Mesoterapia y ascensores asesinos

Digamos que tras la operación Cochino de este fin de semana, una se queda un tanto culpable pensando en la sesión de mesoterapia prevista para hoy (sistema de eliminación de michecelulines que consiste en múltiples pinchazos subcutáneos mediante los cuales te introducen sustancias que favorecen la eliminación de toxinas, grasas, aguas y mierdas variadas).

Y mi super-doctora me avisó: oye, que lo que te voy a poner en esta sesión DUELE QUE TE CAGAS, úntate de crema anestésica y ponte film plástico en las mollas que allá que me voy con la jeringa. Y la creo. Me hizo la meso hace 5 años con excelentes resultados (curiosamente el mismo verano en el cual durante la última sesión le dije que me iba pitando a Rusia a conocer a mi primer hijo).

Y sí. Toda obediente, me piro a la hora de comer, me encierro en el baño del curro con el bolso, el portátil y las mollas y me unto cual cochinillo en crema anestésica, procediendo a envolverme en film como si fuera un sandwich de pollo. Dios qué pinta.

Me he equipado con pantalones, pero aún así, voy incomodísima. Espero que haga efecto la puta anestesia, porque tengo tolerancia CERO al dolor y me aterran las inyecciones. Aún recuerdo con cierto cachondeo mis 9 años, en la casa de mi abuela, en verano, me cogía unos trancazos del nueve y medio, y el practicante -habitualmente una monja- tenía que sacarme de la jaula de los conejos por los pies. Eso si conseguía encontrarme. Lo que es la vida, ahora voy voluntariamente.

Además, después de la “meso” tengo reunión con un cliente, que se presume larga (por dios cómo sufrimos las churris con eso de estar estupendas o al menos intentarlo).

Me monto en el coche, sintiendo claramente el film plástico envolviéndome por doquier. Joder, parezco una hamburguesa. Llego a la clínica, ding dong, mi querida Eva me recibe enseguida, bata, zapatillas y a la camilla, a sufrir un ratillo.

Cual Anibal Lecter prepara sus pócimas para disolver -supuestamente- las grasazas del cochinillo del fin de semana de hace tres años, que tal como veo el tema, las de antes de ayer (y los pinchos de Borja, y los caracoles del Castillo) todavía no han pasado a formar parte de mi ser. Comienza a pinchar. ¿Qué tal? Si te duele paro, eh, tú avisa. Pos no. Cual campeona estoy. Queman un poco, eso sí. Pero vamos, tan soportable como el láser y ni rechisto.

A Eva le extraña. Lo que me está metiendo, sencillamente, QUEMA. Le cuento que me he untado el tubo entero de crema anestésica concienzudamente. Pero qué bestia, dice.  ¿El tubo entero? Bueno, no. Ha quedado un culín. Para sufrir estamos, lo que me faltaba.

Acaba la sesión de meso -corta, por supuesto- y  salgo pitando a por mi coche para ir a la reunión de marras. Estoy SUPER ANESTESIADA. Me podría atacar el fantasma de Sadam con un cuchillo jamonero que no me enteraría ni del nodo. Me toco disimuladamente el abdomen. Nada. No noto nada. Joder, me cosquillean los dedos de los pies. Me he pasao con la crema anestésica fijo. Confío en poder reptar con mis patéticos brazos hasta el parking y conseguir articular palabra en la reunión porque a este paso me voy a convertir en un puto vegetal.

Entonces reparo en que no he comido. Coño, que será que la crema anestésica me ha dormido las tripas y ya ni las noto.  Cortinglés de Goya, compro dos sandwiches. Mecagonto. Consigo abrir y zampar el de salmón. El envase es una mierda y no hay cristo que lo abra sin pringarte hasta las meninges. Trato de abrir el de atún mientras voy por la M-30 dirección al Edificio Bronce de los cojones. No. Ni de coña. El envase está realizado a prueba de bombas nucleares y voy dando bandazos tratando de abrirlo. Entonces caigo en que justo enfrente de mi destino hay un VIPS estupendo donde -visto que llego con media hora de tiempo- podría haber comido algo decente, como una hamburguesa. Seré gilipollas.

