¿La crisis, por favor?

De poco sirve decir que el Gran Plaza 2 estaba plagaíto de humanos haciendo compras, porque eso lo sabe todo el mundo. Y que aún sabiéndolo, sigan intentando acudir con sus vehículos y personas, en solitario o en manadas, me sigue dejando pasmada.

plaza

Yo confiaba en que -siendo las 5 de la tarde- todavía no habrían llegado las huestes de Satán, y quizá podría hacer un par de compricas que tenía pendientes. Y bueno. Las huestes de Satán no, pero sí los orcos de Saruman, arrastrando consigo a sus jaurías, representadas por dos o tres criaturas que correteaban por los pasillos y un cónyuge o pareja que se dedicaba, alternativamente, a mirar culos o escaparates. Opcional, hardware asociado en forma de carrito de bebé-orco lloriqueante. Me parece una gran crueldad arrastrar humanos de sexo masculino a los centros comerciales, pero si encima se hace en período de rebajas y en hora punta, es acumular papeletas para el divorcio.

Una de estas criaturas, además, circulaba por el Primark como Ben-Hur, subida a sus tacones de charol rojo 16 válvulas. Válgame, cómo es posible irse de compras emulando a Sarah Jessica Parker. Jesús. Debe de haber hecho una promesa a Santa Belén Esteban.

taconazos rojos

Llevaba consigo un par de criaturas adolescentes cargadas de presuntas gangas barateras, pero carecía de cónyuge-sherpa, habitualmente encargado de acarrear las bolsas, abrigos y bufandas, que más que un ser humano los pobres parecen un cruce entre un perchero y un camello que los Reyes Magos se hubieran olvidado por ahí.

Y las cajas. Dios mío las cajas. Yo que sólo quería hacerme con unas perchas, que precisamente están allí, al fondo de la línea de cajas de la segunda planta. Eso no es gentío, es una colección de walking dead, a juzgar por lo despacio que se mueven. Seguro que te pones allí y se te comen. Y luego, están los de los carritos. Deberían crear el carnet de portador de carrito de bebé. ¿Por qué se empeñan en meter carritos de bebé/niño/vago de 6 años entre los percheros y mostradores? Acaban pareciendo ratas en un laberinto de pruebas, tratando de encontrar la salida, pasando por encima de tus pies sin el menor disimulo y arrastrando perchas y ropas en su avance. Por no hablar de los bolsazos que los cónyuges-sherpas te sacuden con entusiasmo. Zas, toma leche. Pa que aprendas.

Luego están esas bonitas parejas que obviamente son fruto de las webs de contactos, y más concretamente de los errores de diseño de sus base de datos: él con cara de estreñido pensando “y porqué narices marqué yo en la casilla de me encanta ir de compras“, mientras la candidata escogida entra y sale frenéticamente en las tiendas convencida de haber encontrado a su pareja ideal. Criaturicas. Lo que tienen que hacer algunos para echar un polvo.

Y ¿se puede saber, en el nombre de los testículos del Minotauro, porqué ponen la calefacción en las tiendas en modo infernal? Que una entra a mirar, y según pisa la tienda, le viene de frente un siroco marroquí que consigue que comience a sudar a chorros. Lo normal es que huyas de allí a los treinta segundos y salgas a tomar aire a los pasillos, no vaya a ser que aquello sea la antesala del infierno, venga Satán y se te lleve de los pelos. Y tampoco puedes dejar el abrigo en el coche, porque en el parking te congelas.

Y qué bonito cuando entras, toda contenta, a ver las gangas, y te encuentras eso de “Nueva Colección”. Lo de la nueva colección lo inventó un espabilao que decidió rebajar sólo la mitad más chunga de la tienda y sacar los restos del año anterior mezclados con la mitad menos chunga al mismo precio.

Pero lo peor no es eso, no. No es entrar, dar tres vueltas y no comprar nada. Lo peor es salir. Abandonar el lugar, rescatando tu coche del parking, donde hay tal cantidad de tráfico que deberían poner rotondas. No hay ni un hueco. La gente está loca. Son capaces de matar por un sitio, y no digamos ya si a algún otro humano se le ocurre colarse y quitarle el hueco. Buf.

