Stress marbellí

No, si esta gente no se pelea más porque con este clima es imposible. Yo muto, directamente. Bajo de mis habituales 2,800 rpm a las 1,500 con mucha suerte. Me convierto en una marsopa, sólo duermo, me tumbo y mastico.

Hoy ha amanecido raro, despejado pero con ventarrón, así que nos hemos puesto los bañadores y echado las bolsas en el coche por si las moscas, pero no hemos ido a la playa. A eso de la una hemos ido a dar un paseo por el puerto, donde los cacho peces devora-yates han causado sensación entre mis vástagos, que se empeñaban en asomarse por el bordillo mientras su madre era hipnotizada por el escaparate de La Perla. En medio, cónyuge A trataba de sujetar a unos y controlar a otra, tarea harto difícil y que requería gran coordinación mental y los brazos de elastigirl.

Hablando de yates, acabo de encontrar el de mi amiga María José; querida, no lo busques más, que lo encontré:

Y por si había alguna duda:

Da gusto pasear por un sitio donde no parece que haya crisis de ningún tipo. Porsche, Lamboghini, Ferrari, todo tipo de carros espectaculares, que el mío -digo el de mi empresa, que es de renting- parece una mierda al lado de tanta preciosidad.

Hablando de rebajas, he dado con una tienda alucinante. Zapatos espectaculares, rebajados de casi 200 euros a 35. Voy a tener que vendarme los ojos, que yo con los zapatos ¡¡me pierdo!!.

Visto que no hacía un día claramente playero, hoy he reservado hora en la pelu ideal de la muerte, ya sabéis, en Jacques Dessange de Puerto Banús, donde te sacuden a base de bien pero trabajan d.p.m., y yo a mis años ya no me la juego, voy a donde sé que me dejan los pelos decentes. Con lo que flipo es con la diferencia de precio, en p.banús me sale unos 50 euros menos que en la misma cadena en su pelu de Madrid. Mientras mi paciente y querida Isabel untaba mis mechas cuenco en mano, leo la noticia que me deja patidifusa: una churri, estilista del vogue de nosedónde, que tiene 250 pares de zapatos, todos de tacón altísimo.  Joer, y yo preocupada por mi desbordamiento zapateril, pues no, chica, no. Pero si esta chorba tiene un par para cada día del año. ¿Dónde los debe guardar? ¿Tendrán casa propia, los putos zapatos de tacón? ¿Y dónde meterá las bailarinas o las espardeñas, en la buhardilla? Porque de esas debe tener miles, digo yo ¿Y cómo leñes hará para acordarse de todos los que tiene? Es decir; una sabe más o menos qué zapatos moran en los diversos zapateros, cajas y cajones,  y para tal conjuntito, tal zapatito, pero esta debe necesitar una base de datos oracle a plena potencia para poder componer sus modelitos. Te cagas. Seguro que alguno se ha pasado de moda antes siquiera de estrenarlo. 250 pares de taconazos, cágate lorito.

Me siento en paz conmigo misma, ¡¡joer, pero si las hay peores que yo, que comparada con esta prójima soy una malva!! Mientras estoy pasando por la fase de chapa -es decir, corte de melena-, sms de cónyuge A. Que se han ido a casa sin las llaves, las cuales por supuesto están en mi bolso. Genial. Ahí están los tres, como tiestos, metidos en el porche del jardín.

Al final, me recogen al lado de la pelu, mi hijo me mira la melena y protesta: “Mamá, no parece que te hayan hecho nada”. Ahí estamos, genio y figura, si es que este chico promete. Es masculino al 100%, lo cual -no creáis- me tranquiliza. No estoy preparada para ser suegra “gay”. Eso suponiendo que viva para llegar a tan magno momento, cosa que dudo.

Ha lloviznado un poco, pero ya está saliendo el sol. Mañana, playa fijo. Me conformo con que no sople el levante. Y además, mañana pienso correr, que voy a correr todos los días hasta que me quepa el bikini guess enano que pesqué el otro día en Privalia. Y para entrar en “eso”, más me vale comenzar ya…

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Atentados en Moscú

Con tristeza me hago eco de la noticia de los atentados en el metro de Moscú, y de corazón espero que no haya ninguna pareja de españoles en viaje de adopción. Precisamente en la estación de Kultury Park, se perdió mi marido, se cerraron las puertas del vagón y allí que se quedó, diciéndome adiós con la manita en el andén. Lo recuperamos en la siguiente estación, claro. El metro de Moscú es precioso, seguro y rápido. Sus habitantes, unos bordes que te echan a empujones de las escaleras mecánicas aunque lleves un niño en brazos. Pero no se merecían algo como ésto, qué barbaridad.

