Las Vulpes

Salíamos ayer de la comunión de mi hijo, y cansadas pero felices, cinco tordas entre las cuales me incluyo, emprendimos el camino a mi hogar para continuar la celebración en petit comité, apoderándonos del medio de transporte con la excusa de que los tacones nos estaban matando. Aunque el garito que utilizamos y mi humilde mansión están a escasos cinco minutos de paseo dentro de la urbanización, habíamos utilizado el coche para regresar desde el colegio donde se celebró la ceremonia y había que volver a meterlo en el garaje.

Entre risas y cachondeo, nos pusimos a perseguir a mi hermano, el cual conduciendo un precioso audi negro, nos tomó la delantera enseguida, dado que estábamos entretenidas abriendo TODAS las ventanas del carro incluyendo el techo solar, poner música a toda leche y gritar como desaforadas montando gresca, y menos mal que no llevábamos copas. Así estábamos de monas, cuando llegamos a la entrada de mi calle -muy cortita y donde sólo cabe un coche-, y vimos un precioso audi negro dando la vuelta porque no había donde aparcar y tenía que salir por donde había entrado. Ahhh, ¿de que te sirve correr, ehhh hermanitoooo? Lo celebramos con grandes gritos y risotadas ¡haale, te fastidiaaas! etc etc.

Comenzó a salir marcha atrás y se quedó en el hueco del garaje anterior al mío para dejarnos pasar, porque no cabíamos los dos, así que lo encerré bloqueando su paso con mi carro, y entonces debió ser que había algo raro en los pinchos de tortilla, la tarta de chuches o el jamón, porque todas mis pasajeras enloquecieron. Unas se dedicaron a tirar besos y piropos al ocupante del coche “guapooo tio buenoorrooo!!”, otra directamente ofrecía sus encantos en actitud claramente insinuante, mientras otra sacaba una barbie desnuda por el techo solar, he olvidado qué mas cosas sucedieron en aquellos escasos 30 segundos, pero seguro que comportamientos dignos de una manada de mandriles hembra que han encontrado un macho disponible.

El ocupante de cualquier vinículo en esas circunstancias, como mínimo pudo pensar que se encontraba ante una posible violación en grupo o que había vuelto a reunirse el famoso grupo punki “Las Vulpes“, que se dirigían a un concierto, pero como los focos de su coche nos daban de lleno en nuestras caras, que son el espejo del alma, no podíamos ver si le parecía bien o si por el contrario estaba totalmente horrorizado.

La que sí se horrorizó fue mi hermana, que consiguió ver dos zarpas engarfiadas al volante del precioso audi negro, y en una de ellas, una pulsera de cuero con un colgante de plata que NO era de mi hermano ni en sueños.

A la voz de “Coño, que no es mi hemano”, siguió un sonoro “AARRGHHHH!!!” por parte de todas nosotras. Y mientras la mano del misterioso conductor hacía una señal de aprobación con el pulgar hacia arriba (nos ha jodido, que te asalten cinco churris en los tiempos que corren), pegué un acelerón que casi incrusta el coche en la puerta del garaje, donde traté inútilmente de ocultar el coche y nuestra identidad antes de que nuestro abordado amigo tuviera tiempo de tomar nota de la matrícula y llamara al programa “Me pasó a mí aunque no te lo creas” para contar que cinco locas le habían secuestrado y que habían estado a punto de violarlo entre todas.

Eso sí, la anécdota nos permitió pasar una noche de lo más entretenida riéndonos de la cara que se le debió quedar el colega con semejante espectáculo. Dios mío, que no llame a la tele, que no llame a la tele, que no llame a la tele…

Silcas

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