Y sin embargo, una vez que ya estás fuera, te encuentras con la pescadilla que se muerde la cola. La cola para entrar casi se junta con la de salir, de hecho, cuando me acerco a la rotonda principal, veo con espanto que la ruta que pretendía tomar estaba llena de lucecitas rojas a lo largo de varios kilómetros. ¿Por qué? Porque la salida de este centro comercial -ojo, tres rotondas más allá- coincide con la entrada del rozas village, donde hay otra cola de coches esperando entrar que acaba en la república de Krasnoiarsk. Naturalmente NO puedo ir por ahí, a menos que me plantee hacer noche. Tampoco puedo acceder a la A6 sin pasar por semejante atasco en fila de a uno. Sigo a mi instinto y huyo en dirección contraria, hacia Majadahonda, con la pretensión de hacer un cambio de sentido que me permita entrar  al carril central de la m-503. Y no, no lo consigo. Tras pasar por dos o tres rotondas y desorientarme por completo, me dedico a dar más vueltas que un perro pa echarse, atravesando urbanizaciones, descampados y más rotondas, así como un montón de badenes diseñados específicamente para joder los bajos de cualquier coche, sobre todo si vas de noche y con ceguera nocturna, que es mi caso. De noche veo menos que un gato de escayola. Por dios por dios. Me voy orientando al oeste, podría poner el Waze -insigne invento- pero prefiero darle una oportunidad y un cierto entrenamiento a mi sentido de la orientación. Mal hecho. Ese resplandor al que me dirijo bien podría ser el Monte del Destino, a juzgar por los despoblados que estoy atravesando, la Ciénaga de los muertos a la izquierda, la Puerta negra a la derecha… lo mismo acabo encontrándome a Gandalf y consigo salir de aquí. Pues no. Acabo en la misma rotonda de la que partí, y entonces, horrorizada al ver que estaba a punto de quedarme atrapada entre los que pretendían entrar y los que querían salir del puñetero centro comercial, pego un acelerón y tiro recto hacia Villanueva del Pardillo evitando a los que estaban del otro lado, haciendo cola para entrar en el Carralero. Si hay que atravesar Valdemorillo y Colmenarejo, se atraviesa, faltaría más. Como si tengo que cruzar el puñetero estado de Tejas al estilo Thelma y Louise. Lo que sea con tal de huir. Necesito poner kilómetros con esta locura. Seguro que así empezó Walking Dead.

La puñetera carretera está oscura y en obras. Al menos no llueve y además me he librado de los monstruosos atascos. Antes de llegar al gran estado de Tejas, consigo virar hacia Las Rozas y enfilar la carretera del Escorial. Cruzo por encima de la m-503, mejor dicho, por encima de los miles de lucecitas rojas que me indican que mis decisiones han sido acertadas, y que al menos conseguiré dormir en casa esta noche.

¿Crisis? Y un jamón. Venga, majos, salid del armario. Que a mí no me la dais con queso.

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Lloriqueos de oficina

Me encantan las sobremesas domingueras en casa de los suegros porque es el único momento de la semana en el que tengo tiempo -si los pliegos lo permiten- de espanzurrarme en el sofá y tragarme los dominicales y la prensa del corazón en vena, lo cual pone mi cerebro en estado Goofy con encefalograma tendente a plano. Tras informarme durante un buen rato sobre lo que NO podré ponerme este invierno por falta de presupuesto en unos casos y por exceso de sentido común en otros, tropiezo con un reportaje a todo color sobre el precio de llorar en la oficina. Entro a ese trapo sin dudarlo y me lo leo con detenimiento e incredulidad.

No pienso entrar en profundidades pseudo-psicológicas, primero porque no estoy cualificada y segundo porque aburren que te pasas. Ya sabéis que soy más bien práctica. El citado artículo de dos lacrimógenas paginas versaba, y para mi gran asombro justificándolo en cierta medida, y elucubrando sobre lo deshumanizado que es el mundo laboral, sobre la penosa circunstancia de derramar lágrimas en la oficina de forma involuntaria. Lo que me hizo llorar, pero de risa- fueron las estrategias para evitarlas o -en el peor de los casos- arreglar el estropicio. Prescindo de vincular este blog a tan infortunado escrito, que sigue colgado en la internés de las cosas para que la gente se siga confundiendo y aplicando sus consejos, y procedo a destriparlo adecuadamente.

