Morir matando

Así, así se ha ido uno de los habitantes de la “madriguera”, lugar en el cual presto mis servicios, o al menos lo intento. Me ha obsequiado con un bid multipulpo con tintes de fado, mitad portugués mitad belga. Qué guay. Mis países favoritos.

Portugal tiene un pase, principalmente por las compras en Valença do Minho, pero Bélgica… joder con Bélgica. País aburrido donde los haya. Quizá exceptúo la costa, pero Bruselas… maaadreee…

Esta mañana iba yo un tanto preocupada a currar, a las 4 tenía mi conference call a cuatro manos, tres en españa, dos en portugal y el cliente en bélgica pasando por irlanda, que era donde estaban haciendo el piloto. Menos mal que el belga hablaba un inglés más que decente y comprensible. Pero estaba un tanto acojonada, primero porque no soy experta en la venta de contact centers en países que no son el mío, y segundo porque mi inglés está pelín oxidado. Podría terminar entendiendo cualquier barbaridad.

Así que a las 12:15 salí huyendo a la peluquería -no me quedaba otra, llevaba sin ir casi desde noviembre excepto un leve retoque en semana santa- para que mi buena Muriel me untara la cabeza con sus mechas, siempre exageradas pero preciosas. Y allí estaba yo, en la pelu, informándome del estado del mundo a través del Hola, y tomándome el café con que Dessange obsequia a sus clientas, disfrutando de unos minutos de relax. De pronto, el móvil personal. La profe de mi hijo. No por dios, no es el momento. Temo las llamadas de esta mujer más que al holandés errante. Tentada estoy de no cogérselo, hasta que de pronto, algo llamado intuición materna, me hace descolgar.

Y no, no es la profe. Es la enfermera del colegio. Que el dedo pulgar de mi hijo ha hecho de tope en una puerta de hierro, se ha hecho un atrapón enorme en el pulgar y en la uña, y que lo tienen gimoteando y sangrando en la enfermería.

Por supuesto. Día que me escaqueo a la hora de comer a la pelu, luego call conference con el belga a las 4, y mientras tanto, mi retoño se esnafra en una puerta, con la inestimable ayuda de su compañero Pablo. Me miro en el espejo, estoy  monísima con la cabeza llena de mechas blanquecinas secándose, dando a mi pelo esos bonitos reflejos dorados que como mínimo van a llevarme un buen rato más. Por no hablar del corte de las greñas. Aquí tengo para una hora por lo menos.

Dado que el padre de la criatura está ilocalizable en una convención-reunión de toda la mañana y parte de la tarde, recurro a la ONG Abuelos Sin Fronteras para que recojan al doliente nieto y lo acerquen al ambulatorio. Yo iré en cuanto el belga me suelte de sus garras.

Termino en la pelu a las 3 de la tarde, y vuelvo a toda leche hacia la oficina, previo paso por rodilla para comprar unos sandwiches -estoy canina-, que engullo en el coche camino de la ofi, un día me van a pegar un multón que te cagas por comer, hablar por teléfono y mirar emails al mismo tiempo mientras conduzco.

Mientras ataco el sandwich de pollo al curry, un email del belga. Que si podemos retrasar la call a las 4,30. Joder, yo que necesitaba salir pitando a ver cómo está el pulgar de mi hijo. Pues claro, qué le vamos a hacer. A sus órdenes, señor cliente. La Silcas a sus pies, caballero; un amigo, un esclavo, un admirador, un sierrrrvo…

Llego a la oficina, rehago la convocatoria al resto de agraciados, tengo el buzón lleno y me la rebota, joder, hasta que consigo que los enmarronados se den por enterados de cambio de hora. Además, deben estar haciendo obras en el piso de arriba, o bien el asesino de la sierra eléctrica está despedazando a sus víctimas, a juzgar por el ruido insufrible que nos invade.

