¿La crisis, por favor?

De poco sirve decir que el Gran Plaza 2 estaba plagaíto de humanos haciendo compras, porque eso lo sabe todo el mundo. Y que aún sabiéndolo, sigan intentando acudir con sus vehículos y personas, en solitario o en manadas, me sigue dejando pasmada.

plaza

Yo confiaba en que -siendo las 5 de la tarde- todavía no habrían llegado las huestes de Satán, y quizá podría hacer un par de compricas que tenía pendientes. Y bueno. Las huestes de Satán no, pero sí los orcos de Saruman, arrastrando consigo a sus jaurías, representadas por dos o tres criaturas que correteaban por los pasillos y un cónyuge o pareja que se dedicaba, alternativamente, a mirar culos o escaparates. Opcional, hardware asociado en forma de carrito de bebé-orco lloriqueante. Me parece una gran crueldad arrastrar humanos de sexo masculino a los centros comerciales, pero si encima se hace en período de rebajas y en hora punta, es acumular papeletas para el divorcio.

Una de estas criaturas, además, circulaba por el Primark como Ben-Hur, subida a sus tacones de charol rojo 16 válvulas. Válgame, cómo es posible irse de compras emulando a Sarah Jessica Parker. Jesús. Debe de haber hecho una promesa a Santa Belén Esteban.

taconazos rojos

Llevaba consigo un par de criaturas adolescentes cargadas de presuntas gangas barateras, pero carecía de cónyuge-sherpa, habitualmente encargado de acarrear las bolsas, abrigos y bufandas, que más que un ser humano los pobres parecen un cruce entre un perchero y un camello que los Reyes Magos se hubieran olvidado por ahí.

Y las cajas. Dios mío las cajas. Yo que sólo quería hacerme con unas perchas, que precisamente están allí, al fondo de la línea de cajas de la segunda planta. Eso no es gentío, es una colección de walking dead, a juzgar por lo despacio que se mueven. Seguro que te pones allí y se te comen. Y luego, están los de los carritos. Deberían crear el carnet de portador de carrito de bebé. ¿Por qué se empeñan en meter carritos de bebé/niño/vago de 6 años entre los percheros y mostradores? Acaban pareciendo ratas en un laberinto de pruebas, tratando de encontrar la salida, pasando por encima de tus pies sin el menor disimulo y arrastrando perchas y ropas en su avance. Por no hablar de los bolsazos que los cónyuges-sherpas te sacuden con entusiasmo. Zas, toma leche. Pa que aprendas.

Luego están esas bonitas parejas que obviamente son fruto de las webs de contactos, y más concretamente de los errores de diseño de sus base de datos: él con cara de estreñido pensando “y porqué narices marqué yo en la casilla de me encanta ir de compras“, mientras la candidata escogida entra y sale frenéticamente en las tiendas convencida de haber encontrado a su pareja ideal. Criaturicas. Lo que tienen que hacer algunos para echar un polvo.

Y ¿se puede saber, en el nombre de los testículos del Minotauro, porqué ponen la calefacción en las tiendas en modo infernal? Que una entra a mirar, y según pisa la tienda, le viene de frente un siroco marroquí que consigue que comience a sudar a chorros. Lo normal es que huyas de allí a los treinta segundos y salgas a tomar aire a los pasillos, no vaya a ser que aquello sea la antesala del infierno, venga Satán y se te lleve de los pelos. Y tampoco puedes dejar el abrigo en el coche, porque en el parking te congelas.

Y qué bonito cuando entras, toda contenta, a ver las gangas, y te encuentras eso de “Nueva Colección”. Lo de la nueva colección lo inventó un espabilao que decidió rebajar sólo la mitad más chunga de la tienda y sacar los restos del año anterior mezclados con la mitad menos chunga al mismo precio.