Amo a vé. A la ofi se viene a currar. Y además se viene llorao. No sé, yo jamás he visto a un compañero o compañera derramar lágrimas en una sesión de account management, o en una apertura de plicas, o en una negociación de proyecto con un cliente, y mira que el tema lo justificaría sobradamente. Sí es cierto que en algún momento oyes a alguna llorando en el baño, quizá acompañada de alguna colega compasiva. Pero en el baño, jolín, no en la sala de reuniones o en el despacho del jefe.

Permitidme que traslade estas lamentables circunstancias al sector público, que es mi favorito, y veamos un caso práctico resuelto conforme el artículo nos aconseja.

Imaginad la escena, lectura pública de puntuación técnica en un ministerio cualquiera, te cascan una puntuación lamentable, con o sin razón, que te sitúa fuera de la carrera de ratas en que consiste cualquier licitación. Inmediatamente, te tapas la cara como un crío de cuatro años y comienzas a gimotear y lloriquear desconsoladamente como si te hubieran quitado todas las chuches de golpe. Ostras.

Veamos uno por uno los consejos del mencionado artículo para recuperar el control de uno mismo:

Consejo Uno: Trata de recordar algo agradable. Um… Es complicado seguir apuntando puntuaciones técnicas o seguir una presentación de presupuestos mientras piensas en las mariscadas del verano. Yo no puedo, me quedaría con pinta de oveja Dolly, y para los que no la conozcáis, ésta es Dolly:

ImagenConsejo Dos: Trata de contener las lágrimas fijando la atención en algún objeto de la sala. La leche. O sea, que con los ojos inyectados en sangre y con la cara de santa maría magdalena de todas las lágrimas, te pones a mirar el retrato de don juan carlos, la cara de la gachí de contratación o el carrito de los sobres. Dios. Que miedo. Yo veo a alguien en ese trance y os juro que salgo disimuladamente de la sala no vaya a ser que la llorosa criatura grite un alaaaakbar y se autoinmole junto con el resto de licitadores.

Consejo Tres: Si las lágrimas van a asomar, respira hondo para que al menos puedas hablar. No, jolín. Si ves que te vas a convertir en una fuente de lamentos y congojos, sal por piernas al grito de ¡¡dios mi lentilla me está mordiendo!! O algo. Lo que sea. Pero huye. Sal pitando al baño, que los servicios ministeriales están de lo más apañados y tienen de todo incluso kleenex.

Consejo Cuatro: No te disculpes ni te califiques de “tonta”. No, claro. Ni falta que hace.

Consejo Cinco: Trata de explicar sosegadamente los motivos de tu llanto. Cosa que a todo quisque le importa exactamente un pijo. En el mejor de los casos te darán un kleenex y te dirán que te vayas al baño a limpiarte los ojos o cualquier otra parte de tu cara que esté húmeda. El consejo Cinco tiene una derivada bastante divertida, que consiste en que trates de no abandonar la reunión. Y ahí estás, gimiendo como alma en pena y sonándote ruidosamente mientras el resto de los asistentes te observa con incredulidad y revisa la sala en busca de la cámara oculta. Hombre, no. Si te conviertes en un espíritu aullante, al menos ten la decencia de no abochornar a la gente con tu desbordamiento emocional. Retírate a tus aposentos, y además de inmediato. Dependiendo de la situación y de la gravedad y hondura de tus quejidos y lamentos, puedes volver y decir que te has acordado de un gatito muerto que has visto esta mañana o que te ha entrado un guasap informándote del fallecimiento de tu abuela o un sms anunciando un inminente e inevitable embargo de la AEAT. También vale -si eres un tío- decir que te acabas de enterar de que tu equipo del alma ha sufrido un percance aeronáutico sin supervivientes.

Consejo Seis: Si no te serenas, vete a casa. Hombre. Pues depende, si estás acabando una oferta y lloras desesperada porque el word se ha cerrado y has perdido de golpe cinco horas de trabajo, no puedes irte a ningún sitio, excepto a la farmacia a robar anfetaminas a granel para producir como en tu vida. Y no, no se llora. Se coge el portátil y se estrella contra la mampara más cercana, se le golpea contra la impresora o bien se maquina detalladamente un atentado contra la Sede Central de Mocosoft. Eso SÍ que relaja. Además, seguro que la oferta era una castaña, el destino te ha hecho un favor. Reduce las páginas a la décima parte, que el de compras te lo agradecerá.

