Fauna playera – I

Ouf, es que a mí, los banusinos, me ponen. Sean autóctonos o de importación, es que se salen. Así que heme aquí, una vez más saliendo de mi letargo estival para postear sobre el tema.

Hoy, día 2 de la quincena vacacional en puerto banús city, me atrevo a abandonar la seguridad de mi madriguera base para acudir al hipercor, a ver si era posible hacerse con algún bicho para echar a la sartén, tipo carabinero o gambón. Y carabineros había, gigantescos y a 80 euros el kilo, así que casi no. Me voy a por los gambones, que están bien ricos, y a 9,90 euros/kilo. Los hago a la sal, a saber, sartén con el fondo cubierto de sal gorda, bichos encima, y papel albal cubriendo la sartén. 5 minutos, y listos.

Lo que veo en el mostrador me da un cierto repelo. El hipercor de puerto banús no es famoso por su calidad, por su respeto a la cadena de frío, ni por la frescura de sus “frescos”. Me han llegado a vender empanadillas congeladas con una respetable capa de moho verde congelado. Miedo me dan.

Pregunto al dependiente por los gambones para plancha, y me intereso -a la vista del lamentable estado de los especímenes expuestos- por si tienen más en el interior. Naturalmente, me responde. Al menos aquí, el concepto gambón está claro, no como en mi última visita a un Supercor de Zaragoza: Hola maña, quería dos kilos de gambones. La dependienta me mira como si le hubiera pedido babas de alien. Eso no existe. Ah. Qué hermosa la diferencia entre razas y culturas, qué bonito el cosmopolitismo. No sé de qué me hablas, luego no existe. Ahí estamos. Trato de describirle el animalito. Todas las señoras de la pescadería me miran por encima del hombro. Madrileña tenía que ser. Gambones pide, nada menos. Al final, la pescatera me suelta: Lo que usted me pide es lo que viene siendo “gamba langostinera”. GAMBA LANGOSTINERA. Pero si digo yo que en este pueblo se inventan las palabras!!! Me muestra cuatro gambas mugrientas que le quedaban, mustias y amariconadas. Le digo que yo eso no se lo llevo ni a mi perro, que el marisco podrido, lo mejor que se puede hacer con él, es enterrarlo, y bien profundo. Que me dé esas dos lubinas, que no tienen pinta de cadáver y ya veré que hago con ellas.

A punto estoy -meses después- de decirle lo mismo al dependiente del hipercor de hoy. Que a mí eso no me lo ponga y que me saque los gambones “de dentro”. Están congelados, me responde. No importa, me los llevo. Y los saca, y me los pone -buenísimos, por cierto.

Cuando por fin abandono el hipercor en dirección a mi madriguera base, una churri rubia-de-bote-conejo-negrote, a bordo de un impresionante mercedes, trata de incorporarse al paseo marítimo procedente del club náutico. Te jodes, tía, no pienso dejarte poner. Debe ser que su coche NO es de renting, porque clava el freno y me mira con cara de mala hostia. Yo, a bordo de mi audi, “criatura con ruedas” cortesía de mi empresa, la observo con suficiencia. Hala, come Mercedes, capulla, que por aquí no pasas.

Qué pinta tiene la peña, por favor. Parezco una homeless en comparación con la población de la zona. Cónyuge A, esta mañana, me informa de lo que había en la piscina. Deberías verlo, TODAS operadas de las tetas.

Creo que mañana -que también hará mal tiempo- volveré a visitar a mi amiga Isabel, de Dessange, a que me unte las mechas con su cuenco, cual hechicera de la tribu. Me da una pereza que te mueres volver a madrís y pasar por la pelu nada más llegar, pero es que comienzo a tener un aspecto más bien lamentable.

La blackberry me permite seguir conectada con mis amigotes y compañeros de curro, y hemos entrado en una competición fotográfica sobre dónde hace mejor tiempo, la cual he ganado por goleada gracias a una extraordinaria semana en las rías baixas, el único lugar en españa donde ha hecho sol, sol y más sol, mientras Denia, Cádiz y Marbella se sumían en una pertinaz -y asquerosa- llovizna.

Y a todo ésto, como curiosidad, el cartel que me llamó la atención en las autopistas -o autoestradas- gallegas.

La virgen. Una infracción que no he cometido ¡que morbo!, “tirar cabichas”, nada menos. ¿Qué tirará por aquí la peña? Cabichas? Igual es la prima hermana de la lamprea, o la sierpe de ferrol, cualquiera sabe.

Qué barbaridad, peligroso debe ser un rato; 4 punticos nada menos, por tirar una cabicha al asfalto. ¿Serán venenosas? Igual te muerden el culo, en cuanto te despistas un momento del volante.

Más peligrosa me parece la incompetencia al volante que demostró un buen número de gente durante el viaje de ida a marbella, a 200 kms de córdoba. De pronto, y sin previo aviso, cayeron los rayos, las centellas, la manta de agua y el santo advenimiento sobre la A-4. No era un simple diluvio, era una maldita tromba que hacía que no se viera más allá de las narices. Y qué hizo la peña? Clavar el coche y desviarse huyendo aterrados a las vías de servicio, que en pocos minutos se convertirían en barrizales, y PARARSE ALLÍ en medio como gilipollas, montando un atasco que te cagas y propiciando todo tipo de situaciones más bien jodidas, sobre todo para los camiones que trataban de meterse en dichas vías y se las encontraban taponadas por paisanos con coches llenos de niños, tablas de surf y remolques con avituallamiento.

Un capullo -no había otro nombre- había bloqueado el carril derecho de la autovía porque -madre de mi alma-, un bloque de plástico rojo y blanco, de esos que se usan para señalizar, se había movido y había invadido parte de la carretera por el agua. Pero mamón, dale un toque con el coche, y lo apartas, o te bajas y lo mueves. Pues no, ahí estaba, como un mamerto, con el intermitente puesto, a ver si podía meterse en el carril izquierdo, donde los que íbamos circulando no teníamos la menor intención de parar en la piscina en la que se había convertido la carretera.

Poco a poco, circulando con lentitud y manteando el aquaplanning, conseguimos abandonar la zona de catástrofe -el sentido contrario estaba ya cortado por similares comportamientos- y salimos a la luz del sol, momento en que los peques aprovecharon para pedir su condumio, que les había entrado la gazuza. Criaturicas.

En fin. Mañana lloverá -o no- y habrá que mantener entretenidas a los cinco enanos que tenemos por aquí, que no es poco.

Silcas

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2 comentarios

  1. Menos mal que este año no voy de vacaciones.

  2. Yo también vi el cartel ese de las cabichas, qué curioso palabro. Por lo visto significa colillas (las de los cigarrillos…), aunque pregunté a un par de lugareños y ambos aseguraban que no conocían semejante término hasta que lo vieron sobreimpresionado en el videomarcador de las autoestradas.

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