Lo que más me choca es el titular de El Mundo:

TERRORISMO | Una de las estaciones está junto a la antigua sede del KGB

Dos atentados suicidas en el metro de Moscú dejan 36 muertos

La noticia no es que la estación de Lubyanka esté al lado de la antigua sede de la KGB. Casi sería mejor apuntar que en la plaza Lubyanka está el Dietsky Mir, que es algo así como el corte inglés en versión infantil, un montón de plantas de juguetes, ropitas y carritos de bebé… con lo cual esa estación suele estar poblada de mamás con sus niños.

Digo yo que ESA es la noticia, y que lo fácil es asociar la estación de Lubyanka con los rancios tiempos de la guerra fría y el KGB.

Investiguen, señores de El Mundo, investiguen y entérense antes de publicar una noticia…

Alegria pa ese lunes

De mis amigas las tarjeteras tomo prestados estos chistes.

Feliz lunes

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El Hipocondríaco

Un hipocondríaco va al médico y le pregunta:

– Doctor, mi mujer me traicionó hace una semana y aún no me han salido los cuernos. ¿Será falta de calcio?

Vasectomía

Un hombre va a ver al urólogo y le dice que quiere hacerse una vasectomía.

El doctor le dice:

– Sr. es una decisión muy grande, lo ha comentado con su esposa e hijos??

y el señor le contesta

– Sí.. se puso a votación y quedó 17 a 2.

La Plaquita

En el consultorio, el paciente le muestra a su médico los resultados de sus análisis. El médico los analiza con cara de preocupación y le dice al paciente:

v Vamos a tener que mandarle a hacer una plaquita…

v ¿De tórax, Doctor?

v No…. de mármol..

Lifting

Una francesa se hace estirar todo: la nariz, la piel de la cara, etc. … Finalmente, el cirujano le pregunta:

– ¿Desea la señora algo más?

– Si. Quisiera tener los ojos más grandes y expresivos.

– Nada más fácil, señora. Enfermera: traiga la cuenta, por favor.

Con el pediatra

Una mujer lleva a un bebé recién nacido al doctor. La enfermera los hace pasar al consultorio.

Cuando el médico se presenta, examina al niño, lo mide, lo pesa y descubre que está debajo del peso normal. Pregunta si lo alimenta con biberón o con el seno materno.

– Seno materno, responde la señora.

– Por favor señora -dice el doctor- descúbrase los pechos.

La mujer obedece, y el médico toca, aprieta, palpa y oprime ambos pechos, en un examen detallado. Luego le indica a la señora que se cubra y le dice:

– Con razón el niño pesa poco señora, usted no tiene leche.

– Ya lo sé. Soy su abuela, pero estoy tan contenta de haber venido!.

Una anciana a su odontólogo

– Vengo a que me saque los dientes…

– Pero señora, si usted no tiene dientes.

– Sí doctor; acabo de tragármelos.

Huevos calientes

Tres amigas conversaban y una dijo:

-¡UY! Cuando hago el amor con Juan, le toco los huevos y se le ponen calientes!

La otra dice:

– ¡UUUYYY! Cuando yo hago el amor con Pedro, le toco

los huevos y también se le calientan!!

Y la tercera dice:

– ¡NO! Yo no me he dado cuenta, pero esta noche, cuando

haga el amor con Jaime, me voy a fijar y les cuento.

Al otro día se juntan, y la mujer llega con un ojo morado, un brazo enyesado cojeando……en suma, toda moreteada y las amigas le preguntan:

– Pero quediablo te pasó?

– Lo que pasa es que estaba haciendo el amor con Jaime, y me

acordé de lo que habíamos hablado, así que le toqué los

huevos y le dije :

– ¡UUYYYYYY! SE TE CALIENTAN IGUAL QUE A JUAN Y A PEDRO!!!

Emergencias..!

Al servicio de emergencia médica de una localidad de la costa llama desesperado un turista:

– ¡Ayúdenme! ¡Me quedé dormido al sol boca arriba en la playa y ahora estoy todo quemado! ¿Qué puedo hacer?

– Esta noche, al acostarse -le responde el médico- unte todo su cuerpo con una crema de Aloe Vera, tómese 2 pastillas de Viagra y, lógicamente, duerma boca arriba.