Y por último, el séptimo consejo: Analiza el incidente. Y además, escríbelo. Este es el único que me parece de lo más terapéutico, porque si lo escribes, te darás cuenta de lo absurdo de la situación, de que nada que te pase en el trabajo merece ni la mas mínima de tus lágrimas, y que montar pollos en el trabajo, del tipo que sean, está feo y no se hace.

Y además, si a eso vamos, ¿qué diferencia hay entre berrear como un alma en pena y montar en cólera, en babieca y en rocinante y montarle el pollo padre a un compañero de trabajo? Pues es lo mismo, es una pérdida de papeles y de control emocional, que casi siempre deriva en una petición de excusas hacia el ofendido, sea por nuestros insultos o por las salpicaduras de nuestros líquidos corporales incontrolados.

Resumiendo, el único caso que justifica echar el moco en la oficina es por algo que NO esté relacionado con el trabajo:

– Muerte súbita de familiares queridos (no valen parientes lejanos), amigos y mascotas.

– Multa sorpresiva de tráfico con más de 4 puntos y 200 euros. Las de parquímetro no valen.

– Embargo inminente e inevitable de hacienda.

(y no nos olvidemos de una variante específica para ellos, que por supuesto también es aplicable a ellas, que de todo hay en la viña del señor):

– Pérdida de partido del equipo de fútbol, que justifica además llanto y gimoteo colectivo.

Y no, no incluyo el despido, como veréis. porque si te despiden, va a dar igual lo que llores y encima quedas fatal. Para esa ocasión, uno se marcha al baño, y además se pega el lujazo de no volver en un ratico largo. Agarrar el iphone del jefe y arrojarlo al inodoro es opcional y puede acarrear algún que otro disgusto, pero … ¿y lo bien que se queda uno?

Facebook, twitter y otros animalejos

El otro día, un amigo me recriminaba cariñosamente que tengo un tanto descuidado el blog -será porque con eso de la crisis estamos currando por dos o tres- y la verdad es que en el mundo y en este país está pasando tanto y tan variado que no sé ni por dónde empezar y me entra la pereza nada más abrir el blog.

Los elefantes del rey, los atracos a mano armada a mi depauperada nómina, la crisis de las narices -que yo no sé dónde se mete cuando una va a los centros comerciales, porque están petados-, las usurpaciones repsoleras allende los mares, el fostión del parqué (jajaja, a mí MLP, básicamente porque no tengo ni un duro en bolsa ni -si a eso vamos- fuera de ella), así que díganme ustedes sobre qué demonios puedo yo escribir sin meterme en algún lío, ya sea por inculta, atrevida o simplemente descerebrada. Es que cada uno de los temas proporciona inspiración y cancha, no ya para un post, sino para una enciclopedia completa del esperpento social, humano y laboral que nos rodea nada más abrir el chrome, el explorer, el firefox o lo que tengan ustedes como pantalla de inicio, porque ¿a que es lo que primero hacemos al encender el equipo? Abrir el explorador de internet, que para eso está.

Y también hay que decir, que mi desidia literaria se ha recrudecido desde que una amiga me enganchó a eso de facebook -pero engancharme de verdad, que cuenta tenía desde hace siglos, y la borré, y resulta que lo que borré no se borró, y ahí seguía la cuenta, cual zombi cibernético, que vete tú a saber qué más cosas habrá por internet que yo creía borradas, y me la llevé al río pensando que era mozuela, pero tenía marido. Por tanto, estoy presa de un inquietante desbordamiento de comunicación en múltiples direcciones, que reclama casi todo mi tiempo libre, que es bien poquito, y que además, me impide pensar en las cosas que suceden y no digamos ya el escribir sobre ellas.

Ping! Croinx! CroacCroac! Tiklin! Y a ver qué criatura será la que pía en tu móvil o en tu portátil, que una no gana para sobresaltos ni distracciones.

Y una se resigna, con esa resignación de los que llevan 20 años currando en esto de las nuevas tecnologías, y reflexiona sobre el panorama, comprendiendo que, o estás en esas lides cibernéticas, o quedas totalmente expuesto e indefenso a un sinfín de tragedias sociales, laborales y personales que se te vienen encima si te empeñas en quedarte al margen del mundo digital.