Pero lo peor no es eso, no. No es entrar, dar tres vueltas y no comprar nada. Lo peor es salir. Abandonar el lugar, rescatando tu coche del parking, donde hay tal cantidad de tráfico que deberían poner rotondas. No hay ni un hueco. La gente está loca. Son capaces de matar por un sitio, y no digamos ya si a algún otro humano se le ocurre colarse y quitarle el hueco. Buf.

Y sin embargo, una vez que ya estás fuera, te encuentras con la pescadilla que se muerde la cola. La cola para entrar casi se junta con la de salir, de hecho, cuando me acerco a la rotonda principal, veo con espanto que la ruta que pretendía tomar estaba llena de lucecitas rojas a lo largo de varios kilómetros. ¿Por qué? Porque la salida de este centro comercial -ojo, tres rotondas más allá- coincide con la entrada del rozas village, donde hay otra cola de coches esperando entrar que acaba en la república de Krasnoiarsk. Naturalmente NO puedo ir por ahí, a menos que me plantee hacer noche. Tampoco puedo acceder a la A6 sin pasar por semejante atasco en fila de a uno. Sigo a mi instinto y huyo en dirección contraria, hacia Majadahonda, con la pretensión de hacer un cambio de sentido que me permita entrar  al carril central de la m-503. Y no, no lo consigo. Tras pasar por dos o tres rotondas y desorientarme por completo, me dedico a dar más vueltas que un perro pa echarse, atravesando urbanizaciones, descampados y más rotondas, así como un montón de badenes diseñados específicamente para joder los bajos de cualquier coche, sobre todo si vas de noche y con ceguera nocturna, que es mi caso. De noche veo menos que un gato de escayola. Por dios por dios. Me voy orientando al oeste, podría poner el Waze -insigne invento- pero prefiero darle una oportunidad y un cierto entrenamiento a mi sentido de la orientación. Mal hecho. Ese resplandor al que me dirijo bien podría ser el Monte del Destino, a juzgar por los despoblados que estoy atravesando, la Ciénaga de los muertos a la izquierda, la Puerta negra a la derecha… lo mismo acabo encontrándome a Gandalf y consigo salir de aquí. Pues no. Acabo en la misma rotonda de la que partí, y entonces, horrorizada al ver que estaba a punto de quedarme atrapada entre los que pretendían entrar y los que querían salir del puñetero centro comercial, pego un acelerón y tiro recto hacia Villanueva del Pardillo evitando a los que estaban del otro lado, haciendo cola para entrar en el Carralero. Si hay que atravesar Valdemorillo y Colmenarejo, se atraviesa, faltaría más. Como si tengo que cruzar el puñetero estado de Tejas al estilo Thelma y Louise. Lo que sea con tal de huir. Necesito poner kilómetros con esta locura. Seguro que así empezó Walking Dead.

La puñetera carretera está oscura y en obras. Al menos no llueve y además me he librado de los monstruosos atascos. Antes de llegar al gran estado de Tejas, consigo virar hacia Las Rozas y enfilar la carretera del Escorial. Cruzo por encima de la m-503, mejor dicho, por encima de los miles de lucecitas rojas que me indican que mis decisiones han sido acertadas, y que al menos conseguiré dormir en casa esta noche.

¿Crisis? Y un jamón. Venga, majos, salid del armario. Que a mí no me la dais con queso.

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Cuponazos…

El mundo cupón es francamente fascinante.

Debo reconocer que en alguna ocasión sí he pescado cupones descuento y me ha gustado la experiencia. Claro, me refiero a SPAs, tratamientos light (tipo manicuras y tal), e incluso clases de yoga, pero no me atrevo con mucho más. De hecho, hace ya tiempo que no pico.

