Poker administrativo

Cómo jugar al poker administrativo.

Ingredientes:

Una licitación de importe mínimo de 1 millón de euros (recomendable un 2+2 para darle más emoción a la cosa).

Cinco jugadores de nivel equivalente al rango Platinum en Call of Duty modo zombie.

Un primo.

Un croupier (también vale una mesa de contratación, con tal de que reparta)

Un sobre grande y gordo (y si es una caja serigrafiada y con logotipos mucho mejor).

Forma de jugar:

Me encantan las licitaciones veraniegas. Tienen sus pegas, como que los firmantes que firman las locuras que últimamente se presentan en este sufrido sector público están de vacaciones. Conseguir una firma para presentar lo que sea se convierte en una gymkana. Además, existe poco quorum, el público está a otras cosas más interesantes, como la cerveza en el chiringuito playero o en la terraza de ciudad, y los pocos que quedamos en la capital, examinamos ansiosos el BOE para no aburrirnos demasiado mientras nuestros queridos clientes se relajan en sus merecidas vacaciones.

Y hete aquí que de pronto, zas. ¡Una licitación más bien inesperada! Caramba caramba. Y es bien gorda. Jolín. Unexpected Business. Pero examinado el negocio -mejor dicho la falta de él-, y tras involucrar incluso a un Utero, que demostró que pese a ser más bien novato en ésto, sabía hacer números, llegamos a la conclusión de que era bastante imposible presentar nada decente. Y le dimos más vueltas que un perro pa echarse, pero no. Niet. Esto no sale ni cortando las garricas a las gallináceas y haciendo una lobotomía a los gallos. Ni poniendo a la Rana Gustavo vestida de Little Chicken de amo del corral. Ni poniendo pimpollos nivel mamá ganso y que sea lo que Dios quiera.

Así que, tras renunciar a un quick win, por eso de matar el rato, me acerco a la apertura de plicas, donde coincido con los cinco fantásticos de rigor, mis queridos competidores, holaaaaa buenos días buenos díaaaas. Que aquí estamos todos a ver qué pasa. Once again.

Naturalmente, en ese momento es importante poner cara de póker, ya que estoy ahí simplemente por curiosidad malsana e impenitente. Nos saludamos todos como diciendo “aaahhh que a tí te han salido los números??? no joxxs….!!!”

La amable señorita de contratación viene a recogernos y nos conduce a la sala de reuniones donde se va a producir el magno acontecimiento. Nos sentamos los cinco susodichos, en silencio, y esperamos a que comience el ritual de la apertura de sobre técnico.

Saco mi boli de la suerte y mi cuaderno, lista para apuntar las puntuaciones técnicas, rauda cual centella, al igual que mis colegas licitadores. Comienza la partida. Todos tenemos listas las armas y aguardamos con inigualable concentración los próximos acontecimientos.

Entonces, el croupier, es decir la mesa de licitación, comienza a repartir cartas. Yo las mías las tengo claras, por no tener no tengo ni una mísera pareja, obviamente. En realidad, por no tener no tengo ni una sola carta. Me callo cual geisha. Miro disimuladamente a los demás, que ponen cara de poker subastado, y nadie mueve un músculo.

Entonces, renqueando, llega un carrito, tipo camarera, donde se depositan las -habitualmente- voluminosas ofertas técnicas que presentamos con la esperanza de que sean el best seller del momento.

Un bedel, que se toma su tiempo, lo va empujando lentamente; un carro cuyas ruedas suenan ñiiic ñiiic, mientras avanza con su valioso contenido hacia la presidenta de la mesa.

Y entonces, sólo entonces, el SOBRE, porque sólo hay uno, es depositado enfrente de los ojos de la sufrida funcionaria, hecho del que procede a informarnos, diciendo, con tono de voz de croupier de casino, impertérrita ante el escasísimo éxito de su convocatoria, que sólo tenemos un licitador que ha presentado oferta.

Sí, por supuesto, lo habéis adivinado. ESE es el Primo. Herpes Pavícola, precisamente, en UTE con EasyHen, que han debido firmar la muerte de Manolete para presentarse a esta cosa que no salía ni en broma.

Los cinco jugadores -ninguno de los cuales hemos presentado oferta- comenzamos a mirarnos de reojo tratando de aguantar la risa. Estamos a punto de irnos a tomarnos unas cañas juntos para felicitarnos porque -efectivamente- confirmamos que este pliego estaba tan fuera de órbita, que no ha quedado desierto porque siempre hay algún PRIMO.

Ya sabes: En las licitaciones, como en el póker, si no sabes quién es el primo… ¡¡es que eres tú!!

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