¿Que no tienes linkedin? Eres un paria profesional, no existes para las intrincadas redes de los headhunters, principalmente porque esa bonita labor de llamar a la gente por teléfono para conocerla se está quedando tan anticuada como el rosario de la aurora, y los muy vagos prefieren el camino fácil, que consiste en creerse lo que pone en los escaparates que cada uno prepara para lucimiento y brillo personal. Así les va luego, claro. Diseñando asistentes virtuales que entrevisten a la peña, tócate los pies. Que no se quejen si al final el prometedor candidato tiene la brillantez mental de un melón cruzado con nécora. A mí linkedin me cansa tanto que estoy por borrar mi cuenta, me harta ver ineptos colgando sus falacias en sus perfiles. De no ser por el hecho de que me resulta útil en mi trabajo actual, lo mandaría al guano. Puaj.

¿Que no tienes facebook? Eres un auténtico desecho social, un bicho raro, un humano sin amigos ni posibilidad alguna de obtenerlos. A mi me resulta un poco cansino, la verdad, y únicamente le encuentro una cierta utilidad para mantener el contacto y curiosear qué fue de quién, pero sinceramente, si quiero saber algo de un amigo, le llamo, le pongo un correo o mejor, me tomo unas cañas con el susodicho/a. Puedo prescindir de facebook con total tranquilidad y sin aspavientos.

No tener twitter supone no estar al tanto de cualquiera de tus asuntos, ya sea el avance de la huelga de los pilotos de iberia, la torta que se están pegando tus acciones, las bragas que se pone Sarah Jessica Parker ese día, o cualquier otro dato altamente interesante que permita que tu vida en este planeta sea posible. Y no, no tengo twitter, por cierto. Hasta ahí podíamos llegar.

En cuanto al guasap, pues hombre, el chat tiene cierta coña, y la inmediatez también, pero eso de estar continuamente on line, jolín, que pereza. Si, ya sé, puedo modificar mi estado, que por cierto es “Criando a mis aliens”. Pero se me olvida, y lo cierto es que más que criándolos, ya tendrían que estar haciendo la comunión. Además, teniendo facebook, ¿para qué demonios queremos el guasap? y el messenger de la blackberry? Pues para los amigos que no tienen guasap. ¿Y el gmail? Para ver los mails de las ventas on line.

La virgen. No, si desde el invento del zapatófono se veía venir, cómo nos complicamos la existencia.

Ahora pierdes el móvil de las narices y ¡pierdes la vida entera! Peor aún, te lo roban y se convierten en tí, aunque sea por poco tiempo. A ver cómo desfaces el entuerto si algún psicópata, ser vengativo, o simplemente un capullo se pone a juguetear con tus cuentas y a colgar lo que se le ocurra en ellas.

Y por si esto fuera poco, nos tenemos que convertir en MASTERS en internet, porque claro, llegan las nuevas generaciones, que han nacido con apéndices palmares enganchados a los mandos de la xbox, y prepárate para vigilar no ya tus cuentas, sino las de tus retoños, que yo no he visto jamás criaturas tan dotadas para la tecnología pero tan cortas de entendimiento, de sesera y de sentido de las proporciones.

Creo que cada vez me está tentando más el mundo gallináceo, “Vamonos pal pueblo Pepe”, que a mí esto de la tecnología me está superando con creces. Con lo bonica que era internés en los años 80, que forma de cargársela.

Os dejo, que una de mis criaturas cibernéticas reclama mis cuidados, apuesto a que es el feisbuk, que pía cosa fina.

Cualquier día los mando a todos a esparragar… y lo feliz que viviré.

Ola de frío

El invierno es lo que tiene: hace frío. Y punto. Y venga la prensa a marear el asunto del frío -será que no hay noticias- y parece que nos vamos a morir todos por hipotermia.

Así que ola de frío. Pues como cada invierno, con mayor o menor crudeza. En la sierra madrileña tenemos habitualmente -6º en invierno y nadie pega las tres voces ni monta un especial informativo. Dos grados bajo cero es un tiempo normal. Pos eso. Frío pelón, que es Enero y estamos en la sierra, y punto.

Como decía un ruso cuando lo entrevistaban el otro día en la tele “no hay mal tiempo, hay mala ropa”. Y dio en el clavo el hombre, aquí no sabemos vestirnos para el frío, ni a nosotros ni a nuestros coches. Vale, de acuerdo, para el poco mal tiempo que tenemos aquí no nos sale muy a cuenta tener neumáticos de invierno, aunque deberíamos. Tendríais que ver cómo circulan los coches en Moscú sobre el pavimento helado, a toda caña. No he pasado más miedo en mi vida.

