De pepinos y otras cucurbitáceas

Señor señor. Anda que vaya personal que tenemos gestionando el país -o haciendo como que lo gestionan-

Como todos habréis visto las fascinantes imágenes de “consejera devorando el pobre e indefenso pepino”, no insistiré en destrozaros las retinas con semejante visión. Sí me preocupa, y mucho, la pobreza mental que demuestran los próceres de la patria con semejantes actitudes, que me recuerdan a Fraga bañándose en la playa de Palomares para demostrar que no había peligro alguno.

http://smfdiario.blogspot.com/2010/02/aquel-bano-de-fraga-en-palomares.html

En realidad, más que el injustificado e injusto ataque contra los pepinos españoles, me preocupan más otras cucurbitáceas que pueblan este país, muchas de ellas plantadas y floreciendo en en los departamentos de atención al cliente.

El viernes compré un lavaplatos en el Mediamarkt, más que nada porque el mío está absolutamente destrozado y la rebaja era considerable, de 470 euros a 286. Así que ni corta ni perezosa tiro de tarjeta y me compro el cacharro, para alegría y alborozo de mi asistenta, que a base de aguantar la obsolescencia de mis electrodomésticos debe tener ya una parcela modelo “andalucía” en el cielo.

Quedo en que el lunes por la tarde me traen el trasto -insisto en eso de por la tarde-, y me informan que me llamarán para concretar la hora.

Y efectivamente, ayer me llama una cucurbitácea -modelo CALABACÍN yogurín- para informarme que la entrega se producirá el lunes entre 10 y 13 hs. Ya. Pero mira, es que como no te abra el perro, vamos bien jodidos, que en mi casa no hay nadie a esas horas porque todos curramos y los niños están en el cole.

La cucurbitácea se empeña. Que no es posible otra hora. La respuesta fácil es: ” Que pena. Vale, os coméis el lavaplatos y me devolvéis el dinero”. Pero como una de la obras de misericordia es enseñar al que no sabe, voy a ejercer de cliente majo y comprensivo y demostrar a esta hortaliza cómo se consigue que un cliente no se ponga hecho un puma por la falta de profesionalidad de los seres que ponen a “tender” a los clientes (al sol como las pipas de los melones), porque lo de “atender”, como que no les viene por ningún lado.

Sigo en mis trece. Que por la mañana no hay nadie. Ella, emperrada en traerme el trasto a esa hora. Que es TOTALMENTE imposible hacer la entrega por la tarde. Vaya por dios.

Utilizo el silencio. Sigue desgranando el mantra que le han metido en la testuz: que por la mañana que por la mañana. El diálogo de besugos está comenzando a hacerme reir. Al final me apiado y le doy la solución. Otro día de la semana, cualquiera, el que mejor le venga a ella o al transportista o al sum sum corda, pero POR LA TARDE. Entonces me obsequia con el producto de su mente: Voy a ponerle al transportista que la entrega debe ser el lunes por la tarde. Vale, respondo, ¿y si no me lo puede entregar el lunes por la tarde? Me responde: Entonces el martes por la tarde.

OH. Conseguido lo he. Me lo van a entregar por la tarde, “como excepción”.

Criaturica.

Lo mismo se ha hecho una carrera y un par de másters y está currando en esa mierda de trabajo porque no encuentra otra cosa, y tanta membrillez le ha gripado las neuronas.

La leche.

País de cucurbitáceas, obviamente. Ayer fui a la frutería y por supuesto compré pepinos. El dependiente me pregunta ¿con bicho o sin bicho? Con bicho, por supuesto, le respondí. Faltaría más.

Si es que humor no nos falta, jolín. Ya quisieran un pueblo como éste muchos gobernantes, que deben estar flipando con el hecho de que no hayamos prendido fuego al parlamento, al senado, a la moncloa o a la zarzuela. O a todos ellos a la vez.

Feliz domingo.

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Programa de Fidelización Infantil

Atareados estamos, componiendo el PFI (Programa de Fidelización Infantil), el famoso cuadro de estrellitas que se va rellenando en función de lo bien que se comporte el público objetivo -en este caso nuestros dos hijos- y que incluye un programa de redención de puntos (a saber: 1 estrella = 1 punto) en forma de regalos, actividades diversas y en general, todo aquello que les mola a cambio de cumplir determinados objetivos.

Todavía no está listo el catálogo y el proceso de redención de puntos, pero ya les hemos colgado en sus cuartos respectivos sus cuadritos para que vayan recibiendo estrellas.

Las trampas saduceas de este sistema -y solo lleva implantado 24 horas- son las siguientes:

– Si tengo suficientes puntos para el regalo que quiero ¿porqué seguir acumulando estrellas? (visión infantil cortoplacista, que suele ser la buena, mi hijo la captó IPSO FACTO). Los regalos gordos tienen que costar una pasta, la redención de puntos no puede producirse de forma semanal, sino mensual. Se puede plantear la caducidad de las estrellas, pero el peque se puede pillar tal globo que casi mejor no.

– Diversidad de opiniones en cuanto a la cumplimentación de tareas. Es necesario ser escrupuloso en la descripción  del objetivo: O sea, no vale “Lavarse los dientes”. No. Hay que poner “Lavarse los dientes sin que nadie me lo diga”. “Recoger la leonera” suele ser otro de los grandes errores por indefinición del objetivo. Casi nunca llegan a los niveles de orden de un adulto. Como mucho, despejan el suelo, y aquello que no saben dónde poner, lo tiran en la cama.

