Saludo al Sol II

Dado que me he cambiado de oficina, también me he cambiado de profe de yoga. Más que profe, debería decir institutriz, porque éste, de zen tiene bien poco, y tira más bien hacia nazi, que también lleva zeta pero que no es lo mismo.

Hoy tenía yo mi primera clase donde cristo perdió los clavos, y para no variar, llego tarde.

Confié en google maps y dí más vueltas que un tonto en una feria, al final aparqué milagrosamente en la puerta y tras confundirme y entrar en un portal donde unos descerebrados tenían la salsa puesta a volúmenes inhumanos, conseguí dar con el sitio de yoga, no sin antes echar un vistazo a los buzones y constatar que TODOS ellos tenían nombres sudamericanos, todos con apellidos distintos y tres o cuatro en cada buzón. Me parece a mí que con tanta salsa suelta, esto de la meditación trascendental no va por buen camino.

Al final, como decía, llego al local de estiramientos variados, me saluda el profe, me cambio echando gaitas y me voy a la sala con otras quince personas más. Anda, esto está bien, aquí, en manada, para variar.

Acostumbrada al silencio sepulcral de mi otro sitio de yoga, y a la poca gente que había, esto es una verdadera novedad. La salsa resuena por toda la sala de yoga, la virgen, no quiero ni pensar en los tímpanos del colega o colegas que están al otro lado de la pared. Tienen que estar completamente sordos.

Y entonces comenzamos.

Primero unas respiraciones, vale. Luego unos estiramientos más bien avanzados, de acuerdo. No soy una novata y entro al trapo. Y luego una ronda de saludo al sol. Me recoloca las paticas, que se me iban hacia atrás, y me corrige un par de posturas. Y sólo una ronda del saludo al sol???.

Vaya, esto sí es nuevo. Y luego -sólo luego- entiendo porqué.

Este instructor no es “modelo yoga/pilates”, no hija no. Su finalidad consiste en el estiramiento extremo, porque en mi vida he visto un humano -tío o tía- con este nivel de flexibilidad, incluyendo a mi anterior profesora. La leche, cómo se dobla el colega. Parece una mantis.

Tras unas cuantas torsiones de columna -ahora entiendo porqué me duele el omóplato izquierdo- nos sugiere una postura invertida. Ah, vale, esa me la sé. Lo que no sabía es que pretendía que estuviéramos el triple de tiempo que yo tenía más o menos cronometrado como “soportable”, así que ahí estoy, con el peso de mi corpachón sobre los hombros, tratando de mantener mis pezuñas en alto con el mínimo de tembleque abdominal. Arf, suspiro cuando por fin deshacemos la postura.

Y entonces, oh sorpresa, oh inquietud, dice nosequé de postura boca abajo. Veo cómo la colega de mi lado se convierte en una musaraña, apoya la cabeza entre las manos y manteniendo el equilibrio sobre su cocorota, sube las patas hasta ponerse en posición vertical. COÑO. Miro al profe con expresión de oveja desvalida. No por dios, que no quiero romperme todas las cervicales por el esfuerzo y partirme la cara de la leche que me puedo dar. Se apiada de mí y me dice que mejor mire cómo lo hacen los otros. Vale. Me siento cómodamente a contemplar los estómagos al aire de mis compis. Por cierto, hay un montón de tíos, todos ellos resoplando. Hay una que está colgada de la pared, la leche, pero que hace esta tía. Con la ayuda de una cuerda anclada en la pared y una colchoneta doblada, se ha colgado cual mandril, y está boca abajo igual que los demás. Seguro que tiene algo en el cuello que no le permite hacer la postura normal. Bueno, yo no tengo nada en el cuello y tampoco puedo, bajo riesgo de rompérmelo.

Y entonces veo con espanto que el instructor se acerca a los seres que estamos sentados en la postura del loto o postura de la rata cobarde y comienza a colocarlos en la postura “longaniza”, que es como acabo de bautizarla, ayudándoles a mantener la vertical. Miro al suelo. No no no. A mí no vengas a visitarme que paso. No me sirve de nada. Me enseña a hacer la “media postura”, parezco una abuela, cabeza y antebrazos en el suelo, pelvis arriba y subiendo una temblequeante pata y luego la otra. Joder que ridículo.

No es que esté oxidada, es que en mi clase anterior estaba en el nivel “mamá ganso”, y aquí ya van por el nirvana místico que incluye retorcimiento dorsal, espinal, yugular y transversal.

Y encima sin comer más que un triste sandwich de máquina a la una de la tarde para que me diera tiempo a digerirlo.

He llegado a casa con más frenesí devorador que Bruce, el de Buscando a Nemo.

Y el jueves again. Ay madre. ¿Se me habrá recuperado el cuello?

Lo que me da verdadero terror es que un día diga: Y ahora la postura del cuervo o “kakasana”, que es:

Y entonces, haciendo honor a la postura, me haré kaka toda yo y no podré volver a levantarme sobre mis pies.

Ay.

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5 comentarios

  1. jejeje, desde luego hay veces que pagamos por hacer unas cosas ;D

  2. ¿quien se puede relajar con esas posturas?, yo no, seguro

  3. ya lo creo que sí puedes! lo que pasa es que no siempre puedes seguir el ritmo de la clase, y jamás tienes que forzar. por eso me siento como un pato mareado, pero lo primero que te preguntan es: ¿tienes claro que el yoga no es una competición? jejeje. POR ESO LO HAGO, JAJAJAJAJA
    Un besazo

  4. Sivia, ni se te ocurra bajo ningún concepto intentar esa postura de insecto palo invertido, te vas a romper el cuello y me voy a quedar sin leer el blog más cachondo que he visitado en mi vida!! Solo ver la foto ya me duelen las cervicales!!! Y con las ganas que tenía yo de apuntarme podió podió..

  5. Valor tienes con ir a ese tipo de clases, que una sólo de pensarlo se queda helada con las dichosas posturitas xD

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