Vamos a la feria!

Cuando era pequeña, lo de ir a la Feria del pueblo me encantaba. Ya sabéis: esas norias de los años 70 que se caían a pedazos, el tren de la bruja con su escoba llena de mierda, el algodón de azúcar, las manzanas con caramelo, la montaña rusa y artefactos similares. Eso era diversión, y lo demás tonterías.

Y caramba, las atracciones no mataban a la gente, por mucho que la noria emitiera unos sospechosos crujidos, o que los carritos de la montaña rusa estuvieran más bien oxidados. Ahora, no hay verano sin niño desfronciao en el barbapulpo de la muerte o niña escogorciada en los caballitos asesinos. Si es que no hay nada como la tecnología para complicar las cosas.

Pero cuando comencé mi andadura profesional, el concepto Feria sufrió un dramático cambio. Dado que estaba en el sector de las tecnologías, el SIMO era un “must have” del cual no te librabas ni loca. Joder, recuerdo el puto simo con verdadero espanto, y mira que ha llovido desde entonces. Sobre todo el día en los que había apertura al público en general, que supliciooo; los niños corriendo por el stand, tropezando con los cables y robando folletos que -por supuesto- acabarían en la papelera o tirados por el suelo de la feria. Acababas el día con los pies ROTOS, y cara de acelga, aburrida como una mona, y harta de pegarte paseos por los demás stands. Eso sí, hacías amistades entrañables.

He acudido a todo tipo de ferias y ponencias; al Salón del Automóvil, a SICUR, al Expo-elearning, a las Jornadas CERES, al Foro de las Evidencias Electrónicas, a la Anuga (Feria de Alimentación)… He ponenciado y discurseado por cuenta de mis sucesivas empresas en jornadas y eventos, en seminarios del IIR y de otros entes de mal vivir… Vamos; que en todos y cada uno de mis capítulos profesionales las ferias y reuniones masivas de po-fesionales han tenido su presencia correspondiente, ya sea para escuchar a un sesudo hablar de certificación digital o para charlar con un representante de carne de avestruz.

Pero pese a todo mi inmenso bagaje ferial y jornadil, no estaba preparada para lo que me pasó en la Semana del Seguro, y que me termina de convencer de que profesionalmente hablando vamos derechitos al esperpento, o que las criaturas de hoy en día nacen con más tetas, pero a costa de un parque neuronal bastante dañado.

Lo primero, y para no variar, llego tarde al Palacio de Congresos, pero dado que ya estaba preinscrita a la ponencia de turno, el registro fue rápido; me ponen el marchamo de denominación de origen ternera colgado del cuello y subo las escaleras cargada con una bolsa de papel (pero porqué cojones siguen dando bolsas, coñe, que me parece bien si vas a recolectar muestras o a la compra, pero para llenarlas de aire, mejor que se las queden). Aparezco en un rellano superfashion que conducía a las salas para las presentaciones, cada una de ellas con su reglamentaria pareja de guardianas equipadas con lectores de barras.

Miro el papelico donde figura la Sala para la ponencia, y cual toro de miura, voy derechita a la sala de turno. La moza coge el código de barras y “lee” a la menda, permitiéndome el paso. Según me siento y acomodo, me fijo en el panel del estrado y comprendo que me he equivocado de ponencia. Puñeta. Joder, pero tanto código de barras y me cuelo en una presentación que no es la mía.

Huyo cual alma que lleva el diablo, arrasando las copas y botellas de agua con el abrigo que por supuesto llevo colgando del brazo junto con la puta bolsa gigante, el móvil y el bolso.

Según salgo de la sala, veo a dos almas en desgracia en mi misma situación contando sus penas a una churri uniformada, se supone que azafata del evento.

“Está llena” -comenta compungida- “No hay sitio, sólo se puede estar de pie”. No me jodas.

