Ultimos coletazos

Digamos que en cuanto te pones perezosa para soportar la arena, la sal y los chiringuitos, y comienzas a mirar centros comerciales con ojos de carnero degollado, es síntoma claro de que has tenido suficiente playa.

Y si  rematas adquiriendo algo de ropa de otoño en el Zara de turno, es que estás lista para la reentré. En mi caso, cayeron dos faldas, una camiseta y un chaleco peludo (yo no uso chaleco, así que mi estado debe ser crítico). El remate fue la compra de medias en Marks&Spencer, un hecho de lo más revelador.

Lo más importante para reincorporarse a la vida diaria sin ningún tipo de depresión post-vacacional, es encontrar la suficiente motivación para que te apetezca volver a la rutina. Lo de la rutina está injustamente denostado, porque tiene su encanto, sobre todo para los enanos, los cuales comienzan a ponerse perezosos incluso para salir a la piscina, que dicho sea de paso, está a la vuelta de la esquina.

La playa agota a cualquiera, y eso que por aquí no abusamos: de 11,30 a 14, y a correr a cobijarse al aire acondicionado de casita hasta eso de las 6. Eso de quedarse todo el día en la playa me parece inhumano, con el caló, la sudó, la mieda en los pies… no tengo alma de chiringuito marbellí, y en realidad, lo único que me parece interesante es que te traen la cervecita a la hamaca (eso sí, para que te traigan las malditas aceitunas tienes que insistir, mañana sin falta retomo la costumbre de neverita con cervezas y pepinillos y que les den por saco).

Los guiris son bastante silenciosos, lo cual los convierte en compañeros de tumbona bastante tolerables, pero los de la tierra,  son para freirlos en aceite de oliva. Hoy, una nativa de edad crecidita -digamos que 16- increpaba a su hermano porque pretendía arrebatarle la raqueta que le había regalado su mamá. TONTOPOLLA!!! le chilló delante de toda la playa. Mis hijos. Mamá, que ha dicho esa señora (me conmueve ver que a mi hija de 6 años una adolescente le parezca una señora, es una manera de rejuvenecerme como otra cualquiera). Nada hija, que es un poco burra y habla fatal. Mi hijo; ha dicho TONTO-y lo que sigue. Si hijo sí. A que dice muchos tacos?. Sí, y es fea. Se da media vuelta y se marcha a seguir jugando con una amiguita inglesa de su edad, monísima, rubísima y con bikini negro. Le debe gustar mi hijo porque hasta le ha dejado el retel para pescar bichos. Mi hija ejerce de cuñada y se une al grupo para buscar libélulas y echárselas a los peces. Entretenidos están un rato…

A lo que vamos; motivos para volver al cole:

1. Renovar el armario, no exactamente a base  de nuevas adquisiciones, pero sí a base de quitar de enmedio toda la ropa de playa, que ya incluso resulta cansina, y rescatar algo de ropa otoñal. Estoy de pantaloncitos, camisetitas y vestididos hasta las narices.

2. Presumir de bronceado en la oficina. Es lo que tiene irte de vacaciones la última, jejeje. Todos los demás, ya ni parece que hayan olido la playa, y tú, exultante, con un bronceado caribeño del nueve.

3. Empezar en el gimnasio. A ponerse cachas, bieeen!! Estoy deseando comenzar, ya hice una sesión de prueba y me va a ir de perlas.

4. Los enanos al cole. Por fin la tranquilidad, la serenidad y el orden vuelven a reinar en la vida familiar, se acabó la coña marinera de acostarse a la hora que sea y estar todo el día medio dormido y de mal humor, comer cualquier guarrería e inflarse de palomitas en el cine.

5. Volver a dormir en tu cama!!!! bieeeen!!!! Si es que en casa se está como en ningún sitio!! echo de menos mi almohada, y el colchón no digamos!!