– Posibilidad de “rayos” que contrarresten las “estrellas”. Es necesario definir un proceso de compensación que permita evitar resultados no deseados como por ejemplo, “día infernal en el que han dado la brasa hasta la saciedad y los matarías” con  “día siguiente, redención de puntos y nos vamos a micropolix”. Nooo… Hay que ser consecuentes, pero hacerlo constar en el catálogo, preferiblemente en letra pequeña.

– Las tareas no deben ser demasiado fáciles, y además hay que cambiarlas periódicamente para que no se acostumbren y las hagan con la boina y te arruinen.

– Es necesario no recordarles lo que tienen que hacer. Deben tener su cuadro de estrellas en la mente de forma continua. Si se les recuerda, entonces no vale.

– Igualdad, por favor. Si un niño tiene 7 conceptos por semana, su hermanita no puede tener 5. Ayer tuvimos una buena con la pequeña de 6 años, que inmediatamente, y con gran cabreo, detectó que su hermano podría conseguir 2 estrellas más al día. Uuuf…

– Deben existir estrellas para el fin de semana y para días de diario. Hoy viene la pequeña toda mona y cariñosa. Mamá, ¿a que hoy no os he despertado? No claro, so cachonda, como que es jueves, y te hemos tenido que sacar de la cama con grúa. Será lista, la tía. Ya venía a reclamar su estrella. Menos mal que el cuadro indicaba claramente que era estrella de fin de semana…

– ESCONDER las puxxs estrellas fuera de la vista y alcance de los niños. Hasta ahora estaban en un cajón, pero me dí cuenta de que mi hijo llevaba en el bolsillo del chándal unos chicles robados precisamente en ese lugar. Evidentemente no es el sitio más seguro para ponerlas.

Y ahora viene lo peor, diseñar el proceso de redención de puntos y los regalos, para que no nos arrasen y nos desplumen en cosa de un mes, que como te pases con los puntos, te metes en un jardín.

La virgen, lo que tenemos que hacer hoy día los padres… con lo fácil que era antes! Los sistemas “zanahoria “son considerablemente más complejos de gestionar que los sistemas “palo“. Y además son menos efectivos…

Silcas

Hola 2011

Bueeno, ya está aquí, ya llegó.

La que casi no llega a las uvas es la menda, que cuando iba zampándose la octava, cae en la cuenta de que SÓLO tiene 10 uvas en el plato -cortesía de mis hijos o de cualquiera de mis tres sobrinos- lo cual me hizo salir pitando a la cocina sobre mis tacones de 10 cms con válvulas, agarrar dos uvas sin lavar y con pepitas y zampármelas al estilo orco, aaam, no vaya a ser que se me joda el año que yo con las uvas tengo mis cosas.

Los enanos están agotados. La pequeña ha amanecido a las 10 -su récord absoluto- y el enano sigue frito, igual que cónyuge A.

El trasnoche del viernes nos dejó bien jodidos, sobre todo a mí, que el no dormir me deja catatónica y hacía siglos que no me acostaba a las seis de la mañana (eso sí, sólo un par de gintonics y bastante flojitos). Sin embargo, el día de año nuevo mis cuñados consiguieron resucitarme a base de unos percebes espectaculares (hacía siglos que no veía unos tan gordos), anchoas del cantábrico, almejas marinera y un cochinillo made by suegra que quitaba el sentido.

 

Comí con champán -que le den al augmentine- y a eso de las 22 hs caí en la cama totalmente desmayada hasta hace un par de horas, cuando he abierto el ojo y he caído en que HOY no hay que hacer vida social. Glorioso.

Es domingo dos de enero y estoy dudando si ir a Ikea a por una alfombra y lámpara para el vestidor o bien quedarnos en casa haciendo tumbing. Supongo que acabaremos dando una vuelta por ahí, porque si no los enanos se subirán por las paredes, acostumbrados al trajín con sus primos.

Ya sólo queda bajar a Madrid el día 5 a la cabalgata y empaquetar los reyes (por cierto me faltan dos regalos para ahijados que no sé cuándo voy a comprar). Y fin de fiestas, joder qué agotamiento. Después de navidades harían falta otras dos semanas de vacas para recuperarse, yo al menos me pienso alimentar de verduras los próximos 15 días.

Ah, pues mira, según escribo estas líneas caigo en que va a ser que no.

Había olvidado el pequeño detalle de que el día 13 tenemos el FIN DE AÑO RUSO, o fin de año ortodoxo, en El Cosaco y que no nos perdemos jamás por eso de mantener vivas las tradiciones de nuestros hijos.

Aterrador, puede ser ésto, incluso sin uvas.

Glubs.

Silcas

Adiós, 2010

Y otro año más que se marcha por la puerta. Lo que todos esperamos es que se lleve la puñetera crisis de una vez, aunque sinceramente, dudo que eso ocurra por un cambio de calendario. Lo que hace falta para que recuperemos la economía es un cambio mucho más profundo, comenzando por la forma de ser, pensar y actuar de los paisanos que moran por estas tierras.