Llega el momento de la call conference, nos encontramos todos en el ciberespacio con asombrosa puntualidad. Tras 40 minutos de prestar atención infinita a mi amigo el belga, consigo salir pitando arrastrando el portátil hacia casa. Pero claro, primero hago una parada técnica en el sitio de las bolas de los cojones a reservar el cumple del enano, que hay que hacerlo en persona (por dios, tanto internet y tanta gaita y al final te toca ir en carne y hueso a echar una firma), me llevo las 3o invitaciones para los amiguitos del cole, compro unas servilletas en CASA, paro en la gasolinera -estoy sin sopa-, y además lavo el coche, que está hecho una auténtica zolle. Mientras espero a que se lave el vinículo, entra un email de mi colega la directora de país de Bélgica (que a ella también le ha caído el marrón. es mamá recién parida, como quien dice, y además es una tía muy maja). Propone call conference para que le cuente cómo ha ido el tema, y además lo propone mañana a las 9. No hija no. Las nueve??? pero si no han puesto las calles, es que no has visto el anuncio de Metro de Madrid? Chica, piedad!! Le digo que OK pero que a las 9,30. Mi jefe -en copia- ni musita. La belga acepta, que se conectará desde su coche, dice que “deberá funcionar”. Pozí. Y zi no, mala zuerte. Por tamtam. Me la pela. Quedo en que esta noche le envío un brefing.

Aparezco por casa a toda leche, el enano está atizándose un plato de verdura, y tiene el pulgar envuelto en vendas. Me embuto unos vaqueros, unas bailarinas y agarro la tarjeta de sanitas del peque y una libreta con boli, ante las protestas de la pequeña, que quiere ir a ver el espectáculo. Esta ha nacido para médico o enfermera, tiene fijación con las heridas o enfermedades, y es capaz de ver cómo le hacen las curas a su abuelo -operado de vesícula- sin parpadear. E incluso ayudar a su abuela a sujetar gasas. Con la mala ostia que se gasta, tenemos en casa a una House en potencia.

Mientras aguardamos en la sala de espera, agarro la libreta y hacemos la lista de invitados al cumple. Van saliendo nombres de primitos, amiguitos y ex-amiguitos del otro cole. Nos toca. La doctora lo envía a rayos. Entra como un hombrecito, él sólo. Yo sigo rellenando invitaciones con los datos del cumple. Nos vuelven a llamar. Hay suerte, no hay fisura ni nada raro en el espanzurrado dedo. Sólo nos manda ibuprofeno y betadine. Pero la receta de cinco días sin fútbol le duele más que una tanda de inyecciones en el culete. Trata de negociar, sin éxito, pero lo soporta estoicamente. El alma rusa, es lo que tiene. Una vez en casa, me viene con que tiene un hambre lobuna. Le preparo un rollito relleno de tortilla y queso en lonchas -con especias, me pide el colega-. Estoy criando un gourmet.

Yo me zampo los restos de ensalada de ayer -cuando cónyuge A prepara ensalada, prepara una MONTAÑA, que cualquier día invitamos al resto de los vecinos a cenar-.   Ahora estamos en el mismo sofá la menda con el portátil en las rodillas, el enano que acaba de zamparse un cuenco enorme de cerezas -joder, este come más que yo-, y la perra con la cabeza apoyada en sus rodillas. Y Jack Sparrow en la tele, buscando el cofre del hombre muerto.

Opción A: Cumplo mi promesa y escribo un briefing a la belga -con copia a mi jefe para que vea a qué horas curro, al estilo alfredo landa-. Mañana madrugaré para estar a las 9 en la ofi y tratar de montar una call conference antes de que se monte en su vinículo.

Opción B: Lleno la bañera de agua con una bomba de baño, un incienso y música suave y me relajo hasta desmayarme.

Ay, qué tentación!!!

Qué cansancio, coño. Creo que le voy a poner un mini-correo a la belga, y a tomar por saco. Me voy, pero no a la bañera. A la cama de cabeza!!!!

Silcas

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Una respuesta

  1. Qué bueno lo de las especias… jajajajaa… vete preparándo cursos de cocina al estilo Alain Ducasse.. jajaaaaaaaaaa…

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