Pero el otro día, ay el otro día, lo que me encuentro:

La leche, qué estremecedor. Lo que hace la crisis, cómo aguza el ingenio. ¿Y ésto cómo funciona?, me pregunto. Es decir, vas con tus amigos y a unos los maquillan/visten de zombis y los sueltan por el campo, mientras los otros los persiguen? O bien los zombis vienen de serie con el juego y los pone la empresa? ¿Siempre hay que dispararles a la cabeza? Porque con un bolazo de pintura en el coco tienes grandes posibilidades de convertirte en dead, sin el walking. Y un zombi con casco, como que pierde un poco la gracia.

¿Habrá alguien que haya comprado esta bazofia??

Seguro que sí. Pero hay muchas más cosas que nunca me compraría en web de descuentos. Verbigracia:

UNO: Lo de los pececitos dichosos. Con descuento o sin descuento. Porque a ver; ¿quién me garantiza que a los bichos estos les lavan los dientes entre cliente  cliente? Puajjjj. No quiero ni pensarlo. Y además, ¿y si les entra la gazuza de pronto y mutan, convirtiéndose en pirañas? De ahí el dicho “te comen por los pies”. Yuyu.

DOS: Operación de miopía. HUY HUY HUY que con los ojos no se juega. ¿De verdad alguien se compra el cupón, va a la clínica y “hola buenos días que vengo a que me apañen esto de la miopía”? ¿Y entonces sacas el cupón y a la enfermera se le borra la sonrisa de golpe y te introduce disimuladamente en la misma sala de espera que las churris de depilación láser?

TRES: La estrella de las estrellas, no sé bien en qué consiste y casi prefiero no enterarme:

Y debe ser que la peña se hace estas cosas, si no, ¿porqué demonios se ha puesto tanto de moda? ¿Y te lo hacen así, tal cual, ni médicos ni gaitas? ¿Irrigarse las tripas es una técnica de belleza? La leche. Oiga, que vengo a esto de la hidroterapia, y te sientan ahí, con tu equipamiento hidráulico al lado de una que se va a hacer la pedicura y que te mira horrorizada -y con un más que comprensible asquito-. Bruagh…

Uf…

¿Ficción o realidad?

Os traigo esta joya literaria, a caballo entre el thriller psicológico, la novela negra y la cruda realidad, especialmente recomendable para azafatas, pilotos, controladores, y en general, para todo aquel que haya volado alguna vez.

Solo os diré que vais a flipar. Lástima que sólo se pueda comprar por internet!!! porque se merecería estar en la Fnac o similar.

http://www.sietemeses.com/Libro-Siete-Meses

Lo que más me ha gustado: el personaje, que va migrando de humano normal, rutinario y en cierto modo aborregado a una bestia sanguinaria sin el menor escrúpulo, el impresionante detalle técnico de todo lo relacionado con el control de vuelos  y el ritmillo de la novela, que combina la tensión más agobiante con las plácidas memorias de la criatura en cuestión. Son muchas páginas, pero se lee de tirón.

¡Que ustedes lo vuelen bien!

Urticaria primaveral

ESO, urticaria es lo que me provoca la primavera, y no debido a las alergias varias, que afortunadamente no tengo. Bueno, soy alérgica a bastantes cosas y personas, pero nada que ver con el polen y las gramíneas.

Es lo que pasa cuando sesteas en la terraza tomando el café en un glorioso día como el de hoy y te pegas un atracón de Instyle, Glamour y Yodona. Para no variar, con cada cambio de temporada te machacan a base de enseñarte ropa que no tiene nada que ver con la de la temporada veraniega anterior, y encima, accesorios que NO PEGAN NI DE COÑA con la misma, así que te meten a presión en el cerebro que lo que tienes en tu armario es una auténtica bazofia.

Se salva el tímido intento de Instyle -dentro de las revistas de amor y lujo, la que más razonable me parece- de componer 28 modelitos con 10 básicos, 10 prendas fashion y 10 accesorios. Encantador ejercicio, sólo para mujeres reales, tal como dice la revista, y -efectivamente- para mujeres reales, pero de la realeza, y desde luego, con un cuerpazo. Me explico a continuación.