6. Poner en marcha planes malignos para destruir tu madriguera base, de esos que inquietan a cualquier cónyuge, a saber por orden de acojone:

a) Redecorar el cuarto del enano de 9 años. Que ya vale de peluches y barcos piratas, a tomar por saco medio parque juguetil, pintura y reorganización de infraestructura. Si me oyeran Buzz Lightyear y Woody se les pondrían los pelos como escarpias …

b) Redecorar el cuarto de la enana, lo cual implica tirar el armario de bebé que tiene, liquidar también peluches y juguetes para menores de 3 años y convertirlo en un cuarto para niña de 6 añitos. Eso incluye por supuesto la adquisición y montaje de algo con -más o menos- esta pinta, no necesariamente con estos colorines, ni con este formato:

c) Intercambiar cuarto del enano por el nuestro, mudarlo junto al de su hermana y apoderarnos de su habitación, que es más grande que la nuestra. La operación incluye tirar abajo el cuarto de baño y actualizarlo con -por ejemplo- una ducha de hidromasaje o artefacto relajante similar.

d) Reformar la cocina. Creo que éste es el peor porque es el más caro, aunque es el que menos esfuerzo personal requiere.

Así que comprenderéis que estoy deseando volver a poner las manos en la masa y hasta pienso aprender a pintar a brocha gorda. No pienso tener piedad con ningún juguete, colcha vieja, artefacto inútil o zapato de más. Si tuviera una varita mágica, me libraba de la mitad de lo que hay en casa.

Silcas

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Fauna playera – I

Ouf, es que a mí, los banusinos, me ponen. Sean autóctonos o de importación, es que se salen. Así que heme aquí, una vez más saliendo de mi letargo estival para postear sobre el tema.

Hoy, día 2 de la quincena vacacional en puerto banús city, me atrevo a abandonar la seguridad de mi madriguera base para acudir al hipercor, a ver si era posible hacerse con algún bicho para echar a la sartén, tipo carabinero o gambón. Y carabineros había, gigantescos y a 80 euros el kilo, así que casi no. Me voy a por los gambones, que están bien ricos, y a 9,90 euros/kilo. Los hago a la sal, a saber, sartén con el fondo cubierto de sal gorda, bichos encima, y papel albal cubriendo la sartén. 5 minutos, y listos.

Lo que veo en el mostrador me da un cierto repelo. El hipercor de puerto banús no es famoso por su calidad, por su respeto a la cadena de frío, ni por la frescura de sus “frescos”. Me han llegado a vender empanadillas congeladas con una respetable capa de moho verde congelado. Miedo me dan.

Pregunto al dependiente por los gambones para plancha, y me intereso -a la vista del lamentable estado de los especímenes expuestos- por si tienen más en el interior. Naturalmente, me responde. Al menos aquí, el concepto gambón está claro, no como en mi última visita a un Supercor de Zaragoza: Hola maña, quería dos kilos de gambones. La dependienta me mira como si le hubiera pedido babas de alien. Eso no existe. Ah. Qué hermosa la diferencia entre razas y culturas, qué bonito el cosmopolitismo. No sé de qué me hablas, luego no existe. Ahí estamos. Trato de describirle el animalito. Todas las señoras de la pescadería me miran por encima del hombro. Madrileña tenía que ser. Gambones pide, nada menos. Al final, la pescatera me suelta: Lo que usted me pide es lo que viene siendo “gamba langostinera”. GAMBA LANGOSTINERA. Pero si digo yo que en este pueblo se inventan las palabras!!! Me muestra cuatro gambas mugrientas que le quedaban, mustias y amariconadas. Le digo que yo eso no se lo llevo ni a mi perro, que el marisco podrido, lo mejor que se puede hacer con él, es enterrarlo, y bien profundo. Que me dé esas dos lubinas, que no tienen pinta de cadáver y ya veré que hago con ellas.

A punto estoy -meses después- de decirle lo mismo al dependiente del hipercor de hoy. Que a mí eso no me lo ponga y que me saque los gambones “de dentro”. Están congelados, me responde. No importa, me los llevo. Y los saca, y me los pone -buenísimos, por cierto.

Cuando por fin abandono el hipercor en dirección a mi madriguera base, una churri rubia-de-bote-conejo-negrote, a bordo de un impresionante mercedes, trata de incorporarse al paseo marítimo procedente del club náutico. Te jodes, tía, no pienso dejarte poner. Debe ser que su coche NO es de renting, porque clava el freno y me mira con cara de mala hostia. Yo, a bordo de mi audi, “criatura con ruedas” cortesía de mi empresa, la observo con suficiencia. Hala, come Mercedes, capulla, que por aquí no pasas.