Esta semana ha sido decisiva para dar por finalizada la Fase I de Destrucción de Madrigueras. porque el miércoles aparecieron los dos curris de Ikea para montar los armarios en el cuarto destinado a vestidor. Tras dos horas y media de dentelladas, empujones y sudores, consiguieron su objetivo. Claro que, cuando decidí comenzar a llenarlo, comprendí que no habían tenido en cuenta pequeños detalles como EL LARGO DE LAS CAMISAS, cosa que me obligó a desmontar las baldas y los pantaloneros para ajustar la longitud y permitir que las mangas de las camisas no se enredaran en los pantalones, pero bueno, aparte de esa pequeña cuestión, todo en orden.

El resultado ha sido espectacular: fin del cuarto de invitados / cuarto del ordenador / depósito de miasmas variadas y comienzo de un maravilloso vestidor donde tras una currada de 4 ó 5 horas, conseguí meter toda la ropa y zapatos de temporada que antes habitaban en cómodas, armarios, cajas debajo de camas, percheros tras las puertas e incluso okupando los espacios detrás de cortinas y/o puertas.

El cambio ha sido notable.

 

 

Lo jodido ha sido llenar el vestidor,  pensando con calma dónde ubicar las cosas de cada día, cuáles podían ir en los altillos y -sobre todo- destinar a la bolsa de reciclaje toda la morralla que hace siglos que no nos ponemos. No he tenido piedad. Y con el cambio de temporada, le tocará el turno a la sección de zapatería.

El resultado no ha podido ser mejor. Ahora me queda pescar una lámpara de techo con varios focos para mejorar la iluminación y una alfombra blanca de pelo largo (tengo fijación con tener una alfombra de esas), así como un puf o banco para sentarse. Y ya tá. Tengo vestidor.

El próximo trimestre se abordará la Fase II de la destrucción, que consiste en tirar el armario del vestidor para dárselo al baño. Puede ser dantesco. Me apuesto los pelos a que al final, optaremos por cambiarlo entero. El consuelo es que nos ahorraremos cambio de tuberías, están prácticamente nuevas. Pero al final, rediseñar un baño pasa muchas veces por cambios tan importantes que -poyaque te pones- te apetece renovarlo de verdad.

Sigo dudando, si bañera de hidromasaje o cabina de ducha con columna / sauna. La parte de almacenaje tampoco está clara. Y creo sinceramente que el bidé, sobra.

Pero bueno, ya cruzaremos ese puente cuando lleguemos.

Si llegamos. Al menos yo. Esta noche me he despertado tras unos sueños más bien inquietos, con un espantoso dolor en el oído derecho. Desde la 1:37, momento en que llegué reptando a la cocina y me apreté un ibuprofeno y un augmentine 500, no he podido pegar ojo. Jamás he tenido dolor de oídos, aunque soy master en otitis debido a la costumbre de mi hija de agarrarlas todos los inviernos. Pobre. Ahora comprendo lo que le debía doler, yo no he hecho más que dar vueltas en la cama sin saber cómo demonios ponerme para calmar el dolor. Hasta que de pronto, he notado que el dolor se había ido de golpe, naturalmente porque al final el tímpano se había perforado.

He ido a urgencias a las 8,30, gracias a dios me atendió una doctora competente, que no dudó en chutarme augmentine 875 (o algo así) para desinflamarme el conducto auditivo, dado que no podía ni ver el tímpano. Luego he tratado de currar, en vano, claro, medio zombi, me he pirado a casita y después de comer, ¡hale! a Micropolix -again- con los críos y sus primos, que no conocían el lugar. Por cierto, había una acémila arrebañaorzas vestida de morado que nos deleitó con una bonita demostración de cara dura y mala educación como hacía siglos que no veía. Qué tía. Colando a sus -espantosas por cierto- criaturas, pegando empujones a los demás para hacerles fotos… que bien. A eso me refería con mi comentario inicial, si estas borricas siguen poblando el país y “educando” generaciones venideras, lo tenemos crudo para mejorar.

Al final uno se da cuenta de lo que aguanta el cuerpo humano. O serrano. Qué cansancio tan brutal. Son las 23:09, están poniendo El Padrino -gran tipo- en canal hollywood, y la menda esta a punto de irse al sobre -mañana, fin de año, y tendremos juerga, claro-.

Espero con afán la semana de reyes, porque estaré de vacaciones y -espero- volveré a oir por el oído derecho.

Aunque claro, para lo que hay que oir, casi mejor quedarme en el limbo…

Feliz salida de año, compañer@s.

Silcas

Sus Majestades, en estado crítico

En la UCI, los he tenido toda la mañana.

Hoy, domingo, era el día del terror, porque había que montar -sin opción a retrasar la actividad- el árbol y los dos belenes, el “oficial” y el de los peques. Es un belén pequeño, todos sus habitantes made in china, para que tanto ellos como el chucho puedan hozar a placer en el nacimiento y mover reyes, ovejas gigantes, camellos, cerdos y paseantes (al final me ha dado pena despedirlos -con tanta crisis- y hemos repetido el mismo reparto que en las anteriores navidades)

Así que cónyuge A me sube del sótano las 6 o 7 cajas que contienen todos los componentes del asunto navideño, con un alarmante aroma a humedad. Nuestro sótano nunca ha sido precisamente seco, pero joder joder, las cajas con moho, mal asunto… Aquí se nos ha colado algún afluente del río Guadarrama en el trastero, porque no es normal.

