el fin de año ruso, que se celebra, Dios ortodoxo mediante, el 13 de Enero. Generalmente cae en miércoles o jueves, lo cual implica trasnochar y currar al día siguiente, y a estas edades el cuerpo ya comienza a decir tururú. Ya me han re-confirmado la reserva en El Cosaco, así que habrá que ir, el año pasado nos lo perdimos por fuerza mayor (cónyuge A recién salido del hospital) pero este año CAE el botellón de vodka helado como que me llamo maripuri.

Me encanta el día 26. Hoy hemos abierto el ojo a las 11 (la sobremesa de navidad se prolongó hasta las 12,30), y eso porque los enanos en comandita (los dos nuestros mas su primo Suco, que se ha quedado a dormir) han venido a informarnos de que los dos barcos del caribe que reposaban una balda han naufragado desde la misma (ellos solitos, claro) y están hechos trizas en el suelo. La realidad es que pegando saltos en la cama, Suco ha dado con su dura cabeza en la balda y ha enviado su contenido por los aires. Bueno, eso y que además estaban caninos, pero como el mayor ya se apaña divinamente, los envié a la cocina a hacerse tostadas y beberse colacaos.  Decía que la sobremesa de Navidad se prolongó incluyendo café, copas, más café, los amigos invisibles, más copas y recena para los pequeños, consistente en pizzas y restos refritos del bufet del mediodía (caramba, se lo zamparon toíto toíto). Resumiendo, que a la 1 de la madrugada nos hemos desplomado como fardos.

Luego nos hemos ido a comer restos navideños a casa de unos amigos (porqué será que el pavo de nochebuena o la pularda de navidad te sabe mucho mejor el día siguiente, no así las nécoras, que fueron eliminadas de la mesa de forma inmediata, tras detectarse su estado, indudablemente putrefacto). Tras acabar con el salmón, el cardo con lomo y la pularda,  una parte de la pandilla se ha ido a ver Avatar y otra Alvin y las Ardillas 2. Desde luego, la menda se apuntó al grupo 1, al de los chicos. Salimos encantados del peliculón (a mi hijo no se le bajó la adrenalina hasta pasada hora y media) y ahora estamos EN CASITA con los portátiles respectivos y los DVDs de Erase una vez el Hombre (joer, qué buena es esta serie), mientras los manteles de navidad dan vueltas en la secadora.

Avatar

Tenemos por estos lares una costumbre muy recomendable, que es ir recogiendo la casa según progresa la fiesta, para que al día siguiente no te entren ganas de suicidarte. La cosa cuesta, pero merece la pierna. Eso de levantarte y que no esté el salón lleno de vasos sucios y copas de champán pegadas, turrones a medio comer, huesos de dátil, ceniceros llenos de colillas, corchos de champán, servilletas arrugadas, restos de cocacola en el suelo y demás mierda, como que alegra el espíritu, o al menos hace más llevadera la resaca.

Como comentaba, esta tarde hemos vuelto del cine y nos hemos encontrado con que el puto can se ha dado un banquete de turrones (el azúcar es bastante chungo para los perros). El cabrón del bicho tiene un modus operandi cuanto menos, curioso: no ha hecho el menor caso a la bandeja de los turrones -ubicada en lo alto de la mesa del comedor- mientras nos veía por allí (vamos, es que ni la miraba), y en cuanto hemos salido por la puerta, RACA, a por los turrones, y saca la bota maría. Así se ha puesto la cabrona, se va a pasar los próximos dos días cagando hueso de dátil y pipa de higo.

Y eso que este año, lo teníamos todo prácticamente listo precisamente para NO estresarnos: la crema de alcachofas, preparada la noche anterior. Doña Pularda Rellena by nuestro insustituible carnicero, esperando en la terraza, ya loncheada. Lo único que había que currarse eran los acompañamientos (puré de patatas de sobre y la crema de castañas y la cebolla confitada de bote) y el postre, y aun así, llegamos a la hora crítica de las 14 hs con la lengua fuera. El postre -unos coulís de chocolate de La Sirena- fue un desastre, creo que los sacamos del horno demasiado pronto y simplemente, se hundieron en ellos mismos. Los ponías en el plato y parecían exactamente un zurullo de caca de la vaca desmadejao. La pinta era horrible, pero al menos, estaban ricos. En fin, el exceso de confianza. La próxima vez, habrá que hacer ensayo general de postre.

