Gilis

Siempre hay un gili que jode la foto… (tomado prestado de mis amigas las tarjeteras)

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Los locos del bisturí

Con lágrimas en los ojos, no sé bien si de risa o de espanto, os cuelgo el relato de mi amiga María, que fue al hospital de madrid torrelodones a quitarse un quiste sebáceo del ojo.

Comienza el reportaje:

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Miércoles 21/04/10 Hospital de Torrelodones.

8:15 horas María llega al hospital acompañada de su querida cuñada María.Nos dirijimos a la recepción y una amable señorita nos pide los papeles para la extirpación del quiste sebáceo ojo derecho. Despues de firmar más papeles que cuando vas a solicitar una hipoteca, nos pregunta: ¿tarjeta de socio de Hospital de Torrelodones? A lo cual respondo ¿Qué te coma el que? Dice de nuevo, si la tarjeta descuento que tenemos según servicios que vaya teniendo, o sea se quita un riñon, le bonificamos con 20 minutos gratis en nuestro parking, le extirpamos los dos ojos un bono descuento para las vacaciones, etc………a los cual dice mi cuñada, alucina ahora tenemos tarjetas descuentos en la sanidad privada. Le contesto que me lo voy a pensar (me recordó a las cartillas del spar que hacía mi madre cuando yo era pequeña).

Nos mandan esperar en una sala de espera atómica, y tras unos minutos llaman a tres tordas en las cuales me incluyo y un hombrecillo calvo y sonrosado nos invita a que le acompañemos a una visita guiada hasta el hospital de día que sita en la 3º planta del edificio principal. Llegamos a la susodicha planta y allí nos abandona a nuestra suerte. De los puros nervios me pongo a contar chorradas a mi cuñada la cual se carvajea conviertiendo el sitio en un despiporre. Llaman a la primera torda para pasarla por el cuchillo, a mi entender tarda mucho, y por fin nos la devuelven, con la cara recosida (malamente) con un punto de cruz patético, y pregunto ingeniosamente, como si no me hubiera fijado en el zurcido, ¿Qué te han hecho? Pues mira que han quitado una verruga de la ostia y un bulto en el ojo, valgame cristo como si la hubieran pisado la cara, ¿Te ha dolido? Que va esto no es nada despues de las grapas de la cesarea esto es pan comido, ¿Dónde te pinchan la anestesia? Con toda tranquilidad, pues en el ojo donde sino. A lo cual la otra torda me mira con cara de pánico y yo finalizo la conversación con congoja.

Siguiente torda, cuando sale blanca inmaculada con cara de coño, coño,,,,,,,,,,,,,,a renglon seguido me llaman a mi.ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, entro y me recibe un pipiolo bastante aceptable que me invita a ponerme una ropa de todo menos erótica. Pantuflas, gorro verde y baja con la ropa debajo, vaya hoy no me despeloto.

Digo ya puedo pasar, y el chusqui hacia aquí donde la luz, ay guarrete, que pena no conocernos en otro momento. Pasa y tumbate, lo de relajate lo suprimió. Me untan el ojo de betadine, y me colocan un trapo verde con un solo orificio empiezo a hiperventilar, se acerca y pimpa me pincha la anestesia en el lagrimal, me apreta con el dedo gordo para que se extienda y ala al tajo.Empieza a hurgar y le digo me duele, pues otro pinchazo que no se ha dormido, y otra vez y le dio que sigo igual pues otro (ya son tres), me cago en la puta, este tio es un rejoneador, y de pronto la máquina empieza a pitar, uhhhhhhhhhhh, bajando las pulsaciones, que la perdemos, 50, 48, vamos a parar, no te vamos a hacer nada, se escucha gritar, ponerle una vía, ¿suero? No, atropina, a lo cual digo, has dicho 28, y con el ojo buscando las palas de reanimación, no las localicé, dice no por Dios 48, digo vaya lo normal si tengo las pulsaciones muy bajas, lo cual entendemos que eres una gran deportista, ni de coña no hago ni el huevo, esto es así desde la infancia. Viene la reponsable de quirófano, ¿Qué pasa? Nada que se ha puesto nerviosa y la vamos a calmar.