De mis supuestos “10 básicos”, unos no me entran, otros me quedan grandes y otros son -seamos francos- feos o sin gracia. Y los básicos deben tener algo de gracia o sentar impecablemente, o estar hechos de muy buen material para aguantar que te lo pongas varias veces a la semana y no se deshilache, deforme, rompa o haga bolas. ESO es un hecho. O sea: pantalones de 275€, blazer de 770, chaqueta de cuero de 420, camisa 90, sudadera 220 (aaanda ya), etc. Toma castaña. Que esto es hiper fácil, agarro 8.000 euros y acabo con todos mis males, me monto 10 básicos como dios manda y la iglesia ordena. ¿Qué es eso de faldas sin forrar, que son prácticamente todas las de Zara? No hija no, te pillas una falda tubo negra de guess por 100 módicos euros y a triunfar. Eso sí, NO TE ATREVAS A ENGORDAR UN GRAMO que tienes que salir de casa en bragas bajo pena de que la falda de marras se te reviente de lado a lado en cuanto aposentes el trasero. Recuerda, sólo tienes una falda y además las tías no tenemos oscilaciones de volumen, qué vaaa….

Cosas fashion, pues tampoco podemos decir que tenga muchas. En cuanto a los accesorios, vale, de eso voy sobrada. Puedo hacer un rastrillo de zapatos y camisetas en cualquier momento. Eso sí, no tengo bolsos de chanel de 2.450 euracos, ni sandalias de plataforma de Prada ni bailarinas de leopardo de 150. Vaya por dios en qué estaría yo pensando.

Aquí la realidad es que tendría que comenzar a probarme unas cosas con otras, y me da una pereza que te mueres. Y tampoco es plan de contratar una shopper para que le eche un vistazo a tu armario y salga de la casa gritando de horror. No, definitivamente no.  Me parece demasiado cruel. Mejor yo me lo guiso y yo me lo como.

Entonces, cuando terminas de leer las revistas, tu abotargado cerebro llega a las siguientes conclusiones:

Una. Estoy de mi ropa de invierno hasta los XXXX. El gris, marrón oscuro, beis, verde oscuro, morado, etc, me comienzan a producir urticaria. Por no hablar de cualquier cosa que lleve lana en su composición. Hoy hemos llegado a los 20 grados, temperatura a la cual los cuellos altos comienzan a ser realmente insoportables. Me he quemado el escote en la terraza, por cierto. Comenzamos bien.

Dos. Debería rescatar mi ropa de entretiempo/primavera/verano a ver si comienzo con la operación montón, que consiste en clasificarla, ordenarla y descartarla. Es imprescindible porque si no, termino juntándome con tres pantalones azul marino, cuatro faldas marrones y diez blusas blancas. TODOS ELLOS asquerosamente parecidos. Eso es precisamente lo que sucede cuando te pasas por Zara o Mango a husmear la nueva temporada y no has revisado si ya tenías de eso que te acabas de pillar. Y como soy más bien predecible, ESO es precisamente lo que me sucede, porque siempre me compro el mismo tipo de pantalón y el mismo tipo de falda, y entonces no encuentras el ticket de compra para cambiarlo, y te das de cabezazos contra la pared por idiota y por acumular prendas prácticamente IDÉNTICAS.

Tres. ¿Entraré en la ropa de verano? Supongo que este año sí, porque el yoga está haciendo estragos en mi ser. Y desde luego, he perdido un par de kilos desde que le pego al nirvana místico. Lo que me preocupa es que me quede grande. Con lo cual estamos en el mismo problema: habrá que arreglarla y según sea la proporción coste-beneficio, se va al punto limpio de cabeza.

Y entonces, animada por el solecito que ves por la ventana, te diriges a los altillos y comienzas esa bonita tarea -lalala- que consiste en retirar del armario la ropa más gruesa y claramente invernal y sacar y seleccionar algo de ropa ligera. Desde luego, la cosa consiste en vaciar los sacos, llenarlos con la ropa de invierno y preguntarte para qué leches quieres tops de tirantes en marzo. Pero claro, dónde demonios los metes, ¿en el limbo de la ropa de “todavía no pero en un par de meses sí”?

