Peace&Love

Hoy tenía yo mi primera clase de Yoga (Hatha yoga para ser mas exactos), y salí corriendo de mi madriguera base para llegar a las 14:30 cual clavo puntual.

Tras arrojar el coche en un parking cercano, accedo al edificio -vetusto y con historia- situado en mitad de una céntrica calle de Madrid.

Me abre mi gurú reglamentario el cual se disculpa y me dice que olvidó avisarme de que la clase comienza a las dos y cuarto en vez de a y media (estaría en pleno nirvana, supongo), así que me despeloto cual rayo cósmico y siguiendo sus instrucciones entro en la clase descalza -yo soy muy obediente y no me puse calcetines- y me encuentro al gurú con otras tres discípulas -afortunadamente tan tordas como yo- haciendo cosas con las manos. Eso sí, al menos ellas llevan calcetines. Cuestión de matices, eso de “descalza”.

Según parece, hoy vamos a ver algo de tai-chi, porque la profe de yoga no ha podido venir, así que el hatha este se queda para el lunes que viene.

Mis siete estómagos rugen. Como -repito- soy muy obediente, he  ido sin comer, con el estómago vacío. Claro, que así he estado a punto de marearme después de las siete vueltas del arbol de las mil putas hormigas, que casi me voy al suelo girando con los ojos cerrados cual giróvago chepudo.

La verdad es que tiene un punto más bien fascinante. Relajarme, me ha relajado, eso sin dudarlo. Y he mentido descaradamente al gurú, que seguro me estaba leyendo la mente. Pues vaya garito de palo, joder, si ni siquiera  hay taquillas para dejar las cosas. Ya me enseñarán a comprar ofertas por internet, ya. Por lista.  Etc. Que no pensemos en nada, que quiere que tengamos la mente en blanco. Ya tío, eso explícaselo a la mía, que es hiperactiva y multitarea, y va a 2000 revoluciones como velocidad estándar.

Y ahí estás, en la postura del arbol, mirándote las zarpas y preguntándote dónde demonios habrá sacado la chusqui de enfrente los calcetines con cara de gorila. Y yo sin mis calcetos, al menos consigo no resbalarme, que no es poco.

El gurú es ligeramente dictatorial. Nos corrige las posturas, y se ensaña especialmente con una de las dos chusquis. Que rebeldes sois los jóvenes, comenta, mientras le sube los brazos y le dice que ponga la postura del pato. Le miro de reojo. Tú sigue con esos comentarios, que te llevas una leche por grasioso.

Y de pronto, son las 15:30. Impresionante, se me ha pasado la hora de clase volando.

Vuelvo volando a mi madriguera base, y llego antes que mi jefe, menos mal, porque entre pitos y flautas me he pasado un pelín. Tengo un hambre atroz, hasta me duele la cabeza, seguramente de tanto concentrarme en no pensar. Voy a la cantina y fagocito una pequeña chapata de salmón y un zumo de naranja y manzana.

Ahora me acabo de colocar unas alcachofas hervidas.

Estoy de un sanote y de un zen que doy asco.

Y mañana es la prueba de fuego, la cena del fin de año ruso, donde tendré que hacer verdaderos esfuerzos para no cenar con la bebida oficial que es -por supuesto- el vodka ruso.

Ay.

Silcas

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2 comentarios

  1. Oye, pues quitando el estrés, molaaaa!!!

  2. Está muy bien, me he apuntado a dos días por semana, y además lo combino con el gimnasio.
    La alimentación también es muy importante, sobre todo la cena: muuuy ligera, casi que te quedes con hambre.

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