Voy a declarar 2010 “Año de los Humedales”. Entre la gotera que ha producido en el garaje una bañera con el desagüe jodido, el desbordamiento de cisterna que se produjo en mayo y que jodió el piso de parquet, y ahora el enmohecimiento de los belenes, se merece el título sin dudarlo.

Así que comienzo a abrir las cajas, con bastante asco, y comienzo por la del belén oficial, ya sabéis, el de la figuras de alabastrina que pinté hace siglos, cuando todavía perdía el tiempo en esas cosas: virgen, niño, sanjosé, asno, vaca y los tres reyes. El niño parece en buenas condiciones, la virgen también, pero San José me sale manco. Joder, que le falta una mano. La pera. Dónde demonios estará. Luego saco a la vaca, le falta un cuerno. La leche. El asno, correcto.

Entonces abro la caja de sus majestades. Melchor, Gaspar, ok. Baltasar DOBLEMENTE MANCO. No no no. Esto no puede ser. La maldita alabastrina con que están hechos es jodidamente complicada de pegar y además no tengo pegamento de contacto. Rebusco en la caja de herramientas, hasta que doy con el tubo de aquaplast que nos sobró de la operación madriguera. Se me enciende una peligrosa bombilla en la cabeza. Ahem. Comienzo a utilizar la masilla para pegar las manos de los reyes y de S.J (que apareció envuelta junto con el burro, yo creo que debieron pelearse en la caja y ganó el asno). Ahí los tengo a todos tripa arriba, con las manos elevadas al cielo en un puro clamor.

A ver si aguantan. Me piro a comer y a la vuelta los pongo de pie. Esto del aquaplast es MILAGROSO!!!! Contenta con mis apaños, sigo haciendo cosas cuando de pronto oigo claramente un “tac”. Grrr. Me vuelvo hacia la mesa donde están las figuras. Por supuesto. A Baltasar se le ha caído una de las manos, concretamente la que más pesa porque lleva un cuerno con -se supone- mirra o bálsamo, que nunca tengo claro qué demonios llevaba en el cuerno este hombre.

Y sabéis que he hecho? Pues que ahí se ha quedao… Ya veré si mañana se me enciende la lucecita y se me ocurre cómo pegar la mano del cuerno. Es que claro, un cuerno en un belén como que no pega mucho, no es Zen.

Ahora me queda lijar -tengo una lima eléctrica de esas que se usan para manicura y que pienso usar como lija- y después repintar con las acuarelas de mis hijos para disimular la masilla blanca. Y a correr.

El que ha quedado majete es el de los peques, con su musgo y todo. Sí, he utilizado musgo del que crece en las rocas dentro de la urbanización. Creo que es ilegal. Bueno, como casi todo hoy en día. Luego lo reciclo y lo utilizo en las jardineras para proteger las plantas. Y además queda mono.

Ahora me queda una semana para preparar el resto de actividades, porque el 25 vienen VEINTE a mi casa, mitad adultos y mitad niños. Y además curro, claro. Nos ha jodido, que si curro. Porque FIJO que sale alguna licitación de las que estamos esperando y me dan el turrón y nunca mejor dicho.

Eso sí, este año a tomar por saco, que la comida de navidad estará made in Mallorca, a saber: Consomé, Pudding de Espárragos acompañado de un par de cojonudos, y ciervo a la austríaca (ignoro exactamente en qué consiste pero suena a contundente). De postre una enorme bandeja de fruta pelada y cortada, que es lo que suele apetecer después de merendarse a la mamá de Bambi; piña, kiwi, uvas, mango, etc.

Los enanos, un bufet de picoteo de las cosas  que más les gustan y listos, como el año pasado. El 24 dejo la mesa lista, y el 25 sólo tengo que poner las cosas en la mesa y preparar lo que falte de la comida de los peques.

Aquí, estrés el justo y tonterías las mínimas. Sólo me queda qué narices voy a ponerme (no tengo ni pastelera idea, pero a medida que cumplo años me la va pelando cada vez más) y sobre todo ver qué les pongo a los enanos, porque de ropa festiva andan más bien fatal. A la pequeña le han crecido las piernas de forma espectacular y cualquiera de sus faldas le queda tamaño mini. El enano anda fatal de pantalones, ni siquiera tiene unos chinos que le vayan – es lo que le suelo poner con una camisa-. Así que mañana me va a tocar irme a Zara a arreglar el asunto. Y mira que me jode comprar justo antes de las rebajas!!!!

En fin. Que mucho ánimo para esta semana de preparación, y sobre todo, nada de acercaros a los centros comerciales, que es peligroso…

Silcas

Mi suegro es Dios e Iberdrola una joputa

Jodido llevábamos el día, tras una visita infructuosa a Ikea, donde se suponía que tenía que encargar los armarios-vestidores que finalizaban la Fase 2 de la destrucción de madriguera base fecha tope Nochebuena. Ahí estaba yo,  observando los gigantescos PAX con la misma expresión con la que una virgen pigmea miraría a un marine americano. “Eso no me cabe ni de broma”. Dios, qué altos, que enormes. Comienzo a tener serias dudas sobre la altura de los techos de mi hogar. 2,36 es lo que mide el puñetero armario.