En cuanto a la ropa, toda la razón que tiene el hombre. Esta mañana se me ha ocurrido ir a por leña sin guantes, al estilo escarlata o’hara. Cuando terminé de descargar la carretilla llena de troncos en el maletero de mi coche desafiando el vendaval que me metía los pelos en los ojos, no sentía ni las yemas de los dedos. Me metí en el vinículo con el moco colgando, y puse la calefacción a toda leche a ver si conseguía habilitar mis extremidades y meter la llave de encendido en el lugar correcto. Evidentemente, gorro, guantes y bufanda hubiera sido un equipamiento más que recomendable, y ¿dónde estaban? en casita bien guardaditos en el armario. A eso se refería seguramente este experto en olas de frío siberianas con eso de que no tenemos ni idea de vestirnos para el frío.

Así que me hace una gracia enorme este titular:

Que se manifiesten 200.000 rusos me parece una noticia como cualquier otra, todo lo más, llama la atención la cantidad de gente. Lo que me parece de chiste es que apostillen “a menos 20 grados”. Menos 20º en rusia es una MARICONADA, la gente se viste y sale a la calle, a sus trabajos y a los colegios, y punto. Yo he visto niños de dos años jugando en el parque en la ciudad de Yaroslavl a menos 9 grados. Eso sí: apenas les veías los ojos, enfundados de arriba a abajo en sus monos impermeables y acolchaditos, con sus guantes, sus capuchas y sus bufandas. Correteando felices y contentos y jugando con los artefactos del parque infantil.

Tengo dos amigos, uno en China a -30º y otro en Polonia a -22º. Lo sé porque envían prueba fotográfica: el cuadro de mandos del coche, que no engaña.

¿Y aquí? Vete a dar una vuelta un viernes o sábado y mira como salen de copas las niñas (reconozco que mis amigas y yo hace lustros íbamos exactamente igual de desabrigadas). Las ves temblando de frío en las paradas de los autobuses, con una minifaldita y una bomber de cuero sintético que abriga exactamente un pijo. Se pasan el puñetero invierno acatarradas, las criaturicas, y no tiene nada que ver la ola de frío de menos tantos, es que con 5º si no vas abrigado, te pillas el trancazo igual.

Y en cambio, vete ahora a Moscú a ver cómo salen las rusas: escotadas hasta las trancas y luciendo cacha que para eso la tienen (anda que no les gustan las minis), pero encima del modelito de turno llevan unas cuantas capas de ropa térmica que sólo se quitan al llegar a los sitios.

Que parecemos idiotas, hombre, lo único que hay que hacer para combatir el frío es ABRIGARSE.

No aprendemos, no…

Feliz finde, majos.

Baños ¿arabes?

Oh, vaya por dios, qué bonito es olvidar la propia historia. Y pensaban ustedes que nos ocurría sólo a los occidentales. ¡Pues no!

Pasen y vean lo que acabo de leer que me ha dejado de piedra pómez:

http://www.elmundo.es/elmundo/2012/01/07/internacional/1325938115.html

Resulta que los SPAs -o al menos eso dice la noticia- se dan de tortas con el Islam.

 

Pues no. Definitivamente no. Que se lo hagan mirar estos señores porque resulta que los SPAs los inventaron los árabes. Y me atreveré a decir que el Medina Mayrit le da veinte vueltas a cualquier SPA europeo, de esos con bañeras de chorros y burbujas. Nada que ver. Es como comparar el tocino con la velocidad. Eso sí, reconozco que en ningún sitio dice que se tengan que bañar juntos ellos y ellas, ni dice que haya que hacer otra cosa que bañarse, pero también es cierto que son públicos y que por tanto, no existe mucho margen para desarrollar cualquier otra actividad. Es más, si hablas en voz alta, te llaman la atención -con excelente criterio.

Como siempre, compañeros y compañeras, se trata de MATICES, porque si hay algo que la cultura árabe aportó a la humanidad como un bien de todos son los BAÑOS. Porque a ver, que se lo digan a cualquier pueblo sometido por los españoles, ¿a que olíamos a RATA? Anda que no, siempre metidos en las armaduras aquéllas, y oliendo a chinche, a panderana y a sobaquina. Pero qué ascazo. Todavía en Canarias, un buen insulto sigue siendo “godo hediondo” (pronúnciese “jediondo”). ¡¡Con razón!!