Resumiendo me he enterado de todo, el hurge, el cosido y para colmo se me ha dormido la lengua y no podía pedir cita a la enfermera para que me quiten los puntos. Nombre Maaaaaaaarrrrrria FFFFFFDA Looooooppppppez, Horrible y mi cuñada descojonada por la situación ¿Qué dices? Coñoooooo mis datos.

Bueno ya estoy aquí el próximo se lo quita el padre del oftlamologo.

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María, chica, que te mejores y esperamos tu post sobre retirada de puntos con verdadera ansiedad.

Multa obscena

Joer, Gabriel, sin comentarios!!

Gracias por tu colaboración inestimable, como siempre,

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Licitaciones públicas – Volvemos al ataque

Sí señor, ya echaba yo de menos el bonito ejercicio del análisis y respuesta a licitaciones públicas.

Se me está juntando una de AGE (Admon.Gral del Estado) con dos de una CCAA (comunidad autónoma).

Lo que en mi anterior empresa se liquidaba con un par de emails, dos reuniones, un bate de béisbol para la impresora a color y varios litros de café la noche antes de la entrega, aquí es bastante más peliagudo.

Tengo que meterme hasta en la cocina, para asegurar el resultado, comenzando por la parte árida, farragosa y muchas veces incomprensible, de la documentación administrativa:

– Oye, que este papelico tan mono que nos ha pasado la gestoría para el expediente, el cliente lo quiere sellado.

– Pero si no hace falta, lleva un sello de tiempo.

(iiiinspirar)

– Lo sé. Pero el cliente quiere ver un sello de color azul y una firmica física de un humano bípedo encima del mismo.

– Pues no hace falta, porque el sello de tiempo es tan válido como el real.

(bee bee oveja negra bee bee oveja negra. véase “Las reglas de la vida“)

– Lo sé. Pero el cliente quiere el sellito porque todos los demás licitadores han puesto sellito, y si nosotros no ponemos sellitos, queda como raro.

– Pues tu cliente es idiota.

(ooommmm ommmmm ommmm uf uf uf, respirar)

– Lo sé. Pero así es la administración pública, son las lentejas, las tomas o las dejas. Y como queremos que nos adjudiquen, nos comemos todas las lentejas que sea menester, y además, con expresión de alegría y regocijo. Así funciona.

Mi compañera refunfuña y se va con el papelico a pedirle a la gestoría que nos ponga el sellito. Y a mí, me sale una cana. Suerte que no soy propensa, porque estaría canosa perdida.

Multiplíquese la operación por el número de documentos que piden en el Sobre A – Documentación Administrativa.

Como además tenemos 3 licitaciones en danza, cada una de su padre y de su madre, creo que me van a terminar odiando…

En otro orden de cosas, hoy me he atrevido a rellenar el aceite a Criatura con Ruedas. Tenemos un renting tan cutre que no cubre la mano de obra del rellenado de aceite, y como este vehículo se bebe el aceite cosa fina, cada dos meses tengo que aparecer por el taller. Y me daba pavor, señores. Porque si te pasas, si le echas demasiado, al vehículo en cuestion le da un paro cardiorespiratorio sólo comparable al que te da a tí cuando te pasan la factura. 500 euros nos costó la broma de echarle aceitico al Scénic. Como este coche no es mío, pues da un poco igual, pero resulta que NO, porque si Criatura con Ruedas fallece, vaya usté a saber si me darán un triciclo, un patinete o una calesa tirada por un burro. Así que cuidadín. Y con sumo temor reverencial, he abierto un tapón con un simbolito del aceite, he echado el resto del bote que me dio el mecánico y lo he cerrado con cuidado.

Se quitó el pilotito amarillo del aceite, el coche no se ha muerto y lo más importante, no me he llenado el traje de aceite, que era una posibilidad nada lejana.

Y ahora me vuelvo a mi pliego, que de momento, voy a ver si me lo leo y me entero de lo que piden para cuando todos comiencen a volverse majaras y a preguntarme cosas raras. Ay mamáaaa…

Silcas

Bragones y mazmorras

No, no estaba yo preparada para lo que me encontré esta mañana.

Ayer tuvimos cumpleaños de mi cuñado y después timba de póker. Por supuesto, yo, que con las cartas soy mala hasta decir basta, me entregué al noble arte del gintonic+viboreo, junto con mi hermana y amigotas.

