Fusiones bancarias

 

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Ahorrando gasolina

No sé si será verdad, pero suena coherente…

Gracias Gabriel, por enviármelo!!

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El autor de este texto trabaja en una refinería desde hace 31 años.

1er Truco: Llenar el depósito por la mañana temprano.La temperatura ambiente y del suelo es más baja. Todas las estaciones de servicio tienen sus depósitos bajo tierra. Al estar más fría la tierra, la densidad de la gasolina y del gasóleo es más pequeña. Al contrario pasa durante el día, que la temperatura del suelo sube, y los carburantes tienden a expandirse. Por esto último, si usted llena el depósito al medio día, por la tarde o al anochecer, el litro de combustible no será un litro exactamente.

En la industria petrolera, la gravedad específica y la temperatura de un suelo, juegan un papel muy importante.

Donde yo trabajo, cada carga de combustible en los camiones es cuidadosamente controlada en lo que respecta a la temperatura. Para que cada galón vertido en la cisterna del camión sea exacto.

2º Truco: Cuando llene el depósito, no apriete la manilla del surtidor al máximo.

Según la presión que se ejerza sobre la manilla, la velocidad del surtidor puede ser lenta, media o alta. Elija siempre el modo más lento y ahorrará más dinero.

Al surtir más lentamente, se crea menos vapor, y la mayor parte del vertido se convierte en un lleno eficaz. Todas las mangueras surtidoras devuelven el vapor a al tanque.

Si llenan el depósito apretando la manilla al máximo un cierto porcentaje del precioso líquido que entra en el depósito se transforma en vapor y vuelve por la manguera del surtidor al depósito de la estación. Con lo cual, consiguen menos combustible por el mismo dinero.

3er Truco: Llenar el depósito antes de que este baje de la mitad.

Mientras más combustible haya en el depósito, menos aire hay en el mismo. El carburante se evapora más rápidamente de lo que usted piensa. Los grandes depósitos cisterna de las refinerías tienen techos flotantes en el interior, manteniendo el aire separado del combustible, con el objetivo de mantener la evaporación al mínimo.

4º Truco: No llenar el depósito cuando se están rellenando los tanques de la gasolinera ni inmediatamente después.

Si llega usted a la estación del servicio y ve un camión cisterna que está rellenando los tanques subterráneos de la misma, o los acaba de rellenar, evite, si puede, repostar en dicha estación en ese momento.

Al rellenar los tanques, se remueve el combustible restante en los mismos y los sedimentos del fondo. Así que corre el riesgo de repostar combustible sucio.

Rapidez mental

Gracias una vez más, Gabriel… 🙂

Silcas

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Comprueba lo rápido puedes leer estas palabras:

 

1. P_TA

2. POL_A

3. C_ÑO

4. CH_CH_

5. TE_A

6. C_LO

7. C_NDO_

8. FO_ _AR

9. PAJ_

10. MA_ADA

 

 

Las respuestas más abajo

 

 

 

 

Respuestas:

 

 

1. PATA

2. POLCA

3. CAÑO

4. CHICHA

5. TEJA

6. CELO

7. CANDOR

8. FORJAR

9. PAJE

10. MANADA

 

 

 

Vale, igual tampoco tienes Alzheimer…. pero eres un pervertido.

Urticaria primaveral

ESO, urticaria es lo que me provoca la primavera, y no debido a las alergias varias, que afortunadamente no tengo. Bueno, soy alérgica a bastantes cosas y personas, pero nada que ver con el polen y las gramíneas.

Es lo que pasa cuando sesteas en la terraza tomando el café en un glorioso día como el de hoy y te pegas un atracón de Instyle, Glamour y Yodona. Para no variar, con cada cambio de temporada te machacan a base de enseñarte ropa que no tiene nada que ver con la de la temporada veraniega anterior, y encima, accesorios que NO PEGAN NI DE COÑA con la misma, así que te meten a presión en el cerebro que lo que tienes en tu armario es una auténtica bazofia.

