En busca del móvil perdido

Hay días en los que TODO se arrejunta y apelotona, como si fuera un eclipse o una conjunción planetaria, pero en bestia, que hace que todas las desgracias sucedan y confluyan.

Una tarde, a eso de las 3,30 iba yo, a lo mío, tan tranquila, a un evento en la CEOE, y dado que iba con tiempo -o eso creía yo- paré a tomar un café y mirar el correo -había recibido un mail sobre un pliego de la junta de andalucía más bien inquietante- en un café de esos que los nómadas urbanos preferimos por eso de que podemos libar wifi por el módico precio de un café.

Y así estaba yo, tan pancha, instalada en un sofá con una cocacola y mi portátil, cuando suena el móvil personal. Mal rollo. A mi móvil personal sólo llegan marrones en forma de sucesos imprevistos en el cole de mis hijos, preferentemente. Lo descuelgo y constato que -una vez más- mi móvil personal es una fuente de estrés mucho mayor que la escupidera de pliegos insensatos en que se ha convertido mi email.

La enfermera del colegio me describe compungida las tristes aventuras de mi hijo en el colegio, que se ha golpeado la boca con la rodilla de una compañera (joder, cómo coño lo ha hecho??) y que se ha dado justo en el incisivo que le está saliendo y cuyo ejemplar antecesor se perdió en el suelo del supercor.

Me comienza a contar todo tipo de desgracias, que si un hematoma en la encía, que si convendría que lo revisara el dentista, en fin, que tras comprobar que mi hijo ni sangra ni está inconsciente, y dado que al colegio llegaríamos a la vez la asistenta y yo, opto por dejarlo en la enfermería y esperar a que terminara la clase.

A la vez, mientras hablo con la enfermera, reviso el pliego que me han enviado. Joder, yo flipo. Pero esta panda a qué juega. A esto no vamos, porque primero, no es nuestro negocio, segundo pagan una miseria, y tercero, no tenemos contactos. Pero por favor, que pérdida de tiempo.

Así estaba, con el móvil en la oreja, y meneando la cabeza con incredulidad, no sé bien si por lo que me contaba la enfermera o por lo que estaba leyendo en el pliego, cuando llega el camarero a visitarme.

Primero pensé que igual había reventado la wifi con la bazofia que me había bajado del email, pero no. Resulta que no. Al lado del camarero, cual elfo doméstico lloriqueante, aparece un ser calvo, con abrigo y cara de agobio que pregunta por su móvil. Según parece, el hombre había estado sentado en mi sitio, y había perdido el móvil.

Me levanto toda educada, para que registren la zona. Pues no, aquí no hay móvil alguno. Levantamos los cojines, joder vaya colección de mierda: migajas, restos inidentificables, porquería variada y pajitas de refresco. Pero qué marranos.

Entonces sugiero llamarle por mi móvil, eso hago. En ese momento, comienza a sonar algo; el hombre entra en trance y baila; ¡¡¡lo oigoooo!!!! está aquíiiiii!!!! Creo que ha perdido el norte, está a punto de pegar saltos. Miro mi bolso y al ver una lucecita roja dentro, comprendo que no es su móvil el que suena, sino mi móvil de empresa. Con tanto entretenimiento lúdico festivo se me ha ido la pinza. Es mi compi, que está llegando al evento dichoso, que compruebe si es a las 4. Pues sí, es a las cuatro. Joder, pues llego tarde. Suerte que estoy cerca, pero voy a tener que correr un poco, pensaba que era a las 4,30.

El hombre me mira con ojos de carnero degollado. Sigo llamando al móvil, que por supuesto no se oye. En un rapto de gilipollez, hace callar a todo el bar. Comienzo a buscar la cámara oculta, parezco una torda. Las siete churris de la mesa vecina, se levantan para que pueda registrar sus repugnantes asientos. El camata comienza a mosquearse. Doy por finalizada mi buena obra y comienzo a recoger mi infraestructura de nómada para salir por patas y dejar al calvo con sus penas.

En ese momento aparece un curri con un móvil en la mano. Que si es de alguien, que estaba en el baño. El calvo se abalanza sobre el aparato y entonces le entra la paranoia. Huy, qué numero más raro es el último que hay en la pantalla, que no le suena de nada (no te jode, anormal, pues el mío, que te he estado llamando). Que qué hacía el móvil en el baño, increpa al pobre curri hallador de móviles. Pues la próxima vez te lo robo, capullo, parece estar a punto de responder.

No me quedo a averiguar si finalmente el curri le rompe las gafas, salgo por patas y corro dos manzanas hasta el evento de marras. Mientras tanto, gestiono con la asistenta el tema del diente de mi hijo, que verifique si se le sale o no para llevármelo a urgencias. Además, me tendré que escapar antes del evento porque tengo láser (vaya díaaa vaya díaaaa).

Pero nada comparado con lo de esta semana: nieva, se nos han muerto dos coches y estamos fatal de infraestructuras -ya sólo me queda operativo “criatura con ruedas”, mi coche de empresa, al cual ya le he hecho casi 20.000 kilómetros. Llego por los pelos al taller con la lengua fuera, entre ventiscas y nevadas a recoger al pobre scénic, tras dejar tirado a mi jefe y a mis compañeros en una de estas reuniones inútiles y absurdas que montamos. El del taller me mira cuando saco la tarjeta de crédito. Que no ha podido hacerme factura porque claaaaaro, al ser una caja de cambios de desguace, pueeeees… y que además no me puede cobrar con tarjeta, porque claro, haciendaaaa… Joder, cacho ladrón. Bueno, en el fondo no me molesta que defraude, que haga lo que le salga de las gónadas, pero mira tú, estoy cansada y no voy a buscar un cajero. Lo miro inexpresiva. Que no tengo los putos 500 euros sueltos, coñe, que me cobre el iva si quiere. El tío me mira indeciso, eso no se lo esperaba. Bueno, pues que ya si eso se lo pague mañana. Vale. So ladrón, 500 euros una caja de cambio de desguace. Has pagado 100 y me cobras el resto. Si de mi dependiera, ahí se queda el coche y además te violentaba el trasero con el tubo de escape. Me llevo el puto y desvencijado scénic, así de paso compruebo si me ha puesto la caja de cambios de la señorita pepis y nos dejará tirados en un mes y medio, cosa que estoy segura sucederá.

Encima parece que ya no nieva, con la ilusión que me hace quedarme encerradita en casa con la chimenea, un café y la nieve cayendo a placer sobre la dehesa… creo que va a ser que no.

A ver si llega la primavera, que al menos, la sangre altera.

Silcas

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Una respuesta

  1. jajajajaja estamos con un humor similar!!!! besos me encantoooooo tu capacidad de enojo y al mismo tiempo en el mismo momento la de disfrutar de la simpleza natural que emerge a tu alrededor. beso

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