A las 3, estaba en el sofá medio grogui, tapada con mi manta reglamentaria esperando pacientemente a que mi santo esposo perdiera hasta la última de sus fichas, cosa que sucedió, afortunadamente, allá por las 3 y 10 y que permitió que nos recogiéramos a una hora prudencial -por decir algo-.

Así que esta mañana, tras desayunar con tranquilidad -eso de que los enanos duerman con los abuelos te permite estos lujos, me pongo a navegar un poco por la red, a ver qué me encuentro.

Y -repito-: No. No estaba preparada para la venta Platino de Vente-Privee. Me ha salido un sarpullido. Pasen y vean.

El Bragon

El Bragon

¿No lo creen ustedes? Veámoslo más de cerca.

Bragon mas de cerca

¿Seguimos sin creerlo? Pues ahora veámoslo por detrás. Es duro, lo sé. Pero hay que ser fuerte:

Por delante y por detraaas

La órdiga. Pero si este apaño no le queda bien NI A LA MODELO. No quiero imaginar a mí misma o a cualquiera de mis conocidas, incluyendo las “modelo espárrago” con esta maravilla, sobre todo en este precioso color.

Ouf. Como escarpias, se me han puesto los pelos.

Entre eso, y la sesión de sexo duro que me espera hoy (la ciénaga de Shreck parece una patena comparada con mi hogar) creo que voy a volverme a dormir para recomenzar la jornada. Y mañana reunión a las 09:30 (que por supuesto NO se celebrará hasta las 14 hs, así jodemos el desayuno y la comida). Menos mal que esta semana no tengo que ir a Barcelona, ni a Sevilla, ni a ningún lugar a más de 50 kilómetros de mi hogar. Eso sí, tengo curro para aburrir.

Que ustedes aperitiveen bien.

Silcas

Saturno Vs Perez

Por fin he acabado mi periplo -jueves Barna, viernes Sevilla- y reposo cómodamente en mi hogar mientras la una se traga Cenicienta por quincuagésima vez y el otro se ilustra con una serie sobre Bakugans.

El jueves por la noche, además de grandes “oohs” y “aaahhhs” cuando vieron las gominolas gigantes que les llevé desde la feria de Turismo, tuvo lugar un magno acontecimiento, consistente en la caída del primer diente de leche de mi hija.

Super huevos fritos de gominola

Mamá, mamá, ¡¡se me ha caído el diente!! Tras festejarlo adecuadamente, le pregunto por el susodicho diente para colocarlo bajo la almohada y que el Sr. Pérez proceda a su retirada y pago. No lo sé, mamá, me parece que me lo he tragado. Se le ha debido caer por ahí, no tiene ni sangre en la encía. Procedemos a escribir la correspondiente misiva al Sr. Pérez informándole de que el díscolo diente es posible que se encuentre en el estómago de la propietaria, y hasta ahí, todo bien salvo una cierta ansiedad por parte de mi hija, que se imaginaba al ratón con un cuchillo asaltando su cama en plena noche.

Una vez dormidos los enanos, Cónyuge A se ocupa de esa bonita labor consistente en sacar al monstruo a hacer su último pis antes de dormir, para lo cual casi siempre echa mano de las gominolas de los críos que están en el denominado “armario de las gominolas”. Claro, al ver las super-gominolas gigantescas, no puede resistirse, concretamente escoge una en forma de huevo frito,  precisamente la que nuestra hija mordisqueó y dejó para otro día -no me extraña, es del tamaño de su manita.

Al pegarle el primer bocado -o eso me contaba después mientras yo lloraba de risa- encuentra que algo inesperado está dando vueltas por su boca. Hay que fastidiarse, piensa, mañana tengo que ir a que me terminen la endodoncia ¡y ya me he jodido otra muela! Procede a extraer el cuerpo extraño y al mirarlo y remirarlo comienza a pensar que es un trozo un poco raro para ser parte de una muela. Y que además tiene un poco de sangre en la base. De pronto comprende que se trata del diente de nuestra hija, que se quedó clavado en la gominola (claro, ahora comprendo porqué la dejó, se había hecho daño y ya no la quiso). Y así fue como cónyuge A se convirtió en la versión moderna de Saturno devorando parte de sus hijos o bien en un competidor de Pérez, el cual debía estar agazapado en una esquina de la cocina acordándose de su santa madre.