Se salva el tímido intento de Instyle -dentro de las revistas de amor y lujo, la que más razonable me parece- de componer 28 modelitos con 10 básicos, 10 prendas fashion y 10 accesorios. Encantador ejercicio, sólo para mujeres reales, tal como dice la revista, y -efectivamente- para mujeres reales, pero de la realeza, y desde luego, con un cuerpazo. Me explico a continuación.

De mis supuestos “10 básicos”, unos no me entran, otros me quedan grandes y otros son -seamos francos- feos o sin gracia. Y los básicos deben tener algo de gracia o sentar impecablemente, o estar hechos de muy buen material para aguantar que te lo pongas varias veces a la semana y no se deshilache, deforme, rompa o haga bolas. ESO es un hecho. O sea: pantalones de 275€, blazer de 770, chaqueta de cuero de 420, camisa 90, sudadera 220 (aaanda ya), etc. Toma castaña. Que esto es hiper fácil, agarro 8.000 euros y acabo con todos mis males, me monto 10 básicos como dios manda y la iglesia ordena. ¿Qué es eso de faldas sin forrar, que son prácticamente todas las de Zara? No hija no, te pillas una falda tubo negra de guess por 100 módicos euros y a triunfar. Eso sí, NO TE ATREVAS A ENGORDAR UN GRAMO que tienes que salir de casa en bragas bajo pena de que la falda de marras se te reviente de lado a lado en cuanto aposentes el trasero. Recuerda, sólo tienes una falda y además las tías no tenemos oscilaciones de volumen, qué vaaa….

Cosas fashion, pues tampoco podemos decir que tenga muchas. En cuanto a los accesorios, vale, de eso voy sobrada. Puedo hacer un rastrillo de zapatos y camisetas en cualquier momento. Eso sí, no tengo bolsos de chanel de 2.450 euracos, ni sandalias de plataforma de Prada ni bailarinas de leopardo de 150. Vaya por dios en qué estaría yo pensando.

Aquí la realidad es que tendría que comenzar a probarme unas cosas con otras, y me da una pereza que te mueres. Y tampoco es plan de contratar una shopper para que le eche un vistazo a tu armario y salga de la casa gritando de horror. No, definitivamente no.  Me parece demasiado cruel. Mejor yo me lo guiso y yo me lo como.

Entonces, cuando terminas de leer las revistas, tu abotargado cerebro llega a las siguientes conclusiones:

Una. Estoy de mi ropa de invierno hasta los XXXX. El gris, marrón oscuro, beis, verde oscuro, morado, etc, me comienzan a producir urticaria. Por no hablar de cualquier cosa que lleve lana en su composición. Hoy hemos llegado a los 20 grados, temperatura a la cual los cuellos altos comienzan a ser realmente insoportables. Me he quemado el escote en la terraza, por cierto. Comenzamos bien.

Dos. Debería rescatar mi ropa de entretiempo/primavera/verano a ver si comienzo con la operación montón, que consiste en clasificarla, ordenarla y descartarla. Es imprescindible porque si no, termino juntándome con tres pantalones azul marino, cuatro faldas marrones y diez blusas blancas. TODOS ELLOS asquerosamente parecidos. Eso es precisamente lo que sucede cuando te pasas por Zara o Mango a husmear la nueva temporada y no has revisado si ya tenías de eso que te acabas de pillar. Y como soy más bien predecible, ESO es precisamente lo que me sucede, porque siempre me compro el mismo tipo de pantalón y el mismo tipo de falda, y entonces no encuentras el ticket de compra para cambiarlo, y te das de cabezazos contra la pared por idiota y por acumular prendas prácticamente IDÉNTICAS.

Tres. ¿Entraré en la ropa de verano? Supongo que este año sí, porque el yoga está haciendo estragos en mi ser. Y desde luego, he perdido un par de kilos desde que le pego al nirvana místico. Lo que me preocupa es que me quede grande. Con lo cual estamos en el mismo problema: habrá que arreglarla y según sea la proporción coste-beneficio, se va al punto limpio de cabeza.

Y entonces, animada por el solecito que ves por la ventana, te diriges a los altillos y comienzas esa bonita tarea -lalala- que consiste en retirar del armario la ropa más gruesa y claramente invernal y sacar y seleccionar algo de ropa ligera. Desde luego, la cosa consiste en vaciar los sacos, llenarlos con la ropa de invierno y preguntarte para qué leches quieres tops de tirantes en marzo. Pero claro, dónde demonios los metes, ¿en el limbo de la ropa de “todavía no pero en un par de meses sí”?