– Lo del Aloe Vera y dormir boca arriba, lo entiendo, pero… ¿para qué las 2 pastillas de Viagra?.

Y el Dr. le responde: Para que la sábana no le toque el cuerpo…!!!!!!

Operación bikini

Ay, la operación bikini. Reconozco que mi fenotipo de piel no ayuda mucho, que a estas alturas de la primavera hasta las endivias tienen mejor color que yo.

Llega la semana santa, y con ella los madrileños huimos en manadas a la playa, invadimos las costas y nos instalamos en las hamacas de los chiringuitos aunque sea tapados con mantas, boqueando por un rayito de sol.

Tenemos un mono de sol y mar enorme, sobre todo al final de este invierno que ha sido frío, húmedo y hasta nevado.

En mi caso,  lo de las mantas no es coña, porque soy friolera hasta la médula. Hoy soplaba levante, y aunque hacía un día espléndido, no se aguantaba en la tumbona simplemente con un bikini. Los pocos habitantes del chiringuito parecíamos momias, envueltos en sudaderas y cazadoras, y con las toallas tapándonos las piernas.

Menos la mala bestia tártara de mi hijo, que se ha metido en el agua y no ha salido hasta pasados 15 minutos. Animalico. Eso sí es genético, porque exceptuando cuatro franceses  enfundados en neopreno que iban de rodillas en sus tablas de windsurf remando hacia sabe Dios dónde, era el único humano que se atrevía a meterse en el agua. Luego salía y -helado como un polo de limón- procedíamos a cambiarle el bañador, y plantarle una sudadera con capucha, hasta que entrase en calor. Porque encima el tío es un “huesetes”, como me llamaba a mí mi abuelo, es alto, larguirucho y fibroso. Pasado el mediodía, después de comer, ya se podía uno despelotar, y se aguantaba perfectamente en la hamaca, holgazaneando al sol.

Esto de la tumbona me permite curiosear los periódicos con tranquilidad. Hoy, me entero de que una periodista -presumiblemente loca- se ha enfundado en un corsé y se ha dedicado a describir su experiencia durante toda una jornada de trabajo. Ahí estamos, que campeona. Y porqué tanto sufrimiento, digo yo. Que el corsé, si eso, se lo pone una para veladas románticas o circunstancias asimilables, pero no para conducir, lavar al perro, pegarte carreras entregando ofertas o hacer la compra. Vaya sandez. A ver si la señorita escarlata encorsetada hacía algo más que abanicarse con magnolias a la luz de la luna. Y va esta nécora y se empeña en hacer una especie de gynkana. Bueno, vale, es cierto que también hay una carrera sobre tacones que se celebra en nueva york, pero coñe, que no va de eso la cosa.

Qué tendrán las revistas en primavera, que consiguen deprimir a la más pintada: su objetivo es dejarte bien claro que tu guardarropa es una castaña, y vaya si lo consiguen. Nos se cómo lo harán, pero la ropa de la temporada pasada parece un trapo viejo comparado con las novedades, los tonos no combinan ni de coña (cómo coño consiguen dos turquesas que no peguen entre sí??), los accesorios son radicalmente diferentes, los collares se llevan grandes, los pendientes largos, los cinturones anchos y bolsos pequeños, y al año próximo, exactamente al revés y en otros colores, en fin, que los gurús de la moda consiguen grabarte en las meninges que cada temporada NECESITAS comprarte cosas nuevas. Como soy perra vieja, no pico, he aprendido a tener un fondo de armario decente -gracias sobre todo a las ventas on line- y picar alguna cosilla de temporada que actualice el look. Y ya está, paso de comprar cosas que al verano siguiente “cantan” de puro rancio y huyo como de la peste bubónica de los colores “de moda”.

Por si tu armario fuera poco motivo para la desazón, te bombardean con los argumentos estéticos de siempre: los culos (representados por fotos de niñas de 13 años), la celulitis, el láser vela, la mesoterapia espacial, los rellenos de hialurónico, las super-tetas, el po-tox, y los estiramientos. Resumen de su mantra: convencerte de que tienes el cuerpo hecho una mierda, y una cara que no saben cómo te atreves a salir a la calle con ella, y que necesitas con urgencia la ITV pre-primaveral, una revisión completa de bajos y juntas de culata y pasar por todas las máquinas de los institutos y clínicas estéticas para tener una pinta decente. Todas las primaveras igual, casi estoy por llevarme a la playa las memorias de Nabucodonosor para no pillar una depresión nerviosa. Qué pesadilla.