Llegamos a la sala correcta. Es enorme, y está -efectivamente- llena hasta la bandera. ¿De qué cojones sirve el pre-registro y el código de barras, si al final la peña se mete en donde le sale del ovario izquierdo?

La jornada dura toda la mañana. La azafata nos introduce en la sala y nos empuja cuales ovejas descarriadas al final de la misma, entre miradas y sonrisitas de los afortunados sentados. Eso sí, nos ofrece un boli, muy amablemente. No puedo creerlo. A ver cacho nécora, ¿¿tú te crees que con estos tacones y el abrigo y el bolso y el móvil puedo coger el puto boli con algo que no sean las orejas?? ¿Y el cuaderno dónde me lo apoyo, en las tetas? ¿¿Y en serio te piensas que voy a aguantar 3 horas de discurso asegurador DE PIE? Pero ¿de dónde has salido tú, criatura?

Oye, que podríais traer unas sillas. No hay, responde. Sí hay, rebato. Allí al fondo, al lado de los baños tenéis un montón, replico desafiante. Uy, no sé, voy a preguntar. Claro, chatina. Pregunta, pregunta, que la sabiduría llegará a tus meninges. A los tres minutos se abre la puerta de la sala y veo a la churri arrastrando una silla y colocándola al lado de las mesas. Ni lo dudo, tomo posesión de la primera silla, con eso de que aquí la menda ha sido la autora de la gran idea. Las otras dos tordas que estaban dispuestas a sufrir tres horas de discurso sobre Seguros de pie -hay que amar el sector, sin duda, para aguantar eso- también reciben sus sillas correspondientes.

La ponencia es un tostón. Gemidos y más gemidos sobre lo maaaal que va el sector y las pocas pólizas que se venden. Empiezo a cacharrear con el móvil y a responder correos. A los 40 minutos, nos dan el café, zumo y bollos reglamentarios. Desayuno. Y cuando ya he desayuneado, me vuelvo a la sala. Joder que pérdida de tiempo. En un rapto de lucidez, cojo mis bártulos y me las piro, dejando al sector de seguros desamparado sin mi augusta presencia.

Uf. Creo que me estoy haciendo mayor, cada vez aguanto menos estas cosas. A partir de ahora iré sólo a Ferias para divertirme en los stands, estoy pensando en ir a “Las mil y una boda” y fingir que necesito que me organicen una boda lésbica. Lo que me podría reir.

Pues mira. Igual lo hago.

Feliz domingo.

Silcas

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4 comentarios

  1. Pues ya he sufrido una de ferias españolas en http://www.consultorinternet.com/2009/09/repasando-el-remix-en-el-simo.html

    Baste decir que mellegabaalegg la jodida insistencia de pedirte “tarjeta de empresa” en casi cualquier etapa de admision, pero claro los señoritos no podian figurarse que alguien en paro podria ir al Simo (o algun currito sin tarjeta), pues no, asi es su esquema mononeuronal.

    Y claro… el problema de que a pesar estar registrado en Microsoft para asistir a la conferencia, no habia ninguna forma de demostrarselo a los mononeuronales esos….

    Y bueno, en ferias peruanas tambien he pasado lo mio, solo que como currito http://www.fisica3.net/2005/08/hace-10-aos-la-llama-te-llamaba-y-el.html, pero eso es otra historia.

    Aunque alguna vez me ligo un regalo util, como un marcador de CDs o a un amigo un ventilador de bolsillo, pero son los menos.

  2. lo dicho, vamos directos al esperpento!! el hecho es que si entregas la tarjeta profesional de cualquier otro humano, también te vale, yo creo que hasta podrías dar la de una tía porque NI TE MIRAN, directamente teclean y te dan tu colgajo para el cuello. acojonante.
    animo, compañero….

  3. Al final lo unico bueno sera lo que dices, que ahora las criaturas nacen con mas tetas 😀 😀

  4. pues mira, jajaja, eso te consuela a TÍ, porque lo que es a mí, me la refanfinfla… si al menos hubiera azafatos!!!

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