Adiós Amy, hola verano

Todo de golpe, una llega a puerto banús, estrena playa y quemadura de espalda y se nos mata la winehouse; casi diría que entre todos la mataron y ella sola se murió, pero es más bien lo último.

Aparte los desvaríos de los comentaristas de la noticia en los medios, la verdad es que es una pena. Me encantaba esta mujer, vaya voz que se ha perdido.

Y me encuentro con la noticia a la vuelta de hipercor de puerto banús, que cada día está mas enorme, y caótico. Me cuesta dios y ayuda encontrar las cuatro vainas de siempre que vengo a buscar, las cosas están puestas sin orden ni concierto, y al final, te lleva una hora llenar cuatro míseras bolsas de plástico, que por supuesto te cobran. Y claro, llevo mis bolsas reutilizables reglamentarias en el maletero, pero joder, como para acordarse de cogerlas.

Pero con lo que aluciné de verdad fue con el lineal de los caviares, anchoas y mújoles variados. Al lado del caviar de salmón, sustancia que me gusta casi más que el beluga (principalmente porque el tarro de 100 grs te cuesta 14 euros y no 140), unos impresionantes tarros de smetana (nata agria), que me chifla y que es muy difícil de encontrar porque es como pretender encontrar salmorejo en medio de la estepa rusa.

Y sigo adelante y me encuentro con otro mueble -como digo está muy desordenado- con más variedades de smetana -otra vez- y kéfir que de danone. Vamos, que tenemos a media población rusa metida en puerto banús, aquí la guiri parezco yo, de no ser por mi espalda requemada y mi vestidito hipi y mis sandalias planas de cuero.

Tengo pinta de guiri y me aprovecho de ello en el parking, como buena TORDA he aparcado al revés, es decir, me explico: el maletero totalmente inaccesible para meter las bolsas, así que dejo el carro a un lado y muevo el coche para meter las bolsas dentro.

Entonces, aparece otra TORDA, tordilandia comienza a parecer ésto, con un precioso y anchísimo mercedes descapotable, y para mi incredulidad, descapotado, porque el calor inhumano que hace en el parking del corte inglés de puerto banús solamente podría compararse al que haría en el despacho de satanás.

Y la criaturica pretende meterlo en el hueco que yo he dejado. Comienza a maniobrar como una loca, mientras su acompañante, bastoncico en ristre, trata de orientarla para que pueda encajar el coche entre los otros dos. Saldrá por el capó, claro. Porque si yo lo tenía jodido, ella no te cuento.

Mientras maniobra con su largo y gigantesco carro, me mira como esperando a ver si LA MENDA mueve el carro para que ella pueda aparcar con mas comodidad. Me hago la guiri, sueca por más señas y abro olímpicamente el maletero, con esa gracia y salero que solo tienen las madrileñas acostumbradas a meter la compra en los maleteros en un pis pis.

¿Y que me encuentro? Pues con las 6 puñeteras tablas de surf de los niños, que me impiden meter otra cosa que no sean los bricks de leche -y siempre y cuando sea desnatada, que la entera ni de coña.

Cagate lorito. Plan B. Comienzo a meter las bolsas en los alzadores y sillas de los peques, y como digo, los bricks de leche justo pegaditos a la colección de tablas, la cual han sido enriquecida con un nuevo miembro: una tabla de princesas disney cursi hasta la retranca para mi hija, que esta mañana su prima y ella andaban a la gresca para subirse encima. Hala, lo que faltaba.

Porque claro, señores, ahora vamos a la playa con lo siguiente:

6 niños, de edades comprendidas entre los 6 y 12 años, 4 niñas y 2 niños.

3 bolsas, una de toallas y otras dos de ropa, ungüentos, revistas y libros que al final nunca lees y terminan llenos de arena.

1 pliego de cierto ministerio que ha sacado la licitación para presentar el 30 de agosto, tocate los huitos. Los proveedores a currar mientras vosotros estáis en la playuqui, eh? Cacho perros.

1 mochila de plástico con cubitos, palitas y tal y tal.

1 bolsa de plástico con 8 pares de escarpines. Porque pretender meterse en el agua de esta playa sin escarpines es causa segura de sufrimiento atroz en las pezuñas. No he visto una playa con unos pedruscos tan horribles en toda mi vida. Nada más entretenido que sentarse en la orilla a ver cómo los guiris gritan de dolor tratando de salir a la orilla mientras las olas les empujan y les hacen enterrar los pies entre los pedruscos. Luego miran con envidia tus escarpines, y a más de una le he dicho where to buy these things, at corte ingles, darling, oh thanks a lot, this is simply awful!!! Ya te digo.

1 bolsa-nevera con agua para los enanos y un par de birras (que muchas veces terminan volviendo a la nevera de casa porque termino sucumbiendo a la tentación de los mojitos que preparan en el chiringo)

Nos ahorramos la sombrilla porque cogemos tumbona y sombrilla de paja reglamentaria, que para cuatro días no nos importa pagarlo.

Desde luego, hacemos dos viajes porque ocho no cabemos en el carro ni apretujando a los niños unos contra otros.

Y naturalmente, las puñeteras y jodidas tablas se quedan en el maletero, cosa que por supuesto olvido SIEMPRE.

Ha hecho un calor atroz, hoy. Y eso que estábamos en la playa a las 11,30, y nos hemos comenzado a retirar a las 13:30, cuando lorenzo comenzaba a pegar, pero bien. Mañana más. Lo que es seguro es que sólo iremos a la playa de 11 a 13,30 como mucho, que este verano está que arde, entre la masacre noruega, la caída en picado de este país y la pobre Amy, que se ha marchado a animar el mas allá con su inimitable eyeliner y su voz incomparable. Descansa en paz, chica.

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