Y encima, las tiendas de Marbella, que casi mejor ni entrar. Algún cambio curioso esta temporada; han cerrado el Zara de puerto banús (ooohhh…), y han abierto un Marks&Spencer en La Cañada, que pese a su estilo inglés y pelín rancio, tiene cosas que están muy bien, sobre todo la lencería (geniales las medias) y la ropa de niña (qué monos los bañadores). A mí el Zara me gustaba porque estaba justo enfrente de unas tiendas carísimas, donde no podías comprar ni las etiquetas del maniquí; pues bien, tras deprimirte por tu insolvencia, entrabas en Zara y te llevabas los tops y camisetas de cuatro en cuatro. Lástima de terapia.

En cuanto al M&S, lo he descubierto hoy, al salir del cine, donde hemos llevado a los enanos a ver Como entrenar a tu dragón, en 3D, y han salido flipando a colorines. Cómo se lo han pasado, no sólo ellos, sino todos los peques del cine. Era cachondo oírles gritar cuando las imágenes se acercaban.

La verdad es que la peli es entretenida, y está bien hecha, me ha encantado. Y vaya diferencia con el 3D de los antiguos y gloriosos tiempos de aquellas gafas en verde y rojo, en los que salías del cine tropezando con tus propios pies.

Me va a tocar currar, ese es el único punto negro. Y estoy vaga perezosa total, al menos me he propuesto correr todos los días, a ver si lo cumplo. A mí el nivel del mar me deja con la tensión por los suelos, sólo me apetece dormir y zampar. Claro, así vuelvo yo a los madriles, rellenita y perezosa como yo sola. En fin, ya tendré tiempo de estresarme, que a mí la estepa me pone como una mona.

Silcas

Si los programadores fueran albañiles

Gracias, Gabriel, por tu colaboración!! qué gran verdad!!

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SI LOS PROGRAMADORES FUERAN ALBAÑILES

– Uno de enero:

Hoy me han llevado al solar por primera vez. La situación es perfecta: tiene el Metro a dos pasos y una cafetería enfrente donde sirven menú del día. El viejo bloque de pisos, al que va a sustituir nuestra nueva construcción, lleva un año al borde de la ruina. Mi propia empresa ha colocado varios puntales que, por el momento, han ido evitando que el caduco edificio reviente por sus múltiples grietas. La construcción de este megalito de ladrillo dio comienzo hace cinco años, y aunque los pisos superiores nunca llegaron a recibir el agua, la electricidad y el enfoscado de las paredes, en diez meses los cimientos ya se habían desplazado peligrosamente, y las vigas presentaban peligrosas fisuras.

La cansada torre de viviendas ya ha cumplido su propósito y ahora nosotros la conduciremos a una muerte dulce.  Por supuesto, el viejo edificio no será demolido hasta después de construir y probar el nuevo, lo que nos deja poco espacio de maniobra; pero no vamos a dejar a todas esas familias en la calle durante la construcción. De cualquier modo, los vecinos de la vieja y decadente estructura nos miran con recelo. Saben que el nuevo edificio tendrá viviendas más cómodas, pero algunos de los residentes no podrán costearlas. Ni sé que va a ser de esa gente ni es asunto mío. Llegan los primeros camiones de ladrillos.

– Dos de enero:

Me han presentado a Alberto, la persona a quien “voy a reportar”. No me han dicho si es el capataz, el jefe de obra, el aparejador, o el arquitecto; solo me han dicho que lo que tenga que “reportar”, se lo “reporte” a él. Así que, por donde él diga, yo zaca zaca, como una locomotora. Esa es la definición que me han dado de nuestra metodología. He buscado “reportar” en el diccionario, y no aparece.

–   Seis de febrero:

En algo más de un mes, hemos cavado medio metro de cimientos. Ayer Alberto nos dijo que empezáramos a poner ladrillos, porque el tiempo designado para la cimentación se había agotado hace dos semanas.

No aceptó nuestras excusas de que las prometidas excavadoras aún no habían llegado, y que nos habíamos visto obligados a cavar con paletas de enyesar. Un compañero se trajo una pala de cavar que guardaba de una obra anterior, y casi le echan por razones deontológicas. Según Alberto, lo que pasa es que frecuentamos demasiado la cafetería. El asunto se ha zanjado con un “hale, a levantar paredes y luego que cada palo aguante su vela”.