A ver, señores, háganselo mirar, porque los herederos de los Baños Árabes, que son los SPAs, no tienen nada de malo, eso sí; depende de cómo los usen, y eso ya no tiene nada que ver con las instalaciones sino con cómo se gestionan… a ver, que a mí me fastidia enormemente que la gente haga ruido en un SPA, y no digamos ya ver a una pareja dándose el lote… eso -al menos a mí- me produce la misma dentera que ver a una señora dando de mamar a su hijo en plena iglesia.

Exactamente lo mismo.

Que hay que saber estar, jolines.

Que hacer con el pavo este de la matanza de Oslo

Me refiero a este ser:

http://www.elmundo.es/elmundo/2011/07/24/internacional/1311458614.html

No pongo la foto porque me da asco tenerla en los archivos del blog.

Yo lo tengo claro.

Has matado a 92 personas, verdad, majete? Eso que se sepa, que posiblemente haya más críos de 16 años ahogados en el fondo del mar huyendo de tu hijoputez.

Y además dices que has sido tú, y que era atroz, pero -en tu cabeza- necesario.

Vale, colega.

Yo a eso le llamo ser una ALIMAÑA.

Pero como además de alimaña eres un cabrón sin sentimientos, no te meto en el saco de los enfermos mentales, y te dejo en la cárcel de por vida.

Ah. Pero no sólo eso. Eso no basta.

Yo cogía a cada una de las familias a las cuales les has matado un miembro y les pedía que por favor, preparasen exactamente qué tortura quieren que te apliquen anualmente en nombre de su hijo, hija, padre, esposo, hermano o sobrino. Habría que discutir el orden para permitir que sobrevivas a todas, claro. La tortura debe ser “atroz pero necesaria”, y a diferencia de lo que has hecho tú, malnacido, no debe matarte. Me explico: Te torturaría todos los días de tu condena durante todos los años que te queden de vida, de tal forma que poco a poco te vayas convirtiendo en un muñón humano. Eso sí, con todo tipo de atenciones médicas especializadas para que sigas malviviendo de por vida. Además, durante cada año tendrías en tu celda una foto tamaño poster del ser humano cuya vida arrasaste. Para que cada mañana, cuando despiertes y te prepares para la tortura, te acuerdes del momento en que apretaste el gatillo.

Ni atentado político ni islamófobo ni leches. Así que quieres ser el mayor monstruo desde la segunda guerra mundial. No hijo, no vamos a darte ese placer.

No eres más que un cabrón malparido y asesino de niños y de personas inocentes, y no te mereces otra cosa más que sufrir el resto de tu vida. Matarte es demasiado poco.

Adiós Amy, hola verano

Todo de golpe, una llega a puerto banús, estrena playa y quemadura de espalda y se nos mata la winehouse; casi diría que entre todos la mataron y ella sola se murió, pero es más bien lo último.

Aparte los desvaríos de los comentaristas de la noticia en los medios, la verdad es que es una pena. Me encantaba esta mujer, vaya voz que se ha perdido.

Y me encuentro con la noticia a la vuelta de hipercor de puerto banús, que cada día está mas enorme, y caótico. Me cuesta dios y ayuda encontrar las cuatro vainas de siempre que vengo a buscar, las cosas están puestas sin orden ni concierto, y al final, te lleva una hora llenar cuatro míseras bolsas de plástico, que por supuesto te cobran. Y claro, llevo mis bolsas reutilizables reglamentarias en el maletero, pero joder, como para acordarse de cogerlas.

Pero con lo que aluciné de verdad fue con el lineal de los caviares, anchoas y mújoles variados. Al lado del caviar de salmón, sustancia que me gusta casi más que el beluga (principalmente porque el tarro de 100 grs te cuesta 14 euros y no 140), unos impresionantes tarros de smetana (nata agria), que me chifla y que es muy difícil de encontrar porque es como pretender encontrar salmorejo en medio de la estepa rusa.