Para cuando has terminado te das cuenta de que tienes que hacer lo propio con los zapatos, lo cual implica sacar los cajones de zapatos que tienes bajo la cama, quitar unos y poner otros. Lo malo: la ropa de invierno ocupa bastante más que la de verano, PERO tienes más cosas que colgar en perchas, con lo cual se te jode el precario equilibrio de tu armario. Comienzas a desesperarte. Además, te vas topando por el camino con cosas que hace ya tres o cuatro temporadas que no te pones, con lo cual comienzas a llenar bolsa para la asistenta, si está en buenas condiciones, o directamente para el punto limpio / reciclaje en el caso de que no haya nadie en este planeta que se pondría algo así. Cae la tarde cuando todavía estás liada con la ropa de las narices, mucha de la cual lleva contigo varias temporadas -hola buenos diaaas- y comienzas a ponerte un poco de los nervios.

Y tras la operación armario, llego a la siguiente conclusión:

Uno. Por primera vez al pegarme esta paliza, no me duele la espalda. Además, he podido bajar los sacos de ropa yo solita sin necesidad de ayuda masculina. Esto ha sido cosa del yoga, que tanto retorcerme la columna, ha terminado por fortalcerla.

Dos. En términos generales, no me gusta cómo ha quedado el contenido del armario. Se salvan algunos básicos, y tal vez algo de ropa fashion, pero sobre el resto habría que hacer un pensamiento. Tengo sobreabundancia de camisetas, blusas y tops, y un déficit elevado de vestidos. Sí es verdad que soy reacia a tirar cosas o deshacerme de ellas, sobre todo si son buenas. Tengo un vestido de seda azul con flores que tiene ya seis añitos. Y eso es un problema porque cuanta más ropa tienes, menos la reutilizas, y por tanto, está nueva. El puto vestido, con el que parezco mi abuela por el campo, está impecable. Claro, es de Blumarine. Un básico totalmente obsoleto, pero ahí está, cómo demonios voy a tirarlo???? Así que, efectivamente, tienes cosas como nuevas, del año de LA COQUITO, que no hay dios que se ponga ya esas mangas, esos cortes o esos cuellos que cuelgan en tus perchas descojonándose de tí.

Tres. Hablando de déficit, sólo tengo UN TRAJE CHAQUETA PANTALÓN de verano, en color beis. Y aunque es bueno -me costó un congo- está un tanto baqueteado. Y tampoco tengo un socorrido traje chaqueta con falda ligerito. Cómo es posible semejante despropósito. Con lo cómodos que son. Tengo que hacerme con uno azul marino, a ser posible con falda.

Cuatro. Es obvio que debería  renovar el vestuario y tirar la mitad de lo que tengo en el armario, pero no tengo un duro.

Cinco. Tarariro te la hinco.

Puaj. Que le den morcilla a la ropa, me voy a ver la tele.

Silcas

Mercadillos navideños

Por si fuera poco, además del cuponing (por cierto YA me he apuntado al Yoga, comienzo el día 12 de enero) llego al curro y ¿qué me encuentro? Un anuncio a todo color de mercadillo de lencería (mi vicio favorito) al ladito mismo de mi curro.

Aunque al principio me resisto, en cuanto he enviado dos correos, me falta tiempo para engatusar a una de mis compis para acercarnos a ver lo que se cocía por allí.

Previo cruce de emails preparando la huída, se acerca a buscarme con el bolso y el abrigo ¿me acompañas? claro, le digo, ÑIAAUUUU cojo la cesta y me marcho, sardinas frescues, dejando a mi jefe y a mi compi con sus elucubraciones sobre los resultados del último informe del World Economic Forum, que los tiene la mar de entretenidos. Que buenos reflejos he demostrado enviándoselo justo 15 minutitos antes de salir por patas. Ni se han dado cuenta, claro.