El trabajo sin planos es dificultoso. Los cimientos tienen una forma algo pintoresca. He pedido una plomada para que las paredes queden verticales, y he recibido improperios, poniendo en duda mi masculinidad.

Ya sé que Alberto no es el arquitecto, porque el arquitecto es un tal Ignacio. Paso a supervisar la obra el otro día, aunque aún no hay nada que ver. Me han llegado rumores, aunque no son muy dignos de crédito, de que existen fotocopias de planos.

– Doce de mayo:

Anoche estuvimos hasta las siete de la mañana cubriendo con tablas y enmoquetando el espacio que algún día ocupará el despacho de la sexta planta, aunque el edificio no es aún mas que una maraña de vigas de todos los tamaños y algunas paredes que habrá que tirar mas tarde porque están en el sitio equivocado. Hemos traido baterías para los fluorescentes y unos muebles de caoba preciosos. Por suerte, todo estuvo a punto para la demo. Izamos al cliente con la grúa hasta su futuro despacho, y pudo contemplar la vista que se disfrutaría desde el emplazamiento.

El viento hizo que la pared oeste, que dos de mis compañeros sujetaban con la espalda, se derrumbara con gran estruendo sobre la mesa de caoba en el peor momento. Gracias a Dios, el cliente fue comprensivo: “esto pasa siempre en las demos, y ya estoy curando de espantos”, dijo mientras le sacudíamos el polvo del traje.

Dice que el lunes que viene vendrá a probar las instalaciones sanitarias. Supliremos con cubos la inexistencia de tuberías.

– Veintitrés de febrero:

Han transcurrido casi catorce meses. Llevamos ya siete de retraso y el edificio no acaba de superar el estado de “casi terminado”. Soy de los pocos albañiles que no ha cambiado de obra en este tiempo. Alberto esta consumido por la zozobra, y se pasa el día en la cafetería trasegando Soberanos.

El arquitecto no ha vuelto a pasar por aquí. Los rumores dicen que existieron unos planos, pero no eran de un bloque de pisos, sino de un polideportivo. Por lo visto, en las reuniones del comité de construcción se dijo que la filosofía era la misma, y que solo harían falta modificaciones mínimas (ahora comprendo por que nos hicieron instalar aros de baloncesto en el hueco del ascensor. Siempre dije que acabaríamos teniendo que quitarlos o aquello no era un hueco de ascensor, que era una cuestión lógica. Alberto siempre me contestaba que no le viniera con tecnicismos).

Estoy perdiendo la vocación de albañil. He decidido apuntarme por las tardes a un curso de

informática, a ver si puedo cambiar de vida. Este oficio mío no es serio.

Vamos a la feria!

Cuando era pequeña, lo de ir a la Feria del pueblo me encantaba. Ya sabéis: esas norias de los años 70 que se caían a pedazos, el tren de la bruja con su escoba llena de mierda, el algodón de azúcar, las manzanas con caramelo, la montaña rusa y artefactos similares. Eso era diversión, y lo demás tonterías.

Y caramba, las atracciones no mataban a la gente, por mucho que la noria emitiera unos sospechosos crujidos, o que los carritos de la montaña rusa estuvieran más bien oxidados. Ahora, no hay verano sin niño desfronciao en el barbapulpo de la muerte o niña escogorciada en los caballitos asesinos. Si es que no hay nada como la tecnología para complicar las cosas.

Pero cuando comencé mi andadura profesional, el concepto Feria sufrió un dramático cambio. Dado que estaba en el sector de las tecnologías, el SIMO era un “must have” del cual no te librabas ni loca. Joder, recuerdo el puto simo con verdadero espanto, y mira que ha llovido desde entonces. Sobre todo el día en los que había apertura al público en general, que supliciooo; los niños corriendo por el stand, tropezando con los cables y robando folletos que -por supuesto- acabarían en la papelera o tirados por el suelo de la feria. Acababas el día con los pies ROTOS, y cara de acelga, aburrida como una mona, y harta de pegarte paseos por los demás stands. Eso sí, hacías amistades entrañables.

He acudido a todo tipo de ferias y ponencias; al Salón del Automóvil, a SICUR, al Expo-elearning, a las Jornadas CERES, al Foro de las Evidencias Electrónicas, a la Anuga (Feria de Alimentación)… He ponenciado y discurseado por cuenta de mis sucesivas empresas en jornadas y eventos, en seminarios del IIR y de otros entes de mal vivir… Vamos; que en todos y cada uno de mis capítulos profesionales las ferias y reuniones masivas de po-fesionales han tenido su presencia correspondiente, ya sea para escuchar a un sesudo hablar de certificación digital o para charlar con un representante de carne de avestruz.

