La verdad sobre perros y gatos

Ayer me fui a la cama no a las 10, como era mi intención sino a las 11,45. A las 3 abro el ojo, me desvelo. Total, qué mas da, me tengo que levantar a las 5 menos cuarto para salir pitando a coger el Ave… Medio catatónica, repto fuera de la cama. Estoy cansada hasta la saciedad, como si me hubieran pegado una paliza. Desayuno super-rápido, ducha rápida, vestimenta y avío rápido y al coche.

Llego a Atocha una hora antes de la salida del tren, a las 06:30 comienzo a enviar mensajes a mis amigotas, tomo un café con bollo en la cafetería de la estación y a las 07:00 estoy embarcando en el Ave rumbo a Barcelona, bostezando cada medio minuto.

Con desaliento compruebo que voy en turista, joder. No tengo ventanilla, ni enchufe para el portátil ni derecho a la wifi+merendola (con gin-tonic incluido) de la sala para currantes de las estaciones. Mierda. Ni podré cargar la PDA. Cruzo una serie de correos surrealistas con la gente que gestiona los viajes. Y eso que sólo estoy preguntando. O sea, chicos, que por 70 euros de mierda, la compañía prefiere que no seamos productivos durante ese tiempo. La política corporativa de viajar en turista la entiendo para el avión, para el AVE, no.

Genial. Hala, marchando el Glamour, el Telva y lo que se tercie.

Ni desayuno ni leches.

La próxima, yo misma pago la diferencia.

Eso sí, en el tren, me trago G-Force por septuagésima vez. Esta vez sin subtítulos infantiles riendo las gracias de Juárez.

Estoy CATATÓNICA. Tirando de batería, apaño la presentación que voy a hacer al presunto cliente. Que chunga está quedando, pero es que con estos mimbres sólo puedo hacer estos cestos. Joder qué sueño tengo. Se me pegan las lentillas a las meninges.

Adoro el AVE, pero en preferente, claro. Me encanta llegar, embarcar sin mayor trámite que unas radioscopias pelín casposas, y sentarme sin cinturón ni nada, a escuchar el sonido del silencio, a menos que algún hortera descerebrado se dedique a contar su vida por el móvil.

Llego a Barcelona, no diluvia como en Madrid así que me sobra la gabardina. Llevo mi super-trolley de 32 euros que sustituye a la bandolera del portátil y que me alegraré en los próximos minutos de haber comprado ayer.

Llego al cliente, aerolínea, por más señas, y me permito un cierto cachondeillo diciendo que he venido en AVE. El cliente se me revuelve, en plan coña; y contraataco con el argumento definitivo e irrebatible; es que tenía que preparar tu presentación. Ah bueno. Jajajajaja.

Presento, fenomenal, estupendo, pero no vendo una escoba. Taxi, y a la Feria de Turismo, donde he quedado con otro cliente. Llego. Como una tarada mental, trato de hacer una especie de checking automático poniendo el código de barras directamente en la pantalla en vez de usar el pequeño lector de código de barras que está escondido en la parte de abajo. Estoy realmente baja de forma. Luego, un capullo encorbatado al cual tengo la mala suerte de dirigirme a preguntar por el planico de la feria me responde en catalán, y reincide en el mismo idioma tras mi pregunta: “cómo??”. Vaya cara de ajo que tiene el colega. Tío, que te folle un pez. No sé cómo te dedicas a esto del turismo, donde se supone que hay que ser simpático.

Paseo por la feria, miro algunos stands, y acabo en un puesto de chuches italianas con fresas, huevos y plátanos gigantescos. Me clavan 15 euros por unas chuches para mis hijos, OS JURO que esa báscula está mal. Eso sí, ha merecido la pena ver sus caras cuando han visto las peaso fresas-chuche.

Charlo con el cliente. Ay, estos organismos públicos, que guerra dan.

Estoy realmente arrastrándome y en vez de ofrecerle al cliente llevarlo a comer a algún sitio majo, decido llamar a la oficina para que me cambien el billete de vuelta a las 3 de la tarde. Así pues, acabo trapiñando una burguer en el McDonalds de Sants y subiéndome al AVE en cuanto abrieron la barrera, previa adquisición de un librito llamado “Soy Consultor (con perdón)”. No me resisto, hay que alimentar a los ex-colegas. Veeeenga, lo compro.

Me ponen la peli de Beatrix Potter. Ah, pues mira,  mi estado comatoso es lo que admite, hasta se me cierran los ojos. Combino la peli con el libro de consultoría -en realidad, consultoría “artesanal”, que tiene más mérito que mi especialidad (consultoría “a granel” o de copypaste)- y poco a poco vamos llegando a Madrid, previo pase por Zaragoza, donde se sube media ciudad, a juzgar por el griterío.

Llego a Madrid en modo “stand by”, saco a “criatura con ruedas” del parking, y cuando estoy cerca de casa reparo en que tengo que pasar por el supercor a por dos cosillas que faltan, por supuesto acabo con el carro lleno de 100 euros de compra, incluyendo unos percebicos gallegos -y doy fe que lo son- al  insólito precio de 18 euros el kilo. Lo llego a saber y compro un kilo entero y me pego un atracón de percebes, que me lo he ganado PORQUE YO LO VALGO.

Llego al garaje de casa. Estoy para el arrastre. Subo 4 bolsas que pesan como condenadas. La puerta de acceso al portal está abierta, y un gato mil-leches de los que viven en la urbanización, maúlla, arquea el lomo y me observa con voracidad. Joder. Tengo que bajar a por las otras bolsas y la trolley llena de portátil, una muestra de desodorante que me han dado en Sants, las chuches de los niños y unos cuantos folletos de la feria. Pesa como un mulo muerto.

Dejo las bolsas en la puerta de casa; no puedo abrir porque en el hall de entrada está el perro, el cual saltaría como alma que lleva el diablo a por el puto gato.

Bajo corriendo al coche, en una apurada carrera contra el gato, agarro la trolley-portátil y las otras 4 bolsas.

Mientras subo la escalera oigo dos cosas; al gato curioseando en las bolsas y mi móvil, por supuesto es mi jefe. Ah. Cruel decisión. Qué hago. Atiendo a mi sufrido jefe o espanto al gato. Opto por coger el móvil y realizar un rápido informe de batalla mientras defiendo el pan de mis hijos de la feroz alimaña, que ha detectado los percebes y se resiste a abandonar el lugar. A la vez, abro la puerta y el perro, loco por pillar al gato, trata de escapar. Me empiezo a convertir en elastigirl, sujetando la puerta con una mano, el móvil con la otra y espantando al gato con la pierna. Ooole mi niña, tú llegarás lejos.

Y mañana más, mañana toca SEVILLAAAA ná menos. Hala, al Ave de nuevo. Encima ahora no tengo sueño, supongo que el organismo se termina por acostumbrar a la vida dura.

Vaya truenos bestiales que tenemos por aquí, en la sierra. Mañana igual tengo que bajar a Atocha remando…

Zzzz…

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3 comentarios

  1. Pues hija…. te quejas por vicio, pues como te lo pagan…

    Que si el AVE muy confortable y rapido, pero ahora ya no hay los trenes nocturnos y Alsa cancelo todas las rutas directas Madrid-Barcelona, ahora pasan por Zaragoza si o si.

    Ergo… ahora para mi hay MENOS opciones para ir a Barcelona 😦

  2. Hein?? por vicio?? desde cuando viajar por negocios es un placer?? anda yaaa… 😀

  3. La madre…. solo de leerlo ya estoy cansado y agobiado…

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