Bueno, reconozco que también teníamos que preparar el bufet de los enanos (les soltamos las viandas en una habitación y listos, que picoteen lo que quieran). Pero vamos, que al final, los nervios y el estrés no te los quita nadie, sobre todo cuando vas volando de un lado a otro desarrollando diferentes actividades y al final te dejas las cosas a medias, te cabreas porque detectas en el lavaplatos un elemento plástico que no se debe meter en el lavaplatos porque sale convertido en un plástico churruscao, o bien te cagas en todo lo que se menea porque uno de los críos ha dejado la puerta de la cocina abierta, donde reposa la bandeja con la pularda al alcance del puto animal, que está siempre a la que salta y pendiente de tu menor despiste. O bien por discusiones domésticas absurdas (dónde COÑO está el chino, una vez al año que lo necesito y no lo encuentroooorrrr -mamá, me pones el vestido???-; que no le pongas leche ideal a la crema de alcachofas, que sí, que lo dice la receta, que no, que así está rica, pues ahora no me gusta, pues que le den a las alcachofas, me la suda; cagontó, pero si no hemos subido el viña tondonia y está en el trastero, a temperaturas subárticas. O qué metemos primero en el horno, los panecillos o los coulises de los cojones, y ojito porque no pueden ponerse juntas la freidora, el horno y la vitro porque salta el puto diferencial, a ver cómo hacemos para ir friendo lo de los críos y que no se nos achicharren los panes en un despiste. La vajilla “buena”, que según la pones en la mesa te das cuenta de que está asquerosa y hay que volver a fregotearla, copas incluidas porque tiene restos que el año pasado no detectaste al sacarlas del lavaplatos y que están más duros que los fósiles del paleolítico. Las servilletas que corresponden al mantel festivo que pones, que dónde coño andan, mientras el flequillo te cae sobre las gafas y comienzas a ponerte de mal café. Por supuesto, están en la balda 4 mientras que el mantel está en la 2, que yo un día me voy a abrir las venas o me inyecto sangre rumana a ver si adquiero la misma lógica de orden que tiene mi asistenta y así encuentro las cosas a la primera. Si tienes suerte, estará limpio, si no, tendrás que pillar otro y volver a buscar sus servilletas correspondientes. Mientras tanto, te limpias el moco, que tengo un trancazo del nueve y el capullo de urgencias no quiso recetarme nada más que paracetamol. Será joputa. La infraestructura hogareña va como el Octubre Rojo, al 120% de las posibilidades del reactor. Un día saldremos volando a Marte de una explosión.  O como casi siempre, las chorradas inter-familiares: que los primitos abran los papanoeles y/o los pajes de los reyes juntos; que esperéis que los abran a la vez, pues mira, va a ser que no, porque el uno ya ha abierto el bakugan gigante y la otra el picnic de hellokitty, un poco de organización, por favor. A las 13 hs, hecha una pintas, en pijama y oliendo a papeo -que yo creo que todavía huelo a alcachofa-, decido atizarme una cerveza y meterme en la ducha a ver si me tranquilizo, que no es plan de saltar por una ventana presa de patas en él.

Mañana comida en casa dos suegros y luego me tocará currar un poquillo en una presentación que me dejé a medias el 24.

Y la semana que viene VACACIONES slurp.

Slurp.

Silcas

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2 comentarios

  1. Ay, mujer, siempre es lo mismo cuando paso por tu Blog, que me río como desquiciada y everybody arround me confirma su teoría de que no las tengo todas conmigo. En fin.

    Me alegra saberte bien.

    Feliz Navidad, desde el Bayern (donde sí que hace frío, brrrrrr)

  2. Lo mismo digo guapa!!! Un besote y feliz navidad a tí también.
    Silcas

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