Y sigo adelante y me encuentro con otro mueble -como digo está muy desordenado- con más variedades de smetana -otra vez- y kéfir que de danone. Vamos, que tenemos a media población rusa metida en puerto banús, aquí la guiri parezco yo, de no ser por mi espalda requemada y mi vestidito hipi y mis sandalias planas de cuero.

Tengo pinta de guiri y me aprovecho de ello en el parking, como buena TORDA he aparcado al revés, es decir, me explico: el maletero totalmente inaccesible para meter las bolsas, así que dejo el carro a un lado y muevo el coche para meter las bolsas dentro.

Entonces, aparece otra TORDA, tordilandia comienza a parecer ésto, con un precioso y anchísimo mercedes descapotable, y para mi incredulidad, descapotado, porque el calor inhumano que hace en el parking del corte inglés de puerto banús solamente podría compararse al que haría en el despacho de satanás.

Y la criaturica pretende meterlo en el hueco que yo he dejado. Comienza a maniobrar como una loca, mientras su acompañante, bastoncico en ristre, trata de orientarla para que pueda encajar el coche entre los otros dos. Saldrá por el capó, claro. Porque si yo lo tenía jodido, ella no te cuento.

Mientras maniobra con su largo y gigantesco carro, me mira como esperando a ver si LA MENDA mueve el carro para que ella pueda aparcar con mas comodidad. Me hago la guiri, sueca por más señas y abro olímpicamente el maletero, con esa gracia y salero que solo tienen las madrileñas acostumbradas a meter la compra en los maleteros en un pis pis.

¿Y que me encuentro? Pues con las 6 puñeteras tablas de surf de los niños, que me impiden meter otra cosa que no sean los bricks de leche -y siempre y cuando sea desnatada, que la entera ni de coña.

Cagate lorito. Plan B. Comienzo a meter las bolsas en los alzadores y sillas de los peques, y como digo, los bricks de leche justo pegaditos a la colección de tablas, la cual han sido enriquecida con un nuevo miembro: una tabla de princesas disney cursi hasta la retranca para mi hija, que esta mañana su prima y ella andaban a la gresca para subirse encima. Hala, lo que faltaba.

Porque claro, señores, ahora vamos a la playa con lo siguiente:

6 niños, de edades comprendidas entre los 6 y 12 años, 4 niñas y 2 niños.

3 bolsas, una de toallas y otras dos de ropa, ungüentos, revistas y libros que al final nunca lees y terminan llenos de arena.

1 pliego de cierto ministerio que ha sacado la licitación para presentar el 30 de agosto, tocate los huitos. Los proveedores a currar mientras vosotros estáis en la playuqui, eh? Cacho perros.

1 mochila de plástico con cubitos, palitas y tal y tal.

1 bolsa de plástico con 8 pares de escarpines. Porque pretender meterse en el agua de esta playa sin escarpines es causa segura de sufrimiento atroz en las pezuñas. No he visto una playa con unos pedruscos tan horribles en toda mi vida. Nada más entretenido que sentarse en la orilla a ver cómo los guiris gritan de dolor tratando de salir a la orilla mientras las olas les empujan y les hacen enterrar los pies entre los pedruscos. Luego miran con envidia tus escarpines, y a más de una le he dicho where to buy these things, at corte ingles, darling, oh thanks a lot, this is simply awful!!! Ya te digo.

1 bolsa-nevera con agua para los enanos y un par de birras (que muchas veces terminan volviendo a la nevera de casa porque termino sucumbiendo a la tentación de los mojitos que preparan en el chiringo)

Nos ahorramos la sombrilla porque cogemos tumbona y sombrilla de paja reglamentaria, que para cuatro días no nos importa pagarlo.

Desde luego, hacemos dos viajes porque ocho no cabemos en el carro ni apretujando a los niños unos contra otros.

Y naturalmente, las puñeteras y jodidas tablas se quedan en el maletero, cosa que por supuesto olvido SIEMPRE.

Ha hecho un calor atroz, hoy. Y eso que estábamos en la playa a las 11,30, y nos hemos comenzado a retirar a las 13:30, cuando lorenzo comenzaba a pegar, pero bien. Mañana más. Lo que es seguro es que sólo iremos a la playa de 11 a 13,30 como mucho, que este verano está que arde, entre la masacre noruega, la caída en picado de este país y la pobre Amy, que se ha marchado a animar el mas allá con su inimitable eyeliner y su voz incomparable. Descansa en paz, chica.