Halloween Reloaded

Un año más, tenemos Halloween encima, y previa exposición de que  cada cual haga lo que le plazca, no me aporta a mí mucho eso de vestirse de mamerto e ir por ahí pidiendo chuches o celebrar bailes de jaloguin.

Pero bueno, insisto, cada uno que lo celebre como le dé la gana -si es que hay algo que celebrar- que en mi casa, que por algo es mía, lo celebraremos al puro estilo de la wicca. O de la brujería o como lo queráis llamar, que aquí esta noche en la terraza, entre los vientos huracanados de la sierra, rodeados de fantasmas,  murciélagos y espectros, nos curraremos una queimada. Hablo en plural porque es manía de consultor, aquí al final, quien se va a montar y currar la queimada es la nena.

Y como tal idea se me ocurrió comiendo hoy en el parador de La Granja (en realidad se les ocurrió a mis primas y yo me apunté al carro y entré al trapo con entusiasmo), y como es domingo y eso, y no hay nada abierto, me lanzo al mundanal ruido a ver si encuentro orujo blanco a eso de las 7 de la tarde en el opencor. Y no, no hay orujo blanco. Tienen esas mariconadas de hierbas de ruavieja y el afilador, que no valen para la ocasión por mucho que el dependiente de 18 años y medio del opencor se empeñe en convencerme de que sí.

Cagonlá. He comprado los limones, el café en grano y el azúcar, pero me falta lo más importante, el puto orujo.

Joder joder, que fallo.

De pronto caigo en la solución mas simple, que suele ser la buena. En la puerta de mi casa hay un hermoso restaurante gallego, a cuyo dueño conocemos bien y no se negará a proporcionarme orujo blanco. O me lo vende o lo robo, él mismo.

Así que allá que me voy, entro derrapando y volando, dado que he dejado a ocho niños en mi casa, junto con 6 adultos, claro, y justo estoy en ese límite entre la hora de baños y cenas.  Prácticamente he huído de casa -estoy considerando no volver- así que mejor me doy prisa y no lo pienso demasiado.

Entro en el bar, pregunto por el dueño a un camata que no conozco. Que está de viaje. Nos ha jodido. Claro, qué otra cosa cabría esperar, un puente, el tío ha salido a pulirse lo que nos cobra a base de bogavantes y percebes (claro, que a nosotros casi que no, más bien al resto de madrid oeste).

Le cuento mi “libro”. Que quiero hacer una queimada y quería ver si me vendían una botella, que no tengo orujo. El tío se agacha debajo del mostrador. Que cuánto quiero. Joder qué majo! Pues un litro, corazón. Que para cuántos quieres. Que para seis personas (tenemos una embarazada entre nosotros pero su marido bebe por dos, conque la aritmética sale). Qué dices, un litro. Con eso no tienes ni para dos. Joder, camarada, que va de hacer la gracieta y quemar el orujo y recitar el conxuro y tal y tal, no de mazarnos a base de queimada!

Me saca una GARRAFA GIGANTE y me la entrega. Que ya haré cuentas con el dueño. Coño. Como las sardinas frescues, agarro mi garrafa de orujo (el resto del bar me mira con pena, joder, tan joven y alcojólica perdida)  y me largo.

Por el camino me voy encontrando grupitos de niños vestidos de esqueleto, bruja o vampiro, con sus calabazas de plástico. Ajem. Y yo con mi garrafa gigante sentada en el asiento del copiloto.

Cuando llego a casa con mi botín, me encuentro a los nueve habitantes de mi hogar, mis hijos incluidos, DISFRAZADOS y a punto de salir por la puerta con su tía. Mi hijo va de darth vader y mi hija de princesa gótica, no es que vayan muy de terror, pero es lo que hay. Aquí la cosa es disfrazarse.

En fin.

Me rindo a la evidencia, que hagan lo que les venga bien, que yo ya paso de aleccionar a mis hijos con respecto a lo que yo creo, que se diviertan y quizá algún día, cuando me jubile, me vaya a vivir a un país donde la gente celebre sus tradiciones y no se dedique a pisotear las propias y adoptar las ajenas. Así que yo me entrego a la brujería, qué pasa.

En un rato, cuando los enanos se hayan desmayado tras el intensivo día de hoy -la peaso propina que se ha llevado la canguro se ha ha ganado hasta el último céntimo de euro, que los críos son tela marinera- saldré a la terraza y procederé a recitar el conxuro y hacer algo realmente útil la noche de difuntos, que es quitarme de encima a las bruxas y a las meigas. Que haberlas haylas, oiga. Doy fe.

Y además, que a mí una bolsa de chuches me cuesta dos días seguidos  de elíptica.

http://www.galinor.es/galeria/queimada.html

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.

Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas.

Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras.

Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas.

Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos,

cheiro dos mortos, tronos e raios. Oubeo do can, pregon da morte,

foucinho do satiro e pe do coello.

Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello.

Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos

mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida.

Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira,

guedella porra da cabra mal parida.

Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno,

e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas.

¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no agoardente,

quedando asi purificadas. E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas,

quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento.

Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que

tendes mais poder que a humana xente, eiqui e agora, facede cos espritos

dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.