Ante la duda -muy tetuda-, me retiro prudentemente. Dado que tengo que pagar el transporte, no quiero ni imaginarme la expresión de cónyuge A si los putos armarios no caben y hay que devolverlos. Así que mira, otra vez será. Lo malo es que me veo el día de nochebuena montando armarios a toda leche para meter en cintura toda la ropa que anda tirada por ahí, sin contar con las innumerables botas, zapatos y bolsos que tienen montada una fiesta en el -antiguo- cuarto del ordenador, ahora futuro vestidor de los dueños de la casa.

Y decía que vaya día de mierda, porque cuando paso por el colegio a recoger a mis hijos rauda cual rayo, dejar a la pequeña en casa y llevarme al mayor al médico, me sale la asistenta al encuentro. No tenemos luz. AY LA ORDIGA. Adiós  médico, me quedo a lidiar con el marrón.

Somos los únicos sin luz. Uy, qué mal pinta ésto. Llamo a Iberdrola. Trabajo en el negocio del contact center, así que tengo paciencia con las tordas de turno aún a sabiendas de que son de la competencia.

A tientas casi, con una minilámpara de pinza made in mediamarkt que uso para leer, le canto el número de abonado. Huuuy, me dice, con ese acento peculiar de operadora telefónica, es que hay facturas pendientes de pago. ¿¿que?? de qué me habla esta tía, recuerdo perfectamente haber pagado la última hace dos días. Tirando del hilo me cuenta mis terribles desfalcos. Según parece debo una factura del mes de julio (ignora el año) de 0,04 euros. Y otra de septiembre de 50 y pico. Octubre y Noviembre, al corriente.

Ah, genial. Le pido que me cante las cifras y las referencias exactas para pagar ECHANDO LECHES las putas facturas (la manía de no tener domiciliados los recibos, que se va a terminar por mis ovarios 34).

Y en ese momento, me dice que me pasa con una compañera. La compañera estará en Perú o en Chile, porque obviamente está dormida o se ha fumado dos porros. Me empieza a preguntar unas cosas rarísimas sobre la “cartilla” (pero de qué me hablas, criatura), para acabar diciéndome que no me puede decir lo que debo porque están sin sistemas, que llame en media hora. Y un cuerno. Le pregunto dónde está. Me dice que en España. So embustera. No me creo una coma, o sea, tu compi tenía acceso a las bases de datos, y tú, en cinco segundos, NO tienes acceso. Me crees imbécil? Te han transferido la llamada para quitarse el brown y no sabes ni de qué te hablo. Aprovecho para interrogarla sobre las consecuencias de nuestra imperdonable acción, deber la factura de septiembre (y los 0,04 euros de julio de sabe dios qué año). Que según la ley, en 24 horas  nos darán la luz. ¿Que? Monto en cólera, en babieca y en su puta madre. Insisto. Que si pago ahora mismo por transferencia bancaria, cuánto tiempo tardan. Tras consultar con la bola de cristal, me dice que más o menos una hora, pero que tengo que enviar por fax -me da el número- la transferencia enseguida.

Son las 6 de la tarde, empieza a hacer un frío que te cagas (esta mañana estábamos a menos 6) y obviamente la caldera está apagada. Moriremos de frío. Al menos tenemos manadas de velas en casa para mirarnos a los ojos mientras la palmamos, esto comienza a estar de un romántico que flipas. Enmarrono a cónyuge A, dado que aún está en la oficina y es el único que tiene internet, un fijo que no necesita batería y los kilos de paciencia suficientes para lidiar con las tordas de Iberdrola sin cometer asesinatos ni insultarlas.

Me pongo el burka reglamentario y me dispongo a salir por la puerta. Un instinto atávico, primitivo e irrefrenable encamina mis pasos al polígono industrial a llenar de leña el maletero de mi audi. Al menos no moriremos de frío. Y a punto estoy de salir cuando llama mi suegro. Le cuento que nos han cortado la luz por falta de pago. Bueno, ¿sabes dónde están los contadores? No, no trabajo el artículo contadores de luz. Ni puta idea. Tozuda, insisto en que además da igual, que nos lo han cortado y que seguro que hasta que no paguemos no hay solución. Que fijo que un super-sistema informático nos ha dejado sin luz, calor y vitrocerámica hasta que paguemos los dichosos 50 euros (y los 0,04, no los olvidemos). Insiste. Voy para allá, que te lo arreglo. Joder, joder, lo ha dicho con el mismo tono que Don Vito Corleone. Hasta casi esperaba oir con esa voz cascada siciliana “pero tan sólo recuerda que me debes un favor”.

Bajamos al sótano, el cuarto de contadores no está cerrado con llave y sólo tiene un cerrojo en la parte de arriba que abro sin ningún problema. Y ahí, en la parte de abajo, con un cartel grande iluminado con lucecitas parpadeantes tipo puticlub, y dos flechas rojas donde pone “Este es el de los gilipollas”, mi palanca de potencia se diferencia del resto en que está bajada cual pichafloja. Mi suegro procede y sube la palanca eléctrica mas vieja del mundo. Ahora, a casa, que ya tienes luz.

No me lo creo.