Para cuando has terminado te das cuenta de que tienes que hacer lo propio con los zapatos, lo cual implica sacar los cajones de zapatos que tienes bajo la cama, quitar unos y poner otros. Lo malo: la ropa de invierno ocupa bastante más que la de verano, PERO tienes más cosas que colgar en perchas, con lo cual se te jode el precario equilibrio de tu armario. Comienzas a desesperarte. Además, te vas topando por el camino con cosas que hace ya tres o cuatro temporadas que no te pones, con lo cual comienzas a llenar bolsa para la asistenta, si está en buenas condiciones, o directamente para el punto limpio / reciclaje en el caso de que no haya nadie en este planeta que se pondría algo así. Cae la tarde cuando todavía estás liada con la ropa de las narices, mucha de la cual lleva contigo varias temporadas -hola buenos diaaas- y comienzas a ponerte un poco de los nervios.

Y tras la operación armario, llego a la siguiente conclusión:

Uno. Por primera vez al pegarme esta paliza, no me duele la espalda. Además, he podido bajar los sacos de ropa yo solita sin necesidad de ayuda masculina. Esto ha sido cosa del yoga, que tanto retorcerme la columna, ha terminado por fortalcerla.

Dos. En términos generales, no me gusta cómo ha quedado el contenido del armario. Se salvan algunos básicos, y tal vez algo de ropa fashion, pero sobre el resto habría que hacer un pensamiento. Tengo sobreabundancia de camisetas, blusas y tops, y un déficit elevado de vestidos. Sí es verdad que soy reacia a tirar cosas o deshacerme de ellas, sobre todo si son buenas. Tengo un vestido de seda azul con flores que tiene ya seis añitos. Y eso es un problema porque cuanta más ropa tienes, menos la reutilizas, y por tanto, está nueva. El puto vestido, con el que parezco mi abuela por el campo, está impecable. Claro, es de Blumarine. Un básico totalmente obsoleto, pero ahí está, cómo demonios voy a tirarlo???? Así que, efectivamente, tienes cosas como nuevas, del año de LA COQUITO, que no hay dios que se ponga ya esas mangas, esos cortes o esos cuellos que cuelgan en tus perchas descojonándose de tí.

Tres. Hablando de déficit, sólo tengo UN TRAJE CHAQUETA PANTALÓN de verano, en color beis. Y aunque es bueno -me costó un congo- está un tanto baqueteado. Y tampoco tengo un socorrido traje chaqueta con falda ligerito. Cómo es posible semejante despropósito. Con lo cómodos que son. Tengo que hacerme con uno azul marino, a ser posible con falda.

Cuatro. Es obvio que debería  renovar el vestuario y tirar la mitad de lo que tengo en el armario, pero no tengo un duro.

Cinco. Tarariro te la hinco.

Puaj. Que le den morcilla a la ropa, me voy a ver la tele.

Silcas

Animalitos…

Curioseaba hoy la prensa, con esto del terremoto de Japón, pobre gente, cuando me tropiezo de bruces con esta cosa:

http://www.elmundo.es/america/2011/03/11/estados_unidos/1299822521.html

 

Dejando aparte que en esta truculenta historia el hámster es obviamente el peor parado, me parece que dos años de cárcel para la criatura es un poco brutal, ¿no? Que digo yo que quizá ponerle trabajos sociales como pasear perros durante seis meses o acudir a la perrera a darles de comer, seria mejor enseñanza para que aprenda que los animales tienen sentimientos y que no es buena idea tirarlos por la ventana.

Pero en fin, allá cada país con sus cosas, pero es que a la vuelta de click me tropiezo con esta otra, bastante más brutal e inquietante:

 

 

Yo creo que nos hemos vuelto locos del todo. En una punta del mundo, encarcelan 2 años a Monique por tirar un hámster por la ventana, y en la otra, piensan que es buena idea que los animales de compañía abandonados -incluyendo a los parientes del infortunado roedor, desde luego- sirvan de alimento a los gitanos (no al resto de la población civil, que tienen -por lo que parece- el paladar más refinado).