Pero pese a todo mi inmenso bagaje ferial y jornadil, no estaba preparada para lo que me pasó en la Semana del Seguro, y que me termina de convencer de que profesionalmente hablando vamos derechitos al esperpento, o que las criaturas de hoy en día nacen con más tetas, pero a costa de un parque neuronal bastante dañado.

Lo primero, y para no variar, llego tarde al Palacio de Congresos, pero dado que ya estaba preinscrita a la ponencia de turno, el registro fue rápido; me ponen el marchamo de denominación de origen ternera colgado del cuello y subo las escaleras cargada con una bolsa de papel (pero porqué cojones siguen dando bolsas, coñe, que me parece bien si vas a recolectar muestras o a la compra, pero para llenarlas de aire, mejor que se las queden). Aparezco en un rellano superfashion que conducía a las salas para las presentaciones, cada una de ellas con su reglamentaria pareja de guardianas equipadas con lectores de barras.

Miro el papelico donde figura la Sala para la ponencia, y cual toro de miura, voy derechita a la sala de turno. La moza coge el código de barras y “lee” a la menda, permitiéndome el paso. Según me siento y acomodo, me fijo en el panel del estrado y comprendo que me he equivocado de ponencia. Puñeta. Joder, pero tanto código de barras y me cuelo en una presentación que no es la mía.

Huyo cual alma que lleva el diablo, arrasando las copas y botellas de agua con el abrigo que por supuesto llevo colgando del brazo junto con la puta bolsa gigante, el móvil y el bolso.

Según salgo de la sala, veo a dos almas en desgracia en mi misma situación contando sus penas a una churri uniformada, se supone que azafata del evento.

“Está llena” -comenta compungida- “No hay sitio, sólo se puede estar de pie”. No me jodas.

Llegamos a la sala correcta. Es enorme, y está -efectivamente- llena hasta la bandera. ¿De qué cojones sirve el pre-registro y el código de barras, si al final la peña se mete en donde le sale del ovario izquierdo?

La jornada dura toda la mañana. La azafata nos introduce en la sala y nos empuja cuales ovejas descarriadas al final de la misma, entre miradas y sonrisitas de los afortunados sentados. Eso sí, nos ofrece un boli, muy amablemente. No puedo creerlo. A ver cacho nécora, ¿¿tú te crees que con estos tacones y el abrigo y el bolso y el móvil puedo coger el puto boli con algo que no sean las orejas?? ¿Y el cuaderno dónde me lo apoyo, en las tetas? ¿¿Y en serio te piensas que voy a aguantar 3 horas de discurso asegurador DE PIE? Pero ¿de dónde has salido tú, criatura?

Oye, que podríais traer unas sillas. No hay, responde. Sí hay, rebato. Allí al fondo, al lado de los baños tenéis un montón, replico desafiante. Uy, no sé, voy a preguntar. Claro, chatina. Pregunta, pregunta, que la sabiduría llegará a tus meninges. A los tres minutos se abre la puerta de la sala y veo a la churri arrastrando una silla y colocándola al lado de las mesas. Ni lo dudo, tomo posesión de la primera silla, con eso de que aquí la menda ha sido la autora de la gran idea. Las otras dos tordas que estaban dispuestas a sufrir tres horas de discurso sobre Seguros de pie -hay que amar el sector, sin duda, para aguantar eso- también reciben sus sillas correspondientes.

La ponencia es un tostón. Gemidos y más gemidos sobre lo maaaal que va el sector y las pocas pólizas que se venden. Empiezo a cacharrear con el móvil y a responder correos. A los 40 minutos, nos dan el café, zumo y bollos reglamentarios. Desayuno. Y cuando ya he desayuneado, me vuelvo a la sala. Joder que pérdida de tiempo. En un rapto de lucidez, cojo mis bártulos y me las piro, dejando al sector de seguros desamparado sin mi augusta presencia.

Uf. Creo que me estoy haciendo mayor, cada vez aguanto menos estas cosas. A partir de ahora iré sólo a Ferias para divertirme en los stands, estoy pensando en ir a “Las mil y una boda” y fingir que necesito que me organicen una boda lésbica. Lo que me podría reir.

Pues mira. Igual lo hago.

Feliz domingo.

Silcas