Entro y ¡se ha producido el milagro, hay luz!. HAY LUZ EN MI CASA!!! No sé, no me salen las palabras, pero esto como mínimo merece una botella de chivas o una lata de beluga. No hay PRECIO para pagar el tener un suegro que hubiera hecho un papel dignísimo en la camorra napolitana. Mi suegro es Dios. Y la de Iberdrola una CABRONA, así que en una hora podríamos tener luz, verdad? sí, chati, y me vendrá a subir la palanca tu madre con los cuernos, peazo mentirosa.

En cualquier caso, migro al polígono a por leña, no vaya a ser que venga Alumbrator lleno de bombillas en plena noche y vuelva a bajarnos la palanca para jodernos. Ahí estoy, con mi carretilla reglamentaria, comprando 7 euros de leña (40 kilos) que acarreo hasta el maletero con fruición. Joderos, que frío no vamos a pasar, cacho cerdos.

Aprovecho para ir a Correos a recoger unos regalos de reyes y poyaque he tirado la tarde al váter, me acerco al supercor a hacer algo de compra de relleno, incluyendo unas pijotas (o pescadillas que se muerden la cola) para mis hijos.

Y digo yo, cacho HIJOS DE LA GRAN BRETAÑA de Iberdrola:

Tanto llamar para vendernos cosas, cachivaches, canalpluses, imagenios, ADSLs, descuentos y demás gilipolleces -y esto es aplicable a TODAS las telcos&utilities que nos sangran en este país de empresarios cerdos y sin escrúpulos.

¿Qs costaba tanto LLAMAR POR EL PUTO TELÉFONO a un cliente que obviamente ha olvidado pagar una factura, siendo que las dos siguientes estaban pagadas? Que tampoco hay que ser muy listo para entenderlo. “Hola buenas, llamo para decirle que mañana, a las 10,45, Alumbrator va a pasar por su hogar y le va a joder la marrana pero bien. Que pague o que le cortamos la luz”. Y entonces, uno va y paga. Y no pasa nada, disculpen ustedes, efectivamente, la factura de septiembre se la comió el perro en un ataque de gula, y ya está.  Todo arreglado, y mil gracias por avisarnos. Ahhhh no. Te corto la luz y a tomar por culo. Y ME IMPORTA UN PITO que me enviéis cartitas certificadas cuando se acerca la fecha de vencimiento, las cuales por supuesto acaban en la chimenea. NO ES EXCUSA. Tenéis mi teléfono y mi email y estamos en el siglo XX. Si hay voluntad, se contacta con la gente. Lo que pasa es que vuestros clientes OS LA PELAN.

¿Y qué coño es eso de que os debemos 0,04 euros desde julio del 2009? ¿Os pincháis? ¿Os dais calambrazos en los testículos los días pares del mes? ¿Pero os habéis vuelto locos? En qué mundo vivís, qué pensáis que es el servicio al cliente, darle por culo a las 10 de la noche para venderle vuestras mierdas con pobres infelices subcontratadas en Colombia a 4 euros la hora? Ah, pero os importa un carajo dejar sin luz a una familia durante 24 horas, y que a la comida del frigorífico que le den, que nos pillemos una pulmonía o que no podamos ni cenar. Os la pela.

Que os follen, no he pagado y tengo luz.

Mwwhahahahahahaha!!!

Toma corte de mangas, Iberdrola. Y como Alumbrator se atreva a volver por aquí, le echaré encima un cubo de mierda de mi perro.

Sois unos cabrones con pintas en el lomo.

Y mi suegro, Dios.

Silcas

Demolition women

Al menos ya se me han desengarfiado los dedos, y las ampollas de mis manos no me molestan demasiado para escribir en el teclado del portátil. Como tampoco me quedan uñas, es más fácil teclear.

Joder con el rodillo, el pincel, la cinta de carrocero, los guantes, los monos y -sobre todo- la puñetera y jodida alargadera de rodillo de leroy merlin, que se jodió en el momento uno y nos obligó a sacrificar el palo de la escoba y el de la fregona.

Igual que en  “Esta casa es una ruina”, el equipo de demolición compuesto por cuatro adultos y seis niños se presentó en mi casa con la sana intención de destruir dos habitaciones hasta los cimientos, pintarlas, y luego cambiar los muebles de una a otra.

Mientras la cosa iba de sacar muebles de una habitación y enviarlas a otra, pues no había problema, todo el mundo colaboraba, incluso los tres cónyuges masculinos -entre cerveza y cerveza- procedieron a descolgar la lámpara del techo sin electrocutarse, y sacar por la puerta la cama -me pareció prodigioso que no hubiera que desmontarla-. Y tal y tal hasta que quedó el cuarto despejado.

Y entonces se produjo un curioso cambio. Los enanos, mientras se tratara de arrancar la -ODIOSA- cenefa del cuarto de mi hijo, colaboraban encantados. Pero en cuanto había que recoger restos de papel del suelo -no coló lo de “Director General de Logística e Infraestructura”- salieron pitando y se dedicaron a poner patas arriba la única habitación que quedaba practicable, es decir la de mi hija.

Bueno, mejor, total, enseguida empezamos con la pintura y mejor criaturas fuera.

JAJAJA.

Un cojón de pato.