O sí se han percatado de que estaban hablando solos, y han preferido no preguntar dónde van dos churris a las 12 de la morning huyendo cuales gallináceas. En el fondo, creo que mejor no saberlo. Es información que no necesitan.

Llegamos, vemos y triunfamos. Caen un camisón negro de encaje de nina ricci precioso, con una espalda de infarto, para la menda y entre la dos, algunos conjuntos de lejaby y nina ricci, a 15 euros.

Hala. Marchando una de bragas.

Si es que NO se me puede dejar suelta…

Silcas

Cuponing

Lo que me faltaba. Esto es como enseñarle a un toro un trapo rojo.

Una de mis compis del curro me ha pasado estas webs de cuponing y claro, me ha faltado tiempo para apuntarme.

http://www.groupon.es/deals/madrid/en-el-manantial–8-clases-de-yoga-cada-una-por-19/198496

http://es.groupalia.com/index.php/deals

De momento, he comprado la oferta de Groupon de 8 clases de yoga por 19 euros, las cuales me han salido por 9 porque tenía un bono descuento de 10.

Así que además del gym, el cual voy a retomar mañana mismito, voy a probar el yoga. A ver cómo me va.

Desde luego, en caso de error, sale baratito, baratito.

Como actividad para mediodía me parece genial.

Al menos, mira tú, me servirá para relajarme, lo ÚNICO que espero es no quedarme completamente sobada en la colchoneta durante la sesión, cosa que es más que probable que suceda con la vida que llevo. Puede flipar, el público.

 

CRUUUNCH !!!

Ay. Que me voy a romper…

Silcas

Bragones y mazmorras

No, no estaba yo preparada para lo que me encontré esta mañana.

Ayer tuvimos cumpleaños de mi cuñado y después timba de póker. Por supuesto, yo, que con las cartas soy mala hasta decir basta, me entregué al noble arte del gintonic+viboreo, junto con mi hermana y amigotas.

A las 3, estaba en el sofá medio grogui, tapada con mi manta reglamentaria esperando pacientemente a que mi santo esposo perdiera hasta la última de sus fichas, cosa que sucedió, afortunadamente, allá por las 3 y 10 y que permitió que nos recogiéramos a una hora prudencial -por decir algo-.

Así que esta mañana, tras desayunar con tranquilidad -eso de que los enanos duerman con los abuelos te permite estos lujos, me pongo a navegar un poco por la red, a ver qué me encuentro.

Y -repito-: No. No estaba preparada para la venta Platino de Vente-Privee. Me ha salido un sarpullido. Pasen y vean.

El Bragon

El Bragon

¿No lo creen ustedes? Veámoslo más de cerca.

Bragon mas de cerca

¿Seguimos sin creerlo? Pues ahora veámoslo por detrás. Es duro, lo sé. Pero hay que ser fuerte:

Por delante y por detraaas

La órdiga. Pero si este apaño no le queda bien NI A LA MODELO. No quiero imaginar a mí misma o a cualquiera de mis conocidas, incluyendo las “modelo espárrago” con esta maravilla, sobre todo en este precioso color.

Ouf. Como escarpias, se me han puesto los pelos.

Entre eso, y la sesión de sexo duro que me espera hoy (la ciénaga de Shreck parece una patena comparada con mi hogar) creo que voy a volverme a dormir para recomenzar la jornada. Y mañana reunión a las 09:30 (que por supuesto NO se celebrará hasta las 14 hs, así jodemos el desayuno y la comida). Menos mal que esta semana no tengo que ir a Barcelona, ni a Sevilla, ni a ningún lugar a más de 50 kilómetros de mi hogar. Eso sí, tengo curro para aburrir.

Que ustedes aperitiveen bien.

Silcas