Te volví a pillar

Iba yo esta tarde, a lo mío, a la “caza de la plaza” que consiste en que la hembra de la manada se coge la tarde libre en el curro y se va al cole concertado de turno a hacer cola y entregar la solicitud de matrícula de su cría que el cónyuge A, en la mañana del día anterior, dejó por imposible porque había doscientas mil churris ociosas haciendo cola en la secretaría. Llego sobre las 16:30 (oh alegría, o emoción, no hay cola!!!) y procedo a entregar a la señorita de secretaría los documentos que prueban la composición y estatus de la manada en cuestión.

Me mira de reojillo. Te creías muy lista ¿eh? Necesito el libro de familia original para compulsarlo. Jo-deeer… ya estamos. SIEMPRE falta algo. Bueno, le digo, me acerco a casa y te lo traigo en un momento. Cojo la cesta y me marcho, “sardinas frescues”, salgo de allí con mi traje y mis tacones, a toda prisa tratando de no matarme, mientras me cruzo con las mamás que van a recoger a sus hijos y que por supuesto ocuparán cualquier posible hueco de aparcamiento en los próximos 40 minutos. Que estrés.

Merde. Según voy hacia mi hogar, por la carretera la guardia civil está preparando algo. Coño, OTRA VEZ??? Llego a casa, me pongo unos vaqueros y unas zapas a la velocidad de los rayos cósmicos, agarro el libro de familia, bajo al coche y vuelvo a la carretera igualita que Julio Iglesias.

Los coches me van dando largas. Huy. ¿¿Que será esta vez?? Miro a la izquierda y a la derecha, no paso de 85 km/h ni borracha. Y debieron escucharme, porque según paso un puente elevado, me encuentro con un bonito control de alcoholemia. Bajo la velocidad. Naturalmente, me dan el alto, faltaría más. Que tendré pinta de borrachuza, digo yo.

Buenas, que si desea usted someterse a un control de alcoholemia. Hombre, qué amable, me pide permiso. Con la pinta de maripuri agobiada en horario escolar que tengo, seguro que si le digo que la secretaría tiene el nada flexible horario de cierre a las 17:30, y que está en juego la plaza escolar de mi hija, me perdona. Pero no, le digo que por supuesto, va a ser más rápido que contarle mi vida. Y que como es la primera vez, pues que me lo explique. Me indica cómo poner el cacharrillo desechable y cómo soplar. Soplo. Muy bien,  me dice el agente de la benemérita,  0,0 !! No te digo. A las 5 de la tarde, es el momento de que la gente  vaya puesta hasta las trancas, ¿en qué estaré pensando, que no llevo una mísera cerveza en el cuerpo?. Le sonrío y salgo pitando mientras me abre camino.

Llego -otra vez- al cole, por supuesto tengo que aparcar en cancoño, porque aquí no cabe un alma, las mamás con carritos tratan de sobrevivir por las estrechísimas aceras, y yo trato de no eliminarlas, ni a ellas ni a su descendencia. Bueno, si la descendencia tiene 5 años, entonces corre serio peligro porque compite con mi hija por una plaza escolar. Se me enciende el instinto asesino de la cocodrila hembra defendiendo su nidada.

La menda defendiendo la plaza de su cría

Vuelvo a entrar en Secretaría con mi bonito libro de familia, una alumna de 7 años enferma por alergia y que tienen confinada en la secretaría me sella las fotocopias con gran parsimonia, guiada por la profesora-secretaria. Voy rellenando los impresos de las becas de libros, de pronto suena el móvil; me llama la jefa de un departamento de mi empresa para realizar un bonito ejercicio pulmonar consistente en gritos y alaridos y amenazas contra uno de mis supuestos clientes, que en realidad es suyo, que yo a este pavo no le he vendido nada, chati, tú sabrás lo que haces y porqué te pone verde en las reuniones. Será por el buen carácter que posees y la dulzura que destilas, cacho mamona. La dejo berrear y que se desfogue -claro, claro… por supuesto… “si cielo” casi se me escapa- mientras relleno el impreso de las becas de los libros, las cuales por supuesto NO me concederán.

Me marcho de secretaría con mis impresos sellados, y sigo escuchando las diatribas de mi colega mientras me monto en el coche, directa a recoger a mi hija, que llega en la ruta y JODER-A-VER-SI-ENCIMA-NO-LLEGO con tanta leche y tanta alcoholemia y tanto guardia suelto, a ver quién es el guapo que se pone a correr. Sólo espero que no vuelvan a pararme los guardias porque esta vez los mando a tomar viento.

En cualquier caso; creo que debo escuchar al destino: ayer me multan por exceso de velocidad -modesta multa para lo que suelo ser yo- y hoy me hacen un control de alcoholemia, c0n feliz resultado porque NO es el viernes pasado a las 00:15.

Simplemente, lo de ayer y lo de hoy ha sucedido en el lugar y momento equivocado, que si llegan a cazarme en otras circunstancias, me empapelan pero bien -y con razón-: el próximo post desde la cárcel, podría ser curioso.

Silcas

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