La maldita cenefa parecía pegada con mocos de uruk-hai, porque aquello no se quitaba ni con el abreostras -cómo ha quedado el pobre, por cierto-. Probamos de todo, a darle con el secador, a mojarlo -con lamentables consecuencias para el puto gotelé, maldito invento de las narices-, hasta que optamos por retirarlo a cuchillada limpia y pintar encima rezando porque no se notara mucho. A la mierda. Por la calle de enmedio. Nos hicimos la manicura a lo bestia y gratis.

Ah, el Aquaplast, gran invento, el aquaplast. Lo adoro. Qué mono, cómo tapa las pifias variadas que poblaban las paredes de la habitación de mi hijo. Tenía más agujeros que un queso gruyere. He cogido una práctica con la paletita que no veas. Me atrevo hasta con la capilla sixtina. Ya era la una de la tarde cuando comenzamos la tarea de pintura propiamente dicha. Y ahí estábamos, las tres Demolition Women, rodillos en ristre. Al principio, con nuestros monos, gorras y guantes. A los treinta minutos estábamos currando a ritmo de ipod, reclamando cervezas a los VAGOS de nuestros cónyuges, que se habían retirado prudentemente a “vigilar a los vástagos”, descalzas, con las plantas de los pies llenas de pintura, la cara manchada de gotas y las camisetas llenas de salpicones.  Los monos protectores habían sido desechados por insufribles -joder qué calor y cómo molestan-. Y encima traspasan!! Los putos monos traspasan!!! ¿Guantes? para qué, eso es para mariconas, gato con guantes ya sabes. Total, es pintura al agua, sale fijo. Mwhahahahaha. Al agua, eh?. Aún tengo las plantas de los pies blancas, al principio daba grima pisar la pintura que caía del techo, pero al final, casi mejor así que ir arrastrando calcetines de deporte viejos llenos de pintura que acumulaban cada vez más y más, convirtiendo el suelo en una peligrosa pista de patinaje.

Aquí va una imagen del campo de batalla en que se había convertido la habitación de mi hijo. Para mayor emoción, diremos que bajo la capa de plástico, había una estupenda moqueta de lana.

Comimos pizza en dos bocados y seguimos. Lo peor, los brazos, nos íbamos turnando porque eso de pintar techos, es de lo más jodido que hay cuando se tiene una forma física cercana a cero. Y para darnos la puntilla, la pintura de las paredes era de un tono beis claro, y por supuesto, la del techo, blanca.  Así que agarre usté la brochica, y hala, a subirse al taburete y a rematar techos.

Y así, a eso de las 4 declaramos finalizada la Fase 1 -vaciado y pintado de la habitación A- y aprovechamos a tomar un gintonic, que nos habíamos quedado bajo mínimos.

Entonces, comenzó la Fase 1a, consistente en MOVER los muebles de la habitación B a la habitación A.  Aquello parecía una matrioshka, no habías acabado de mover un mueble cuando salía algo de debajo o de dentro, las cómodas pesaban como burros muertos, y eso sin contar con la cantidad de mierdas acumuladas durante años y que habían sido amontonadas por falta de espacio. Quién iba a pensar que detrás de la cortina había siete pares de botas en sus cajas. Suficientes para toda la población gatuna de mi urbanización.

Lo más acojonante, la cama de matrimonio. La desmontamos claro. Y la pasamos al recién pintado cuarto. Y así hasta vaciar por completo la habitación B, que sería objeto de la Fase 2.

Al día siguiente, apenas podía mover las pestañas. Lo peor de todo, las manos, y lo más curioso, la capa de pintura blanca que cubría mis pezuñas y no se quitaba ni de coña. Menos mal que no tengo que lucir sandalias, porque quedaría que te cagas. Esto no se quita ni con acetona, hasta pruebo con la maquinita de pedicura, que es una lima eléctrica que te arranca hasta los pensamientos. Nones. Joder joder. Voy a fundar la tribu de los pies blancos.

Pero en fin, qué mas da. Volvemos al ataque, esta vez solamente dos demolition women y algo de trabajo infantil del que prohíbe la Onu. Mi hijo se emperra en pintar. Mono al canto, y rodillo. Parece un científico nuclear enfundado en un traje anti radiación. Pero el control de calidad enseguida detecta irregularidades y lo envía fuera de la obra, desperdicia muchísima pintura -la mayoría termina en mis pies con serio peligro para mi estabilidad sobre la lámina de plástico que protege el parquet, y los trazos dejan mucho que desear. Lo sustituye su prima, que consigue unos resultados bastante más aceptables, pero que se cansa enseguida, y para remate, se ensucia el pantalón de pana nuevo para cabreo de su madre. No compréis monos protectores para pintar, son una estupidez. Mejor poneos leggins de zara y una camiseta de ExpoLearning o cualquier otra feria (para eso están, para proveernos de camisetas para trabajos domésticos).

Esta vez me como yo el techo a pachas con mi hermana. Joooder, qué barbaridad, tengo las manos y los hombros hechos un asco. Y el pelo lleno de  pintura, que me cae a pesar de la gorra, me importa un huevo, lo asombroso es que no nos haya caído en los ojos.

Parece mentira, una habitación que te parece blanca, pero que cuando la pintas de blanco de verdad, resulta color nicotina, caca de bebé o huevo podrido. Vaya diferencia. Aquí se ve a mi hijo vestido de agente Mulder, dándole caña al rodillo.