Ser ratón pérez es duro...

Luego me llaman a la estación, donde la catatónica madre de la criatura está esperando la salida del Ave a Sevilla. Mamá, mamá, que ha venido el ratón y me ha dejado 20 euros. Joder con el ratón, esto de que te pille sin efectivo o billetes más pequeños en casa pone las tarifas por las nubes, ya podría aceptar visa o pay-pal el muy cabrón. A mí me dejaban 25 pesetas -parezco mi abuela- y listos.

Afortunadamente, acabó la semana, que tanto madrugón casi termina conmigo. En Santa Justa, miraba con nostalgia la Sala Club del Ave, donde recalaba cuando viajaba en Preferente, en mi anterior empresa. Vaya idiotez, ir en turista. Pienso hacer un estudio detallado de amortización de los 70 euros de diferencia en términos de horas trabajadas, utilización de la wifi de la sala club y posibilidad de carga de los móviles y pdas. Menos mal que la reunión fue estupenda y luego estuve comiendo con mi amiga Jugue, en la Taberna del Alabardero, donde nos dieron de zampar divinamente.

Luego, al AVE, oootra vez. Y qué les pasa a los del Ave con las pelis; ayer tocó G-Force, y hoy La Edad del Hielo 3. Así íbamos todos los trajeados, hasta las narices de currar, con los auriculares puestos y riendo las gracias de Scratch y sus colegas.

Y con esto y un bizcocho, se acabó la semana. Que ustedes lo pasen bien.

Silcas

La verdad sobre perros y gatos

Ayer me fui a la cama no a las 10, como era mi intención sino a las 11,45. A las 3 abro el ojo, me desvelo. Total, qué mas da, me tengo que levantar a las 5 menos cuarto para salir pitando a coger el Ave… Medio catatónica, repto fuera de la cama. Estoy cansada hasta la saciedad, como si me hubieran pegado una paliza. Desayuno super-rápido, ducha rápida, vestimenta y avío rápido y al coche.

Llego a Atocha una hora antes de la salida del tren, a las 06:30 comienzo a enviar mensajes a mis amigotas, tomo un café con bollo en la cafetería de la estación y a las 07:00 estoy embarcando en el Ave rumbo a Barcelona, bostezando cada medio minuto.

Con desaliento compruebo que voy en turista, joder. No tengo ventanilla, ni enchufe para el portátil ni derecho a la wifi+merendola (con gin-tonic incluido) de la sala para currantes de las estaciones. Mierda. Ni podré cargar la PDA. Cruzo una serie de correos surrealistas con la gente que gestiona los viajes. Y eso que sólo estoy preguntando. O sea, chicos, que por 70 euros de mierda, la compañía prefiere que no seamos productivos durante ese tiempo. La política corporativa de viajar en turista la entiendo para el avión, para el AVE, no.

Genial. Hala, marchando el Glamour, el Telva y lo que se tercie.

Ni desayuno ni leches.

La próxima, yo misma pago la diferencia.

Eso sí, en el tren, me trago G-Force por septuagésima vez. Esta vez sin subtítulos infantiles riendo las gracias de Juárez.

Estoy CATATÓNICA. Tirando de batería, apaño la presentación que voy a hacer al presunto cliente. Que chunga está quedando, pero es que con estos mimbres sólo puedo hacer estos cestos. Joder qué sueño tengo. Se me pegan las lentillas a las meninges.

Adoro el AVE, pero en preferente, claro. Me encanta llegar, embarcar sin mayor trámite que unas radioscopias pelín casposas, y sentarme sin cinturón ni nada, a escuchar el sonido del silencio, a menos que algún hortera descerebrado se dedique a contar su vida por el móvil.

Llego a Barcelona, no diluvia como en Madrid así que me sobra la gabardina. Llevo mi super-trolley de 32 euros que sustituye a la bandolera del portátil y que me alegraré en los próximos minutos de haber comprado ayer.

Llego al cliente, aerolínea, por más señas, y me permito un cierto cachondeillo diciendo que he venido en AVE. El cliente se me revuelve, en plan coña; y contraataco con el argumento definitivo e irrebatible; es que tenía que preparar tu presentación. Ah bueno. Jajajajaja.