Qué pinta tiene la peña, por favor. Parezco una homeless en comparación con la población de la zona. Cónyuge A, esta mañana, me informa de lo que había en la piscina. Deberías verlo, TODAS operadas de las tetas.

Creo que mañana -que también hará mal tiempo- volveré a visitar a mi amiga Isabel, de Dessange, a que me unte las mechas con su cuenco, cual hechicera de la tribu. Me da una pereza que te mueres volver a madrís y pasar por la pelu nada más llegar, pero es que comienzo a tener un aspecto más bien lamentable.

La blackberry me permite seguir conectada con mis amigotes y compañeros de curro, y hemos entrado en una competición fotográfica sobre dónde hace mejor tiempo, la cual he ganado por goleada gracias a una extraordinaria semana en las rías baixas, el único lugar en españa donde ha hecho sol, sol y más sol, mientras Denia, Cádiz y Marbella se sumían en una pertinaz -y asquerosa- llovizna.

Y a todo ésto, como curiosidad, el cartel que me llamó la atención en las autopistas -o autoestradas- gallegas.

La virgen. Una infracción que no he cometido ¡que morbo!, “tirar cabichas”, nada menos. ¿Qué tirará por aquí la peña? Cabichas? Igual es la prima hermana de la lamprea, o la sierpe de ferrol, cualquiera sabe.

Qué barbaridad, peligroso debe ser un rato; 4 punticos nada menos, por tirar una cabicha al asfalto. ¿Serán venenosas? Igual te muerden el culo, en cuanto te despistas un momento del volante.

Más peligrosa me parece la incompetencia al volante que demostró un buen número de gente durante el viaje de ida a marbella, a 200 kms de córdoba. De pronto, y sin previo aviso, cayeron los rayos, las centellas, la manta de agua y el santo advenimiento sobre la A-4. No era un simple diluvio, era una maldita tromba que hacía que no se viera más allá de las narices. Y qué hizo la peña? Clavar el coche y desviarse huyendo aterrados a las vías de servicio, que en pocos minutos se convertirían en barrizales, y PARARSE ALLÍ en medio como gilipollas, montando un atasco que te cagas y propiciando todo tipo de situaciones más bien jodidas, sobre todo para los camiones que trataban de meterse en dichas vías y se las encontraban taponadas por paisanos con coches llenos de niños, tablas de surf y remolques con avituallamiento.

Un capullo -no había otro nombre- había bloqueado el carril derecho de la autovía porque -madre de mi alma-, un bloque de plástico rojo y blanco, de esos que se usan para señalizar, se había movido y había invadido parte de la carretera por el agua. Pero mamón, dale un toque con el coche, y lo apartas, o te bajas y lo mueves. Pues no, ahí estaba, como un mamerto, con el intermitente puesto, a ver si podía meterse en el carril izquierdo, donde los que íbamos circulando no teníamos la menor intención de parar en la piscina en la que se había convertido la carretera.

Poco a poco, circulando con lentitud y manteando el aquaplanning, conseguimos abandonar la zona de catástrofe -el sentido contrario estaba ya cortado por similares comportamientos- y salimos a la luz del sol, momento en que los peques aprovecharon para pedir su condumio, que les había entrado la gazuza. Criaturicas.

En fin. Mañana lloverá -o no- y habrá que mantener entretenidas a los cinco enanos que tenemos por aquí, que no es poco.

Silcas

Cerrado por vacaciones

Un poco obvio el post, pero al ver al Oraculador lanzándose al noble arte del blogueo, que digo yo que habrá que despedirse del personal y decir que hasta septiembre, a ver si volvemos todos más relajaditos y con menos prisas…

Os dejo como cabecera una bonita vista de las cíes desde Baiona sur mer, y una foto de mi hijo a punto de zambullirse con su tabla en las gélidas aguas gallegas… a la vuelta prometo post sobre lo que viene siendo la gamba langostinera y su ilustre historia.

FELICES VACACIONES !!!