Leñes. Llego, aparco, pongo el papelico de la hora, tiro el PUTO sandwich a una basura cercana y me voy al cliente. Me registro y llego a los ascensores. Se abre uno de ellos y entro. Mi trolley con el portátil me sigue. Pero no. El puto ascensor se cierra con mi portátil fuera. COÑO. COÑO COÑO COÑO!!! Que no se abre, el asesino éste!!! meto medio cuerpo, pues no me voy a quedar yo sin el portátil, encima de que no tengo backup,  comienzo a pegarle patadas a la puerta. Estoy atrapada y no puedo tocar la alarma, con una mano tiro del portátil, y el otro hombro lo tengo atrapado entre las dos puertas. Me estoy cagando en la madre que parió al arquitecto cuando por fin, la mala bestia abre las fauces y suelta mi portátil. Llevo una preciosa chaqueta blanca, increíble, no se ha manchado.

Eso sí, me duele el hombro que te cagas. Ay la leche, qué dolor. Me voy al baño a recuperar la normalidad, UF UF UF, hiperventilo antes de entrar en la reunión. Me reúno provechosamente, recojo mi carro -excedido en media hora el tiempo de aparcamiento- y me dirijo a mi madriguera base.

No he comido más que un sandwich mierdero y ataco sin piedad las alitas que mi asistenta -master en pollo asado- ha preparado para los niños. Mi hijo está depre por la mierda de notas que ha sacado y le he dado permiso para que salga a pegarle patadas al balón, que es lo que al género masculino relaja que te cagas. Eso sí, he rebañado los huesos de la cena de mi hija y le he robado una alita a mi hijo. A la mierda la sesión de meso, devoro el pulardo igual que un socio de Atila haría con una virgen.

Creo que -ahora, a las 20:24- puedo decir que he adelgazado localmente de forma considerable. Me la bufa lo que me haya metido en el cuerpo mi doctora, es el único médico del mundo que ha sido capaz de eliminarme la celulitis, y hoy, precisamente hoy, que recibo de mis tiendas on line mis bikinis, resulta especialmente esperanzador. Anda, si podré meterme dentro y todo! Hasta considero devolver un par de tallas 42 que -en un rapto de lucidez- he pedido. No, no nos pasemos que son de lycra. A una mala, los recoso.

Supongo que el sábado hará por fin día de piscina. Eso sí, mi doctora me avisó de que lo que me ha pinchado puede dejarme hematomas. Me la bufa. Iré a la piscina con bañador y medias y la banda de Miss Galapagar City, si se tercia. Llega un momento en que tus pintas te la soplan.

Hala.

Ahí me las den todas.

Silcas

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5 comentarios

  1. Hija mía, lo que no te pase a ti! xD Sales bien de la meso y te jodes el hombro con el ascensor, manda cojones! Espero que no te salgan muchos moratones cuando vayas a la piscina. 😉

    Saludos.

  2. Por cierto,

    cada cuando haces la meso¿???

  3. una vez a la semana… ¡y menos mal! 🙂

  4. Y qué crema anestésica utilizas¿??? pq la que utilizo yo duuuuueeeele iguaaaaaaalllll.. snif sniiiffffff….

    Que guaaaayyyy… no hay nada como ponerte a tomar elsol en la playa y la gente mirándote, pq claro, tu vas con tus moraditos tooo chulis pirulisss y la peña pensando.. la dará su marido¿???… qué fuerte… menudas huellas deja la meso… Olé!

  5. Lambdalina, va genial. Con eso ni te enteras.
    Y chica, a ver dónde te haces la meso, que a mí no me deja huella ninguna, si acaso algún moradín pequeño del tamaño de una uña del meñique que se va en dos días. La mano de quien te pincha es fundamental… !!

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