Presento, fenomenal, estupendo, pero no vendo una escoba. Taxi, y a la Feria de Turismo, donde he quedado con otro cliente. Llego. Como una tarada mental, trato de hacer una especie de checking automático poniendo el código de barras directamente en la pantalla en vez de usar el pequeño lector de código de barras que está escondido en la parte de abajo. Estoy realmente baja de forma. Luego, un capullo encorbatado al cual tengo la mala suerte de dirigirme a preguntar por el planico de la feria me responde en catalán, y reincide en el mismo idioma tras mi pregunta: “cómo??”. Vaya cara de ajo que tiene el colega. Tío, que te folle un pez. No sé cómo te dedicas a esto del turismo, donde se supone que hay que ser simpático.

Paseo por la feria, miro algunos stands, y acabo en un puesto de chuches italianas con fresas, huevos y plátanos gigantescos. Me clavan 15 euros por unas chuches para mis hijos, OS JURO que esa báscula está mal. Eso sí, ha merecido la pena ver sus caras cuando han visto las peaso fresas-chuche.

Charlo con el cliente. Ay, estos organismos públicos, que guerra dan.

Estoy realmente arrastrándome y en vez de ofrecerle al cliente llevarlo a comer a algún sitio majo, decido llamar a la oficina para que me cambien el billete de vuelta a las 3 de la tarde. Así pues, acabo trapiñando una burguer en el McDonalds de Sants y subiéndome al AVE en cuanto abrieron la barrera, previa adquisición de un librito llamado “Soy Consultor (con perdón)”. No me resisto, hay que alimentar a los ex-colegas. Veeeenga, lo compro.

Me ponen la peli de Beatrix Potter. Ah, pues mira,  mi estado comatoso es lo que admite, hasta se me cierran los ojos. Combino la peli con el libro de consultoría -en realidad, consultoría “artesanal”, que tiene más mérito que mi especialidad (consultoría “a granel” o de copypaste)- y poco a poco vamos llegando a Madrid, previo pase por Zaragoza, donde se sube media ciudad, a juzgar por el griterío.

Llego a Madrid en modo “stand by”, saco a “criatura con ruedas” del parking, y cuando estoy cerca de casa reparo en que tengo que pasar por el supercor a por dos cosillas que faltan, por supuesto acabo con el carro lleno de 100 euros de compra, incluyendo unos percebicos gallegos -y doy fe que lo son- al  insólito precio de 18 euros el kilo. Lo llego a saber y compro un kilo entero y me pego un atracón de percebes, que me lo he ganado PORQUE YO LO VALGO.

Llego al garaje de casa. Estoy para el arrastre. Subo 4 bolsas que pesan como condenadas. La puerta de acceso al portal está abierta, y un gato mil-leches de los que viven en la urbanización, maúlla, arquea el lomo y me observa con voracidad. Joder. Tengo que bajar a por las otras bolsas y la trolley llena de portátil, una muestra de desodorante que me han dado en Sants, las chuches de los niños y unos cuantos folletos de la feria. Pesa como un mulo muerto.

Dejo las bolsas en la puerta de casa; no puedo abrir porque en el hall de entrada está el perro, el cual saltaría como alma que lleva el diablo a por el puto gato.

Bajo corriendo al coche, en una apurada carrera contra el gato, agarro la trolley-portátil y las otras 4 bolsas.

Mientras subo la escalera oigo dos cosas; al gato curioseando en las bolsas y mi móvil, por supuesto es mi jefe. Ah. Cruel decisión. Qué hago. Atiendo a mi sufrido jefe o espanto al gato. Opto por coger el móvil y realizar un rápido informe de batalla mientras defiendo el pan de mis hijos de la feroz alimaña, que ha detectado los percebes y se resiste a abandonar el lugar. A la vez, abro la puerta y el perro, loco por pillar al gato, trata de escapar. Me empiezo a convertir en elastigirl, sujetando la puerta con una mano, el móvil con la otra y espantando al gato con la pierna. Ooole mi niña, tú llegarás lejos.

Y mañana más, mañana toca SEVILLAAAA ná menos. Hala, al Ave de nuevo. Encima ahora no tengo sueño, supongo que el organismo se termina por acostumbrar a la vida dura.

Vaya truenos bestiales que tenemos por aquí, en la sierra. Mañana igual tengo que bajar a Atocha remando…

Zzzz…