O sea, has perdido a tu perro en Eslovaquia, date por jodido porque lo van a convertir en hamburguesa en menos tiempo que se tarda en contarlo.

Acidísimo y acertadísimo el comentario de un anónimo en esto de la noticia de los come-perros:

“Lo mismo era una solución para este país también: Que nos autoricen a comernos a los políticos que sobran. Lo malo es que la epidemia de obesidad iba a alcanzar tintes alarmantes porque hay muchos y además están bien cebados.”

Mira, pues eso sí me parece una idea interesante.

La leche con el animalito humano, en qué estaría pensando Dios al crearlo??? Supongo que le estaría mirando las tetas a alguna hembra humana y se le pasó introducirnos la conciencia y compasión a la mayoría de nosotros.

 

Carta a la DGT

Querido Pere,

Soy un Audi A4 avant, de dos añitos de edad, y estoy francamente desesperado. Le escribo con la esperanza de que recapacite usted y me ayude. Desde ayer día 7, mi dueña, que habitualmente me da zapatilla hasta la saciedad, se ha vuelto completamente amariconada.

Quizá tengan la culpa unas señales de tráfico rarísimas que veo por la A6, y que pone algo así como 110 de velocidad límite. El caso es que me extraña, porque mi jefa raramente baja de 130-140 cuando nos dirigimos a Madrid, ella y los otros tropecientos vehículos que nos acompañan. Y vamos así, a ese ritmo alegre de carburador que es la sal de nuestra vida.

Mire, déjeme que le explique mi caso, que seguro que me comprende. Verá. Soy un vehículo de renting y además de gama alta, lo cual quiere decir que me tratan como a la querida del ministro: manicura, peluquería, zapatitos nuevos en cuanto se me desgastan las tapas, me echan de comer y beber de lo mejorcito, me llevan al médico cuando toca, y -en líneas generales- me considero una criatura con ruedas muy afortunada. Sobre todo cuando veo lo que circula a mi alrededor: parque móvil más bien decrépito -el más viejo de Europa, tengo entendido-, con gomas en mal estado, motores más bien caducos engrasados con aceite de Lidl en el mejor de los casos y seres al volante que no saben escuchar al motor y se ponen a 90 en tercera sin sonrojarse, forzando a esas pobres criaturas hasta límites inhumanos.

Aquí el tema es el siguiente, y comprenderá usted mi preocupación. No es sólo el hecho que yo me cale a 110 -que eso además-. Tampoco se trata de que ese incierto estado entre quinta y sexta no es precisamente bueno para optimizar mi consumo de bebidas apetecibles, claro, que eso son cosas de mi fabricante, que vete tú a saber en qué estaba pensando para parir un coche que pudiera correr a 220 sin problema. Será inútil.

El verdadero problema es que mi jefa se DUERME COMO UNA MARSOPA al volante, rodeada de otros de mis congéneres circulando a velocidades sencillamente soporíferas, y estoy comenzando a inquietarme porque ella, que además de miope perdida, no es precisamente Hamilton, cualquier día se me empotra contra una carreta de bueyes. Que a este paso es lo que terminará por circular en Madrid, dado que es ecológico, no contamina y además va a la misma velocidad que los automóviles.

Deje usted de engañanarse, que a 110 no circula ni rita, quizá ahora sí por la novedad, pero llegará un momento en que nosotros, los vehículos, nos rebelaremos y comenzaremos a echar mierda a mansalva por los tubos de escape, mearemos el combustible según nos lo introduzcan para que haya que repostar más a menudo, y mandaremos su maldito plan de “no corras que te crujo” a tomar por saco.

¿Me he expresado con claridad?

Lo que le estoy contando se llama Rebelión de las Máquinas, y por si no lo termina de entender usted, le recomiendo la trilogía de Terminator, una iniciativa de unos colegas nuestros -los PCs- de lo más ilustrativa.

Firmado,

Un Audi desesperado y hasta las llantas de pisar huevos

***

Nota de Silcas: Dedicado a mi amigo Miguel, que si alguien sabe de lo que hablo, es él.