Rematamos la faena, y dejamos que nuestro ejército de demolición se vaya, agradeciendo los servicios prestados. Entonces llega lo peor, que consiste en DEVOLVER los malditos muebles que estaban en la Habitación A a la Habitación B.  Y digo lo peor, porque resulta que la habitación de destino es más pequeña, y por tanto, incluye una reingeniería total de componentes que dan lugar a discusiones totalmente aburridas y baldías. Desmontar la mesa del ordenador, lo peor. Volver a colocar el pc, impresora y escáner en su sitio, criminal.

La casa parece la Zona Cero, un campo de batalla o el zulo de un enfermo de síndrome de Diógenes. Hay mierda por todos lados. Nadie sabe dónde está nada. En pleno caos, agarro el aquaplast y me pongo a reparar la pared del recibidor. Pero no encuentro los pinceles para pintarla. Coño. A que están en la basura. Correcto. Cónyuge A, en su papel de Jefe de Demoliciones, ha cogido TODO lo que ha pillado y se lo ha llevado al cubo de la basura, incluyendo la bolsa con los trastos de pintura. Se lo hago notar, y le comento que necesito el material de obra civil, sí o también.

Vuelve cabreado como una mona y con cara de conejo después de que una vecina lo pescara con medio cuerpo dentro del contenedor rescatando los pinceles, rodillos, cubetas, cinta de carrocero y demás mierdas de pintar.

La pared está llena de arañazos del cabrón del perro, que se ponía a rascar la pared como un loco cada vez que alguien pasaba por el pasillo. Además, aquí no hay gotelé, la pintura es lisa, con un bonito efecto de estuco o de como cojones se llame eso. Los arañazos son tan profundos que tengo que emplearme a fondo, esmerarme, esperar a que seque un poco, darle otra capa. Alisar una y otra vez. Mientras se seca la pared, me animo y comienzo a darle aquaplast a todo lo que se menea, incluyendo un boquete que hizo el chispas del lugar tratando de asegurar una estantería, y vaya si la aseguró, que atravesó el tabique de lado a lado. Ya sabéis, si todo lo que tienes es un martillo, todo lo que veas te parecerá un clavo.

Pero ah, amiga, no todo iban a ser éxitos. Descuelgo el cuadro que tapa el boquete, del tamaño de un cráter lunar, lo dejo mal apoyado contra la chimenea, y mientras estoy dándole a la masilla, oigo como el cuadro cae y se rompe el vidrio en mil pedazos. La órdiga. No me inmuto. Concluyo mi obra de arte y compungida, recojo los vidrios y los meto en una bolsa entre periódicos.

Inspecciono la pared del recibidor. Está perfecta. La lijo amorosamente, y después comienzo a pintarla artísticamente. Ha quedado QUE TE CAGAS!! Soy la reina del aquaplast, la masilla no tiene secretos para la menda. No reparo en que los cristales del cuadro están en la entrada, a mis pies. Limpio algunas gotitas de pintura, y entonces, al empujar la bolsa con el dedo, me lo rebano. Genial. Hala, a por una tirita, estoy sangrando como un cerdo -o cerda-.

El resto de la tarde concluye con una sesión especial de sexo duro -todo lo que jode pero con el cuerpo en malas condiciones-, incluyendo arrastre y tumbe de tres librerías billy, movimiento de libros y enciclopedias y juguetes variados. Estamos reventados. Paso de cambiar los armarios, otro día será.

Llegados a este punto, decido que me voy a pegar un baño de espuma y aceites aromáticos de dos horas de duración para ver si por fin consigo liberar mis pies de la capa de mierda blanca -más bien grisácea- que los cubre. Y entonces abro el grifo y veo con espanto que no hay presión de agua, joder joder, meto la cabeza debajo de la ducha para -al menos- poder lavarme la cabeza aunque sea el lavao del arañao con agua fría -gélida-, me enjabono desesperadamente para tratar de eliminar la pintura del pelo y aclaro con los últimos restos.  Parezco el yeti. En este momento, llena de manchas en la ropa, con los pies blancos y  los pelos mojados y de punta, mi cónyuge piensa que he respirado demasiada pintura, o que se me ha producido un problema de riego cerebral de tanto mirar al techo con el puto rodillo, hasta que le comento que -directamente- NO HAY AGUA.

Mierda. Pero porqué cojones me pasa ésto a mí. Y mañana -hoy- a currar. Agarro una botella de agua mineral, la caliento en el microondas y me doy una medio ducha durante la cual me congelo hasta las meninges.

Y hoy he ido a currar porque tenía una licitación entre manos, esa era la excusa, la realidad es que he querido huir de la zona cero en la que se ha convertido mi hogar.

A las tres he vuelto -cargo de conciencia- y he comenzado a mover mierdas de un lado a otro, al menos he conseguido dejar lista -a falta de cuadros- la habitación A y prácticamente la B. Ahora queda lo peor. El cuarto de los trastos -futuro vestidor-, lleno de restos, cadáveres y mierdas variadas que o bien se van al sótano, o directamente a la basura.

Pero eso será otra historia, y no sé si entrará dentro de este año o será cosa de dos semanas. Lo que os garantizo es que los armarios no los va a montar la menda.

Ostras. El árbol y el belén. Que me había olvidado yo del árbol y del belén, y que ya toca montarlo.

Joder, me voy a hacer budista y que les den a todos.

Silcas