Sin luz, por favor

Y llegó por fin el primer día de piscina, blancos cuales lechugas (transparente -en mi caso- según mi compañero de oficina, el venezolano, que  trae el moreno de serie y tiene un color envidiable en cualquier época del año).

Dios mío. Y cada año es peor, claro, porque si hay algo evidente es que los cuerpos de las mozas NO mejoran  con la edad, por lo menos a partir de determinada quinta. Lo que pasa es que terminas compensándolo con un grado cada vez mas creciente de pasotismo integral, y ceguera selectiva; por ejemplo yo a las adolescentes, directamente, ni las veo, incluso a alguna le piso las tetas sin darme cuenta, y eso ayuda a que la autoestima no se caiga por los suelos. Es lo que viene siendo conocido como “ceguera de la orca”, que arrasa con lo que tiene delante sin reparar en ello.

Tras la inauguración piscinil, fuimos a comer al japo de turno, a que nuestros vástagos se pusieran ciegos de “chuchi”, como pedía mi hija de 5 años al camarero con la mayor seriedad del mundo. Y a punto estuvimos de tener un lamentable accidente cuando pretendió zamparse un maki entero y el alga se le atragantó en la garganta. Menos mal que tiré rápidamente del elemento extraño, porque ya me veía toda la tempura y el rollito vietnamita a medio deglutir encima de la mesa. La pobre lloró un poquito por el susto y enseguida se le pasó el mal trago (nunca mejor dicho) y atacó con fruición la crepe de pato laqueado. Cómo zampan, la leche.

El día del partido España-Chile, recogiendo la mesa de la cena, mi hijo rompió un molinillo lleno de sal aromatizada con hierbajos, así que no os extrañe si perdemos contra Portugal. Claro, que habrá que ver si es culpa del mal fario del salero o de lo mantas que somos. Lo bueno de currar en una multinacional es que tienes compis con los que meterte en cualquier lugar del mundo. El día del partido teníamos a la dirección ejecutiva en pleno en Chile, a eso le llamo yo viaje de riesgo. Y según parece, mañana lunes harán acto de presencia en España, vivitos y coleando. Ay, chilenos, pero qué poco compañerismo! Vaya ocasión que habéis desperdiciado, degollamiento colectivo de la dirección con eximente de trastorno mental transitorio por empanamiento futbolero.

Pero mira que siempre nos hacen lo mismo y no escarmentamos; la selección primero comienza fatal, perdemos partidos absurdos con equipos más bien humildes, luego nos crecemos y nos venimos arriba para finalmente pegarnos un leñazo en el último momento cuando ya hemos pasado de fase, en la prórroga, por “nervios” (pero qué nervios, con lo que gana esta gente deberían tener los nervios prohibidos) o con gol en propia puerta. Semos asín. En cuanto a los comentaristas, sin comentarios, a partir de ahora voy a ver los partidos con los compañeros y haciendo risas, porque mejor no escucharlos. Y cuánta gente hay que tiene banderas de España en casa, joer, yo creía que era exclusivo de los que íbamos hace algunos años a las manifestaciones, cuando este país aún tenía oposición. Ahora parece que está todo lleno de patriotas, hasta el bar más infecto con su banderita en la puerta. Claro, es que hay partido. Que si no, de qué.

Y en fin, ayer, antes de volver a casa, pasamos por un sitio de cosas de cocina a comprar la sal dichosa, que nos hemos aficionado mucho a ella y aliñar las ensaladas con otra cosa pues no es lo mismo, y entonces entonces me enteré de hasta qué punto la tecnología puede favorecer el pijerío total.

Buenas, que quería un bote de sal del himalaya con hierbas recogidas al atardecer, y ya puestos si tienes un molinillo pues también, que el arrebañaorzas de mi hijo lo destruyó ayer con la emoción del partido. Pues sí, tenemos molinillos (huy qué mono es el cacharro), y -me insiste la dependienta- ¡tiene luz!. Comor. Que sí, que tiene luz, así ves lo que echas en la comida. Ya. ¿Y no te puedes poner debajo de una lámpara, que es lo suyo? La dependienta me sonríe encogiéndose de hombros. Vale, Y cuánto cuesta la mariconada ésta? Cincuenta euros. Se me escapa una carcajada, no lo puedo evitar. Anda, dame la sal que ya -si eso- me lo pienso. Un molinillo con luz. Para que mis vástagos lo utilicen como linterna cuando juegan a los indios y las casitas, no te digo.

Naturalmente, adquirí un estupendo molinillo y de los grandes en el chino del polígono por 3,50 euros.

Y mañana comienza el campamento de verano, gracias a Dios, más que nada por los pobres abuelos, que están a punto de hacerse el harakiri de aguantar a las bestezuelas semisalvajes después de fin de curso.

Feliz domingo.

Silcas

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Una respuesta

  1. Manda cojones con tu hijo y la sal! xD Espero que no tengáis 7 años de mala suerte. 😛

    Eso, o que España no pasa a la final… (que Alemania está muy fuerte) ¬¬

    Saludos.

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