Liciting indoor

AHHHH, esas aperturas de plicas, pero qué divertidas son. Que gran variedad, qué diversidad de modalidades, que sorpresas tan gratas nos deparan.

Y cómo mola, eso de levantarse a las 04:45, tras no haber pegado ojo debido a la inquietud (sonará el despertador?), para encaramarte al AVE-chucho de turno. Hablando de chuchos, ni el maldito cánido se ha levantado de su colchoneta para decirme “guau”, toda la casa frita. Salgo de mi hogar calentito, y me toca practicar un poquito de aquaplanning por la A-6… que estaba fina, esta madrugada, ooh qué bonitos resbalones, qué bañeras tan profundas. Qué divertido pasar al lado de un autobús de línea, entre ráfagas de viento hipo-huracanado y una manta de agua. Cómo despeja la mente y activa los reflejos. Sí señora.

Y una llega a Atocha de buena hora, aparca, y a las 6 en punto está como un clavo esperando a que abran el embarque del ave de las 6,30. Y embarcas, muerta de sueño, te apoltronas en tu sillón, y según arranca el tren con destino a Sevilla, donde se iba a producir la mencionada apertura de plicas, la megafonía te inquieta y sobresalta a partes iguales. Que por inclemencias meteorológicas no se garantiza la puntualidad. Normal. Para una vez que tengo que llegar puntual por narices. Y me lo sueltan ahora. Ah, que no lo sabían una hora antes. Podrían haberlo indicado en el embarque y a lo mejor me subo rauda en “criatura con ruedas” y me piro a Barajas a asaltar cualquier vuelo, dirigible o avioneta particular con destino a Sevilla.

Pero no. Me lo dicen ahora, que ya no puedo hacer nada más que decir adiós con la manita al andén de mis amores.

Fantástico. En teoría debo llegar 09:15 y estar en Tomares -aledaños sevillaños- a las 10 en punto. Eso me deja francamente poco tiempo, no digamos si el ave llega más tarde.

Trato de no pensar demasiado y confiar en la providencia. Al menos la peli es divertida, y me entretiene. Cuando acaba, me voy a la cafetería a desayunar un sandwich y… (bueno, diremos que pedí un CORTADO gigante, doble de café y con poca leche para espabilarme, y me traen una LECHE MANCHADA con tan poco café que se la bebería hasta mi hija, esto más que despejarme es como el biberón de las 4, me va a dejar sobada)

Me vuelvo a mi asiento, y observo el reloj inquieta. Hemos pasado Córdoba, pero me parece que ni de coña llegamos a y cuarto. Efectivamente. Son las 9,30 cuando el tren para en el andén de Santa Justa. A correr los sanfermines.

Al menos tengo suerte con el taxista, que se convierte en Fernando Alonso ante mis angustiosas llamadas a compañeros de mi oficina de Sevilla para que se acerquen al magno evento por si yo no consigo llegar. No se preocupe uté, me dice, que atajando por la Expo llegamos enseguía. Póngase el cinturón. Oiga, que no quiero morir. Aún no. No sin haber escuchado el precio de mi competencia, que es el objetivo del viaje. Se salta los pasos de cebra de tres en tres, ignorando por completo a los peatones que los pueblan, mientras la menda, entre sobada y aterrorizada, se agazapa en el asiento trasero mirando el reloj.

Llego a menos cinco, le doy propina y salto del taxi, me equivoco de planta, subo al piso adecuado, y encuentro a mi compi charlando tranquilamente con otro morador de la sala de reuniones. La chica de la recepción me toma nota del nombre, empresa y DNI. “Casi no llego, maldito Ave…”. Me mira ojiplática. ¿Ha venido desde Madrid sólo para ésto? Oooh si. Ya lo creo que sí. No considero necesario informarle de que a mí en aperturas de plica económica me las han jugado de todos los colores posibles, y que ya no me arriesgo jamás. Le parece incomprensible. Aaaay… si yo te contara, guapa.

Abrimos plicas, ningún motivo para mis nervios estomacales, no me han tirado el documento a la cara, y de precio no vamos mal del todo, en la  mitad de la tabla, así que me tomo un café asqueroso con mi compi y me vuelvo a Santa Justa. Llego con tiempo, me compro un par de revistas, un libro, y ¡hala! a Madrid otra vez. Esta vez, a las 12 me atizo un suculento bocata calentito de jamón serrano y una birra. Llego justo a tiempo para comer con mis amigotas ex colegas de empresa, y luego a las 5, una presentación a la cual llego hecha puré de patatas. Al menos, es breve.

Recados varios y vuelta al hogar, en el cual me encuentro, y donde pienso desmayarme dentro de 1 hora igual que Ella Laraña en su madriguera.

 

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Una respuesta

  1. La vida del ejecutivo. Ahora entiendo el porque de lo del ejecutivo agresivo. Menos mal que parece que tengas un gran autocontrol.

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